¿Por qué la resiliencia?: Lo que nos permite reanudar la vida
Por Boris Cyrulnik (Editor)
4.5/5
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Resilience
Psychology
Attachment Theory
Power of Love
Lost Lenore
Importance of Communication
Trauma Recovery
Confidant
Trauma-Induced Amnesia
Woobie
Shrink
Impact of Trauma
Mourning After
Información de este libro electrónico
La definición de resiliencia es simple y ampliamente aceptada, pero lo que resulta más difícil de descubrir son las condiciones que permiten iniciar un nuevo desarrollo después del trauma. Ninguna especialidad puede, por sí sola, explicar el retorno a la vida. Hace falta, por tanto, asociar a los investigadores de disciplinas diferentes y reunir sus datos con la perspectiva de descubrir los factores, heterogéneos pero no obstante integrados, que hacen posible un proceso de neodesarrollo.
Este libro nace del fruto del Primer Congreso Mundial de Resiliencia celebrado en el año 2012, del cual Boris Cyrulnik y Marie Arnaut fueron los responsables de coordinar los contenidos de este libro que publica la primera parte y donde participan: Ana Arribillaga, Nadine Demogeot, Jesús M. Jiménez, Esperanza León, José María Madariaga, Irati Novella, Hélène Romano, Pierre Rousseau, Cristina Villalba y María Isabel Zavala.
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Comentarios para ¿Por qué la resiliencia?
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May 25, 2020
Un libro muy explicito que todo educador y terapeuta debería considerar.
Vista previa del libro
¿Por qué la resiliencia? - Boris Cyrulnik
Boris Cyrulnik y Marie Anaut (Coords.)
¿Por qué la resiliencia?
Colección
Psicología / Resiliencia
Otros títulos de Boris Cyrulnik
publicados en Gedisa:
Los patitos feos
La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida
De cuerpo y alma
Neuronas y afectos: la conquista del bienestar
Bajo el signo del vínculo
Una historia natural del apego
Del gesto a la palabra
La etología de la comunicación en los seres vivos
Me acuerdo...
El exilio de la infancia
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Volver a la vida después de un trauma
Autobiografía de un espantapájaros
Testimonios de resiliencia: el retorno a la vida
Las almas heridas
Las huellas de la infancia, la necesidad del relato y los mecanismos de la memoria
¿Por qué la resiliencia?
Lo que nos permite reanudar la vida
Boris Cyrulnik y Marie Anaut (Coords.)
gedisa.tifTítulo original en francés:
Résilience. De la recherche à la pratique
© 2014 Odile Jacob
© De la traducción: Alfonso Díez, 2016
Corrección: Rosa Rodríguez Herranz
Cubierta: Equipo Gedisa, 2016
Primera edición: abril de 2016, Barcelona
Derechos reservados para todas las ediciones en castellano
© Editorial Gedisa, S.A.
Avda. Tibidabo, 12, 3º
08022 Barcelona (España)
Tel. 93 253 09 04
Correo electrónico: gedisa@gedisa.com
http://www.gedisa.com
Preimpresión:
Moelmo, S.C.P.
Girona, 53, principal – 08009 Barcelona
www.moelmo.com
eISBN: 978-84-9784-955-5
Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier
medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada,
en castellano o en cualquier otro idioma.
Índice
Prólogo
Boris Cyrulnik
¿Por qué la resiliencia?
Boris Cyrulnik
Nacimiento, trauma, apego y resiliencia
Pierre Rousseau
Interacciones precoces y nicho sensorial
Boris Cyrulnik
¿Cuáles son las fuentes de resiliencia para bebés y niños pequeños en duelo por la muerte de un ser querido?
Hélène Romano
El apego seguro: un factor de resiliencia al servicio de la capacidad de pensar
Nadine Demogeot
Adaptación y resiliencia en adolescentes adoptados por una familia de acogida emparentada
Cristina Villalba, Esperanza León, Alicia Muñoz, Jesús M. Jiménez, Isabel Zavala
Resiliencia y funcionalidad familiar
José Madariaga, Irati Novella, Ana Arriballaga
Sobre los autores
Prólogo
1. Resultó muy difícil pensar el trauma en una época en que el alma inmaterial estaba separada del cuerpo; de modo que pensar la resiliencia (la reanudación del desarrollo tras una agonía psíquica) costó mucho más aún. Hoy día se sabe que un trauma emocional inhibe el funcionamiento cerebral y que reorganizando el medio se puede ayudar a iniciar un nuevo desarrollo.
2. Mediante un método etológico, Pierre Rousseau filma y convierte en observable el modo en que se tejen, alrededor del nacimiento, los primeros nudos del vínculo de apego. Cuando el recién nacido pasa del medio acuático del útero al medio aéreo del nacimiento, ya reconoce las bajas frecuencias de la voz materna, así como el olor del líquido amniótico, pero ahora es la primera vez que puede ver a su madre. El encuentro mediante la mirada es pues para el bebé —igual que para la madre— un acontecimiento fundante. Cuando, a pesar de la conmoción del nacimiento, este encuentro se produce espontáneamente, el vínculo se irá tejiendo. Pero cuando la conmoción del nacimiento impide el encuentro, habrá que estar atentos a este pequeño indicio para aportar seguridad a los partenaires de la interacción y ayudarles a rehacer el vínculo.
3. ¿Cómo entender que el mundo de la madre pueda influir en el desarrollo biológico del niño? La visión occidental, que escinde la condición humana en un cuerpo separado del espíritu, únicamente puede dar a esta pregunta una respuesta mágica. Pero si nos entrenamos para razonar en términos sistémicos, se comprende sin dificultad que el ser humano no está hecho de pedazos. Cuando la madre es infeliz debido a una enfermedad, una relación conyugal violenta, una historia traumatizada o su precariedad social, el nicho sensorial con el que rodea a su hijo está estructurado por esa desgracia. Las estimulaciones sensoriales se apagan o quedan deformadas por el trauma, de tal modo que las adquisiciones comportamentales y fisiológicas del bebé quedan alteradas.
4. La muerte o el sufrimiento de una persona cercana desorganiza el nicho preverbal. En este estadio precoz de los primeros meses de la existencia, cuando las neuronas cerebrales están en ebullición para entrar en contacto y establecer circuitos en el cerebro, la menor carencia ambiental organiza otro circuito, menos funcional. La muerte del padre, al apagar la afectividad de la madre, desquicia el nicho sensorial y detiene el tejido del vínculo. Esta carencia precoz provoca la adquisición de una vulnerabilidad neuroemocional que más adelante perturbará las interacciones sociales. Paradójicamente, cuando la muerte de la madre es compensada por un sustituto afectivo que sirve de tutor de resiliencia, el fracaso emocional será más fácil de resiliar.
5. El apego seguro es la regla, está presente en un 70% de los casos entre los recién nacidos. Es posible detectarlo clínicamente en una expresión de las emociones que el cuidador descodifica con facilidad, lo cual le permite responder armoniosamente. Muy pronto, el niño seguro aprende a superar el alejamiento de su figura de apego, que sustituye por un objeto que la representa (trapo, peluche o un ruido familiar). De este modo, se puede comprobar la adquisición de factores de protección —no de resiliencia, puesto que no ha habido trauma—. El niño afrontará mejor las inevitables dificultades de la existencia, ya que dispone de recursos o puede buscar un apoyo afectivo que le aporte seguridad.
6. Adaptación y resiliencia van necesariamente unidas. Cuando el medio es inerte, no aporta seguridad y estímulos y el niño se adapta aumentando sus comportamientos autocentrados porque no hay alteridad. Esta patología es una adaptación a un medio enfermo. Felizmente, la mayoría de las familias de acogida están llenas de vida y motivación, lo que les permite devolver el calor a un niño congelado por una carencia afectiva precoz. Los aislamientos precoces son los que más deterioran el cerebro, la afectividad, las interacciones sociales y el dominio de la palabra. Cuanto antes tomen la decisión de una acogida aquéllos a quienes les corresponde hacerlo, más fácil será resolver los desperfectos mediante la resiliencia.
7. No es tanto la estructura familiar lo que organiza el nicho afectivo capaz de tutorizar los desarrollos de un niño, sino su modo de funcionamiento. Cuando el padre y la madre se asocian para coordinarse en torno al bebé, el niño aprende con facilidad a sincronizarse con las dos figuras de apego. Pero cuando la madre acapara al niño para compensar su propia carencia afectiva, o cuando los padres rivalizan, el niño descodifica mal esos mensajes confusos y ello altera sus propias relaciones afectivas.
BORIS CYRULNIK
¿Por qué la resiliencia?
Boris Cyrulnik
Durante milenios, la especie humana no ha pensado la psicología. Se explicaban los padecimientos mentales recurriendo a la posesión diabólica o la degeneración. Fue necesario esperar hasta el siglo XIX para empezar a hablar de trauma. Y solamente desde los años 1980 se trabaja sobre la idea de resiliencia, la posibilidad de volver a la vida después de una agonía psíquica traumática o en condiciones adversas.
La definición de resiliencia es simple y está ampliamente aceptada, pero las que resultan más difíciles de descubrir son las condiciones que permiten iniciar un nuevo desarrollo después del trauma. Ninguna especialidad puede, por sí sola, explicar el retorno a la vida. Hace falta, por tanto, asociar a los investigadores de disciplinas diferentes y reunir sus datos con la perspectiva de descubrir los factores, heterogéneos pero no obstante integrados, que hacen posible un proceso de neodesarrollo. Un razonamiento sistémico nos permite abordar este problema: el sistema respiratorio se alimenta del oxígeno del aire que atraviesa la pared sólida de los alveolos pulmonares y es recogido en la concavidad de los glóbulos rojos que flotan en el líquido plasmático. Los elementos de este sistema son heterogéneos y, sin embargo, funcionan juntos para hacer posible la respiración.
Así razonaremos para intentar entender el porvenir de la resiliencia.
Genética y resiliencia
Toda vida parte de la genética, pero los genetistas, al trabajar en los procesos que permiten un desarrollo resiliente, han cambiado de punto de vista respecto a la genética. No hablan de programa genético, puesto que ningún gen puede existir fuera de su medio. Ahora bien, las presiones ambientales pueden modificar la expresión de una secuencia de ADN. Partiendo de un mismo alfabeto genético, el medio orienta miles de relatos diferentes. La mayoría de genetistas trabajan en desarrollos epigenéticos que permiten, actuando sobre el medio, modificar la expresión de una enfermedad genética (Bustany, 2012). Hace 20 años, las personas con síndrome de Down morían muy jóvenes, de modo que se podían socializar muy poco. Desde que los educadores ofrecen
