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De la A a la Z
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Libro electrónico333 páginas3 horas

De la A a la Z

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Información de este libro electrónico

Un libro de La saga de la ciudad de Coda
Zach Mitchell está preso en la rutina. Su novio de la universidad lo dejó hace diez años, pero él aún vive en el mismo apartamento, conduce el mismo coche y alimenta al desagradecido gato de su ex novio. Su negocio en Denver, el videoclub De la A a la Z, está en apuros. Tiene clientes molestos, excéntricos vecinos, y un romance vacío con su casero, Tom.
Angelo Green, es un tipo duro resentido que lleva botas de combate y se ha criado en casas de acogida. Está solo desde los dieciséis años, por eso nunca aprendió a confiar ni a querer a nadie. No tiene amigos, así que cuando consigue un trabajo en el videoclub De la A a la Z, decide que Zach está estrictamente prohibido.
A pesar de sus diferencias, Zach y Angelo se hacen amigos rápidamente por lo que cuando Zach rompe con Tom y la estabilidad de su negocio se tambalea, es a Angelo a quien se le ocurre una solución. Junto a Jared y Matt, sus amigos de Coda, Colorado, Zach y Angelo encontrarán una forma de salvar De la A a la Z, ¿pero serán también capaces de salvarse el uno al otro?
IdiomaEspañol
EditorialDreamspinner Press
Fecha de lanzamiento20 ene 2015
ISBN9781623808822
De la A a la Z
Autor

Marie Sexton

Marie Sexton is the author of over thirty published works. She’s written contemporary romance, science fiction, fantasy, dystopian fiction, historical short stories, and a few odd genre mash-ups. The one thing they all have in common? They all feature men falling in love with other men. Her first novel, Promises, was published in January 2010 and is considered a classic in the gay romance genre.  Marie is the recipient of multiple Rainbow Awards, as well as the CRW Award of Excellence in 2012. She was also a finalist for a Lambda Literary Award in 2017. Her books have been translated into seven languages.  Marie lives in Colorado. She’s a fan of just about anything that involves muscular young men piling on top of each other. In particular, she loves the Denver Broncos and enjoys going to the games with her husband. Her imaginary friends often tag along. Marie has one daughter, two cats, and one dog, all of whom seem bent on destroying what remains of her sanity. She loves them anyway. You can find her at mariesexton.net, and on Facebook, Instagram, and Twitter. Instagram: www.instagram.com/mariesexton.author  Facebook: www.facebook.com/MarieSexton.author Twitter: @MarieSexton

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    De la A a la Z - Marie Sexton

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    Copyright

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    Publicado por

    DREAMSPINNER PRESS

    5032 Capital Circle SW, Suite 2, PMB# 279, Tallahassee, FL 32305-7886  USA

    http://www.dreamspinnerpress.com/

    Esta historia es ficción. Los nombres, personajes, lugares y acontecimientos son producto de la imaginación del autor o se utilizan para la ficción y cualquier semejanza con personas vivas o muertas, negocios, eventos o escenarios, es mera coincidencia.

    De la A a la Z

    Edición de copyright en español © 2015 Dreamspinner Press.

    Título original: A to Z

    © 2010 Marie Sexton.

    Traducido por: Cristina P. Pérez.

    Portada:  

    © 2010 Mara McKennen.

    Diseño de portada:

    © 2010 Anne Cain annecain.art@gmail.com.

    El contenido de la portada ha sido creado exclusivamente con propósito ilustrativo y todas las personas que aparecen en ella son modelos.

    La licencia de este libro pertenece exclusivamente al comprador original. Duplicarlo o reproducirlo por cualquier medio es ilegal y constituye una violación a la ley de Derechos de Autor Internacional. Este eBook no puede ser prestado legalmente ni regalado a otros. Ninguna parte de este eBook puede ser compartida o reproducida sin el permiso expreso de la editorial. Para solicitar el permiso y resolver cualquier duda, contactar con Dreamspinner Press 5032 Capital Cir. SW, Ste 2 PMB# 279, Tallahassee, FL 32305-7886 USA or http://www.dreamspinnerpress.com/.

    Edición eBook en español: 978-1-62380-882-2

    Primera edición en español: Enero 2015

    Primera Edición Marzo 2010

    Publicado en los Estados Unidos de América.

    Mi sincera gratitud a:

    Amy y Carol,

    por su incansable guía.

    Troy, por ayudarme a trabajar

    esas 11.000 palabras finales.

    Mi marido Sean,

    por apoyarme de todas las maneras

    posibles con su mayor empeño,

    incluso cuando le prestaba

    más atención a Angelo que a él.

    Zach…

    TENGO UN videoclub, pero odio las películas. Lo sé. Es completamente ridículo.

    Simplemente pasó. Supongo que empezó después de la universidad. Fui a la Universidad de Colorado. Mis padres querían que fuera a la Estatal de Colorado, en Fort Collins, pero insistí en ir a la CU. Argumenté que era mejor universidad, pero esa no era la verdadera razón. La Estatal era para estudiar veterinaria, forestal y estudios agrícolas, mientras que CU era para fiestas. A posteriori fue una gran mierda porque debía tener cuidado con mis padres. El coste era bastante más alto que el de la Estatal, y me pasé cinco años enteros bebido, colocado o ambas cosas. Apenas conseguí graduarme en dirección de empresas, creo que la media de mis notas rondaba el dos. Penoso.

    Por supuesto hice más cosas aparte de emborracharme y colocarme. También tenía mucho sexo. En mi último año quedaba con Jonathan, y después de la graduación, le seguí a Arvada, un suburbio de la zona oeste de Denver. Él era contable. Yo un vagabundo. Pillé un trabajo en el videoclub del final de la calle y continué pasando mi tiempo bebido, colocado y teniendo sexo, a veces no con Jonathan.

    Llegó el día en que regresé a casa, y él se había ido. El lado positivo es que esa fue mi llamada de atención. Poco después conseguí poner en orden todas mis cosas o la mayoría, al menos. Pero nunca pillé otro apartamento. Y cuando mi jefe, el señor Murray, decidió jubilarse, pedí un préstamo y compré el videoclub.

    Parecía una buena idea en ese momento.

    Así que aquí estoy ahora: treinta y cuatro años, soltero, y propietario nada orgulloso del videoclub De la A a la Z. ¿He mencionado que odio las películas?

    Primavera tardía en Colorado, el tiempo era estereotipadamente perfecto: soleado, con una temperatura en torno a los 80 ºF. Finalmente me vine abajo y puse aire acondicionado en la tienda.

    El videoclub De la A a la Z ocupaba uno de los cuatro locales del edificio. Tres estaban abajo, el mío en el medio, flanqueado por una tienda de libros holística y un estanco. Entre las dos hacían que mi local siempre oliera a incienso de sándalo. El piso de arriba estaba completamente ocupado por un estudio de artes marciales, que le pertenecía a Nero Sensei. No estaba seguro de si Nero era su nombre o su apellido, pero normalmente lo llamábamos Sensei. Hoy, los aparcamientos delanteros de nuestro edificio estaban llenos de estudiantes de artes marciales, todos llevaban esos pijamas blancos que les favorecían, mientras hacían algún tipo de ejercicio sincronizados y sudando.

    Era viernes por la tarde, y tenía un cliente que ya había venido varias veces últimamente. Era delgado, tenía la piel oscura y tersa, y su pelo negro le tapaba parte de la cara, parecía que apenas se había afeitado. No soy bueno con las etnias, quizás fuera latino, quizás no. Estaba paseándose por las estanterías, mirando películas. Algunas veces se paraba y me miraba agitando su cabeza. No tenía ni idea de qué problema tenía.

    Acababa de devolver una película llamada Blue Velvet. Yo estaba mirando fijamente esa estúpida carátula, intentando decidir en cuál de mis abarrotadas estanterías iba. Por un lado, tenía a Dennis Hopper, lo que me indicaba Acción. Por otro lado, las fotos hacían que pareciera que era en blanco y negro, lo que significaba Clásicos. Me rendí y la dejé en el primer lugar vacío que vi, en la estantería De Especial Interés. Pareció que quedaba bastante bien.

    Fue entonces cuando el señor Perfecto entró. Era de mi altura, poco menos de 1’80 m, pero de complexión más fuerte. Obviamente hacía ejercicio. Era rubio y de ojos azules. Llevaba puestos unos pantalones gris oscuro y una camisa de vestir blanca, abierta en el cuello. Rápidamente comprobé mi camisa y me alivió ver que aún estaba relativamente limpia. Por una vez no se me había caído nada del almuerzo.

    —Soy Tom Sanderson —dijo, apretándome la mano—. Soy su nuevo casero. —Había leído sobre gente con voz de barítono y la suya lo era. Tenía un hoyuelo en la barbilla. Estaba increíblemente bueno, y había algo incluso mejor que eso, me estaba mirando de arriba a abajo con obvia curiosidad.

    El trabajo se puso de repente mucho más interesante.

    —Encantado de conocerte —dije mientras le apretaba la mano—. Zach Mitchell.

    —Zach. —Me agarró la mano con más fuerza de la necesaria, antes de dejarla y echar un vistazo—. Bonito sitio. —Realmente consiguió no parecer sarcástico cuando lo dijo. No había hecho nada con la tienda en años. Los pósters de las películas pegados en las paredes estaban descoloridos, y mostraban nuevos lanzamientos que llevaban años pasados de moda—. ¿Qué tal el negocio?

    —No va mal. —Eso fue mentira. Iba mal. No para cerrar, pero ciertamente nada bien. De hecho el tipo de la actitud extraña de antes era prácticamente la hora punta; él y solo él. Volví a mirar a Tom—. Sobrevivo. —Al menos eso era verdad—. ¿Eres mi casero ahora?

    —Lo soy. Aunque no te dejes engañar, no soy un mal tío. —Me echó una mirada asesina.

    —Estoy seguro de que es verdad —dije.

    Me miró durante un minuto, como si me estuviera evaluando, luego sonrió otra vez, y dijo—: Déjame que te lleve a cenar esta noche y lo comprobarás.

    No me podía creer que un tío tan atractivo como él me estuviera invitando a salir. Soy del montón: mido más o menos 1’80, tengo el pelo castaño, los ojos azules y complexión normal. Normal, normal, normal. Sé que no soy feo, pero nunca he sido uno de esos tíos que la gente se para a mirar y desea después, o que atraen inmediatamente a los demás. Ya sabes, esos tíos. Tíos como él.

    —Eso es genial —dije, esperando no parecer demasiado entusiasmado.

    —Pasaré por aquí y te recogeré sobre las seis.

    No había tenido una cita en meses. Estaba contando las horas.

    Esa tarde Ruby se pasó por la tienda. Ruby tenía una librería holística al lado. Rondaba los sesenta años. Apenas medía 1’52 y seguramente pesara menos de 45 kilos. Su pelo era plateado, corto y estaba bien peinado, siempre vestía un elegante traje de pantalón. El de hoy era gris carbón, con una bufanda azul celeste que conjuntaba con sus ojos. Parecía la abuela rica de alguien.

    Pero esa imagen que daba desparecía en cuanto abría la boca. En ese momento te dabas cuenta de que no era demasiado inteligente.

    —Hey, Ruby —dije—. ¿Has conocido al nuevo casero?

    —Por supuesto que sí —dijo con disgusto—, qué hombre más horrible.

    —¿Eh? —se puso muy seria, intentaba no reírme—. ¿Por qué dices eso?

    —No tiene alma —dijo, como si fuera la cosa más obvia del mundo—. ¿No lo ves? Solo es oscuro, por todas partes. —Se estremeció—. Va a ser un problema, Zach. —Me apuntó con su dedo tembloroso—. Recuerda mis palabras.

    —Vale. —¿Qué más podía decir?

    —Aunque no es eso de lo que he venido a hablarte. Quiero que sepas que tuve una visión sobre ti anoche.

    Ruby decía poseer habilidades paranormales. Ella siempre tenía visiones. No creo mucho en ese tipo de cosas, pero nunca he tenido corazón para decírselo.

    —¿De verdad? —pregunté informalmente.

    —Es la verdad. Te vi. Estabas de pie con un ángel, en una tienda de piezas de automóviles, y repartías platos de pasta Alfredo con pollo. —Me miró expectantemente.

    Nunca sabía qué decir o pensar después de escuchar sus visiones. ¿Tenía que aplaudir? ¿Estar atónito? ¿O parecer asustado?

    —Ummm... —Tartamudeé—. Eso suena muy interesante.

    —Eso pensé yo también. —Todavía me estaba mirando con anticipación, como si de repente yo fuera a romper a llorar y admitiese que de verdad había estado sirviendo pasta la otra noche en el Checker con el propio arcángel Gabriel a mi lado.

    —¿Un ángel?—pregunté tontamente.

    —¡Claro que sí! —Me sonrió—. ¿No es maravilloso? Sigo esperando que conozcas una chica maravillosa, ¡y ahora sé que lo harás! —Le había dicho a Ruby al menos veinte veces que era gay, pero siempre actuaba como si no lo hubiera oído. Estaba bastante seguro de que pensaba que solo era una fase y finalmente acabaría con una chica—. Solo te lo tenía que decir. Pensé que querrías saberlo.

    —Por supuesto Ruby. Gracias. —Conseguí mantenerme serio cuando respondí—: Lo aprecio. —Asentía sabiamente, luego se volvió dirigiéndose a la puerta. Estaba empujándola para abrirla cuando un pensamiento cruzó por mi mente—. Ruby —Tenía que preguntarlo—, ¿estaba muerto?

    Me miró desde detrás con sorpresa.

    —Por supuesto que no, querido. ¿Por qué ibas a estar muerto?

    —Bueno... —Me sentí estúpido, pero ahora que el pensamiento estaba en mi cabeza, lo quería saber de verdad—. Si había un ángel allí, se supone que tenía que estar en el cielo, ¿no?

    Me apuntó con su dedo tembloroso.

    —No seas listillo. Zach. No hay coches en el cielo.

    Después de ella vino Jeremy, su estanco estaba en el lado opuesto de la librería de Ruby. Él no tenía el pelo largo, ni llevaba sandalias hippies. Era padre de tres adolescentes, siempre llevaba corbata, y era miembro activo de la Asociación de Padres de Alumnos, y también del ayuntamiento. Además de todo eso, era defensor del partido Libertario. La mayor parte del tiempo eso no importaba, pero estábamos en año de elecciones, lo que quería decir que Jeremy estaba en modo campaña a gran escala.

    —Zach, quiero saber si has pensado a quién vas a votar en la elección presidencial.

    Tristemente no tenía educación cuando se trataba de política.

    —¿Sabes ya quiénes son los candidatos? —pregunté. ¿No había primarias para elegirlos primero?

    Agitó su cabeza con disgusto.

    —Zach, no importa qué cabezas parlantes pongan los Republicanos como candidatos. Tampoco la manera en la que votas para mantener las cosas como están. ¿Es eso lo que quieres?

    —Ummm...

    —¿Estás a favor del aborto?

    —Sí, supongo. —El aborto no es algo sobre lo que un hombre gay tenga que pensar muy a menudo.

    —Y tú tienes que estar a favor de permitir que los gais se casen.

    —Claro. —Pero tendría que quedar con alguien antes, ¿no?

    —¿Y crees en la legalización de la marihuana?

    —Supongo. —De ninguna manera iba a discutir aquello con un hombre que para ganarse la vida vendía cachimbas.

    —¿No piensas que deberías poder votar contra nuestro estado de bienestar fuera de control sin tener que votar contra esos derechos básicos? ¿Derechos básicos que deberían ser protegidos en pos de nuestra Constitución?

    —Bueno...

    —¿Alguna vez has leído la Constitución, Zach?

    Tenía que pararme y pensar en ello. No recuerdo haberla leído. ¿Cómo podía haber superado doce años de educación pública y cinco en una gran universidad, sin haber leído jamás la Constitución?

    —No lo recuerdo —admití con sorpresa.

    Sacudió la cabeza.

    —Tampoco el presidente, Zach. Piensa en ello.

    Dejó una pila de panfletos en el mostrador y se dirigió a la tienda de Ruby. Iba a ser una larga campaña.

    Ya que era viernes, todos mis clientes usuales vinieron por la tarde cansados. Primero vino el Tipo Duro, que se había ido casi después de Tom, pero antes de la revelación de Ruby de su ángel y la visión de la pasta. Después vino Jimmy Buffett. No podía recordar su nombre real, pero era el doble del hombre de Margaritaville. Siempre parecía estar avergonzado cuando devolvía las películas, y solo podía deducir que era por las horribles camisas de estampado hawaiano que se ponía. El siguiente fue Eddie. No era su nombre real, pero siempre tenía una camiseta de Iron Maiden con el macabro Eddie delante, y ostentaba el mismo peinado que el líder de la banda. Siempre parecía cabreado conmigo. Yo culpaba a la música. Y por último, la chica gótica. Tenía el pelo negro, y se pintaba la raya de los ojos gruesa, por lo que siempre parecía que había estado llorando; tenía tres piercings en su labio inferior y siempre me miraba desafiante cuando pagaba su película. Luego era hora de cerrar las puertas.

    Durante la última hora del día, me había preocupado porque Tom no apareciera, pero llegó sin demora a las seis. Me llevó a un restaurante fabuloso donde nos bebimos una botella de Chianti que nos hizo hablar un poco. No había duda de que tonteaba conmigo. Después me llevó a De la A a la Z, y por último paseamos hasta mi coche.

    —El anterior propietario estaba en bancarrota, así que adquirí el edificio por un estupendo precio. No era buen casero. ¿Eres consciente de que ni siquiera tienes un contrato de alquiler en este momento?

    —Sí, el señor McBride no era bueno con los contratos. Yo pagaba el alquiler, y eso era suficiente para él. —Me di cuenta de que eso también quería decir que podía ser desahuciado a la mínima.

    —Redactaré los nuevos contratos de alquiler pronto. La mala noticia es que no sé si podré mantener el mismo precio. El edificio necesita mucho trabajo y al fin y al cabo, yo soy un hombre de negocios.

    Eso era definitivamente una mala noticia para mí. Ahora apenas podía llegar a fin de mes, así que si me subía el alquiler, podía ser un problema.

    —¿De cuánto es el incremento del que hablamos?

    —No estoy seguro. Todavía no me he ocupado de todo. —Dio un paso más cerca de mí, y mi corazón empezó a acelerarse—. ¿Te puedes permitir un incremento del alquiler? —De alguna manera hizo que la pregunta pareciera increíblemente sexy.

    —Realmente no —conseguí decir. Levantó su mano y me acarició la mejilla.

    —No quiero que te quedes sin tu negocio —dijo mientras daba otro paso más cerca. Ahora estaba acorralándome.

    —Ya somos dos.

    Sonrió, y pensé que mis rodillas se doblarían. Se acercó más y me acarició pasando sus labios sobre los míos. Su olor era fascinante. Me acerqué hacia él, y luego me besó. Su lengua se introdujo en mi boca. Sentí sus manos agarrar mi culo, y empujarme con fuerza hacia él. Incluso completamente vestido podía sentir cómo de firme y musculoso era su cuerpo. El beso acabó demasiado pronto y me quedé sin respiración.

    —Quizás —dijo con esa baja y sexy voz, cuando se echó hacia atrás—, podamos arreglarlo. ¿Te gustaría?—preguntó.

    —Absolutamente.

    —Bien. —Sonrió dando un paso atrás—. No puedo esperar a verte de nuevo.

    Mientras conducía mi viejo Mustang, el mismo que había tenido desde la universidad, deseé haberlo invitado a venir. La persistente excitación de ese beso no era bastante para aliviar la soledad que sentía cuando subía las escaleras de mi apartamento. Al menos solo faltaban un par de horas antes de que me pudiera ir a la cama.

    Me puse una copa de vino y algo de música. Tenía un rompecabezas a medio terminar desparramado por la mesa del comedor, y me senté a hacerlo. Muchas de mis noches las pasaba trabajando en algún tipo de puzle o haciendo crucigramas o sudokus, lo que fuera para pasar el tiempo.

    La gata de Jonathan, Geisha, deambulaba por allí. Todavía pensaba en ella como la gata de Jon, aunque hiciera al menos diez años que no estaba allí para cuidarla. Tenía el pelo largo y grisáceo, y ojos verdes. Era lo único que él se había dejado, y ella nunca me había perdonado por no ser él. Me miraba con un abierto desprecio, como solo un gato puede hacerlo, y luego desaparecía por la gatera del salón.

    Recordaba lo emocionados que estábamos Jonathan y yo cuando

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