La vida en los desiertos mexicanos
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La vida en los desiertos mexicanos - Héctor Manuel Hernández
La vida en los desiertos mexicanos
Héctor M. Hernández
Fondo de Cultura Económica
Primera edición: 2006
Primera edición electrónica, 2013
La Ciencia para Todos es proyecto y propiedad del Fondo de Cultura Económica, al que pertenecen también sus derechos. Se publica con los auspicios de la Secretaría de Educación Pública y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
D. R. © 2006, Fondo de Cultura Económica
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ISBN 978-607-16-1380-6
Hecho en México - Made in Mexico
La Ciencia para Todos
Desde el nacimiento de la colección de divulgación científica del Fondo de Cultura Económica en 1986, ésta ha mantenido un ritmo siempre ascendente que ha superado las aspiraciones de las personas e instituciones que la hicieron posible. Los científicos siempre han aportado material, con lo que han sumado a su trabajo la incursión en un campo nuevo: escribir de modo que los temas más complejos y casi inaccesibles puedan ser entendidos por los estudiantes y los lectores sin formación científica.
A los diez años de este fructífero trabajo se dio un paso adelante, que consistió en abrir la colección a los creadores de la ciencia que se piensa y crea en todos los ámbitos de la lengua española —y ahora también del portugués—, razón por la cual tomó el nombre de La Ciencia para Todos.
Del Río Bravo al Cabo de Hornos y, a través de la mar Océano, a la Península Ibérica, está en marcha un ejército integrado por un vasto número de investigadores, científicos y técnicos, que extienden sus actividades por todos los campos de la ciencia moderna, la cual se encuentra en plena revolución y continuamente va cambiando nuestra forma de pensar y observar cuanto nos rodea.
La internacionalización de La Ciencia para Todos no es sólo en extensión sino en profundidad. Es necesario pensar una ciencia en nuestros idiomas que, de acuerdo con nuestra tradición humanista, crezca sin olvidar al hombre, que es, en última instancia, su fin. Y, en consecuencia, su propósito principal es poner el pensamiento científico en manos de nuestros jóvenes, quienes, al llegar su turno, crearán una ciencia que, sin desdeñar a ninguna otra, lleve la impronta de nuestros pueblos.
Comité de Selección
Dr. Antonio Alonso
Dr. Francisco Bolívar Zapata
Dr. Javier Bracho
Dr. Juan Luis Cifuentes
Dra. Rosalinda Contreras
Dra. Julieta Fierro
Dr. Jorge Flores Valdés
Dr. Juan Ramón de la Fuente
Dr. Leopoldo García-Colín Scherer
Dr. Adolfo Guzmán Arenas
Dr. Gonzalo Halffter
Dr. Jaime Martuscelli
Dra. Isaura Meza
Dr. José Luis Morán-López
Dr. Héctor Nava Jaimes
Dr. Manuel Peimbert
Dr. José Antonio de la Peña
Dr. Ruy Pérez Tamayo
Dr. Julio Rubio Oca
Dr. José Sarukhán
Dr. Guillermo Soberón
Dr. Elías Trabulse
ÍNDICE GENERAL
AGRADECIMIENTOS
CRÉDITOS FOTOGRÁFICOS
BIBLIOGRAFÍA
GLOSARIO
ÍNDICE DE FIGURAS
ÍNDICE DE CUADROS
ÍNDICE TAXONÓMICO DE PLANTAS
ÍNDICE TAXONÓMICO DE ANIMALES
A mis hijos, PABLO y DANIEL
Los jóvenes heredaron de las pasadas generaciones un mundo en estado de deterioro creciente y, peor aún, una cultura dominada por un sistema económico cuyos motores son el consumo excesivo de mercancías y el derroche de energía, lo que ha ocasionado una aguda crisis ambiental.
A todos ellos le tocará usar su inteligencia y creatividad para transformar estas prácticas económicas destructivas en modos sustentables que reduzcan al mínimo posible su efecto sobre la biodiversidad. ¿Será posible una sociedad global alternativa cuyos paradigmas sean el bienestar humano y la conservación del entorno natural?
AGRADECIMIENTOS
DURANTE LA PREPARACIÓN de este libro me surgieron incontables preguntas, a muchas de las cuales respondieron con generosidad colegas especialistas en diversos temas. Agradezco a Brad Boyle, Robert Bye, Patricia Lappe, Rurik List, Fausto Méndez, Gabriela Parra, Víctor Hugo Reynoso y Jesús Valdés Reyna su aclaración a varias de mis dudas.
Estoy muy agradecido con Alfonso García-Aldrete, Susana Magallón, Linda Manzanilla, Enrique Martínez Meyer, Jorge Nieto Sotelo, Antonio Reyes Agüero, Miguel Ulloa y Luis Zambrano, colegas de la Universidad Nacional Autónoma de México y de otras instituciones académicas del país, por su lectura crítica de varios fragmentos de este libro.
Doy las gracias también a mis colaboradoras Silvia Zumaya y Libertad Mendizábal, y a mi alumna Angélica Cervantes, por su contribución a la búsqueda de información bibliográfica; a Gibrán Hoffimann y Felipe Villegas, por su ayuda en la preparación de algunas de las figuras; y a Alberto Búrquez, por facilitarme algunas fotografías del Desierto Sonorense.
El señor Javier Espinosa Cruickshank, del Servicio Meteorológico Nacional, proporcionó amablemente el mapa de distribución de la precipitación de México y algunos datos climáticos. En especial, expreso mi agradecimiento a Carlos Gómez-Hinostrosa por su lectura de algunos capítulos, por preparar varios de los mapas y por facilitarme varias de las fotografías que ilustran esta obra.
No puedo dejar de expresar mi gratitud a mi esposa, Alina Chacón, por revisar minuciosamente la última versión del manuscrito. Ella y mis hijos, Pablo y Daniel, fueron víctimas de mis numerosos periodos de ausencia de la vida familiar mientras yo escribía este libro.
CRÉDITOS FOTOGRÁFICOS
Todas las fotografías son del autor, salvo las que se mencionan a continuación:
CARLOS GÓMEZ-HINOSTROSA
Figuras II.1d, II.4, III.3, III.7, V.1, V.6d, V.6i, V.8
ALBERTO BÚRQUEZ
Figuras II.2a, II.3a, II.3c, II.5, III.9, IV.1
MARK OLSON
Figuras II.3b, II.3d
I. ¿Qué son los desiertos?
LOS DESIERTOS por lo general se perciben como terrenos inhóspitos e improductivos, en donde la escasa lluvia no permite la supervivencia de organismos vivos. Sin embargo, tras casi dos siglos de investigaciones, naturalistas, biólogos y ecólogos han revelado que los desiertos, en particular los propios de climas cálidos, son en realidad sistemas ecológicos complejos, ricos en organismos que interaccionan entre sí y con su medio físico. Así, hablar de desiertos es hablar de un fascinante repertorio de plantas y animales con adaptaciones inusuales, en donde la evolución biológica ha sido creativa; es hablar de especies geográficamente restringidas al extremo, de formas de vida extraordinarias y de interacciones ecológicas únicas.
I.1 CARACTERÍSTICAS GENERALES
Los desiertos se definen como comunidades biológicas cuyos organismos, en su mayoría, están adaptados a una aridez crónica, determinada por sequías periódicas y extremas, y como lugares en donde estas condiciones son necesarias para mantener la estructura de dichas comunidades (Dimmitt, 2000a). La aridez es entonces el principal factor que determina el desarrollo de los desiertos, así como la morfología, fisiología y comportamiento de sus habitantes: plantas, animales y otros organismos. Entre los atributos comunes a las regiones desérticas se encuentran los siguientes: 1) la insuficiencia en la precipitación es el factor controlador dominante de los procesos biológicos, 2) la precipitación es muy variable a través del año y se da de manera discreta e infrecuente, y 3) la variación de la precipitación es impredecible.
Solía definirse a los desiertos como áreas que reciben en promedio menos de 250 milímetros de lluvia al año. Sin embargo, lo que de verdad determina las condiciones de aridez en los desiertos es que la precipitación es menor que la pérdida potencial de agua mediante la evaporación y transpiración de las plantas. A su vez, la pérdida potencial de agua varía de forma considerable de acuerdo con las condiciones del terreno, en particular en lo que se refiere a su orientación respecto de la posición del Sol, a la exposición a los vientos y a la variación diaria de temperatura. La diferencia entre precipitación y evapo-transpiración provoca entonces un grave déficit de humedad, que impone un verdadero reto a los organismos que habitan en los desiertos. En el transcurso del proceso evolutivo, las plantas y los animales de estas zonas han desarrollado diversas adaptaciones de índole variada que les permiten sobrevivir en este inhóspito ambiente.
I.1.1 Grados de aridez
Las regiones desérticas del mundo pueden clasificarse de acuerdo con los grados de aridez a que están sometidas. La UNESCO (1977) creó criterios de delimitación de las zonas áridas y semiáridas con base en los índices de aridez bioclimática. Este índice, resultado de la relación P/ET (P = precipitación anual media; ET = evapo-transpiración anual media), permite delimitar de forma cuantitativa los diferentes grados de aridez. Así, los desiertos se agrupan en tres clases, según su nivel de aridez:
1. Zonas hiperáridas (P/ET < 0.03).
2. Zonas áridas (P/ET = 0.03-0.2).
3. Zonas semiáridas (P/ET = 0.2-0.5).
Con este criterio, algunos desiertos, o fragmentos de ellos, como el de Atacama, el del Sahara, el de Namib, el Arábigo y el Sonorense, se clasifican como hiperáridos; sin embargo, la mayor parte de los desiertos del mundo presenta climas áridos o semiáridos. En comparación con las zonas áridas y semiáridas, las hiperáridas suelen presentar una cobertura de vegetación menos densa y menor diversidad biótica, y por lo común sostienen una población humana menos abundante. En este libro nos referiremos a los desiertos de manera genérica para abarcar las regiones sometidas a regímenes climáticos hiperáridos, áridos o semiáridos.
I.1.2 ¿Qué provoca la aridez en el mundo?
La aridez puede tener varias causas. La más común es la separación entre una masa terrestre —por distancia o barreras topográficas— y las fuentes oceánicas de humedad. Las cadenas montañosas inducen un efecto de sombra de lluvia. Es decir, cuando las masas de aire húmedo de los océanos ascienden al chocar con una montaña, se enfrían y descargan la mayor parte de su humedad sobre la vertiente de barlovento. Después, el aire, privado de la mayor parte de su humedad, desciende a través de la vertiente de sotavento sin producir precipitación y, en consecuencia, crea condiciones de aridez. Este fenómeno da origen a los llamados desiertos de sombra de lluvia.
Otra causa de aridez es la existencia de masas estables de alta presión con aire muy seco, que resisten corrientes de convección. La localización de las zonas de alta presión es resultado del patrón de circulación atmosférica del planeta.
Por último, sabemos también que las corrientes oceánicas frías producen condiciones de aridez en varias regiones costeras, pues inhiben la formación de las corrientes ascendentes de aire necesarias para la formación de nubes.
I.1.3 Lluvia
La cantidad de lluvia que recibe un área desértica varía considerablemente año tras año, si bien por lo común es inferior a los 300 milímetros por año, en promedio. De hecho, mientras más árida sea una región, más variable e impredecible será la precipitación. Por esta razón, la precipitación media anual es un mal predictor de la cantidad de lluvia que recibirá una región en un año determinado. Las lluvias de los desiertos suelen ser de corta duración y afectar áreas limitadas. Asimismo, las precipitaciones de baja intensidad tienden a durar más que las de alta intensidad.
Las regiones desérticas pueden permanecer la mayor parte del año, y en ocasiones varios años, sin precipitación apreciable. No obstante, las tormentas esporádicas pueden ser tan violentas que los arroyos intermitentes, casi siempre secos, pueden desbordarse y convertirse en verdaderos torrentes de agua lodosa. Debido a la fuerza de los aguaceros y a lo poco denso de la cobertura de la vegetación, los escurrimientos superficiales son excesivos, de manera que puede haber grandes deslizamientos de terreno y una
