La noche viuda
Por Verónica Volkow
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Comentarios para La noche viuda
1 clasificación1 comentario
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Jun 27, 2024
Aunque reconozco la intención de la autora por formular un libro donde sus prosas se van conectando y haciendo eco la una en la otra, la verdad es que, en más de un momento, se cae en un nivel de abstracción que va volviendo sumamente difuso al texto como conjunto. Rescato mucho la narración inicial, así como el texto sobre las piedras, considero que son los mejores.
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La noche viuda - Verónica Volkow
LA VELA
Marzo 1
LA LUZ de la vela es como una sangre en la noche, recorre y habita el cuerpo de la sombra, lo torna traslúcido: es la habitación ya una gema. La suave luz atraviesa mis manos, las ilumina por dentro, mi carne calca ese ajeno rubor. Queda con ella saturada la noche, la materia; éstas se vuelven carnales, diáfanas, casi humanas.
Puedo volverme la vela, una luz sin cuerpo, y ya no necesito más, no requiero músculos ni actos. Hallo el vigor de una voz para decirlo, tengo, por lo menos, el cuerpo de estas letras. Escribir es atravesar la noche, vivirla, al igual que la llama temblando con el gran frío. Y no pasa nada, no, si me sumerjo bajo la sombra, y suelto. Podré nacer de otra forma, en otro sitio, en otro instante.
Marzo 2
Quiero vivir esta noche como una condición, como un nuevo estar
, inclusive como una posibilidad de vuelo. Ir a tientas por la sombra o arrojarme de bulto a lo imprevisto; en la caída, volar. Hay una oscuridad, no sólo del ojo, sino de las manos y del alma.
Quiero pedirle hoy a mis manos que se desprendan, a mis ojos un mundo sin amarras. La mano ansiosa vigila al ojo, quiere volverlo su esclavo. La mano como un ave de presa agarra por instinto, atrapa lo que el ojo mira. La mano en cierta forma atrapa al ojo. Y los ojos pierden audacia, cuando se dejan anclar por las manos, sólo reptan.
Quiero soportar hoy la noche, sujetarme al misterio. Renuncio a intentar abarcar el mundo en mi horizonte.
Tú eres lo que está afuera del ojo, noche.
Marzo 3
Te invoco, noche. Estás en todo lo que no alcanzo: más allá del sol, atrás de lo muy grande que no comprendo, hundida en lo pequeño que no indago, perdida en el olvido. Me eres lo desconocido.
Si a algo se parece el rostro de Dios es a ti, noche. Eres, noche, mi interlocutora inmensa, al cuerpo de tu enigma me dirijo, en tus brazos, con algo, que se parece a la fe, me deposito.
Y quisiera poder amarte, noche. Quisiera convertirme en la llama de una vela, para andarte lenta, cuidadosamente, y no perder tu presencia. Quisiera con esta luz tan pequeña, que se parece a una mano, poder sentirte; con este ojo que es casi una piel, tocarte, estar cerca de ti, noche.
Marzo 4
Quisiera poder abrazarme en mi totalidad, aceptarme .Hay una gran sabiduría, una curación en lo trágico. Hay que recibir lo que es sin poner resistencias, no rehusarse. Luego hay un enorme consuelo, que no sólo es liberación, vaciamiento de lo que ciegamente, como a Edipo nos habita, sino, también, reencuentro con una dimensión más amplia; asunción de aquello cuyo primer rostro es el terror, pero que finalmente nos reúne dentro de una dimensión más amplia. Se gana la propia totalidad, en lo trágico. Hay mucho amor en esta aceptación. Ya puedo recibirme, cobijarme.
Al ser, se lo apropia uno después de la derrota. Sin pérdida, no hay alma. La comprensión es al final, la suma por despojo, el rostro ya sin pretensiones: cierto. La conciencia se gana por sustracción, deconquistando, y el residuo nos enseña finalmente quiénes somos: tiempo aceptado, vivido a fondo.
Marzo 5
La luz del alma no es nunca la del sol, esforzadamente se parece a una vela. La vela pide la noche para poder brillar, lucir su esfuerzo; en su ceñido aislamiento afila una voluntad. A la vela no la rodea la luz, tiene que inventarla, ser ella la luz, nacerse desde un ínfimo destello.
Si sólo el sol existiera muchos lugares replegados, en derrumbe, se quedarían secretos y ciegos para siempre. El fulgor del gran astro con su inmediatez los soslaya. Sólo la vela con insistencia penetra. La vela tiene la templanza del propio esfuerzo, la humildad para alcanzar los más adormecidos, soterrados espacios.
Marzo 6
Alumbro en la soledad estas palabras, la interna conversación que me acompaña. Estas frases que se arman, quizá podrían darle un poco de calor a la noche. Es como un cuerpo de luz esta voz en el silencio. Es una luz interna que me gana una hospitalidad en la noche.
Me sumerjo en una existencia interior con esta pluma. Se vive otra vida en la escritura, es otra forma de existir, un nadar subterráneo. Puedo inventar algo que se parece a una existencia en las palabras, alzarme una vida con ellas. Voy labrándome, con la devoción de un orfebre, otro posible mundo.
Es como si tuviera que irme dando a luz yo misma, al recomponer y entender cada pieza en la escritura; como volver a conquistarme un lugar afuera con su luz y sus caminos. Nazco sobre el papel con un cuerpo de tinta.
Es como si esta muerte del amor me hubiera despojado de una herencia de mi ser y del mundo, y tuviera que empezar de cero sobre el blanco.
Marzo 7
Cuando escribo, no es que en la frase o la imagen resucite la vida de los recuerdos. El que trae la vida y reanima es el verbo en sí, éste da su impulso a lo muerto. Me reapropio de tu vida escribiéndola, resurjo de tu muerte.
El lenguaje vive, aunque los muertos sigan muertos, éstos adquieren
