El retrato de Francine
Por Camila Winter
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Ambientada en la bohemia Parisina de finales del siglo XIX, nos cuenta la extraña historia de Philippe Vendôme; un joven y prometedor pintor que busca no sólo inspiración en su pequeño taller de Montmartre sino a sí mismo y de Francine, una hermosa joven que le encarga el retrato de su amado.
Con el correr de las hojas esta historia aparentemente romántica va cambiando para hacer del suspenso el tema central, porque Francine no existe, cada vez que lo visita en su taller desaparece misteriosamente sin dejar rastro. Y el astuto pintor demora la entrega final de su trabajo para poder descifrar el misterio que rodea la joven y de pintor trasnochado se convertirá en investigador tenaz. Philippe irá encontrando poco a poco retazos que le permitirán entender el retrato real de Francine y en el transcurso, se encontrará a sí mismo, al amor y un horrible secreto.
Camila Winter
Autora de varias novelas del género romance paranormal y suspenso romántico ha publicado más de diez novelas teniendo gran aceptación entre el público de habla hispana, su estilo fluido, sus historias con un toque de suspenso ha cosechado muchos seguidores en España, México y Estados Unidos, siendo sus novelas más famosas El fantasma de Farnaise, Niebla en Warwick, y las de Regencia; Laberinto de Pasiones y La promesa del escocés, La esposa cautiva y las de corte paranormal; La maldición de Willows house y el novio fantasma. Su nueva saga paranormal llamada El sendero oscuro mezcla algunas leyendas de vampiros y está disponible en tapa blanda y en ebook habiendo cosechado muy buenas críticas. Entre sus novelas más vendidas se encuentra: La esposa cautiva, La promesa del escocés, Una boda escocesa, La heredera de Rouen y El heredero MacIntoch. Puedes seguir sus noticias en su blog; camilawinternovelas.blogspot.com.es y en su página de facebook.https://www.facebook.com/Camila-Winter-240583846023283
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Comentarios para El retrato de Francine
3 clasificaciones1 comentario
- Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Sep 2, 2017
muy bueno me encanto todo el misterio me encanta lo mejor
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El retrato de Francine - Camila Winter
El retrato de Francine
Camila Winter
––––––––
Ciudad de París (Montmartre, año 1897)
Un bosquejo iba cobrando vida en el taller del joven pintor al tiempo que la luz dejaba de proyectarse sobre la ventana de la modesta casita del barrio Montmartre. El cuadro iba llenándose de luz y colores vivos plasmándose en él diferentes personajes: un anciano de rostro arrugado y enjuto, quien sostenía a su hijo muerto en una justa, y a su alrededor una muchedumbre de caballeros guardaba un respetuoso silencio mientras una bella dama le miraba con profunda congoja y al tiempo que un ángel de expresión implacable descendía del cielo y reclamaba un alma para el paraíso. Pero el anciano le miraba con una muda expresión de reproche porque su hijo estaba muerto, entonces: ¿qué importaba el paraíso? Y sin inmutarse sujetaba aún la cabeza sangrante de su hijo; un fornido caballero, mientras él ángel vestido como un soldado le miraba retador.
Entregadme esa alma, entregadme el alma del campeador, parecía decirle
.
El joven pintor contempló su obra con un gesto ceñudo. Aún no le había terminado y sin embargo no deseaba hacerlo.
—¡Demonios! ¿Qué me ocurre?—dijo en voz alta y fue en busca de un vaso de vino tinto.
Luego escondió la tela junto a las otras, perdiendo interés al instante en el cuadro religioso. Ya había ocurrido otras veces. Necesitaba crear algo original, algo genial, algo que lograra destacarle del resto de pintores de su tiempo.
Y como no soportaba ver el montón de pinturas sin acabar (ni estas deseaban mirarle a él, pues estaban escondidas) el joven pintor fue a dar un paseo por los Boulevard, a reunirse con sus amigos bohemios. Sí, necesitaba tomar aire y despejar su cabeza. Había pasado demasiado tiempo encerrado pintando.
*********
Los días transcurrían sin prisa para Philippe Vendôme, encerrado en una pequeña casa del pintoresco barrio de pintores, cerca de la Basílica de Sacre Coeur rodeado de cafés y bohemios como si hubiera nacido allí, aunque hacía solo un año que alquilaba esa casa y se permitía el capricho de una existencia bohemia
.
Acudía a los cafés, tenía amigos pintores pero sus relaciones no pasaban del mero trato superficial, Philippe Vendôme eludía sistemáticamente un trato más profundo pues sabía que luego vendrían preguntas sobre su familia, que él no querría responder.
Hasta el momento había conseguido mantener en secreto su identidad, y no llamar demasiado la atención y eso era bueno, porque sus familiares no habían vuelto a importunarle. Al final habían dejado de enviarle cartas llenas de consejos morales edificantes pidiéndole que fuera sensato y regresara. Y su respuesta era la misma nunca regresaré tía Sibila
, pero no se molestó en plasmarla en una carta y mucho menos se tomó la molestia de comprar matasellos y enviarla.
¿Y os quedaréis allí, pintando, rodeado de malas compañías, expuesto al peligro de una vida licenciosa? ¿Desperdiciaréis vuestros años de estudio en la universidad de derecho de París? ¿Qué bicho os picó Jean Philippe Vendôme? ¿Cómo se os ocurrió hacernos esto? He sufrido tanto que el dolor me ha extenuado. Dejasteis una carrera brillante, a vuestra prometida (aunque esta al parecer fue la que menos sufrió vuestra decisión ya que pronto se casará con el hijo de un banquero) y lo más doloroso: nos abandonasteis, a vuestros tíos que os criamos, que os dimos un hogar...
La lista de reproches era cada vez más larga y penosa. Jean Philippe había dejado de leer esas cartas. ¿Por qué debía dar más explicaciones?
Claro que nunca había estado prometido a Madeleine, sus atenciones cesaron el día que sospechó que ella solo estaba coqueteando y casualmente ahora se confirmaba lo que pensó una vez: ella se casaría con el hijo de un banquero.
La universidad de leyes le había desilusionado, su mente no lograba concentrarse en esos benditos libros interminables y sin embargo allí hizo amistad con un par de jóvenes pintores y juntos planearon la fuga. ¿Por qué debían estudiar algo que tanto les disgustaba, por qué no podían estudiar arte? Cambiaron inmediatamente la carrera y huyeron a Italia: la cuna del arte y pasaron algunos meses en Florencia. ¡Qué días aquellos! El mundo se había vuelto un lugar maravilloso, lleno de luz y color, de sensaciones nuevas y todo cuanto veía podría plasmarlo en una acuarela.
Hasta que llegaron a Montmartre y con él sus sueños de pintar cuadros murales del renacimiento.
La música llegó a sus oídos como un bálsamo y todo el color del crepúsculo, las nubes fucsias apiladas sobre la basílica callaron sus recuerdos al instante y se concentró en los colores. Apuró el paso mientras se cruzaba con esos viajeros extranjeros y llegaba al barrio latino. ¡Oh París! Sólo París con su universo de artistas y bohemios, con esos burgueses y sus imponentes carruajes formaban un cuadro tan lleno de claroscuros y luces naturales, espontáneas.
De todos los recuerdos de su antigua vida cómoda en el Chateau Vendôme de Toulouse, no extrañaba nada en absoluto, pues luego de aquel recorrido por Italia, de meses de aventura al fin estaba donde había deseado estar. Se dedicaría a pintar y nadie se atrevería a burlarse ni mencionaría la palabra responsabilidad. Pronto sería dueño de la herencia de sus padres fallecidos y no padecería apremios. Gastaría tranquilamente la fortuna según su parecer y nadie iba a impedírselo.
Se detuvo en un café para conversar con sus amigos reunidos. Era una tarde llena de nubes fucsias y un viento acariciador de finales de verano. Respiró hondo antes de entrar. Allí estaba la dama de la rosa como le llamaba, fingiendo no verle. Habían reñido la última vez no recordaba la razón y no había vuelto a verla por Montmartre hasta ese día. Le agradaba su cuerpo voluptuoso, el lunar cerca de sus labios y los brillantes ojos cafés, pero era curiosa y obcecada y hacía siempre demasiadas preguntas. Y aunque el deseo se apoderó de él, cuando fue a saludarla decidió no insistir en el asunto. Tenía la absurda idea de que terminaría enamorándose de Margot y luego sería un tonto esclavo de sus caprichos.
No, Margot no era una dama para enamorarse así que lo mejor era mantenerla lejos de su habitación.
Jean Pierre le habló y Paul le acercó una silla. Un joven poeta les acompañaba esta vez y un músico de aspecto descuidado. El joven poeta recitaba con voz monótona y todos guardaban un respetuoso silencio.
Bebió un vaso del mejor vino y aguardó a que el músico descuidado, les deleitara con una melodía en el piano, no lograba concentrarse en la poesía estando la dama de la rosa cerca. Ella no le perdía de vista, ofendida quizás por su indiferencia.
—¡No podéis tratar así a Margot! Eres un ingrato con vuestra suerte amigo —le dijo Paul—.
Philippe le miró a ambos.
—Es una dama casada —dijo.
—Justamente, mis predilectas, pues son cuidadosas y discretas y no quieren casarse con uno. Bueno, ninguna dama sensata se casaría con nosotros a decir verdad pero es penoso cuando una dama se enamora y pierde el juicio y cree que todo puede ser. ¿No os parece amigo mío?
—Margot es demasiado sensata para enamorarse, Paul. Lo que ocurre es que invade mi taller y quiere verlo todo.
—Bueno, debéis acostumbraros a las miradas curiosas o nunca podréis exponer vuestros trabajos —intervino Jean Pierre.
—Y debéis acostumbraros a no dejar ir a damas tan encantadoras —dijo Paul a su vez.
Desde la otra mesa la dama de la rosa le sonrió. Estaba casada con un rico comerciante de Saint Germain pero solía visitar Montmartre con una amiga suya y había sido su amante más de seis meses y últimamente había hecho demasiadas preguntas y al final habían reñido. Sí, era encantadora con ese traje de moda lleno de
