Del cielo y sus maravillas, de la tierra y sus miserias
Por Homero Aridjis
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Homero Aridjis
Homero Aridjis (Contepec, Michoacán, 1940) es un poeta, novelista, activista ambiental, y diplomático mexicano reconocido por su independencia intelectual, creatividad literaria, y originalidad poética.
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Del cielo y sus maravillas, de la tierra y sus miserias - Homero Aridjis
DEL CIELO
Y SUS MARAVILLAS
The way angels converse
EMANUEL SWEDENBORG,
Heaven and Hell
Lumen in Deo, in angelo, in ratione,
in spiritu, in corpore
MARSILIO FICINO, De Lumine
Miremos, pues, cómo las cosas aus-entes
están, para el Pensar, más pres-entes…
porque pensar y ser son lo mismo.
PARMÉNIDES, Poema
M’illumino d’immenso
GIUSEPPE UNGARETTI, Mattina
TOTALIDAD
En una tarde helada.
Camino de Broadway
entro a una librería.
Ojeo un libro.
Totalidad.
A través de las tapas
un ojo me mira,
es una flor eclipsada
de pétalos amarillos.
Totalidad.
Es raro que a esas horas
ande tanta gente en el frío,
mientras del suelo a la punta
de un edificio helado
sube una luz azul.
En la caja de rayos musicales de la tarde
suena un sol ebrio en las ventanas,
y la luz viajera de la totalidad escondida
en alguna parte de mí mismo
me obnubila.
Las manos en los bolsillos
se encienden como soles sueltos,
y el fuego que se ahoga en la ciudad
resuena en mi ser como un sol huérfano.
Totalidad.
INFRAMUNDO EN NUEVA YORK
con que habéis de pasar el viento de navajas.
Fray BERNARDINO DE SAHAGÚN, Historia
General de las Cosas de la Nueva España
Desciendo al subway
como si ascendiera al abismo de mí mismo.
Bajo al Inframundo
entre latinos descorazonados
y dioses del sacrificio humano.
Llega la lagartija negra,
y yo rescoldo, yo, ceniza,
parado en el andén,
vibro con las vibraciones
que vienen de Ninguna Parte.
Dice una voz:
"Vaya por allí. Suba por allá.
Cuando sienta la frialdad del último peldaño
tome el 1, el 2, el 7 o el expreso del ser,
que cruza el río de la muerte".
Dice otra voz:
"Los trenes van a la periferia.
El hombre periférico de aquí y allá
nació periférico, vivió periférico, murió periférico.
Sin contratiempos, llegará a tiempo a su destino.
No se angustie por el ruido del silencio
ni por la huérfana multitud que vocifera,
que si mira bien su reflejo en la ventana
podrá ver que viaja acompañado
por un millón de espectros.
Guiado por señales pintadas en el aire
y por sirenas que cantan en la nada,
cuando atraviese la ciudad neurótica,
abra los ojos, porque estará llegando
al Sol colapsado de la Totalidad".
ÁNGELES EN EL METRO
A Eva Sofía
Si en nuestro cielo íntimo los ángeles
van desnudos, es porque son inocentes,
y la inocencia corresponde a la desnudez.
Si van radiantes como llamas,
es que su mirada aluzinada
ve una cosa por otra.
Si en una hora pico se les halla
en una calle multitudinaria,
es que andan perdidos en la tierra
fuera de tiempo y de lugar.
Si los ve dirigirse al Metro,
no los pierda de vista,
sígalos hasta el andén,
y si se arrojan a las vías del tren
arrójese detrás de ellos,
porque en sus despojos sangrientos,
hay un cielo que ganar.
AMO AL SOL
Amo al sol que se levanta y se pone en tus ojos
como un halcón en el desierto de Amarna
lo amo como a un corazón que piensa
y como a un ojo que siente
amo al sol que viste y desviste a las criaturas
con sus manos terminadas en rayos
al ojo que al colmarnos de luz
nos hace parecer más oscuros
al sol viejo que toca las manos del ciego
que toca en una calle un instrumento de viento
al sol que pone corazones de luz en las paredes
y estrías en las pirámides de arena
amo al disco que se aleja en el río
como una pobre moneda de cobre
al ojo que danza en las ventanas
ebrio de soles y sombras
al misterio que brilla en tus ojos
y fulgura en las pupilas del agua
amo al sol que nos mira a través de la Luna
para que no estemos solos en la noche
amo al sol en sus nombres
Helios Akhenaton Tonatiuh
al Sol Dios de Marsilio Ficino
al Cristo transfigurado de Grünewald
amo al sol miel al sol mar al sol Dios
cuyo nombre cabe en una sílaba
al sol vivo que se mira a sí mismo
cuando el sueño me cierra los párpados
al Sol que desde la oscuridad dijo:
"hágase el aire háganse las aguas
háganse los hombres
háganse las piedras
háganse los árboles
hágase el horizonte"
Sol solo Sol mío
LAS ABEJAS DORADAS DEL SOL
Soñaba que en Amarna
desde el templo de Akhenaton
yo contemplaba el Horizonte
en el instante en que sale el Sol.
En un cuaderno escribía unos versos
en sintonía palabras y dedos.
Sin diferencia entre entonación y corazón,
entre cerebro que siente y mano que piensa.
Con los ojos atravesaba el espacio antiguo,
cuando un teléfono móvil comenzó a sonar,
y a mis pies cayeron las abejas doradas del Sol,
se deshicieron los templos de Akhenaton,
los sacerdotes de Heliopolis
que recibían con manos y ojos
los rayos vivos del dios solar,
se disiparon en el ninguna parte del ruido.
Y mientras yo volaba sobre las arenas del desierto
como una figura huérfana de Dios,
el mensaje de Midas repercutía en mi cuerpo,
Se ha acabado su crédito, póngale aire a su teléfono
.
ES ÉSTA LA LUZ
Es ésta la luz
que emanó del ojo del Ser
cuando los ojos
se vieron por primera vez
Éstas son las criaturas
que vivificó el espíritu alado
cuando ocurrió
el gran Alumbramiento del Ser
Ésta es
la virgen antigua
la luz del Ser
que el Santo
bendito sea
cantó el primer día
EL ÁRBOL
A Chloe y Eva Sofía
Entonces el árbol tuvo un sueño
soñó que estaba en una arboleda
y sus ramas estaban llenas de aves
asomadas a mi ventana
soñó que sus semillas caían a tierra
y se convertían en otros árboles
en otros sueños que crecían
dentro y fuera de nosotros
soñó que había dos caminos
uno que bajaba al inframundo
y otro que llevaba a un Horizonte
que nunca atardecía
tenía que quedarse en el mismo lugar
mirando con mil ojos verdes al hombre
que en camiones y con motosierras
venía a cortarlo en dos
en ese momento el árbol despertó
se vio a sí mismo con zapatos en las raíces
y como un ángel desarraigado
se fue por el camino
LEVITACIONES
Yo, Teresa de Cepeda y Ahumada,
la monja de los arrobamientos,
pasaba de los cuarenta años cuando
en el aire muerto de los cuartos cerrados
tuve mi primer éxtasis, y las manos del Dios vivo
me alzaron sobre mí misma.
Yo, Teresa de Jesús, sentía las manos
del Dios invisible levantándome en vilo
delante de las monjas de mi congregación ,
y sin saber qué hacer quería agarrarme
del piso en ese trance místico
que me hacía ver el abismo de mí misma.
En esos arrobamientos mi cuerpo perdía su calor natural,
y se iba enfriando, el suelo bajo el cuerpo se retiraba,
y en medio del silencio de los sentidos la nube
de la gran Majestad descendía a tierra,
subía la nube al cielo, y elevándose
me llevaba consigo en su vuelo.
Yo me preguntaba en ese aire vivo,
¿Dónde se encuentra Dios?
Al ver que me llevaba no sé dónde,
yo, dejándome arrebatar, lo arriesgaba
