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Fábulas de La Fontaine: Libro para grandes y niños
Fábulas de La Fontaine: Libro para grandes y niños
Fábulas de La Fontaine: Libro para grandes y niños
Libro electrónico81 páginas41 minutos

Fábulas de La Fontaine: Libro para grandes y niños

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Información de este libro electrónico

Una selección de cuarenta y tres fábulas de La Fontaine, traducidas desde el francés en versión libre, que se ofrecer para un amplio público, invitando a conversar y reflexionar sobre la condición humana.
IdiomaEspañol
EditorialLOM Ediciones
Fecha de lanzamiento1 dic 2022
ISBN9789560016263
Fábulas de La Fontaine: Libro para grandes y niños
Autor

Jean de La Fontaine

Jean de La Fontaine, baptized on July 8, 1621 in the Saint-Crépin-hors-les-murs church in Château-Thierry and died on April 13, 1695 in Paris, is a man of letters of the Great Century and one of the main representatives of French classicism. In addition to his Fables and Contes libertines, which established his fame in the 1660s, we owe him various poems, plays and opera librettos which confirm his ambition as a moralist.

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    Vista previa del libro

    Fábulas de La Fontaine - Jean de La Fontaine

    © LOM ediciones

    Primera edición, marzo 2022

    Impreso en 1.500 ejemplares

    ISBN Impreso: 9789560014795

    ISBN Digital: 9789560016263

    RPI: 2022-a-436

    Diseño, Edición y Composición

    LOM ediciones. Concha y Toro 23, Santiago

    Teléfono: (56–2) 2860 6800

    lom@lom.cl | www.lom.cl

    Tipografía: Karmina

    Impreso en los talleres de gráfica LOM

    Miguel de Atero 2888, Quinta Normal

    Impreso en Santiago de Chile

    A Jorge Edwards Valdés, mi mejor maestro de letras.

    La cigarra y la hormiga

    La cigarra, que había cantado todo el verano,

    se halló muy desprovista

    cuando llegó el frío invierno:

    no encontró ni un pedazo de mosquito

    ni medio gusano para comer.

    Fue, llorando de hambre,

    a casa de su vecina, la hormiga,

    y le rogó que le prestase

    algunos granos para subsistir

    hasta el siguiente verano.

    –Le pagaré con todos los intereses

    antes de que llegue la próxima cosecha.

    ¡Se lo juro, se lo juro! ¡Palabra de animal! –dijo ella.

    Pero la hormiga es poco generosa,

    ésta no es su mayor virtud.

    –¿Qué hacía usted durante el verano?

    –le pregunta a la pedigüeña.

    –Noche y día, sin descanso, yo cantaba –le contesta,

    humildemente, la cigarra.

    –¿Usted cantaba? Me alegra saberlo.

    ¡Y bien, ahora baile!

    El cuervo y el zorro

    Maese cuervo, posado en un árbol,

    tenía en su pico un queso.

    Maese zorro, atraído por el olor,

    le habló de esta manera:

    –¡Oh! Buenos días, señor cuervo.

    ¡Qué hermoso eres! ¡Qué bello me pareces!

    Verdaderamente, si tu canto

    se asemeja a tu plumaje,

    tú eres el ave fénix

    de los que habitan este bosque.

    Al escuchar estas palabras,

    el cuervo desborda de alegría;

    y para lucir su bella voz,

    abre un ancho pico y deja caer su presa.

    El zorro la agarra, y le dice:

    –Mi buen señor,

    has de saber que todo adulador

    vive a costa de aquél que lo escucha.

    Esta lección, sin duda, bien vale un buen queso.

    El cuervo, avergonzado y confundido,

    juró, aunque algo tarde, que no lo engañarán una segunda vez.

    La rana que quiso ser como el buey

    El majestuoso y corpulento buey

    se paseaba por el campo.

    Temprano por la mañana, pasó junto a él

    una pequeña rana que salió del agua

    cantando alegremente.

    La ranita, al ver al buey,

    quedó admirada ante tanta grandeza.

    ¿Por qué ella era tan insignificante,

    si otros animales podían ser tan grandes?

    Pensó entonces que bastaba proponerse

    ser como el buey para conseguirlo,

    y se dispuso a hacer la prueba.

    Abrió cuanto pudo la boca

    y aspiró profundamente, inflándose.

    –¿Soy tan grande como el buey? –preguntó entonces

    a sus hermanas ranas que se hallaban junto a ella.

    –¡Ni con mucho! –le contestaron.

    Volvió a intentarlo por segunda vez

    y se hinchó un poco más.

    –Y ahora, ¿soy tan grande como el buey?

    –¡Te falta mucho! –respondieron las ranas.

    Volvió a intentarlo por tercera vez.

    –Y ahora, ¿soy tan grande como el buey?

    –¡Te falta mucho! ¡Te falta mucho! –respondieron sus hermanas.

    La rana trató de hincharse otro poco.

    Pero la piel estirada no resistió más,

    y el animalillo estalló con el esfuerzo.

    Así murió la rana infeliz.

    El mundo está lleno de gente que no es más sabia:

    muchos quieren subir algunos peldaños en la vida social.

    El lobo y el perro

    A un lobo solamente le quedaban los huesos y la piel.

    Los perros

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