Todo lo que no vi
Por Cindy Sutherland
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Un fan lunático persigue a Sam y eso pone las cosas en perspectiva para Josh, que empieza a darse cuenta de que quizás no solo es amistad lo que siente por su compañero televisivo. Pero, ¿podrá encontrar la fuerza para decirle a Sam lo que siente cuando piensa que eso podría poner en peligro esa amistad?
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Todo lo que no vi - Cindy Sutherland
Este libro se lo dedico a mi madre y a mi padre que me enseñaron a disfrutar de la lectura, y al resto de mi familia que me apoya incluso cuando no me entiende. No os preocupéis, la mayoría de las veces no me entiendo ni yo misma.
A Sue, mi paciente y fiel novia, a la vez que editora, que me ayudó a mejorar esta historia.
Al resto del equipo Anna, Mike y Tom, cuyo ánimo y empatía significan tanto para mí a diario.
A Louise, que me encontró y me trajo al lugar donde me encuentro a mí mismo y que me animó a crear mi primera historia, Cowboy Way.
A Dani, Sally, Birgit y Paul, cuyo apoyo incondicional no permitió que dudase de mí misma, incluso cuando estaba segura de que todo iba a irme mal.
A Ryan, la persona que consigue hacerme reír cuando quiero apuñalar a alguien.
Todos vosotros tuvisteis fe en mí cuando yo no la encontraba. Gracias. No sé de dónde habéis venido, pero yo no podría estar aquí sin vosotros.
Capítulo 1
img1.pngMATHEW MIRÓ al otro lado de la calle, tan enfadado que no podía ni respirar. Todo este tiempo buscando a Philip James y por fin le encontraba… ¡con él! No pudo evitar hacer una mueca.
«Ese cabrón infiel, Connor Kane. ¡Un idiota borracho, putero, niñato rico, que trató a Philip como si fuese basura! ¿Qué le pasa a Philip? Él es mucho más inteligente que todo eso y se merece algo más que ser el juguete de un niño rico».
Mathew estaba que echaba humo, enfrascado en su enfado y sin percatarse del resto de gente a su alrededor. El enfado y la locura hicieron que el joven tuviese una imagen distorsionada de la realidad, una imagen mucho más fea.
Él sabía que no era culpa de Philip; el idiota de su padre le había hecho pedazos psicológicamente. Su padre, coronel de Marina, había sido malo y cruel, justo como el padre de Mathew. Philip no había aprendido cómo hacer justicia, eso era todo.
Ahora se le convencía fácilmente con dinero y el glamur artificial que el maldito Connor Kane le ofrecía.
Mathew suspiró para intentar calmarse y metió la mano en su bolsillo. El peso del arma que llevaba escondida le hizo sonreír. Philip sería suyo. Él terminaría el trabajo que el padre loco de Philip no terminó al disparar a Kane. Para ser militar, disparaba muy mal. Mathew lo haría mejor.
Sí; Philip estaría enfadado con él un tiempo pero, cuando se diese cuenta de que le había salvado, se daría cuenta también de que estaban destinados a estar juntos.
Respiró profundamente y empezó a cruzar la calle fingiendo una sonrisa que él denomina como «confía en mí». Mientras su mano envolvía la empuñadura de la pistola, su dedo pulgar quitaba el seguro conforme andaba.
Muy pronto todo cambiaría, sería mejor, y Philip sería suyo.
SAM SIGUIÓ a Josh y salieron de la tienda de libros Brooklyn. Había un espléndido sol a mediodía.
Les habían dado el día libre por sorpresa en el estudio, y estaban haciendo buen uso de él haciendo la compra. Las cosas estaban siendo muy estresantes con el estreno de la nueva temporada de A la caída de la tarde, y ambos estaban aliviados al poder disfrutar de un pequeño descanso.
—Vamos, Peterson, me estoy muriendo. Necesito un café y unos Donuts —lloriqueó Josh.
Sam sonrió a su amigo porque sabía que había una tienda de Donuts a la vuelta de la esquina, y que la adicción a la cafeína de Josh se vería saciada pronto.
—Tranquilo, Kelly. Lo tengo controlado. ¡Estaremos en la tienda de Donuts en un segundo!
La sonrisa de Josh apareció al momento de oreja a oreja. No era sorprendente que Sam estuviera un poco más que un poco enamorado de él. Aunque nunca se lo diría a Josh. Nunca se atrevería a decírselo, ya que cabía la posibilidad de que perdiese a su mejor amigo.
Josh posó su brazo sobre el hombro de Sam y lo apretujó.
—Siempre cuidas tan bien de mí. —Sam se sonrojó y se encogió de hombros.
Josh miró de reojo y vio a un hombre rubio cruzar la calle, dirigiéndose hacia ellos. Estaba sonriendo pero había algo extraño su sonrisa, que no le llegaba a los ojos.
Sam no se dio cuenta de que alguien se dirigía hacia ellos hasta que les llamó.
—Hola, chicos, me alegro de haberme encontrado con vosotros, mi nombre es Mathew… Mathew Reynolds. —Alargó su mano hacia Josh y este se colocó delante de Sam para estrecharla.
—Hola Mathew. Encantado de conocerte. —La sonrisa que el hombre le mostró a Josh cambió en un segundo y empezó a dudar de si su impresión había sido correcta. Quizás el tipo no era tan mala persona después de todo.
Mathew miró rápidamente a Sam y la transformación fue sorprendente.
El hombre tenía unos ojos verdes penetrantes que se tornaron fríos, e incluso sin vida, cuando se centraron en Sam. El único sentimiento que Josh pudo leer en ellos era el de un odio puro y simple, todo dirigido a su amigo. Pero Sam estaba tan ocupado mirando a Josh que se perdió todos esos avisos.
Josh estaba loco por recuperar la atención de su coprotagonista y amigo, así que se dirigió al hombrecillo y le preguntó:
—Entonces, Mathew, ¿qué puedo hacer por ti?
Hubo algo en el tono de su amigo, y en la tensión de su cuerpo, que captó la atención de Sam.
—¿Josh? —Intentó moverse para poder verle la cara, pero Josh se cruzó delante de él.
—Ahora no, ¡Sam! Mira…, vuélvete a la tienda, ¿vale? Creo que olvidé allí mi tarjeta de débito. ¿Puedes volver y comprobarlo por mí?
No había comprado nada en la tienda, pero Sam sí. Esperaba que Sam no pensase en eso y que hiciera lo que pedía, pero su esperanza se desvaneció conforme Sam empezó a hablar.
—Josh, ¿estás loco?
—¡Ostias! —le interrumpió Mathew de mala forma—. Realmente eres una estúpida fulana, ¿eh? ¿Ni siquiera recuerdas su maldito nombre? Piérdete como te ha dicho. ¿No ves que quiere deshacerse de ti?
Josh vio como Sam pasó de estar confuso a realmente enfadado. Sabía que la cosa iba a empeorar de un momento a otro. El tío de ojos verdes estaba nervioso y daba cada vez más miedo, pero Sam estaba demasiado indignado para verlo.
—¿Qué coño ha sido eso tío? No tienes derecho a venir aquí, dar órdenes y tratarnos a Josh y a mí así.
La violencia de Sam iba subiendo, pero desapareció cuando Mathew empezó a gritar y sacó la pistola de su bolsillo.
—Se llama Philip James, ¡pedazo de idiota!
Los ojos de Sam se llenaron de miedo y su primera reacción fue mirar a Josh, pero no podía moverse.
Josh empezó a hablar despacio.
—Mathew, mírame.
El hombre con los ojos fuera de sus órbitas dejó de mirar a Sam y le miró.
—¿Qué? —Su voz era aparentemente calmada, ya no gritaba. Josh no sabía qué daba más miedo, si que gritase o que estuviese calmado.
—No sé qué es lo que crees que está pasando, pero creo que estás un poco confundido. —Josh se mantuvo entre Sam y Mathew incluso en contra de la voluntad de Sam, que intentó apartarlo a un lado haciendo uso de sus mayores músculos.
—No estoy equivocado, Philip. Por fin estoy haciendo las cosas bien. —Mathew miró a Josh, sus ojos suplicando que le entendiese—. Él no te trae nada bueno, Philip, nada. Cuando te haya apartado de él me entenderás, lo prometo.
Josh podía escuchar la respiración de Sam tras él. Tomó su mano y la apretó en silencio, pidiéndole con ese gesto que le dejara encargarse del asunto. Sam le devolvió el apretón agradeciéndole que la comunicación fuese silenciosa. A Josh se le daba muy bien aquello.
—Mathew, creo que estás confundido. No me llamo Philip, sino Josh. Y este es Sam, no Connor. —No quería que la atención estuviese en Sam, pero esperaba que aquel lunático le entendiera antes de que algo malo sucediese—. Philip y Connor son los personajes que caracterizamos en televisión, ya sabes, la novela… ¿A la caída de la tarde?
La cara de Mathew mostraba confusión. Estaba intentando procesar lo que Josh le acababa de decir.
Por un segundo Josh tuvo confianza en que estuviera entendiéndole, pero Mathew negó con la cabeza y miró de nuevo a Josh. En sus ojos podía ver pena, compasión, y bajo todo aquello, también veía locura. Josh sabía que era imposible intentar llegar a él.
—Te ha lavado el cerebro, Philip. —La pistola colgaba de la mano de Mathew y Josh se esforzó por no mirarla—. Se emborrachó, te engañó y te apartó de su vida. Ahora quiere que vuelvas y no le importa lo que hayas sufrido, o todo lo que has sacrificado por él.
Mathew estaba siendo sincero. Él creía que si lo seguía intentando, Josh lo entendería.
—No se merece un novio como tú, Philip. Estoy aquí para protegerte de él.
Sacó la pistola y la sostuvo con la mano temblorosa. Josh sintió cómo su corazón se detenía. No tenía miedo por él mismo, pero la idea de que Sam pudiese morir en la acera justo a su lado, le paralizaba el corazón.
—Apártate, Philip. Déjame que termine con esto para que podamos estar juntos, ¿vale? Yo cuidaré de ti y te querré más de lo que él podría quererte nunca, te lo prometo.
Sam empujó a Josh para protegerlo detrás de él, pero era como si Josh tuviese un radar que sabía dónde estaba en todo momento. Consiguió quedarse entre el lunático y Sam. No lo pensó, simplemente lo hizo.
—Mathew, Sam no es mi novio, solo es mi amigo. No es Connor y nunca me ha hecho nada, te lo juro. Por favor Mathew, tienes que escucharme.
Sam quería decir algo para calmar la situación pero sabía que cualquier cosa que dijese la empeoraría.
Miró alrededor y vio a un policía acercándose a él. Por un segundo pensó que estaban salvados pero después se dio cuenta de que el policía no podía ver la pistola.
A Mathew le caían las lágrimas por la cara, pero sujetaba la pistola con mayor firmeza que antes.
—Por favor, Philip, apártate, no quiero hacerte daño, quiero salvarte. ¡Por favor, por favor apártate! —La voz desesperada de Mathew cortaba a través del cerebro de Josh.
El policía estaba casi detrás de los tres cuando se percató de la cara de miedo de la gente que había en la acera y que intentaban alejarse lentamente. Entonces fue cuando se percató de la pistola.
Después de eso, todo pareció suceder a cámara lenta.
El policía le gritó a Mathew para que soltase la pistola. Mathew le miró asustado.
De repente, Sam se lanzó hacia Josh a la vez que Mathew apretaba el gatillo. La mano que disparaba se movió al mirar al policía por lo que terminó disparando al pecho de Sam que cayó sobre Josh por el impulso.
El policía sacó la pistola y disparó, matando a Mathew al momento con una bala directa al corazón. Con expresión de sorpresa cayó desplomado al suelo, a la vez que la pistola se le caía de la mano.
Sam estaba casi girado por la fuerza del disparo. Sus ojos congelados miraban a Josh mientras caía, y este le agarró para caer los dos juntos en la acera.
Josh se encontró de culo en el suelo, con Sam medio encima. La sangre le salía a borbotones por la herida del pecho. Sam abrió la boca para hablar pero desistió cuando vio que le faltaba el aire. Miró a Josh de arriba abajo asegurándose de que él no estaba herido y sonrió.
Jadeando, Josh miró horrorizado la sangre que salía del pecho de su amigo. Después vio su sonrisa angelical.
Le horrorizó porque parecía que su amigo estaba diciendo adiós.
—Sam, escúchame. No puedes irte. —Josh intentó acercarle—. Por favor, no puedes rendirte, ¡no te perdonaré si lo haces! —Apretó con su mano el pecho de su amigo, intentando parar la sangre.
Sam levantó la mano y cogió a Josh por el cuello de su camiseta sujetándola como si fuese
