Dinosaurios en la ventana
Por Omar Nieto
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Decía Daniel Sada que la verdadera potencia de la literatura fantástica procede de los intersticios de la realidad, de esas bisagras por las que la imaginación se filtra como posibilidad cotidiana. En este libro, Omar Nieto muestra que los polos de lo real y lo imaginario pueden invertirse, y que los monstruos literarios de John Polidori, Monk Lewis, Lord Byron y Mary Shelley pueden tramar el asesinato de sus creadores, que un joven convaleciente imagine dinosaurios en la ventana, que el fiel asistente de Drácula, Renfield, pueda estar recluido en un siquiátrico, o que los cómicos de los años 30 adapten libros fantásticos en sus carpas. En este volumen, que también diluye los límites entre el minirrelato y el cuento de largo aliento, un ángel de la muerte trae un mensaje de amor y horror, es posible el embarazo de un hombre amante de la ópera, un armero salva a su hijo con un artilugio de guerra, o las mujeres del futuro crean en su totalidad una ciudad femenina. Para Omar Nieto, la imaginación proviene del ensanchamiento de lo real. ¿Qué es la literatura sino la capacidad de poblar la realidad de lo que imaginamos? Eso parece decirnos este libro, ganador del VI Premio Internacional Bitácora de Vuelos 2023.
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Dinosaurios en la ventana - Omar Nieto
DINOSAURIOS EN LA VENTANA
Omar Nieto
VI Premio Internacional Bitácora de vuelos 2022, género Cuento
Decía Daniel Sada que la verdadera potencia de la literatura fantástica procede de los intersticios de la realidad, de esas bisagras por las que la imaginación se filtra como posibilidad cotidiana. En este libro, Omar Nieto muestra que los polos de lo real y lo imaginario pueden invertirse, y que los monstruos literarios de John Polidori, Monk Lewis, Lord Byron y Mary Shelley pueden tramar el asesinato de sus creadores, que un joven convaleciente imagine dinosaurios en la ventana, que el fiel asistente de Drácula, Renfield, pueda estar recluido en un siquiátrico, o que los cómicos de los años 30 adapten libros fantásticos en sus carpas. En este volumen, que también diluye los límites entre el minirrelato y el cuento de largo aliento, un ángel de la muerte trae un mensaje de amor y horror, es posible el embarazo de un hombre amante de la ópera, un armero salva a su hijo con un artilugio de guerra, o las mujeres del futuro crean en su totalidad una ciudad femenina. Para Omar Nieto, la imaginación proviene del ensanchamiento de lo real. ¿Qué es la literatura sino la capacidad de poblar la realidad de lo que imaginamos? Eso parece decirnos este libro, ganador del VI Premio Internacional Bitácora de Vuelos 2023.
Índice
Portada
Dinosaurios en la ventana
Esplendor de Portugal
Castillo Lemán
Alas de ángel
Embarazo en una ópera de Puccini
La séptima bala
El pacificador
Encara
La séptima hora
Robert Renfield
Carpa Latino
Un gato y una intervención
Oda a Bob Dylan
Melancolik
Frente al sol
Omar Nieto
Créditos
DINOSAURIOS EN LA VENTANA
Anclado a su cama escuchaba siempre los picoteos apenas calentaba la mañana. En su condición era fiel testigo de ese amor telegrafiado en la ventana, y más durante aquel par de horas en las que se quedaba solo antes de que llegara la joven estudiante de enfermería y sus padres salieran a trabajar, no sin antes dejarle el desayuno en la bandeja, la televisión encendida con los programas matutinos más populares, además de libros y revistas suficientes para pasar el tiempo entretenido y con esperanzas de ver, día a día, a esa chica no tan agraciada a los ojos de todo mundo pero sí a los suyos, ojos que eran como esas mismas palomas apoderándose de las cornisas de aquel quinto piso del centro de la ciudad.
Primero fueron los libros de suspenso y terror dejados por su padre, que detallaban gatos atrapados en las paredes, toneles de amontillado, crímenes en calles de nombres raros, seres que habitaban más allá del abismo o llamadas de antiguos dioses. Incluso, seres descarnados mezclados con cenobitas. Luego, que esa misma enfermera, cinco años mayor que él, le trajo revistas de fenómenos paranormales y le dejaba ese estrujante programa de radio de historias fantasmales antes de irse a sus clases, a las cinco de la tarde, tiempo en el que llegaba su abuela, quien lo acompañaba hasta la noche.
Entonces todo comenzó a acentuarse durante ese otro momento en el que se quedaba solo, a las ocho, cuando la madre de su madre debía irse para no arriesgarse por las viejas e inseguras calles nocturnas de aquel barrio de clase media, pues sus papás regresaban hasta pasadas las nueve, cansados de sus trabajos injustos y rutinarios, apenas redituables para mantener los gastos de tantos doctores y de aquella enfermera privada contratada para cuidarlo todos los días en casa.
En efecto, esa era la hora más terrorífica pues en ella las palomas calentaban a sus crías en la penumbra silenciosa y repentinamente fría de las ventanas, arrullándose en sus esponjadas papadas con siniestro rumor ornitológico, dueñas de un gorjeo voluptuoso; al final lo único que le daba sentido a su existencia, postrado en su cama adolescente, víctima de esa extraña enfermedad incapacitante.
Pero sin duda lo que cambió todo fue el libro sobre la historia de los dinosaurios que le trajo un día su papá, firmado por un importante paleontólogo, puesto sobre la cama en rutinario gesto, pues dicho volumen aseguraba que las palomas no eran otra cosa que el resultado darwiniano de la evolución que se remontaba a dinosaurios arcaicos y terribles, cada vez más pequeños a medida que avanzaban los siglos.
Lo leyó embebido. Sobre todo cuando la joven enfermera le curaba las llagas en la espalda por la posición casi eterna en la que se encontraba.
Lo leía distraído sólo por esos bellos ojos mientras el científico detallaba cómo los arcosaurios, y con ello, otros géneros de animales primigenios, redujeron al mínimo su tamaño echando plumas en lugar de escamas y aprendieron a volar en algún momento de la historia del mundo, mientras los volcanes terminaban de explotar y las aguas se replegaban en la tierra firme.
Ahí, acostado todo el día, solo o acompañado por la joven enfermera, abuela o papás, distinguió tras las cortinas, no a tiernas palomas que hacían el amor, sino cómo algunas aumentaban de tamaño al ritmo de aquellos zureos, mientras ese caminar pausado en medio de las sombras esplendía por el efecto de la luz nocturna, comprobando las teorías de aquel científico.
Miró entonces cómo los aleteos bien podrían ser coletazos, y esos picos, fauces pequeñas, pero eso sí, firmes; y cómo pudieron esos afilados dientes, que destrozaron todo a diestra y siniestra millones de años antes, devenir ahora en esas pequeñas lenguas pájaras con las que llevaban el alimento supuestamente inofensivo a sus críos.
Por lo tanto, oteó bien en el rugido último del crepúsculo, mientras su abuela se retiraba, cómo aquellos palomos se hacían gigantes y sus ojos se tornaban reptilianos y debajo de sus alas podía percibirse todavía, si es que alguien se fijara con la debida curiosidad científica, escamas de otras eras.
Se quedó dormido después de que sus progenitores se fueron a trabajar aquella otra mañana y la joven enfermera anunciara que no iría a atenderlo por exámenes, lo que en realidad era
