Amar significa… sin límites
Por Andrew Grey
()
Información de este libro electrónico
Pero Robert Edward Jameson le sorprende: es sociable amigable y ciego, lo que ayuda a calmar los nervios de Joey.
Joey y Robbie se hacen inseparables y descubren el inicio de su amor. Pero el verano se acaba y Robbie tiene que volver a su hogar en Mississippi, donde su familia lo sobreprotege. Joey solo puede esperar que Robbie le dé una oportunidad y escape de los límites que han dado forma a su vida.
Andrew Grey
Andrew Grey is the author of well over 100 works of Contemporary Gay Romantic fiction. After twenty-seven years in corporate America, he has now settled down in Central Pennsylvania with his husband of more than twenty-five years, Dominic, and his laptop. He is a recipient of the RWA Centennial Award, has a master’s degree from the University of Wisconsin-Milwaukee, and now writes full-time. Andrew currently lives in beautiful, historic Carlisle, Pennsylvania.
Autores relacionados
Relacionado con Amar significa… sin límites
Libros electrónicos relacionados
Mi pueblo, los amish Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesGéminis Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa hija del rey del fuego: Serie Los descendientes (Primer libro) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAQUEL VERANO Calificación: 1 de 5 estrellas1/5A La Sombra Del Tiempo, Libro 2: Visiones Del Pasado Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Podria haber sido Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesUna auténtica calamidad Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCowboy de medianoche Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEvidencia La Novela Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesParte de ti Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa vidente Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Canciones de amor para tímidos y cínicos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesSin corazón Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Un Excedente de Luz Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEres mía, italiana: Artistas, #2 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMujeres de la Federación Unida de Marines - Francotirador Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesSin nombre Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesRevelación: (Exposure) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAnthony Rushfoth: Aprendiz del engaño y la venganza Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTim te Maro y la magia de los corazones rotos Calificación: 4 de 5 estrellas4/5RECONQUISTADA: Maniobras secretas, #1 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl Acervo Genético Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLuces de invierno Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Verdad y perdón a destiempo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLlave a la eternidad Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLas madres Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Polvoranca: El pueblo maldito Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAmor no buscado Calificación: 1 de 5 estrellas1/5Cazador de almas Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El despertar del pasado Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Romance LGBTQIA+ para usted
La vida después del amor Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Unstoppable Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMientras Buscaba Perderme (Volumen 2) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesSilenci Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl Pozo de la Soledad - Radcliffe Hall Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa metamorfosis: Clásicos de la literatura Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El idiota: Clásicos de la literatura Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La Virgen Asistente Personal de mis Jefes Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El p... amo, Y otros relatos eróticos de temática gay Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTalker (Español) Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Demasiadas mentiras Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Todavía no me he ido Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Tu piel contra la mía: Noventa Y Nueve Rosas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesSin Palabras Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Aturdido Por El Amor Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMe sobran los Romeos: Recuerdos I Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesRedención por fuego Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Sueños rotos Calificación: 2 de 5 estrellas2/5Sacudido Por El Amor Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesSuper Calcetín Man Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El Decamerón Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Quién eres y por qué tienes mi número Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesElla Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La Eternidad de un Amor Efímero Calificación: 5 de 5 estrellas5/57 900 millas Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Flores en otoño Calificación: 2 de 5 estrellas2/5Fortalecidos por fuego Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Nadar en la oscuridad Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAbrumado Por El Amor Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesDándole en el hotel... lo que se merece, Y otros relatos eróticos de temática gay Calificación: 2 de 5 estrellas2/5
Categorías relacionadas
Comentarios para Amar significa… sin límites
0 clasificaciones0 comentarios
Vista previa del libro
Amar significa… sin límites - Andrew Grey
Copyright
Publicado por
Dreamspinner Pres
5032 Capital Cir. SW
Ste 2 PMB# 279
Tallahassee, FL 32305-7886
http://www.dreamspinnerpress.com/
Esta historia es ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación del autor o usados para la ficción y cualquier semejanza con personas vivas o muertas, negocios, eventos o escenarios, es mera coincidencia.
Amar significa… sin límites
Copyright © 2010 by Andrew Grey
Traducido por Saura García
Diseño de portada: de Mara McKennen
La licencia de este libro pertenece exclusivamente al comprador original. Duplicarlo o reproducirlo por cualquier medio es ilegal y una violación a la ley de Derechos de Autor Internacional. Este eBook no puede ser prestado legalmente o regalado a otros. Ninguna parte de este eBook puede ser compartida o reproducida sin el permiso expreso de la editorial. Para solicitar el permiso y resolver cualquier duda, contacta con Dreamspinner Press 5032 Capital Cir. SW, Ste 2 PMB# 279, Tallahassee, FL 32305-7886, , USA
http://www.dreamspinnerpress.com/
Publicado en los Estados Unidos de América
Primera Edición
Febrero, 2010
Edición eBook en Español : 978-1-61372-930-4
Para Jackie, que inspiró esta idea desde el principio.
Prólogo
img2.pngFRÍO y encrespado, el aire se abrazaba a su piel mientras daba el último paseo por las carreteras silenciosas a toda velocidad, notando que el veloz demonio púrpura y blanco bajo sus piernas rogaba que lo dejara libre, que le permitiera correr con todas sus fuerzas. Agachando la cabeza, le permitió volar; se permitió a sí mismo sentir la libertad del viento y la carretera. No había nadie. Estaba solo y adoraba esa sensación. Mañana haría lo que su madre quería y dejaría la moto, pero hoy remontaría el vuelo en sus alas de metal, plástico y potentes pistones.
El sol brillaba en lo alto y se sentía maravilloso, calentando su cazadora de cuero al mismo tiempo que el aire la enfriaba. Todo era perfecto, podía montar en su moto así para siempre.
El coche apareció de repente frente a él, e intentó evitar el golpe apretando el freno. Pero no respondía el trasero ni tampoco el delantero. Oyó el choque del metal, la explosión, el estallido. Intentó esquivarlos haciendo un regate, peo era demasiado tarde. Durante un segundo pensó que realmente podía volar, y después el dolor, la humedad caliente, la ceguera… y nada más.
Capítulo 1
img3.png—¿QUÉ tal ha ido la clase? —preguntó Joey, entrando en la cocina con grandes pasos, mientras la puerta trasera daba un golpe seco tras él, y se limpiaba las botas en la alfombra del zaguán, la habitación donde se quitaban la ropa llena de barro antes de entrar en la casa.
Eli, que estaba junto al fregadero donde había estado limpiando verduras, se giró para mirarle.
—Bien. Los estudiantes son geniales. Aunque me gusta más la clase de los adultos. Están aquí para aprender y trabajan duro —contestó Eli. Se giró y volvió al trabajo—. Mañana tengo a los más pequeños. Siempre se lo pasan bien. Son los adolescentes los que me dan más dolores de cabeza… algunas veces.
—Gracias por el aviso. Me aseguraré de estar ocupado —De ningún modo iba a estar por allí con los críos mientras estaban tomando lecciones.
Eli dejó las verduras y volvió a mirar a Joey, que bufaba suavemente.
—No hace falta. Esos niños te adoran, y siempre preguntan por el Señor Joey.
Sus manos fueron directamente a su cara, los dedos trazando las líneas rosadas que deseaba que no estuvieran allí.
—Simplemente no puedo enfrentarme a las miradas y a las preguntas.
Joey vio que los ojos de Eli se entristecían. Conocía aquella mirada, una que odiaba en todos menos en él o en Geoff. Sabía que aquella mirada, viniendo de ellos, era de preocupación y no de lástima. Y es que ya había sufrido toda la lástima que podía soportar. Evitaba ir al pueblo porque no podía soportar las miradas tristes que todos le lanzaban, ni el chasquido de sus lenguas cuando pasaba.
—Sabes que solo quieren ayudarte y que lo sienten por ti.
—Sienten lástima —Joey escupió las palabras y después se sintió mal por hacerlo. Eli era una de las mejores personas que había conocido, siempre cariñoso y atento, nunca malicioso.
—Quizá un poco, pero también se preocupan. —Eli se giró de nuevo hacia el fregadero—. Tienes a mucha gente que se preocupa por ti y que no les importa una… —se detuvo durante un segundo, y Joey pudo ver que su mandíbula se cuadraba—, les importa un pepino las cicatrices de tu cara, porque ya no las ven.
Joey miró la espalda de Eli mientras este trabajaba. Sabía cómo se sentían tanto él como Geoff. Deseaba poder creerlo. Pero ellos no habían estado en el supermercado la semana anterior cuando una madre había sacado a sus hijos de allí en cuanto lo vio entrar.
—Lo sé. Pero es duro —contestó. El doctor había dicho que las cicatrices desaparecerían con el tiempo, y se había hecho cirugía plástica en la cara, así que todavía tenía esperanza. Pero mientras tanto, se sentía feo.
Eli no le miró mientras continuaba haciendo la cena.
—¿Qué tal va todo por los prados del sur? ¿Se ha llevado la lluvia las semillas?
Joey se dejó caer en una de las sillas de la cocina, agradecido de que Eli hubiera dejado el tema.
—No. —Se permitió sonreír mientras se quitaba los zapatos. Todavía no estaba acostumbrado a vivir en la granja con Eli y Geoff, y aún pensaba que tenía que tener cuidado con todo lo que hacía—. La siembra está a salvo y en algunos lugares incluso ha empezado a brotar, así que parece que vamos a tener un buen año.
—Geoff se sentirá aliviado —casi podía oír la sonrisa de Eli mientras trabajaba—. Me sorprende que no haya ido él mismo a comprobarlo.
Y también se había sorprendido Joey, pero significaba mucho para él que Geoff hubiera confiado en él para comprobar las cosas, sabiendo que trabajaría para reparar el daño que el torrente de lluvia hubiera causado. Había estado trabajando en la granja desde que cumplió los dieciséis. Después de volver de la universidad, Geoff le había ofrecido el trabajo de capataz de la siega, tras la jubilación de Frank Winters.
—Imagino que tuvimos suerte de que Pete y Hank necesitaran la ayuda de Geoff y los chicos, con el vallado del pasto norte. —Tan pronto como las palabras dejaron sus labios, supo que la suerte no había tenido nada que ver en todo esto. Probablemente Eli les había enviado allí para asegurarse de que Joey podía hacer su trabajo tranquilo. Sacudió la cabeza mientras este seguía de espaldas. Aquel hombre conocía a su pareja muy bien.
—¿Qué tal le va a tu madre en Florida?
—Se está aclimatando y quiere que vaya a visitarla. —Su madre lo había criado sola, y después de que se graduara en la universidad, había vendido la casa y encontrado un nuevo trabajo en Florida. Había dicho que estaba cansada de inviernos, y Joey se alegraba por ella. Lo había hecho lo mejor que había podido y se merecía pasarlo bien.
—Deberías ir. Te haría bien. —Eli abrió el grifo y comenzó a lavar las verduras.
—No lo creo. Florida en junio no suena particularmente bien. Además, hay un montón de cosas que hacer por aquí. —Joey se tomaba su trabajo muy en serio. Apreciaba la responsabilidad que Geoff y Eli le habían dado, la fe que habían tenido en él, y de ningún modo iba a fallarles. Nunca—. Quizá vaya a visitarla cuando acabe la cosecha de otoño. Para entonces seguro que ya estoy preparado para ir a un sitio soleado y cálido.
—¿Por qué no vas a lavarte? La cena estará en una hora, y has estado trabajando desde el amanecer.
No quiso recordarle a Eli que él también se había levantado al amanecer. Se levantó de la silla y se acercó al fregadero.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudar?
—Vete. Yo me encargo. Además, te toca hacer la cena mañana. —Parte de su acuerdo, cuando Eli y Geoff le habían ofrecido quedarse en su habitación de invitados al vender su madre la casa, era que tendría que ayudar con la limpieza y la cocina. Había aceptado rápidamente, y con la ayuda de Eli estaba convirtiéndose en un cocinero decente.
Joey dejó la cocina y atravesó la casa. Sentándose en una de las sillas del salón y encendiendo la televisión, comenzó a relajarse; hasta que sonó el teléfono. La voz de Eli se coló desde la cocina.
—¿Puedes ver quién es?
—Claro. —Se levantó y levantó el auricular. —¿Hola?
—¿Geoff?
—Soy Joey, Mari. —Había reconocido la voz al otro lado de la línea. Era la tía de Geoff. En su opinión, era una mujer maravillosa. Si él hubiera sido hetero, hubiera intentado salir con ella, al menos antes de…
—Hola, Joey. ¿Cómo te trata mi sobrino? ¿No te está haciendo trabajar mucho, verdad? —Joey se rio en respuesta—. Oye, ¿está por ahí?
—No, todavía está con los chicos revisando el vallado. Eli está en la cocina haciendo la cena. —Un golpe sonó desde la cocina seguido de unas cuantas maldiciones. Bueno, maldiciones propiamente dichas no, porque viniendo de un hombre que había crecido entre los Amish eran impensables—. Parece estar teniendo algunos problemas con la cena.
—Necesito su ayuda, y estoy un poco desesperada. —Podía oír un ligero pánico en su voz.
—¿Qué pasa? Les daré el mensaje.
—La Sinfónica Juvenil Nacional llega hoy, y una de las familias que iba a acogerlos se ha echado atrás. Necesito a alguien que acoja a uno de los músicos, y esperaba que Geoff y Eli estuvieran dispuestos. —Mari había estado hablando sobre traer a este grupo al pueblo desde la última vez que les había visitado. Parecía que había pedido que le devolvieran unos cuantos favores y había tirado de todos los hilos en los que pudo pensar para que la Sinfónica incluyera el área de Ludington en su gira de verano. Joey sabía que no podía dejar que esto lo arruinara—. Lo acogería yo, pero ya tengo a dos chicas conmigo.
—Espera un momento. Voy a preguntarle a Eli y vuelvo enseguida. —Joey dejó el auricular sobre la mesa y le dio el mensaje a Eli, que estaba fregando el suelo.
—Dile a Mari que por supuesto que el chico se puede quedar aquí. Le prepararé la habitación. Pregúntale cuándo tenemos que recogerle —contestó, sin dejar de mirar la fregona. Joey volvió corriendo al teléfono.
Mari estaba entusiasmada y aliviada.
—Su autobús llegará al instituto dentro de quince minutos. Llamaré al coordinador de la orquesta y me aseguraré de que alguien pueda esperar a que lleguéis. Dale las gracias a Eli. —Colgaron y Joey le pasó el mensaje a Eli.
—¿Podrías ir a recogerle tú por nosotros? Necesito terminar esto, y Geoff todavía no ha vuelto. —Eli se levantó del suelo—. Sé cómo te sientes y no te lo pediría, pero…
Joey sintió que algo le ardía en el interior, pero lo empujó afuera lo mejor que pudo. Les debía mucho a Eli y a Geoff. No iba a permitir que sus inseguridades se pusieran en medio.
—Sin problema. —Joey fue a ponerse de nuevo las botas y salió afuera.
Se metió en su coche, lo sacó al camino y se dirigió al pueblo. Odiaba tener que hacerlo, pero odiaba aún más cómo se sentía por ello. Échale cojones. Intentó psicoanalizarse a sí mismo, pero todo lo que podía ver era la reacción de aquel niño en el supermercado cuando vio su cara. Y ahora un adolescente esnob de una familia rica y bien avenida, que seguramente había tenido todo lo que quería en la vida, iba a mirarlo y después giraría la cara disgustado.
—Ya puedes acostumbrarte, porque no va a cambiar en mucho tiempo —se dijo a sí mismo mientras conducía por carreteras secundarias, desde las que se podían ver los campos recién plantados.
Aproximándose a los alrededores del pueblo, bajó la velocidad y se dirigió hacia el instituto, conduciendo a través del camino circular que llegaba hasta la entrada. Había esperado hordas de gente, pero todo lo que pudo ver fue un único autobús y una mujer que estaba junto a un hombre joven que cargaba con lo que parecía un maletín de violín. La mujer dio un paso al frente, y para sorpresa de Joey, no había nada de la pena habitual que Joey veía siempre en los ojos de otros. Casi se preguntó por qué.
—¿Has venido a por Robert Edward? —La mujer parecía aliviada, mientras echaba una mirada al único coche que había en el aparcamiento del instituto. Dos mujeres jóvenes hablaban dentro. Obviamente la mujer le estaba esperando para que recogiera al joven antes de poder llevar a las chicas a casa.
—Sí, imagino. Mari no me dijo su nombre. Solo dijo que necesitaba que alguien recogiera a un joven. —Joey se secó las manos en el pantalón mientras se giraba hacia el hombre que estaba junto a ella—. Siento haber llegado tarde. Soy Joey Sutherland.
—Robert Edward Jameson, pero todo el mundo me llama Robbie. —El chico extendió la mano, y Joey la tomó, mirando a los enormes ojos azules del joven. También se dio cuenta de que Robbie le sonreía sin una pizca de lástima o curiosidad. De hecho, aquella sonrisa hizo que algo de su nerviosismo desaparecía.
—Deberíamos poner tu equipaje en el coche. —Abrió el maletero y cargó con la enorme maleta, colocándola dentro. Se dio cuenta de que Robbie no se había movido ni se había ofrecido a ayudarle. Sacudiendo la cabeza, levantó la segunda maleta y la cargó en el coche también, murmurando entre dientes—:¿Qué se piensa que soy? ¿Su sirviente? —Cerró de golpe el maletero y volvió hacia donde Robbie parecía estarle esperando.
—Bueno, pues si ya estáis listos, me marcho. Te veré para el ensayo de la orquesta mañana, a las nueve en punto. —La mujer tocó el hombro de Robbie y después comenzó a dirigirse hacia su coche.
—Gracias, señora Peters —gritó Robbie a su espalda—, por toda su ayuda. —Joey notó que Robbie tenía acento del sur y sonrió. El joven era atractivo y sonaba adorable. Una pena que fuera demasiado arrogante como para cargar con su propio equipaje. Probablemente esperaría que Joey también subiera las maletas a su cuarto y desempacara todo cuando llegaran a la granja.
—Sin problema, cariño. Que lo pases bien. —La voz de la mujer se desvaneció cuando se metió en su coche.
—Deberíamos irnos. Eli terminará de preparar la cena enseguida. —Joey se dirigió hacia el asiento del conductor y abrió la puerta, esperando que Robbie hiciera lo mismo. Cuando el joven no se movió, Joey se dirigió a la puerta del pasajero y la abrió, diciendo—:Tampoco soy un chófer.
—No he creído que fueras un sirviente ni un chófer, pero me vendría bien algo de ayuda, si no te importa. —Robbie levantó la maleta del violín—. ¿Podrías, por favor, poner esto en el asiento de atrás? —Joey hizo lo que Robbie le pedía, preguntándose por qué no podía hacerlo él mismo. El vaquero esperó y observó cómo Robbie metía la mano en el bolsillo de la chaqueta que colgaba de su brazo y sacaba algo que parecían un montón de palitos doblados. Con un movimiento rápido de su muñeca, los trozos se colocaron hasta que compusieron un bastón largo y blanco. Joey pestañeó dos veces. Mierda, joder. Robbie era ciego.
Joey se sintió como un completo idiota insensible, pero no había tenido manera de saberlo . Aquellos ojos parecían tan grandes y brillantes.
—Espera, deja que te guíe hasta la puerta del coche. —Tocó suavemente el brazo de Robbie—. Baja el bordillo y el coche está justo frente a ti. —Robbie daba golpecitos con su bastón en el suelo, mientras su mano tocaba la puerta del coche, siguiendo su silueta y después la del asiento—. Eso es. El asiento está justo frente a ti. —Una vez que el chico supo dónde estaba, se sentó con facilidad y cerró la puerta del coche, volviendo a doblar el bastón y colocándolo sobre su regazo.
Joey se metió también en el coche y arrancó el motor, saliendo del camino y volviendo a la carretera. No sabía qué decir, se sentía como un idiota. Pero, ¿cómo podía haber sabido que Robbie era ciego? De todos modos lo que había dicho había sido descortés, incluso aunque el joven no hubiera sido ciego. Al menos ahora sabía por qué no había reaccionado ante las cicatrices de su rostro.
—Lo siento —dijo finalmente.
Robbie giró la cabeza hacia el sonido de la voz de Joey.
—¿Por qué lo sientes? —sonrió, y su rostro se iluminó. Dios, era adorable, y no se trataba solo de su acento. El hombre era definitivamente encantador—. No lo sabías, y yo también me enfadaría si alguien me hubiera obligado a cargar las maletas en el coche sin ayudarme. —Aquella sonrisa se amplió—. De hecho, estoy casi agradecido.
Joey no entendía nada.
—¿De qué?
—De que me hayas tratado como a cualquier otra persona.
Joey tomó una curva con fuerza, y Robbie se inclinó hacia él. Le llevó unos instantes recobrar el equilibrio. Él se dio cuenta de lo que había ocurrido y bajó la velocidad.
—La mayoría de la gente me trata de un modo distinto porque soy ciego, pero tú me has tratado como a todos los demás.
—Bueno, no vas a recibir ningún tipo de tratamiento especial en la granja tampoco, eso seguro. —Incluso aunque Robbie no pudiera ver, Joey le sonrió—. Todos trabajan duro, y no habrá nadie que se pueda quedar contigo todo el día. Estarás solo bastante tiempo.
—¿Una granja? —Maldita sea, la sonrisa de Robbie se amplió aún más, si aquello era posible—. ¿Vamos a una granja, a una de verdad, con caballos, vacas y esas cosas?
—Bueno, sí. La granja Laughton es la que tiene mayor operación en todo el condado. Tenemos casi tres mil acres ahora mismo, con mil quinientas cabezas de ganado y caballos —Joey continuó hablando de la granja, de los graneros y los perros—. Geoff y su compañero, Eli, son los dueños y llevan la granja juntos.
El rostro de Robbie reflejó confusión durante un segundo.
—Compañeros, ¿como socios del negocio?
—No —le corrigió Joey—, compañeros, como compañeros de por vida.
—Oh.
AQUELLA revelación había sorprendido a Robbie, pero no tuvo tiempo de pensarlo. En vez de eso, lo dejó a un lado de su cabeza para pensarlo más tarde, mientras el coche comenzaba a botar y mecerse, e hizo lo que pudo para acoplarse al movimiento, en vez de resistirse . Como no podía ver nada, no sabía cómo preparase para lo que venía, pero aquello era normal para él. Las curvas le hacían ladearse inesperadamente en una dirección o en otra. Al girar,
