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Riquezas del Perú
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Riquezas del Perú
Libro electrónico93 páginas1 horaFondo 2000

Riquezas del Perú

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Garcilaso de la Vega realizó uno de los más extensos y detallados retratos del mundo inca peruano. En estas páginas se abren algunas vistas a la maravillosa riqueza del paisaje del Perú anterior al arribo de los españoles.
IdiomaEspañol
EditorialFondo de Cultura Económica
Fecha de lanzamiento23 ene 2018
ISBN9786071653611
Riquezas del Perú
Autor

Inca Garcilaso de la Vega

Richard F. Fenno Jr. is Distinguished University Professor and William R. Kenan Professor of Political Science at the University of Rochester.

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    Riquezas del Perú - Inca Garcilaso de la Vega

    En 1609 apareció publicada, en Lisboa, por la imprenta de Pedro Crasbeeck, una monumental, historia del imperio incaico, repartida en ocho libros y 262 capítulos, bajo el título Comentaríos reales, que tratan del origen de los incas, reyes que fueron del Perú, de su idolatría, leyes y gobierno en paz y en guerra; de sus vidas y conquistas y de todo lo que fue aquel Imperio y su República antes que los españoles pasaran a él. Este inmenso tesoro historiográfico iba firmado por Inca Garcilaso de la Vega y ahora circula, gracias al Fondo de Cultura Económica, en una accesible edición en dos tomos publicada en 1991.

    De dicha obra, FONDO 2000 presenta aquí algunos capítulos del libro VIII, donde aparecen las maravillosas descripciones que el autor realiza en torno a la flora y fauna del majestuoso paisaje del Perú, tal y como debió ser antes de la conquista española. Sabemos que el Inca Garcilaso de la Vega nació el 12 de abril de 1539 en Cuzco, y que fue hijo del caballero español Sebastián Garcilaso de la Vega y la princesa Isabel Chimpu Ocllo, hija del Inca Huallpa-Túpac. El joven Inca Garcilaso aprendió español y latín al tiempo que crecía en el cultivo de sus referencias incaicas. Mestizo ejemplar, el autor presenció las guerras del siglo XVI, que más tarde vertiría en su Historia General del Perú y en la Historia de la Florida y jornada que a ella hizo el gobernador Hernando de Soto.

    Dueño de una magnífica y florida prosa, el Inca Garcilaso se preocupó por plasmar en aquellas memorias todos los eventos, circunstancias, retratos y paisajes del pretérito del Perú. Como un Bernal peruano, fue un hombre de armas y también de letras; de 1560 a 1571 sirvió en el ejército español, alcanzando el rango de capitán, y, posteriormente entró al seminario en pos de una carrera eclesiástica, dentro de la cual alcanzó las órdenes menores en 1597. Murió en Córdoba, España, el 24 de abril de 1616, y su memoria pervive gracias a su invaluable labor con la que salvó de que quedaran en el olvido las tradiciones y costumbres de los pueblos y el paisaje peruano de la época precolombina.

    Capítulo IX.

    Del maíz y lo que llaman arroz. Y de otras semillas

    Los frutos que el Perú tenía, de que se mantenía antes de los españoles, eran de diversas maneras: unas que se crían sobre la tierra y otras debajo de ella.

    De los frutos que se crían encima de la tierra tiene el primer lugar el grano que los mexicanos y los barloventanos llaman maíz y los del Perú zara, porque es el pan que ellos tenían.

    Es de dos maneras: uno es duro (que llaman muruchu) y el otro tierno y de mucho regalo (que llaman capia). Cómenlo en lugar de pan, tostado o cocido en agua simple. La semilla del maíz duro es el que se ha traído a España, la del tierno no ha llegado acá. En unas provincias se cría más tierno y más delicado que en otras, particularmente en la que llaman Rucana.

    Para sus sacrificios solemnes (como ya se ha dicho) hacían pan de maíz, que llaman zancu. Y para su comer, no de ordinario si no de cuando en cuando por vía de regalo, hacían el mismo pan que llaman huminta. Diferenciábase en los nombres no porque el pan fuese diferente sino porque uno era para sacrificios y otro era para comer simple. La harina la molían las mujeres en unas losas anchas donde echaban el grano y encima de él traían otra losa hecha a manera de media luna, no redonda sino algo prolongada, de tres dedos de canto. En los corrijales de la piedra hecha media luna ponían las manos y así la traían de canto de una parte a otra, sobre el maíz. Con esta dificultad molían su grano y cualquier otra cosa que tuviesen que moler, por la cual dejaban de comer pan de ordinario.

    No molían en morteros (aunque los alcanzaron), porque en ellos se muele a fuerza de brazos por los golpes que dan —y la piedra como media luna, con el peso que tiene, muele lo que toma debajo y la india la trae con facilidad por la forma que tiene, subiéndola y bajándola de una parte a otra. Y de cuando en cuando recoge en medio de la losa con una mano lo que está moliendo, para remolerlo. Y con la otra tiene la piedra, la cual con alguna semejanza podríamos llamar batán por los golpes que le hacen dar a una mano y a otra.

    (Todavía se están con esta manera de moler para lo que han menester.)

    También hacían gachas (que llaman apí) y las comían con grandísimo regocijo diciéndoles mil donaires, porque era muy raras veces.

    La harina, para que se diga todo, la apartaban del afrecho echándola sobre una manta de algodón limpia, en la cual la traían con la mano asentándola por toda ella. La flor de la harina, como cosa tan delicada, se pega a la manta. El afrecho, como más grueso se aparta de ella y con facilidad lo quitan. Y vuelven a recoger en medio de la manta la harina que estaba pegada a ella, y quitada aquella echaban otra tanta y así iban cerniendo toda la que habían menester.

    Y el cernir la harina más era para el pan que hacían para los españoles que no para el que los indios comían, porque no eran tan regalados que les ofendiese el afrecho ni el afrecho es tan áspero (principalmente el del maíz tierno) que sea menester quitarlo. Cernían de la manera que hemos dicho por falta de cedazos, que no llegaron allá de España mientras no hubo trigo.

    (Todo lo cual vi con mis ojos, Y me sustenté hasta los nueve o diez años con la zara, que es el maíz. Cuyo pan tiene tres nombres: zancu era el de los sacrificios, buminta el de las fiestas y regalo, y tanta, pronunciada la primera sílaba en el paladar, es el pan común. La zara tostada llaman camcha; quiere decir maíz tostado. Incluye en sí el nombre adjetivo y el sustantivo. Débese

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