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Economía para el ser humano: Sentido y alma del capital
Economía para el ser humano: Sentido y alma del capital
Economía para el ser humano: Sentido y alma del capital
Libro electrónico424 páginas11 horasTemas para el Diálogo y el Debate

Economía para el ser humano: Sentido y alma del capital

Por Ulrich Hemel y Jorge Aurelio Díaz

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Información de este libro electrónico

¿Es posible una economía que respete la dignidad humana? ¿Cómo funciona el mundo del dinero y del capital? ¿Cómo incide el carácter instrumental del capital en las personas que lo manejan? El autor analiza aquí, en forma dinámica y novedosa, la significación social del capital: "Quien maneja capital trueca dinero por sueños". Se hacen presentes así un lado luminoso y otro oscuro del capital. Para muchos seres humanos, este llega a convertirse en una forma espiritual de vida y en una religión cotidiana. La presente es una obra de agradable lectura y llena de sugerencias, con ejemplos prácticos, que brotan de la pluma de un autor de gran reconocimiento internacional.
IdiomaEspañol
EditorialSiglo Editorial
Fecha de lanzamiento14 abr 2016
ISBN9789586653763
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    Economía para el ser humano - Ulrich Hemel

    Portada

    Economía para el ser humano

    Sentido y alma del capital

    BIBLIOTECA UNIVERSITARIA

    Ciencias Sociales y Humanidades

    Temas para el diálogo y el debate

    Título

    © 2013 Schwabenverlag AG, Patmos Verlag, Ostfildern

    © Ulrich Hemel

    Primera edición, 2016

    © De la traducción, Jorge Aurelio Díaz

    © Siglo del Hombre Editores

    Cra 31A n.º 25B-50 Bogotá D.C., Colombia

    PBX: (57-1) 337-7700 Fax: (57-1) 337-7665

    http://libreriasiglo.com

    Carátula

    Amarilys Quintero

    Armada electrónica

    Ángel David Reyes Durán

    ISBN ePub: 978-958-665-376-3

    Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida ni en su todo ni en sus partes, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la editorial.

    ÍNDICE

    AGRADECIMIENTOS

    INTRODUCCIÓN

    CAPÍTULO I. SUEÑO Y MUNDO SOCIAL

    1. La transformación capitalista y el carácter relacional del capital

    2. La estructura temporal y espacial del capital

    3. Capital y sueños vitales: la transformación capitalista y el impulso ideal a configurar la realidad

    4. La antropología económica, el patrimonio y la crítica de las necesidades humanas

    5. Economía sin dinero: formas monetarias y no monetarias de crear valor

    6. Racionalidad e irracionalidad del dinero y el capital

    7. El capital como forma simbólica para la percepción del mundo

    8. El capital como símbolo de expresividad y como principio de organización social

    Bibliografía

    CAPÍTULO II. CAPITAL SIMBÓLICO: EL CAPITAL DEL CAPITAL

    1. El carácter complejo, contradictorio e inasible del capital

    2. La lógica de la potencialidad

    3. El capital como manifestación de las relaciones sociales

    4. El capital y la forma psicológica del orden social

    5. La estructuración temporal del capital

    6. El capital y la implementación de reglas de juego válidas

    7. El mundo de las marcas y las marcas de personalidad como formas de capital simbólico

    8. El capital simbólico y la conformación de mitos

    Bibliografía

    CAPÍTULO III. EL LADO LUMINOSO DEL CAPITAL

    1. Capital y patrimonio como agentes de libertad

    2. Capital y patrimonio como medios para aumentar la seguridad en la vida

    3. Capital, prestancia social, reconocimiento y poder

    4. Capital como catalizador de espacios para actuar y como prótesis de la personalidad

    5. Capital y configuración de sentido

    Bibliografía

    CAPÍTULO IV. EL LADO OSCURO DEL CAPITAL

    1. El imperativo del incremento

    2. El capital como expresión de ilusiones colectivas

    3. El imperativo de la comparación

    4. El capital como droga y como teatro de ilusiones

    5. El capital como arma

    6. El capital como dios de la destrucción

    7. El capital como satisfacción sucedánea y como lastre comunicativo

    8. El capital como catalizador de valores envilecidos y como amenaza contra la integridad personal

    Bibliografía

    CAPÍTULO V. LA LÓGICA DE LA AMBIVALENCIA

    1. La ambivalencia social e individual del capital

    2. La ambivalencia del capital tanto temporal como en el lenguaje

    Cash-flow o capital como magnitud fluida

    El retorno de la inversión o el capital como expectativa explícita de futuro

    Presión para decidir y cuantificación porcentual de la vida

    El capital como protección contra las sorpresas

    3. El capital como forma de vida mental

    4. La psicodinámica del capital como palanca de la desensibilización ética

    5. Reputación como capital y manejo de riesgos: el significado práctico del capital simbólico

    6. El carácter instrumental del capital y su repercusión en la persona y en su identidad

    7. Ambivalencia práctica: inversión ética del capital y límites racionales y valorativos de la acción

    8. Ambivalencia inversa I: paradoja del origen y utilización del capital

    9. Ambivalencia inversa II: dolor y soledad del tener

    Bibliografía

    CAPÍTULO VI. EL CAPITAL A LA LUZ DE LA REFLEXIÓN TEOLÓGICA

    1. Dios y el capital: la lógica del todo o nada

    2. Religión capitalista como programa de vida

    3. Desprecio o demonización del capital: una forma errónea de moralismo

    4. El capital como espejo antropológico de la trascendencia

    5. El capital de Dios como talento para la humanidad

    Bibliografía

    CAPÍTULO VII. EL SENTIDO DEL CAPITAL Y LA LÓGICA DE LA HISTORIA

    1. Siete propiedades esenciales del capital

    2. Factores de riesgo en el manejo del capital

    Capital propio, capital social o de cubrimiento de riesgos

    Efecto de apalancamiento

    Dimensiones subestimadas

    Efectos colaterales subestimados

    Subestimación de externalidades

    Requerimientos subestimados de formación, talento y control

    Subestimación del significado de la religión y de los valores

    Riesgos de la confianza: sobrevaloración propia y confianza mal depositada

    3. La lógica de la seducción y la lógica del fracaso: hybris y némesis

    4. El capital y la lógica de la historia: anamnesis y el talento para la reconciliación

    Bibliografía

    CAPÍTULO VIII. LA VISIÓN: UNA ECONOMÍA DIGNA DE LOS SERES HUMANOS EN UNA SOCIEDAD CIVIL GLOBAL

    1. Tareas y desafíos de una sociedad civil global

    2. En búsqueda de una nueva antropología económica

    Antropología económica como disciplina fenomenológica

    Parámetros de interés disciplinario particular y propio de una antropología económica

    Dimensiones fundamentales de las acciones económicas

    3. Reglas de juego de la sociedad civil global. El imperativo del desarrollo, en vez de la ciega orientación al crecimiento

    Operaciones económicas monetarias y no monetarias

    Producto social bruto y calidad de vida

    Crecimiento económico y consumo material de recursos

    La valoración de servicios, educación y crecimiento

    Empresas como actores de la sociedad civil local y global

    Un imperativo categórico para las empresas

    4. Dignidad humana como pauta de las operaciones empresariales: el valor de los valores

    5. Una actividad económica digna del ser humano y la innovación social

    Un ejemplo de innovación social: trabajo en tiempo parcial para las familias en las horas pico de la vida

    El interés en compartir y en el bien común: enfoques de la Share Economy (economía compartida)

    6. El significado de una estrategia para el futuro a largo plazo

    7. Economía de mercado ecosocial: sostenibilidad y justicia social a nivel mundial como tarea de la sociedad civil global en el siglo XXI

    Bibliografía

    Dedico este libro a mi esposa Amparo Lucía Hemel, quien me alentó para escribirlo, y quien, en condiciones que han ido minando su salud, ha vivido en los últimos años más de lo que hubiéramos esperado ella y yo.

    AGRADECIMIENTOS

    Un libro como este no nace sin un contexto social, sin seres humanos que lo apoyen, lo cuestionen, lo critiquen, lo estimulen, o simplemente esperen su aparición.

    Quisiera agradecer, en primer lugar, a mis estudiantes en la Universidad de Regensburg. Su manera de preguntar me ha llevado siempre a reflexionar. Quisiera igualmente agradecer a todas las personas del Instituto de Investigación para la Filosofía en Hannover, en particular a Jürgen Manemann; del Instituto para la Estrategia Social, sobre todo a Sonja Knobbe;del Instituto para la Ética Mundial en Tübingen, en particular a Claus Dierksmeier; así como del Instituto para la Economía Mundial, en particular a Rolf Langhammer, Federico Foders y Dennis Snower. Los estímulos recibidos en las discusiones en estos institutos han sido muy valiosos, y se reflejan en los conceptos elaborados en este libro.

    Debo expresar un agradecimiento particular a las innumerables personas que tuve ocasión de conocer como director ejecutivo de los administradores de residencias para personas mayores Casa Reha, porque ellos me hicieron ver de manera novedosa la relación entre la actividad social y la económica, gracias a su compromiso con las personas que necesitan cuidados especiales.

    Igualmente, quisiera agradecer a todos los colaboradores de mi empresa, Rogg Verbandstoffe, en Fahrenzhausen, cerca de München; ellos me han mostrado hasta qué punto una actividad económica exitosa depende del desarrollo de un equipo en sus capacidades y en su cohesión interna.

    Además, quisiera agradecer a las personas de la sociedad civil local en Laichingen, donde vivo: la Asociación Local para el Cuidado de los Enfermos, la Fundación Ciudadana Laichinger Alb, el Fondo Regional para la Educación y todas las personas comprometidas con la iglesia, y con la política comunal y social. Todos ellos saben muy bien que la responsabilidad se alimenta del trabajo y la colaboración de cada uno en su lugar de trabajo, pero también de que haya momentos en los que sea necesario respetar al otro en su situación especial, porque, por ejemplo, otras prioridades lo solicitan.

    Asimismo, quiero agradecer a todos los amigos que me han acompañado a lo largo de algunos años particularmente difíciles, en especial a Hans-Ferdinand Angel y Heinz-Peter Echtermeyer, quienes nunca dejaron de indicarme el sentido que tenía poner por escrito mis ideas.

    Finalmente, agradezco a mi familia por una inmensa cantidad de experiencias —a mis hermanos, a mi anciano padre, a mis dos hijos, Daniel y Stefan—. Quien vivió de la manera más intensa la elaboración de este libro ha sido mi esposa, Amparo Lucía. A pesar de algunas adversidades financieras, de salud y otras en los últimos años, ella siempre me animó para que llevara a término el proyecto, en la tensión que existe entre fuerza creadora y vulnerabilidad. A ella le dedico este libro.

    Ulrich Hemel

    Laichingen/Baden-Württemberg, julio de 2013

    INTRODUCCIÓN

    El dinero gobierna el mundo. El adagio popular lo expresa con sencillez, y así nos parece que sucede una y otra vez en la vida cotidiana. Observamos chocantes diferencias en la distribución del ingreso: mientras unos festejan, otros mueren de hambre.

    Si leemos los periódicos, solo podemos sacudir la cabeza. Mientras se busca salvar los bancos con cifras millonarias que provienen de los impuestos, en los municipios falta dinero.

    Si uno examina los detalles, se ve confrontado a un coro de múltiples voces. Porque también los expertos se contradicen: mientras unos quieren inyectar más dinero en el mercado, otros defienden una política más restrictiva. Unos exigen un estricto saneamiento de las finanzas estatales, otros prefieren endeudarse para crecer. Otros, finalmente, se rascan la cabeza y defienden las férreas leyes del mercado que señalan para cada acción las consecuencias derivadas de la ley de la oferta y la demanda.

    Cuando, a comienzos de los años noventa, llegué a ser consejero del Boston Consulting Group, me propuse saber cómo funcionaba el dinero, y me ofrecí como voluntario para asesorar a los bancos. En aquella época no era un trabajo muy apetecido, porque se trataba de grandes organizaciones, con frecuencia poco ágiles y muy lentas. Habiendo pasado varios años en la Universidad, donde cursé las carreras de Economía y de Teología, y dicté luego algunos seminarios de Teología, ser consejero de un banco resultaba un primer paso interesante. En líneas generales, el intercambio económico entre un mundo y otro no era tan común como lo es ahora.

    Al haber podido vivir a fondo la solemnidad y autosuficiencia de quienes allí laboran, se me hizo muy claro, con el correr del tiempo, que disponer de dinero y de capital llega a convertirse en una verdadera seducción que crea fantasías de omnipotencia. Quien dispone del dinero juega con el destino —ya se trate de financiar buques, de grandes créditos hipotecarios o de otorgar o cancelar un préstamo—. Las consecuencias sobre los participantes son enormes.

    Estas observaciones sobrepasaban las teorías económicas, y no era claro para mí cómo establecer un puente razonable con mi formación filosófica y teológica. Además de que la misma pregunta por ese puente resultaba bastante inusual, ya que en los años noventa, época en cierta forma del florecimiento del neoliberalismo, los diversos mundos sociales parecían diferenciarse con bastante claridad. Las finanzas, la economía real, la política y la sociedad solo se tocaban tangencialmente. La comprensión era limitada. Las prácticas financieras —exagerando un poco— eran consideradas semejantes a leyes naturales. Se hallaba muy extendida la ilusión de poder dominar plenamente los mercados. Con frecuencia, se veía la política únicamente como colaboradora para el cumplimiento de los imperativos del mercado.

    Más tarde me trasladé del mundo bancario a la asesoría, primero, y luego a la dirección y gerencia de empresas industriales. Aprendí lo que es una estructura de precios, cómo funciona la globalización y la gran importancia que tiene una estrategia clara. Mi confianza en la predicción de futuros desarrollos y la posibilidad de planear las empresas se vio entonces fuertemente cuestionada, cuando, poco después de haber invertido personalmente en una empresa española de construcción, el mercado quebró allí de manera estrepitosa. En vez de construir 700.000 habitaciones por año, en España solo se construyeron 100.000. ¡Esto no estaba previsto en los planes de inversión! En vez de ello, aprendí muy bien la verdad que encierra el proverbio: Quien sufre daño no debe preocuparse por el ridículo. Porque, después de lo ocurrido, todos pretendían saber que en España —país del boom al comenzar el cambio de siglo— iba a suceder una crisis gigantesca.

    Por supuesto que también puedo decir que para la elaboración de este libro no he ahorrado costos ni esfuerzos. Pero el asunto no es tan sencillo, porque en las decisiones iniciales han tomado parte muchas otras personas e instituciones: asesores, abogados, bancos, gerentes.

    Ahora bien, ¿cómo se llegaron a tomar decisiones gerenciales erróneas? ¿Cuál es el momento adecuado para corregir el curso, incluso asumiendo pérdidas? En mi caso particular, se logró vender la empresa, aunque a un precio claramente inferior al de su compra. De ahí que quepa preguntarse: ¿al fin de cuentas, quién asume efectivamente el riesgo?

    Es cierto que el carácter social del dinero y del capital no tiene que ver necesariamente con la distribución de oportunidades y riesgos. En la crisis financiera y económica de los años 2008-2009, los grandes bancos fueron considerados relevantes para el sistema, simplemente porque, tras la conmoción por la insolvencia del Banco Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008, se temieron las consecuencias de una quiebra incontrolada de los bancos. La clase media, en cambio, a la que los bancos le restringieron sus líneas de crédito, tuvo que arriar velas.

    Estos ejemplos muestran cómo nuestra percepción de la justicia no concuerda con la lógica de las decisiones del sistema. Sin embargo, teniendo en cuenta que decisiones intuitivamente justas producen con frecuencia efectos secundarios inesperados, la controversia de opiniones resulta a todas luces inevitable: en pocas palabras, hay que concluir que ni nuestra comprensión intuitiva de la justicia es fundamentalmente correcta, ni lo es tampoco la lógica sistémica de la economía, de la política y de la sociedad.

    Pero entonces, ¿cómo podemos y debemos comportarnos con el mundo de la economía y de las finanzas, es decir, con la lógica del dinero y del capital?

    Muchas personas se limitan al horizonte de sus deberes y de sus necesidades cotidianas: pagan el arriendo, se quejan por el precio de la gasolina, hacen planes para las vacaciones. Pero, ¿cómo se relacionan estas cosas? ¿Qué tanto podemos confiar en las teorías sobre las decisiones intencionalmente racionales del homo œconomicus, es decir, en un ser humano que toma decisiones que lo benefician, siguiendo argumentos racionales? ¿Dónde y cómo podemos completar dichas teorías?

    En el año 2009, yo había fundado el Instituto para la Estrategia Social,¹ con el propósito de investigar de manera global la sociedad civil. En este contexto, el 1 de febrero del 2013, en unión con el Instituto para una Ética Mundial, fundado por Hans Küng, y el Instituto de Investigación para la Filosofía, de Hanover (www.fuph.de), tuvo lugar en Tubinga un simposio con el tema Antropología económica, sobre la pregunta: ¿quién es el ser humano cuando se desempeña económicamente?

    En esta forma de preguntar se expresa de nuevo la búsqueda de un puente entre las teorías científicas de la economía, la sociología y la filosofía. Y resultaba fácil reconocer que la actividad económica de los seres humanos, desde la Edad de Piedra hasta nuestros días, desde la economía campesina de subsistencia hasta los habitantes de las grandes ciudades en el siglo XXI, no había estado siempre determinada exclusivamente por el dinero y el capital. Quien toma una manzana de su jardín para comerla actúa económicamente, aunque por fuera del ámbito del producto social bruto evaluado en términos monetarios. Porque él no le paga a nadie precio alguno por la manzana que ha cultivado dentro de su economía privada. Pero entonces, ¿cómo se relacionan entre sí las actividades económicas no monetarias con las monetarias?

    En el trasfondo de las consideraciones que vienen a continuación se halla la pregunta por una lógica, una fenomenología y una hermenéutica del dinero y del capital. Se busca la conexión del capital con las esferas sociales e institucionales que conforman la vida del hombre actual. En otras palabras, el punto de partida, el objetivo y el motivo de este libro consisten en entender las formas como se presenta el capital, sus tensas y complejas conexiones, así como también sus contradicciones.

    No es ninguna novedad decir que el dinero representa el caudal del capital, y que el capital es un medio para almacenar dinero, e indirectamente trabajo y producción. Pero sí resulta novedosa una consideración antropológica consecuente de los fenómenos que constituyen el dinero y el capital. Esto ha conducido, al elaborar este libro, a su tesis central que establece, de manera muy clara, la conexión entre el mundo económico y financiero, y las acciones humanas que tienen significación psicológica, política e histórica.

    La tesis dice: la transacción capitalista fundamental es el trueque de dinero por sueños. En este contexto, lo definitivo no es preguntar si el sistema económico es socialista o capitalista, sino preguntar de qué sueños se trata.

    En esta introducción no quiero adelantar ideas significativas, pero sí desarrollar de manera más comprensible la tesis fundamental del libro.

    Como las acciones económicas se llevan a cabo fundamentalmente por seres humanos (incluso en transacciones tan indirectas como las que se realizan por medios electrónicos en las Bolsas internacionales), entonces una definición de las operaciones financieras que se relacionan con el dinero y el capital tiene que comenzar teniendo en cuenta esta dimensión humana. Y más allá de la dimensión muy conocida del trueque, se trata entonces de sueños —sueños pequeños, medianos, grandes, desatinados o racionales—.

    La realización de sueños se orienta hacia el futuro. Pero los sueños son más que expectativas, aunque en muchas ocasiones —por ejemplo, cuando se compra una crema dental— el sueño se identifica en lo fundamental con la expectativa de un buen funcionamiento del producto. Sin embargo, resulta interesante que la misma promoción de cremas dentales se orienta más bien a los mundos de ensoñación de la belleza, el atractivo y la salud, que a la expectativa meramente funcional de unos dientes limpiamente cepillados.

    Es posible analizar cada compra, cada inversión, desde el punto de vista del sueño que se halla involucrado. Los sueños mueven a los seres humanos, porque entrelazan motivos racionales con motivos emocionales. El Taj Mahal, una de las construcciones más significativas de la humanidad, se debe al sueño de construirle a la esposa un castillo —y con ello, claro está, de proyectar la propia imagen social—.

    Los sueños son, por una parte, muy personales, pero, por otra, pertenecen a un contexto social dado. Cuando se le pregunta a una persona lo que haría con un millón de euros, lo que se escucha son casi siempre sueños convencionales y colectivos. Se habla de viajar, de remodelar la casa, comprar un auto, ayudar a familiares en necesidad y muchas otras cosas.

    Pero también es cierto que los sueños pueden convertirse en pesadillas: las inversiones pueden quebrar, hay compras que se muestran inútiles, la realidad concreta suele distanciarse mucho de la realidad imaginada…

    Ahora bien, para conectar el mundo económico con el análisis antropológico, es muy importante relacionar la lógica del capital y del dinero con las aspiraciones que tienen todos los seres humanos: aspiraciones que los conducen a sus sueños, metas y expectativas. Porque los sueños, metas y expectativas, en una sociedad abierta, pueden discutirse, cambiarse, criticarse, adecuarse, pero también realizarse. De esa manera, la vida económica y el comercio se sitúan en medio de la sociedad, y dejan de estar reservados a un club exclusivo de expertos.

    El trueque de capital por sueños remite al carácter radicalmente humano de toda forma de economía, con los conflictos, oportunidades y dilemas clásicos a los que se hallan expuestos los seres humanos a lo largo de su vida. Lo que caracteriza al ser humano es precisamente la combinación de una enorme vulnerabilidad con una enorme fuerza creadora. Y exactamente estas mismas facetas de lo humano se reflejan también en nuestro manejo del dinero y del capital.

    Se estudiará entonces, en el capítulo I, la relación entre capital y mundo social y se mostrará el carácter relacional del capital. El capítulo II está dedicado a buscar la quintaesencia del capital. Remite al capital simbólico como el capital del capital. En el capítulo III se tratan los aspectos luminosos y deseables del capital, a los cuales se contraponen, en el capítulo IV, sus aspectos oscuros, con su imperativo implícito del crecimiento.

    Ambas perspectivas se combinan en una consideración sobre la lógica de la ambivalencia, en el capítulo V. Esta ambigüedad o ambivalencia es un componente que se da por descontado en el manejo del dinero y del capital.

    En el capítulo VI investigo, aunque de manera muy sucinta, las relaciones entre el capital y la reflexión teológica. Al fin de cuentas, las formas religiosas de pensar se relacionan estrechamente con las maneras capitalistas de operar, como suelen admitirlo normalmente pensadores de ambos mundos.

    En el capítulo VII se buscan los parámetros firmes de la lógica del capital, y se plantea la pregunta por el sentido del mismo y la lógica de la historia. Además, se someten a una cuidadosa consideración los factores de riesgo en el manejo del capital.

    Finalmente, en el capítulo VIII se considera la visión de un manejo económico digno de los seres humanos en la sociedad civil globalizada. Con lo cual se entrelazan reflexiones teóricas con sugerencias prácticas. Si la transacción capitalista consiste en el trueque de capital por sueños, una tarea indispensable para el futuro consiste entonces en reflexionar sobre formas de economía amigables con los seres humanos. El contexto para ello es el mundo en que vivimos, es decir, la sociedad civil globalizada de comienzos del siglo XXI. Las operaciones económicas se sitúan así en el contexto de un acontecer histórico concreto, que nos ha sido encomendado como contemporáneos: a pesar de los grandes desafíos, como el cambio climático, los conflictos bélicos y el hambre, se trata de configurar el mundo de tal manera que llegue a ser, para la próxima generación, un lugar para vivir al menos no peor que el de hoy.

    Si se logra, entonces es verdad que la economía es para los seres humanos, no únicamente como expresión normativa, sino como realidad vivenciable. ¡Pero esto es un gran sueño!

    _________________________

    1 www.institut-fuer-sozialestrategie.org

    CAPÍTULO I. SUEÑO Y MUNDO SOCIAL

    El capital es materia prima esencial de todas las sociedades desarrolladas.

    Técnicamente, se trata de la forma de almacenamiento del dinero y de las riquezas. Y como al almacenamiento lo precede una historia, el capital se halla siempre en un contexto de prehistorias individuales, sociales y políticas. La acumulación de valor que tiene lugar en el capital no cae ciertamente del cielo. Tiene su origen en el trabajo, en la especulación, en la explotación, en una herencia, en un regalo o en otras formas de comercio social, por honorables o criticables que puedan parecerles a unos u a otros.

    Karl Marx (1818-1883), quien sigue siendo el autor alemán más conocido en el mundo, analizó en El Capital (1867) diversas maneras de valor de uso y valor de cambio de bienes y mercancías, el significado del dinero para la valoración y el trueque de los bienes, pero también la producción de una plusvalía mediante el trabajo, bajo las condiciones de producción capitalista. Criticó la apropiación capitalista de la fuerza de trabajo de los obreros, y se ocupó tanto del surgimiento de una plusvalía en el proceso de producción, como de la trasformación del dinero en capital.

    Hoy Karl Marx es un clásico del pensamiento económico del siglo XIX. Entre tanto, hemos llegado al siglo XXI, ­disponemos de otras posibilidades técnicas, nuevos puntos de vista, pero también, seguramente, de nuevos bloqueos en nuestro pensamiento. A pesar de las grandes desigualdades sociales que continúan existiendo, no es la lucha de clases entre obreros y capitalistas la que determina la vida en sociedad en los países desarrollados, en África o en Latinoamérica. Los conflictos y las tensiones sociales se han vuelto mucho más complejos, tal vez también más confusos.

    Al mismo tiempo, se ha venido desarrollando, en prácticamente todos los países, una legislación en torno a las corporaciones. Porque distinguimos sociedades anónimas y de responsabilidad limitada, sociedades en comandita y otras formas de suscribir derechos de propiedad en una empresa. Las reglamentaciones para el correcto manejo empresarial, así como la legislación impositiva, se diferencian con frecuencia mucho, según la clase de sociedad en cuestión (cf. R. Dillenrupp, R. Stoi 2006; Th.v. Danwitz, O. Depenheuer, C. Engel 2002; N. Pfitzer, P. Oser 2003; A. Habisch, R. Schmidpeter, M. Neureiter 2008).

    Incluso quienes no tienen que ver profesionalmente con asuntos del mercado de capitales o con cuestiones financieras, saben muy bien, por propia experiencia, que sin un cierto ­capital resulta prácticamente imposible comprar una casa o un apartamento, y que solo puede comprar un auto quien dispone para ello del dinero suficiente.

    Cuando no se dispone del capital, pero se puede esperar con suficiente probabilidad un permanente ingreso de recursos líquidos, la solución alternativa más frecuente suele ser la financiación del auto mediante un crédito. Si bien, la compra de un auto con dinero propio o con un crédito no tienen nada de espectacular, puede mostrarnos muy bien el modo como opera el capital. Consideremos para ello el siguiente ejemplo.

    Supongamos que Juan y María quieren comprar un auto de 30 millones de pesos. María tiene 15 millones que heredó de su abuelo, quien murió hace tres meses. Juan ha venido ­ahorrando, por más de cuatro años, 300 mil pesos al mes, de modo que dispone de los otros 15 millones.

    Incluso un manejo de capital tan cotidiano como este plantea preguntas y nos mueve a reflexionar. Supongamos que, en nuestra historia, Juan y María están recién casados y compran juntos

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