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Decido vivir: Nacer morir y renacer, la historia de María
Decido vivir: Nacer morir y renacer, la historia de María
Decido vivir: Nacer morir y renacer, la historia de María
Libro electrónico101 páginas1 hora

Decido vivir: Nacer morir y renacer, la historia de María

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“Si de algo te puede servir mi experiencia de vida, te abro mi corazón; y con certeza te digo: a pesar de todo, vale la pena vivir”.En esta historia, la autora combina su propia voz y experiencias con la de María, un personaje ficticio, para compartir con el lector un tema difícil y, desgraciadamente, frecuente en nuestros días: el SUICIDIO en los
IdiomaEspañol
EditorialInnovación Editorial Lagares de México, S.A. de C.V.
Fecha de lanzamiento28 ene 2025
ISBN9786074108842
Decido vivir: Nacer morir y renacer, la historia de María

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    Decido vivir - Mercedes Soto

    Capítulo 1

    Pero antes de contarte cómo pasó todo, vamos a conocer a María y a su familia…

    María, una mujer ingenua, noble, extremadamente soñadora, bella desde su interior, hasta un bello y angelical exterior (aunque muchas veces no se lo creía). Tenía tantas inseguridades, que le costaba trabajo enfrentar muchas cosas de la vida cotidiana, pero también presentaba mucha fortaleza para otras. Siempre decía que a ella no le interesaba una carrera profesional, que lo que más anhelaba era casarse, tener hijos y cuidar de su casa.

    María venía de una familia conformada por seis hermanos. Ella ocupaba el lugar número cinco. Contaba con tres hermosas y cálidas hermanas, cada una con algo especial, que representaban para ella una especie de HADAS MADRINAS, pues le aportaban a su vida una seguridad muy importante, como si cada una de ellas cubriera las fortalezas que sentía que no tenía.

    Yami, la mayor, era el hada de la sabiduría; tenía un carácter aguerrido, un poco bravucón. Machi, el hada de la confianza y seguridad, siempre corría en su ayuda para resolverle cualquier situación que la agobiara en ese momento… si tenía que contar algún secreto, sabía que con ella estaba bien resguardado. Y Tirsa, la tercera, que para ella era el hada traviesa, risueña, cómplice y divertida, siempre dispuesta a ayudar y estar cuando se le necesitaba.

    Sus hermanas eran su complemento, aunque como sabía que las tenía de forma incondicional, prefería estar con las amigas, porque estar con ellas le representaba observar o vivir situaciones o deficiencias familiares que ella no quería enfrentar.

    Su hermano Rubén, que se encontraba en la tercera posición de la familia, era un hombre bueno, muy emocional. Para María era como ese toque espiritual de la familia, el que siempre tenía una actuación para la hora de la comida: siempre les actuaba su SUPUESTA MUERTE. Todos reían o lo molestaban, pero parecía agradarles la dinámica de sus representaciones.

    Y luego, el sexto y hermano menor. Ese pobre Camilo, que siempre tuvo problemas en la escuela; los amigos lo molestaban mucho y siempre estaba metido en algún problema. La hermana Tirsa era la que más lo defendía de todos los que le hacían bullying.

    Los padres de María eran personas de gran corazón, sencillos, amorosos y muy trabajadores.

    El padre, don Rubén, era un hombre culto y un tanto estricto; siempre obligaba a los hijos a comerse todo lo que estaba servido en el plato, les gustara o no, se lo tenían que comer. Normalmente, aprovechaba la hora de la comida para hacer exámenes de geografía, historia o matemáticas, a cada uno de sus hijos. Casi todos respondían con exactitud, excepto Camilo, que iba muy mal en el colegio; don Rubén se daba por vencido, y María, que de tanto ponerse nerviosa no sabía qué responder, acababa derramando el agua al servirse de la jarra que se encontraba en medio de la mesa… Así, casi siempre era la hora de los alimentos, lo que se convertía en una situación de estrés para ella.

    Camilo no la pasaba nada bien por los regaños, pero ya estaba acostumbrado. Al poco rato se le pasaba, o al menos, eso parecía.

    La madre de María, Carmelita, era una mujer bella, emprendedora, siempre resolutiva. A ella nada se le complicaba, ella veía cómo, pero lograba lo que quería. También era muy emocional; yo creo que Rubén lo heredó de ella.

    Transcurrían los días en familia como en cualquier otra: escuela, trabajo, fines de semana y diversas cosas comunes.

    Todo era NORMAL hasta que llegó ese FATÍDICO DÍA, en que la vida de la familia de María cambió para siempre. NUNCA MÁS VOLVIÓ A SER NADA IGUAL.

    Camilo, el sexto hermano, tomó una decisión que le cambió la vida por completo, a él y a todos los que le rodeaban.

    ¡Él decidió YA NO ESTAR! Tomó la decisión de terminar con su vida a sus cortos 17 años.

    Tomó una pistola pequeña, que nadie sabía que existía, y que, con mucho miedo y recelo guardaba don Rubén; su hermano menor se la había regalado para que la tuviera en casa, y de ser necesario, le ayudara a proteger a la familia, cosa que nunca le gustó a don Rubén, pues era un hombre de paz y muy miedoso para esos asuntos. Así que la guardó, supuestamente muy bien, para que nunca nadie la encontrara.

    ¡Cuál fue su sorpresa al saber que Camilo había estado hurgando entre sus cosas y la había encontrado! Parece que el día que la encontró estuvo jugando con ella y disparaba al cielo. La persona de la limpieza pensaba que era un rifle de diábolos que Camilo tenía.

    Ese fatídico día, Camilo había sido regañado por su padre por estar peleando con Tirsa, pero como cualquier otro día de regaño, parecía no tener importancia… pero no para Camilo.

    Ese día estaba muy sentimental, muy deprimido, al no saber qué iba a hacer con su vida. Tenía que entrar a la preparatoria, pero ya no quería estudiar, quería irse con un amigo y enlistarse en La Marina, pero tampoco estaba seguro de hacerlo. Parece que ese día, sus DEMONIOS INTERNOS lo invadieron, hasta el punto de estallar y tomar esa terrible decisión.

    Ahí fue, el primer encuentro de la palabra SUICIDIO para María, ya que ella lo encontró tirado en el piso, sobre un gran charco de sangre y con el arma en un costado.

    Tomó a Camilo entre sus brazos y empezó a gritar con todas sus fuerzas: ¡CAMILO, CAMILO! ¡RESPONDE!

    Pero Camilo tenía los ojos negros y la lengua provocándole ahogamiento. Tomó la pistola, totalmente desconcertada de qué era lo que había hecho Camilo, y siguió gritando.

    En ese momento, subieron su Mamá y su hermana Tirsa, que se encontraban en la parte baja de la casa junto con algunas amistades. Fue cuando María salió corriendo en busca de un doctor que era un vecino de la misma calle, pero al llegar y tocar la puerta, salió su esposa con su pequeña hija, y al ver a María ensangrentada (porque al levantar a Camilo su ropa quedó manchada de sangre), cerró la puerta inmediatamente, por el temor de no saber qué estaba sucediendo.

    Camilo fue trasladado en ambulancia al hospital más cercano, en donde se mantuvo durante un mes en terapia intensiva, y otro mes ya en piso para su recuperación.

    Los médicos le salvaron la vida, pero Camilo había quedado ciego.

    La vida de María y de toda la familia cambió radicalmente; y con apenas 19 años, aún más, pues para ella no había explicación alguna para la decisión que había tomado su hermano. No se explicaba el por qué había llegado hasta ese brote de crisis, por qué había sido capaz de lastimarse así y lastimar a toda la familia. ¡Qué dolor tan profundo! ¡O qué soledad tan inmensa había sentido en ese momento para llegar hasta ese punto! Se necesita una enorme valentía para mirarse en el espejo, acercar la pistola a la sien y

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