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La danza como arte de resistencia: reflexiones culturales y teológicas: Concilium 408
La danza como arte de resistencia: reflexiones culturales y teológicas: Concilium 408
La danza como arte de resistencia: reflexiones culturales y teológicas: Concilium 408
Libro electrónico230 páginas2 horasConcilium

La danza como arte de resistencia: reflexiones culturales y teológicas: Concilium 408

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Este número de Concilium explora la danza como una práctica universal que trasciende culturas, épocas e incluso especies, y que conecta a los individuos con su entorno y consigo mismos a través del movimiento. A través de sus múltiples expresiones -desde la espiritualidad hasta la resistencia cultural y social-, la danza se revela como una forma de resistencia que desafía las estructuras opresivas y fomenta la creación de nuevas realidades. Las contribuciones aquí reunidas examinan el poder transformador de la danza, su vínculo con la religión y su capacidad de reconfigurar las relaciones entre individuos, comunidades y el cosmos.
IdiomaEspañol
EditorialEditorial Verbo Divino
Fecha de lanzamiento22 nov 2024
ISBN9788410630864
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    La danza como arte de resistencia - Stefanie Knauss

    REFLEXIONES BÍBLICAS Y TEOLÓGICAS

    Dieudonné Mushipu Mbombo *

    LA DANZA COMO ARTE DE RESISTENCIA EN LA BIBLIA HEBREA

    Si está establecido que la danza en la Biblia es una expresión de alegría para los que pertenecen al Reino de Dios, es igualmente cierto que el baile se utiliza a veces para transmitir un mensaje oscuro cuando conduce al pecado. Un ejemplo de ello es la decapitación de Juan el Bautista tras el baile de la hija de Herodías. Pero la danza también puede utilizarse para desafiar el curso normal de la vida social. Se pueden encontrar ejemplos típicos de protesta en el Antiguo Testamento, donde el pueblo de Israel, para demostrar su negativa a permanecer junto a Yahvé en el camino hacia la Tierra Prometida, optó por organizar una liturgia danzante en torno al dios en forma de becerro de oro. O la danza del rey David, que, a diferencia de los demás reyes, se salió de los caminos trillados y provocó una revolución escandalosa (1 Cr 15,29).

    I. Introducción

    La Biblia, el libro de la revelación de Dios a la humanidad escrito y convertido en Escritura, es la expresión de una visión no solo de Dios, sino también y sobre todo de la humanidad. Es un lugar donde podemos leer sobre nuestras alegrías y sufrimientos, nuestras guerras y victorias, nuestra vida y nuestra muerte. Es un libro de Dios, pero también un libro de seres humanos situados en el tiempo, que viven en comunidad y comparten un lenguaje común que les permite entenderse. Lleva consigo una antropología de signos y símbolos capaces de definir a este ser humano situándolo histórica y culturalmente. La danza es uno de estos símbolos. La danza puede entenderse como un acto social que expresa alegría tanto para la persona que la interpreta como para las personas que observan la representación¹. Y aquí, la danza puede verse como un espacio de liberación en el sentido de que expone al bailarín a la mirada de los demás. Permite un verdadero desvelamiento del cuerpo y de lo que quiere expresar ante ellos. También puede ser una oportunidad para una verdadera subyugación. Existen varias interpretaciones posibles de la danza. Nos gustaría preguntarnos qué tiene que decir la Biblia, como lugar de la vida humana, sobre la danza, y cómo puede ser un acto de resistencia, dado que desempeña un papel en las interacciones de la vida social humana. Estas dos preguntas constituyen las dos partes principales de este trabajo de investigación.

    II. La danza en la Biblia

    El mundo bíblico está familiarizado con la danza. El tema de la danza recorre toda la Biblia. Se menciona al menos veinte veces, dieciséis en el Antiguo Testamento y cuatro en el Nuevo Testamento. Como podemos ver, el tema de la danza está menos desarrollado en el Nuevo Testamento. Por eso vamos a centrarnos más en la danza en la Biblia hebrea, es decir, en el Antiguo Testamento. Sin embargo, debemos recordar que, cuando hablamos de danza en el Nuevo Testamento, se trata de una expresión de la alegría del encuentro, la alegría de vivir que es la alegría del reino: esta alegría se puede ver en el regreso del hijo pródigo (Lc 15,25); es la alegría del encuentro con Jesús y su reino (Lc 7,31-32); es la alegría de alabar al Señor con el propio cuerpo, templo del Señor (1 Cor 6,19-20). Pero la danza también se presenta como un lugar de manipulación que conduce al pecado. Es el caso de la danza de la hija de Herodías ante el rey Herodes (Mc 6,22).

    De hecho, como podemos ver, las danzas tienen varios significados en la Biblia en general, y más concretamente en la Biblia hebrea, en la que centraremos nuestro análisis. Los hebreos, al igual que otros pueblos de Oriente Próximo, practicaban la danza en diversos contextos culturales y religiosos, y por diversos motivos sociales. En cuanto a sus objetivos y a los abusos que a veces producen, puede decirse que en la Biblia hay danzas buenas, que a menudo están orientadas a la adoración y alabanza de Dios, y danzas malas, que conducen al pecado.

    También puede decirse que, como en todas partes en el género humano, el baile significa una manifestación de alegría. Y en la Biblia se entiende de este modo, y generalmente se opone al luto y a la tristeza. Eclesiastés 3,4 lo afirma al decir que en la vida «Hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para hacer duelo y un tiempo para bailar». Lamentaciones 5,15 dice lo mismo: «Ha cesado la alegría de nuestros corazones; nuestra danza se ha convertido en luto». Aquí la devastación de Israel contrasta las anteriores danzas alegres con el luto del momento.

    Para comprender plenamente el significado de las distintas danzas y el motivo de su ejecución, veamos lo que significaban para los hebreos remitiéndonos a la raíz hebrea de la palabra danza y a los propios textos bíblicos para extraer todo su significado. En el Antiguo Testamento, cuando hablamos de danza, la palabra se traduce a través de al menos once raíces hebreas: raqad (que significa «saltar» o «brincar»); karar (que significa «girar» o «dar vueltas»); sachaq (que se traduce como «danzar de alegría»); también hay raíces como chag (que significa tanto «danza» como «fiesta», de donde deriva «danzar» en el sentido de «regocijarse» como en Sal 30,12 «cambiar mi luto en una «danza») o mahol ( que procede de la raíz hul y significa «girar»; se refiere, por ejemplo, a danzar en círculos alrededor del altar de Yahvé como en Sal 26,6); también existe el término mechowlah ( ). Esta palabra hebrea aparece 8 veces en la Biblia y se traduce como «danza» o «baile». Sus derivados son mechaleh, mechillah y mechashabah.

    Como vemos, la danza se presenta a veces según los movimientos realizados –David bailaba dando vueltas (2 Sm 6,14)–. David realizaba gesticulaciones al azar en contraposición a danzas rítmicas y bien organizadas. Esto queda bien expresado en 2 Samuel 6,14: David bailaba (mekarkére) –este verbo mekarkére ha dado lugar en hebreo moderno a la palabra peonza–. Otras danzas se definen simplemente por los instrumentos musicales que las acompañan, como el pandero, el arpa, la cítara o la flauta (1 Sm 10,5).

    Algunas formas principales de danza

    En el Antiguo Testamento, la danza suele representarse en torno a un motivo claro, que puede ser religioso, en alabanza a Dios, o un alegre reconocimiento tras una victoria en la guerra, o puede ser una danza extática y, por tanto, cultual. Estas son, pues, las tres formas principales de danza en el Antiguo Testamento. Evidentemente, aparte de estos tres motivos, hay otras razones para celebrar una danza, como la acción de gracias, la propiciación, la fertilidad o la fecundidad.

    La danza extática. En la cultura religiosa hebrea encontramos profetas que, al son de la música, entran en éxtasis y hacen movimientos o gesticulaciones. Saltaban de un lado a otro con gestos de circunvalación (1 Sm 19,20-24). Cuando entran en trance, profetizan: «Cuando entres en la ciudad, te encontrarás con una compañía de profetas que bajan de lo alto [...], y delirarán» (1 Sm 10,5). El mismo tipo de danza se describe en 2 Re 3,15 y 1 Cr 25,3. La música y la danza mediaban entre Dios, que es imperceptible, y el profeta que habla en su nombre.

    La danza religiosa. La danza sagrada estaba reservada a la alabanza divina. Se menciona en varios lugares de los Salmos, como en Sal 150,4; Sal 26,6; Sal 68,5; Sal 68,25-26. El ejemplo del Sal 149,1-3 es más que elocuente: «Cantad al Señor un cántico nuevo; cantad su alabanza en la congregación de los fieles [...] que alaben su nombre con danzas; que toquen para él el tambor y la cítara». Este tipo de danza puede verse, por ejemplo, en la fiesta de los Tabernáculos (Sucot), cuando tenían lugar procesiones que iban acompañadas de danzas y en las que se agitaban palmas y ramas. En Isaías 30,29 leemos: «Cantaréis como en la noche en que se celebra la fiesta... como quien camina al son de la flauta». Formando procesiones, los israelitas y sus músicos cantaban, las muchachas tocaban la pandereta (cf. Sal 68,25-26). Aquí, la gente baila y forma una procesión para alabar a Dios.

    La danza triunfal tras la victoria. La danza servía como demostración de alegría cuando los hombres que habían ido a la guerra regresaban victoriosos. Eran las mujeres las que danzaban para dar la bienvenida a los hombres que regresaban. Es el caso de la danza de Miriam, la hermana de Aarón (Ex 15,20), así como la danza de las muchachas tras la victoria de David sobre el filisteo (1 Sm 18,6). También encontramos la danza ejecutada de antemano como preparación para la guerra, como en Ezequiel 6,11. Este es un caso poco frecuente.

    La danza nupcial. En las bodas, la alegría y el regocijo festivo eran evidentes, y se expresaban en la danza. Es en el Cantar de los Cantares donde se menciona la danza nupcial. En el Cantar 7,1-2 se lee: ¡Vuelve, vuelve, oh, Sulamita! Vuelve, vuelve, para que podamos contemplarte». ¿Cómo «contemplarán a la Sulamita? – ¡Como en una contradanza! ¡Qué hermosos son tus pies en sandalias, noble hija! Los contornos de tus caderas son como anillos, obra de la mano de un artista». En esta danza nupcial participan siempre dos grupos o dos parejas, y aquí Sulamita baila como dos. Y es su compañero quien la elogia describiéndola de forma muy poética. Esta descripción lírica formaba parte del ritual

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