Relatos del taller
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Mauro David Fenelón Arias
Mauro David Fenelón Arias
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Relatos del taller - Mauro David Fenelón Arias
Créditos
Arias, Mauro David Fenelón
Relatos del Taller / Mauro David Fenelón Arias
1a ed., Libros Tucumán Ediciones, 2025
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-631-6769-03-9
Libro en papel
92 p. ; 21 x 14 cm.
ISBN 978-987-47712-1-6
1° Edición en papel, 2022
1° Reimpresión, 2024
1° Edición Digital, 2025
1. Narrativa Argentina. 2. Relatos. 3. Literatura Juvenil.
CDD A863.9283
Ilustración de tapa: Nadia Gabriela Alamo
© 2022 – Mauro David Fenelón Arias
Todos los derechos reservados
© 2023 - Libros Tucumán Ediciones
LibrosTucuman.com.ar
Dedicatoria:
A mi familia,
por su constante apoyo
Bosque interno
Pasaba todos los días recorriendo el majestuoso bosque donde vivía desde que tenía memoria. Enormes y hermosos árboles crecían alrededor. La vida fluía entre ellos. Diferentes especies de animales corrían libremente, acercándose a él para recibir sus caricias o simplemente acompañarlo en su caminata diaria. Todo era paz y tranquilidad.
A pesar de lo mucho que anduviera nunca se aburría. Siempre encontraba algo nuevo para hacer, un lugar nuevo para conocer o algo nuevo para probar. Disfrutaba de levantarse cada mañana para caminar sin pausa, pero sin prisa, hasta que el sol se ocultaba en el horizonte. En ese momento encendía un pequeño fuego y se acurrucaba junto a algún animal que le hacía compañía, para pasar la noche. Prefería aprovechar la tranquilidad que había durante esas horas para descansar. Al amanecer, con energías renovadas, se ponía en marcha nuevamente, listo para deleitarse con lo que pudiera encontrar en el enorme bosque.
Dentro de toda esa felicidad que sentía, había una pequeña pizca de preocupación, que por más diminuta que fuese, no dejaba de estar en sus pensamientos. No siempre era consciente de ello. Algunas veces era apenas una débil sensación, parecida a un gusto extraño en la comida, pero que no llega a molestar al sabor principal. Sin embargo, siempre está allí. No recordaba hacía cuanto, pero sí el suceso que le dio vida.
En una de sus largas caminatas, vislumbró algo entre los árboles. Era un blanco animal que saltaba de un lado para otro entre los gruesos troncos. Lo que le llamó la atención era que parecía tener luz propia. Aún bajo el brillante sol, podía ver el fulgor proveniente de la criatura. Apenas verla supo que tenía que acercarse para apreciar el espectáculo en primera fila. A diferencia de los otros animales que se cruzaba, esta bestia no respondía a su llamado, se limita a seguir con su baile errático, apareciendo y desapareciendo de su vista.
Cuando estuvo a pocos metros, el ambiente que lo rodeaba cambió. El aire se volvía cada vez más turbio, impidiendo un poco ver al frente y molestándole ligeramente para respirar. Desconocía la causa detrás, pero más se convencía que se debía al extraño animal a medida que se aproximaba al encuentro. Luego de trepar por un tronco caído, algo muy inusual, pudo ver con total libertad lo que sucedía. Como había pensado, eso era la razón de cómo estaban las cosas en esa zona del bosque. La figura blanca saltaba de un lado a otro con gracia, rebotando apenas tocar el suelo. A su paso, todo lo que hacía contacto con sus pies se prendía en fuego. Pasto, arbustos, árboles, animales. Todo. Así, en su despreocupado andar, ya había empezado pequeños incendios en un área de cincuenta metros.
Todo lo que veía le horrorizaba. Nunca había estado en una situación similar, por lo que no sabía cómo debía reaccionar. Tampoco nadie acudía en su ayuda, ya que cada animal que veía acercarse al blanco huía despavorido, alejándose de la tranquila destrucción que provocaba. Después de unos minutos de observarlo boquiabierto, también se convirtió en uno de los fugitivos. Sentía terror y dolor por ver su bosque arder así, pero tenía aún más temor de la bestia que lo causaba. Así que solo huyó, dejándole camino libre para hacerlo hasta que se cansara o algo le pusiera un freno.
Para preservar la paz y alegría que sentía, se olvidó por completo del suceso. O al menos así se engañaba cada mañana que despertaba con esa pequeña preocupación como un nudo en la garganta y un hueco en el corazón. Se limpiaba las lágrimas que había derramado en sueños y daba inicio al nuevo día.
Todo cambió cuando llegó a la cima de una gran colina, expectante por ver el hermoso paisaje desde arriba. Su emoción se fue en picada de golpe, al observar la enorme área oscura que se extendía a lo lejos. La noche estaba cayendo, por lo que veía perfectamente el rojo circulo que rodeaba la negrura desesperanzadora. No tuvo que pensar en la causa, lo supo de inmediato, recordando el miedo y la tristeza de esa vez. La bestia había continuado con la destrucción desde que sus caminos se cruzaron, sin descanso y sin reparo.
Esa visión lo puso en una encrucijada. Podía seguir su vida normal, dándole la espalda al infierno que veía en el horizonte, olvidándose de todo. Sin embargo, nada le
