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VOCES DE MEDIANOCHE
VOCES DE MEDIANOCHE
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Libro electrónico117 páginas1 hora

VOCES DE MEDIANOCHE

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Información de este libro electrónico

Hay cosas que no se atreven a salir a la luz… pero en estos cuentos, te encontrarán aunque cierres los ojos.

Este libro es una invitación a cruzar la línea: de lo real a lo perturbador, de lo cotidiano a lo imposible. Cada historia es una puerta entreabierta, una grieta en la mente, una sombra que se desliza detrás de ti sin hacer ruido.

Aquí no hay monstruos clásicos ni finales felices. Hay habitaciones que respiran, voces que susurran desde el fondo del espejo, y silencios tan densos que podrían quebrarte los huesos.

12 cuentos de terror que juegan con tus miedos más profundos y te obligan a mirar donde nunca quisiste mirar.

¿Te atreves a leer el primero?

IdiomaEspañol
EditorialANTOLOGIAS WORTER
Fecha de lanzamiento21 abr 2025
ISBN9798230554059
VOCES DE MEDIANOCHE

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    VOCES DE MEDIANOCHE - ANTOLOGIAS WORTER

    VOCES DE MEDIANOCHE

    ANTOLOGIAS WORTER

    Voces de Medianoche

    Antologías Worter – Historias Worter

    Primera edición: abril 2025

    DISEÑO DE PORTADA

    Dorian Roque (roquedr27@gmail.com)

    CORRECCIÓN ORTOTIPOGRÁFICA

    Staff Historias Worter

    Edición del grupo editorial Antologías worter

    G-mail: worters99@gmail.com

    PROHIBIDO LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL DE ESTE TEXTO SIN PREVIA AUTORIZACIÓN DE LOS AUTORES.

    HISTORIAS WORTER es un grupo editorial de Antología Literarias, cuya principal actividad consiste en la difusión y divulgación de obras y textos literarios de diversos autores noveles o profesionales de todo el mundo.

    © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS A LOS AUTORES

    INDICE

    ÁNGEL EN EL CIELO

    UNA PARADA NOCTURNA EN LA FARMACIA

    LA NORMALISTA

    CUANDO LOS ÁRBOLES LLOREN

    EL CAMIONERO FANTASMA

    EL HOMBRE DEL ROSTRO BLANCO

    EL HOMBRE

    EL IMPOSTOR

    EL INTRUSO

    LA CASA DEL RÍO

    PRESA FÁCIL

    TRES ALTURAS

    El miedo es la emoción más antigua y poderosa de la humanidad. Y el más antiguo y poderoso de los miedos es el miedo a lo desconocido.

    — H. P. Lovecraft

    ÁNGEL EN EL CIELO

    Cristian Fernando Guevara Hincapié

    Mientras avanzamos en la caravana, por la extensa interestatal, finalmente lo diviso. Mi cuerpo tiembla y, sin poder contenerme, saco mi cámara fotográfica para intentar capturar el momento. Difícilmente sostengo el aparato, pero consigo tomar las fotos. En lo alto del cielo flota una figura imposible.

    Un ser tan vasto que el horizonte parece inclinarse a su alrededor; su tamaño es colosal, quizás igual al de un país pequeño. No obstante, llamarlo simplemente gigante sería una injusticia. Es un ángel. Un ser de belleza absoluta, con siete alas inmaculadas y una túnica brillante como la plata, moldeado con una precisión inimaginable. Ni hombre ni mujer. Un rostro sereno, perfecto, adornado con una aureola resplandeciente.

    Este debería ser un momento de magnificencia, digno de alabanza mundial. ¿Un ángel en el cielo? ¡Deberíamos celebrar! Pero no... Hay algo mal...

    El ángel está muerto...

    Soy Jules Montalvo, redactor de noticias para una importante cadena internacional. Quizás hayan visto mi rostro en la televisión, quizás hayan oído mi voz en algún podcast. Pero nada de eso importa ahora. Cuando apareció el ángel en el cielo, el mundo se congeló.

    Aterrados, no por su presencia, sino porque el ángel estaba herido. Gravemente herido. Un agujero gigante en su pecho, fresco, sangrante, que dejaba ver sus órganos y sus huesos destrozados. Algo o alguien lo había lastimado, algo tan inmenso y profano que logró herir a esta entidad celestial, aparentemente poderosa. Cuando lo vimos por primera vez, el ángel aún estaba vivo. Sus ojos, debilitados, agónicos, se movían con notable dificultad. Desde la herida en su pecho comenzó a manar sangre, precipitándose en un grotesco espectáculo. Teatro de lo macabro.

    Una lluvia carmesí cayó sobre la Tierra, aversión divina... que manchaba todo a su paso... Entonces, enfocó la superficie y habló. Su voz, una mezcla aterradora de resonancia masculina y suavidad femenina, se proyectó en todo el mundo:

    Inanis fuit conatus noster eos impedire! Cecidimus, et vos mox sequemini..."

    Escasos lo entendieron al principio. Pero no pasó mucho tiempo antes de que su significado en latín se revelara: Vano fue nuestro intento de impedirlos. Caímos, y ustedes pronto nos seguirán...".

    Esas palabras... más terroríficas de lo que cualquiera podría imaginar. Si un ser tan inmenso, tan perfecto, tan poderoso, había sido derrotado, por algo o por alguien, ¿qué esperanza nos quedaba? El pánico cundió enseguida. Algunos se evaporaron en la locura, desaparecieron en la desesperación. Algunos se suicidaron en una acción rayana.

    ¿Cómo olvidar las muchas transmisiones en redes sociales de gente suicidándose? Recuerdo la transmisión en directo de un grupo de personas lanzándose al vacío desde la azotea del Empire State. Aún me escuece la escena de ese pobre hombre que con una escopeta se voló la tapa de los sesos en un directo en esa reconocida plataforma de videos.

    Pronto, el ángel profirió su último aliento. Sus ojos se apagaron, mirando eternamente hacia la Tierra, como si nuestro planeta fuera un último y triste recordatorio de todo lo que había visto en su vida.

    Vano fue nuestro intento de impedirlos. Caímos, y ustedes pronto nos seguirán..." —Solo puedo repetirlo —mientras me servía otro vaso de whiskey. Amaba el whiskey; siempre me consideré alguien solitario, de muchos conocidos, pero mi único amigo que consideraba real era el alcohol. Una pregunta me rondaba de nuevo en la mente, en un eco incómodo y disonante: ¿Qué ser, o seres, podría haber hecho eso?

    La humanidad, ya al borde del abismo, decayó en parte en caos colectivo: manifestaciones, huelgas, confrontaciones. Aunque, curiosamente, otra gran parte del mundo intentó seguir con sus vidas como si nada hubiera pasado.

    Ciertamente, además de la aparición del ángel, de su advertencia y de sus consecuencias directas, no había sucedido otra cosa. Siento que era surrealista. Un enorme cadáver celestial colgaba sobre nosotros, y aun así mucha gente iba al mercado, a la escuela, al trabajo, a sus citas. Casi parecía una broma absurda.

    Como si, frente a la evidencia abrumadora del final, de lo impensable, algunos hubieran decidido mirar hacia otro lado. Gran parte de las veces, la mente humana es incapaz de procesar lo incomprensible. En esos momentos, busca un equilibrio ilusorio. Una psicóloga en un podcast de salud mental lo llamó homeostasis psicológica, una respuesta mental autonómica que mantenía a las personas funcionales, ignorando la enormidad de los traumas.

    Nos acostumbramos a todo, supongo... la guerra, el conflicto, los vicios, las relaciones, la soledad... y los traumas... Sobre todo, los traumas.

    Cuando niño, perdí a mis padres en un accidente automovilístico. Quedé al cuidado de mi abuela. Siempre, durante las noches, clamé por respuestas a Dios; nunca las tuve. Ahora miro el ángel en el cielo y pienso que Dios, obviamente, existe en algún lugar y decidió no responder... o tal vez sí respondió de maneras que mi limitada mente no comprendió, que aún no comprende. Entiendo que eso afectó mi forma de vincularme con las personas.

    Durante mi infancia, adolescencia y adultez, lastimé a muchas personas y crecí con desconfianza. Uno cuando adulto cree que ha sanado, para descubrir que los traumas solo se han transformado, que continúan ahí, manifestados en otras cosas, encubiertos, filtrándose en nuestras acciones como malditos parásitos. Excesos... Curiosamente, muchas

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