Pedagogía del Ideal: Rafael Fernández de Andraca
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El carisma del fundador del Movimiento de Schoenstatt es sin duda un carisma marcadamente pedagógico. La colección “Pedagogía Kentenijiana”, quiere presentar una visión amplia del pensamiento pedagógico del P. Kentenich, basándose fundamentalmente en sus escritos. Su autor, el P. Rafael Fernández, pone así al alcance tanto de los miembros del Movimiento de Schoenstatt como también de todos aquellos que tienen en la Iglesia una vocación pedagógica-pastoral, este valioso material que sin duda puede serles de gran utilidad.
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Pedagogía del Ideal - Rafael Fernández de Andraca
1. Una pedagogía marcadamente positiva
La pedagogía del ideal es una pedagogía marcadamente optimista. Muestra en primer lugar lo positivo. En una jornada dictada en 1935, el P. Kentenich aborda esta dimensión explicando la educación en el sentido del ideal personal. Dice así:
El ideal personal actúa de forma positiva. Si tomamos expresiones de la medicina, podemos distinguir entre un procedimiento quirúrgico y un procedimiento curativo.
Procedimiento quirúrgico. En este procedimiento, nuestras inclinaciones y pasiones son simplemente extirpadas. Pero proceder así es erróneo. Así lo sentimos. En efecto, Dios nos ha dado las pasiones como ayudas y apoyos. Por eso, el sentido de la educación no es extirpar sino ennoblecer. No obstante, a veces tenemos la impresión de que, en el mundo educativo, algunos entendiesen la expresión que habla del despojarse
del hombre viejo como si pensaran que educar consiste en un constante negarse a sí mismo. Pero la frase dice: despojaos
y revestíos
. La actividad principal tiene que consistir en el revestirse.²
Procedimiento curativo. Este a su vez puede ser de dos tipos: alopático u homeopático. Puedo procurar que se eleve el bienestar general del cuerpo o que una parte determinada que está enferma recupere la salud siendo aislada en cierto modo respecto de las partes sanas. En el primer caso, tenemos el procedimiento positivo y, en el segundo, el negativo. Del mismo modo debemos distinguir también en la ascética un procedimiento positivo y uno negativo.
Procedimiento curativo negativo. En el caso en que el alma está apegada a algún valor aparente, este procedimiento se esfuerza por desenmascararlo y desvalorizarlo. Supongan que estoy apegado desordenadamente a una criatura, tal vez, a una muchacha. Puede ser también, por ejemplo, que esté apegado al cigarro. Ahora quiero superar ese apego desordenado. Tengo entonces dos posibilidades: puedo obnubilar ese valor al que estoy apegado. Y puedo procurar que quede eclipsado. Obnubilar: me digo vanidad de vanidades
. El hombre es hombre. Es polvo y ceniza. Así, obnubilo el valor al que estoy apegado.
El otro tipo es el procedimiento positivo: un eclipsamiento. De mañana, mientras el sol no ha despuntado todavía, veo toda una cantidad de estrellas. Pero cuando ha salido el sol, las estrellas desaparecen, ya no me impresionan más. Así, cuando se presentan las inclinaciones desordenadas, yo podría eclipsar también mi apego a las criaturas disponiéndome a amar con todo el fervor de mi alma al bien superior, a Dios mismo.
El Señor y los santos han aplicado estos dos métodos. Pero han colocado ampliamente en primer plano el método positivo.
Consideren las exigencias que plantea el apóstol Pablo en la tercera parte de la Carta a los romanos. ¡Qué positiva es la forma y la formulación que él da a todo lo que dice!
No obstante, el Señor aplica también el método negativo. Pero, en general, notarán ustedes cómo él y los apóstoles son en su totalidad traductores del método positivo. Ellos quieren hacer despuntar soles a fin de que, a la luz de esos soles, el hombre sea atraído hacia lo alto. Por tanto, para nuestro caso personal, deberíamos tener en cuenta lo siguiente: en general, pero en especial considerando la realidad de la humanidad actual, tomando en cuenta la estructura cultural actual, que está tan desarraigada, que tiene tan poca capacidad de mirar positivamente hacia lo alto, tenemos que acentuar con mucha fuerza el método positivo. (...)
Y si ya somos de más edad, deberíamos, en cualquier caso, dar preferencia al método positivo. Puesto que, a esa edad, ya no reaccionamos tan fuertemente al método negativo. Tenemos que encender una gran luz: entonces las cosas negativas se superan y abandonan rápidamente. Si nos colocamos bajo el fulgor de esa gran luz, siempre puede extraerse todavía muchísimo de nosotros.
Si nos hemos vuelto débiles y estamos cansados, si no tenemos más dinamismo interior que quiera poner el alma en movimiento, todavía podremos extraer lo mejor de nosotros mismos a través de un luminoso ideal. Por eso, más pedagogía de ideales. Más disposición positiva. Más actuación y lucha positiva. Podemos aplicar este procedimiento positivo casi de forma extrema en un tiempo de disgregación de las fibras del alma humana.
Y no deben tener temor de caer en falta de humildad o en liviandad. De otro modo, perderán de vista el gran contexto orgánico. (El hombre Redimido, 1935, en Textos Pedagógicos, op. cit. pp.365-367)
2. Pedagogía del ideal: una pedagogía anti-masificación
El educador está llamado a dominar el arte de mostrar a cada persona y a cada comunidad su propio valor. Ayuda a descubrir los talentos que Dios ha puesto en cada uno, los despierta y fomenta. Entusiasma por los más altos ideales, pues el Señor nos llama a remontar las cumbres. Su consigna es: Sed perfectos como vuestro Padre de los cielos es perfecto
(Mt 5, 48).
Y porque Dios pensó en grande al hombre en general y a cada persona en particular; porque él nos dignificó y confirió grandes tareas, el educador se esmera por presentar valores e ideales que enaltecen y despiertan lo mejor que él puso en el corazón de cada persona.
La pedagogía del ideal se empeña así en superar el tipo de hombre que genera nuestra cultura: sin yo, que no se posee a sí mismo ni sabe usar su libertad.
Sabe que hay que ganar al hombre desde dentro por los ideales; motivándolo para que, haciendo uso de su libertad –el don más grande que Dios le concedió al crearlo– se decida por ellos. Quiere sacarlo así del anonimato de la masa, enalteciendo y estimulando una actitud magnánima.
De esta forma, trata de vencer el tipo de hombre masificado, que no sabe decidir por sí mismo, que ha perdido la conciencia de la propia dignidad y que, con frecuencia, se experimenta como un ser a la deriva, sin un norte claro.
3. Ideal de personalidad e ideal de tareas
Este ideal, o conjunto de valores que posee el hombre nuevo, encuentra una concreción en cada individuo. Cada persona es objeto de una elección, de una gracia y de una tarea especial en el Cuerpo de Cristo³. El P. Kentenich distingue, en esta línea, entre lo que denomina ideal de personalidad e ideal de tarea.
Cuando habla de ideal de personalidad
se refiere a
