Asesinos en serie: Mentes criminales
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En estos impactantes archivos se nos revelará que estos monstruos humanos logran pasar inadvertidos la mayor parte de sus vidas, tras máscaras bondadosas, y estar más cerca de lo que creemos.
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Asesinos en serie - Miguel Mendoza Luna
Advertencia
Este libro incluye temas y contenidos altamente sensibles, presenta descripciones de actos violentos y criminales. Es solo para lectores mayores de edad. No es un manual de criminología, ni debe usarse como tal; es un libro de divulgación sobre diversas teorías y casos de asesinos en serie a lo largo de la historia. Está basado esencialmente en información bibliográfica, documentales y textos teóricos sobre la mente criminal.
La intención del libro es generar conciencia sobre la maldad humana y sus peligros; de igual manera, quiere acercar al lector a la comprensión del funcionamiento de las mentes psicopáticas, así como revelarle diversos casos a lo largo de la historia. En ningún momento busca hacer apología de los asesinos en serie. Por el contrario, su enfoque rechaza totalmente sus acciones y respeta la memoria de las víctimas y sus familiares.
ASESINOS EN SERIE. Mentes Criminales
©2024 Miguel Mendoza Luna
Reservados todos los derechos
©️Testigo Directo Editorial SAS
Primera edición, octubre 2024
Bogotá D. C., Colombia
Editado por: ©️Testigo Directo Editorial SAS
E-mail: produccion@testigodirectoeditorial.com
Teléfono: (601) 2888512
Web: www.testigodirectoeditorial.com
ISBN: 978-628-96284-1-8
Editor: Testigo Directo Editorial
Productor ejecutivo: Rafael Poveda
Directora editorial: Karen Arias
Edición: Javier R. Mahecha López
Maqueta de cubierta: Miguel Maldonado
Maquetación: David A. Avendaño
Foto de autor: ©️Emma Mendoza Díaz
Impreso en Colombia - Printed in Colombia
Impreso por Multi Impresos SAS
Hecho el depósito de ley.
Todos los derechos reservados:
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño e ilustración de la cubierta ni las ilustraciones internas, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin previo aviso del editor.
Contenido
Advertencia
Prólogo 13
¿Qué es un asesino en serie? 20
Jack el Destripador: el origen del mal 97
Asesinos, caníbales y vampiros 120
Estranguladores 142
Doctores de la muerte 159
Mujeres asesinas 172
Parejas asesinas 190
Máscaras del encanto 206
Los once más peligrosos del mundo 237
El verdadero rostro del perdedor 271
Otros casos de asesinos en serie 291
Crímenes sin resolver: asesinos en serie nunca atrapados 302
La ficción y los asesinos en serie 326
Bibliografía 353
Para todos aquellos interesados en descifrar la mente criminal,
para todos los que se han preocupado por entender
y combatir la maldad humana en sus formas más terribles,
para los que luchan con monstruos y no quieren convertirse en ellos,
para los que creen que la batalla contra el mal también se libra en la mente.
Prólogo
Monstruos humanos entre nosotros
La más peligrosa anomalía de los seres humanos es la maldad, de la cual deriva su terrible capacidad para causar daño. Sí, lamentablemente somos la única especie que siente placer a través de la crueldad erigida contra otros. Se nos suele definir como una especie empática y bondadosa; por eso mismo cuando carecemos de esas cualidades emerge de nosotros una fuerza destructora y letal. Uno de los fenómenos de esta maldad extrema son los llamados asesinos en serie, personas que matan de forma episódica, violenta, perversa, cuyas vidas se convierten en una especie de relato del terror, donde en cada nuevo episodio buscan aumentar su nivel de perversión.
A lo largo de toda la historia del ser humano, en todos los rincones del planeta, se pueden rastrear cientos de casos de asesinos que cometieron diversos homicidios sin más motivo que la fantasía de llevar a cabo un acto violento. Lamentablemente el fenómeno del asesino en serie ha estado presente en todo tipo de sociedades y no ha desaparecido. Esto resulta aterrador y a la vez preocupante, y nos debería conducir a cuestionarnos como individuos y como sociedad sobre los motivos que hacen posible que, una y otra vez, surjan mentes criminales que enfocan su vida hacia la maldad.
Por supuesto, las dos primeras décadas de este siglo han traído desastres y calamidades inéditas para la humanidad, y el desajuste social y ambiental ha puesto en jaque a nuestra especie, pero no por ello debemos desentendernos de la preocupación por el evidente auge de la maldad y de la psicopatía en todas las esferas humanas actuales. Los asesinos en serie, antes que eso, son personas que encaminaron su pensamiento y su conducta hacia la crueldad extrema, esto sigue siendo desconcertante y nos debería seguir llamando con urgencia a entender sus causas.
Este libro tiene como objetivo ofrecer información sobre el funcionamiento de la mente criminal y dar a conocer algunos de los casos más impactantes, así como analizar el comportamiento de los asesinos en serie bajo la premisa de que ni nacen ni se hacen, sino que se autofabrican. Es decir, que la maldad que caracteriza a este tipo de asesinos podría ser el resultado de sus propias decisiones y no solo de traumas o de un mal funcionamiento biológico. Entonces, este contenido de consulta y divulgación, más que un manual criminológico, tiene un enfoque amparado en la reflexión y análisis de que los seres humanos somos un producto de nuestra propia conciencia, y si esa conciencia se oscurece pueden emerger monstruos a partir de nuestras propias decisiones.
A partir de las indagaciones de Robert Ressler, quien fuera agente del fbi, y su larga experiencia con asesinos en serie, de los referentes fundamentales del estudio sobre psicópatas aportados por el profesor Robert Hare (investigador en el campo de la psicología criminal, profesor emérito de la Universidad de British Columbia), del doctor Vicente Garrido (reconocido criminólogo y psicólogo español), de las biografías recopiladas por autores de crímenes reales como Colin Wilson y David Everitt y de otras fuentes sobre criminales famosos —como el Diccionario del crimen, de Oliver Cyriax—, se configura en estas páginas la síntesis informativa más completa posible sobre las características psíquicas, el modus operandi, las tipologías, las formas de capturar a las víctimas y las intrincadas biografías de asesinos en serie de diferentes partes del mundo.
Debo agregar que la lectura de Cazadores de humanos, de Ellyott Leyton, me abrió nuevas perspectivas para descifrar la configuración de las personalidades psicopáticas y sociopáticas; de igual manera la obra del doctor Carlos Climent, La locura lúcida, me ofreció nuevas luces para comprender aspectos importantes de la forma en que se desenvuelven los antisociales y su funcionamiento emocional frente a los nuevos entornos. Otra fuente importante que le ha dado un camino claro a esta investigación es Las raíces del mal, de John Kekes, en sus páginas se definen los factores que determinan y dan origen a las acciones malévolas de los humanos.
Es importante aclarar que en ningún momento el tono y la intención de esta publicación pretenden ser apologéticos; por el contrario, se busca exponer de forma crítica la crueldad de seres carentes de compasión a los que ningún ser humano debería imitar jamás. Su intención sigue siendo la de guiar al lector e introducirlo en un territorio informativo que le revelará las claves para descifrar el complejo funcionamiento de la mente de algunos seres humanos que han hecho del asesinato su fuente de placer.
En una primera parte, se define con precisión qué es un asesino en serie y cuáles son sus características generales, así como sus posibles clasificaciones, haciendo énfasis en su personalidad psicopática. En una segunda parte (que se inicia con el caso más impactante y enigmático de todos los tiempos y que se ha aceptado como el primer ejemplo moderno de un asesino en serie: Jack el Destripador), se hace un extenso recorrido por categorías relacionadas con el crimen serial, como son los caníbales, los estranguladores, los doctores de la muerte y los vampiros, donde el lector encontrará detallada información biográfica sobre varios criminales famosos y otros menos reconocidos. Asesinos de países latinoamericanos y una lista denominada «Los once más peligrosos del mundo», se suman a los anteriores archivos para conformar un completo panorama del crimen serial. Se incluyen casos recientes y algunas teorías complementarias.
Casos de mujeres, parejas homicidas, asesinos nunca atrapados e incluso asesinos propios de las ficciones literarias y cinematográficas completan el extenso recorrido por los diferentes tipos de asesinos en serie visibles a lo largo del siglo xx y hasta nuestros días.
Lo verdaderamente importante en esta travesía por los laberintos más oscuros de la maldad humana es analizar e intentar comprender cómo los rasgos que definen a este tipo de anomalías humanas lamentablemente se presentan en diferentes aspectos de nuestra sociedad actual e incluso en nosotros mismos.
Para emprender esta oscura travesía por los laberintos del mal, acudo a Robert Ressler, pionero de la investigación de asesinos en serie, cuando citaba una sentencia de Nietzsche: «Debemos tener cuidado al mirar al fondo del abismo porque el abismo también nos mira: el que lucha contra monstruos no debe convertirse en uno de ellos». En estas palabras subyace una advertencia, pero también una luz, una que anuncia que después de mirar al monstruo, su abismo, podemos emerger fortalecidos para jamás permitir convertirnos en algo parecido a ellos.
Este libro expone, desde un enfoque descriptivo y analítico, las características patológicas del perfil del asesino en serie. La información aquí presentada no pretende convertirse en un tratado especializado sobre la mente del criminal, pero ha procurado nutrirse de diferentes conceptos y teorías psicológicas y psiquiátricas relacionadas con los estudios en torno al fenómeno global de este tipo especial de criminal.
Internarnos en los laberintos criminales de los asesinos en serie es también una forma de reconocer y afirmar nuestra gran diferencia con tales monstruos; reconocer la peor forma de crueldad humana, la peor anomalía de nuestra especie es una oportunidad para comprender la necesidad de aferrarse y defender los valores sobre los que hemos edificado la emocionalidad, la compasión y el respeto por la vida.
El periodista Rafael Poveda tuvo la oportunidad de entrevistar a Luis Alfredo Garavito, uno de los peores asesinos en serie de la historia; en este encuentro, Garavito expresó que en el mundo, en nuestro país, había muchos otros como él, que no era el único. ¿Es entonces la maldad humana una condición innata que está agazapada en la mente de todos los seres humanos?; ¿somos todos potencialmente psicópatas? Este libro busca resolver estas y otras preguntas, resaltando a cada momento que si bien el mal está presente en algunos seres humanos, también existe en muchos otros la bondad capaz de repeler y combatir la oscuridad.
Así como existen cazadores de humanos, también existen cazadores de las mentes criminales; así como existe la oscuridad humana, también resplandecen las mentes de aquellos investigadores que han buscado descifrar los mecanismos de la maldad. Este libro está dedicado a las valiosas personas que han dedicado sus vidas, desde diferentes campos, a estudiar el comportamiento criminal y antisocial.
De igual manera, este libro reconoce y respeta la memoria de las víctimas y familiares de todos los casos aquí mencionados. Nadie jamás debería ser presa de ninguna forma de crueldad y violencia. El dolor y sufrimiento causado por los asesinos en serie no tiene justificación alguna y jamás debió ni debería suceder nunca más. Divulgamos esta información y estas historias con el espíritu de generar reflexiones que impidan, desde diferentes frentes, que estos casos se repitan en el futuro. Aunque, como ya se dijo, este libro no es un manual de criminología, la información aquí contenida busca contribuir al conocimiento sobre el funcionamiento de las mentes criminales y las consecuentes formas que nos permitan como sociedad protegernos y advertir la presencia de los monstruos humanos.
Los humanos somos un mapa neuronal complejo, un laberinto neuroquímico, un sofisticado mecanismo de recuerdos y también la manera en que elaboramos esos recuerdos. No somos por entero buenos, ni por entero malos. Somos emociones, sentimientos y, por eso mismo, seres que anticipan consecuencias; somos una identidad con cambios y transformaciones, contradictoria, ambigua y también capaz de encontrar el equilibrio; somos la mezcla de pasiones y deseos, algunos destructores, obsesivos, otros armónicos y esperanzadores; somos el resultado de la forma y el material de nuestros pensamientos, podemos envidiar o amar, destruir o crear, fabricar nuevos mundos o destruir los ya existentes; somos una máquina evolutiva que usa sus instintos para sobrevivir, y que también ha adquirido la capacidad de imponerse sobre los impulsos violentos. Pero, sobre todo, como lo señala Robert Louis Stevenson en el dilema de Jekyll y Hyde, somos seres capaces de elegir hacia lo peor o lo mejor de nosotros mismos.
Los asesinos en serie y muchos psicópatas son el resultado de nuestra elección hacia la oscuridad.
La batalla más importante del ser humano seguirá siendo el enfrentamiento entre el bien y el mal, y para estar de lado del bando correcto primero debemos desenmascarar la maldad, quitarnos nuestras propias máscaras y mirar hacia nuestro interior para reconocer quién habita allí en realidad.
Miguel Mendoza Luna
¿Qué es un asesino en serie?
El bautizo de un monstruo
Según el fbi, los asesinos en serie (o asesinos seriales, según traducción literal del inglés serial killers) son personas que matan por lo menos en tres ocasiones con un intervalo de tiempo entre cada asesinato. A diferencia de otro tipo de asesinos, en la mayoría de los casos se hace evidente el uso de violencia sexual y la expresión de un carácter sádico sobre las víctimas. Desde el punto de vista psiquiátrico, de acuerdo con los estudios del profesor Robert Hare, la mayoría de los asesinos en serie son psicópatas sexuales: sujetos sin conciencia, incapaces de ponerse en el lugar del otro, que encuentran placer en los actos de violar y matar o en otras formas de sadismo y tortura física y mental.
El término asesino en serie fue acuñado a finales de la década de 1970, por el entonces agente del fbi y experto en criminología Robert Ressler (1937-2013), como analogía con las series de televisión donde de manera dramática se deja al espectador en suspenso y a la espera del desarrollo del siguiente episodio. Al reconocer un tipo de casos donde los asesinos repetían comportamientos (rituales) y su nivel de agresión hacia las víctimas iba en aumento, Ressler intuyó que este tipo especial de criminal con cada nuevo homicidio perfeccionaba su modus operandi e introducía nuevos niveles de violencia.
En varios expedientes —como en los casos de David Berkowitz, Ted Bundy, Edmund Kemper y John Wayne Gacy—, el agente Ressler identificó cómo, homicidio tras homicidio, resultaba claro el aumento de la violencia física y sexual e incluso la sistematización de la forma de raptar y abusar de las víctimas. Esta situación le sirvió como evidencia para reconocer que la fantasía sádica de este tipo especial de criminal se iba perfeccionando con cada nuevo ataque.
Por medio de entrevistas con diferentes asesinos convictos (como Richard Chase, el Vampiro de Sacramento), Ressler logró refinar un perfil del asesino en serie prototípico. Ayudado por diferentes agentes con formación en psicología criminal, estableció diferentes parámetros para identificarlos y ayudar así a su captura.
El término asesino en serie se popularizó muy rápidamente en diversos escenarios. El mismo Ressler en el libro El que lucha con monstruos y en varias declaraciones contaba que, por medio de sus conferencias en diferentes facultades criminológicas y su intercambio de información con detectives y policías de todo el mundo, logró generar conciencia y conocimiento acerca de ese tipo particular de homicida.
Si bien la mayoría de los asesinos en serie han sido detectados en Estados Unidos, a medida que los cuerpos policiales y los criminólogos de todo el mundo se han dado a la tarea de estudiar casos similares, se ha reconocido que el fenómeno es una especie de pandemia. Tanto en países orientales como en Latinoamérica, hay muchos casos de este tipo de asesino episódico. Se habla de un auge de los asesinos en serie en las últimas décadas del siglo xx y muchos estudiosos de comportamiento antisocial humano insisten en que ciertos desajustes sociales y algunos elementos de la cultura de aquellos años pudieran haber favorecido el surgimiento de más casos de psicopatía. No obstante, el siglo xxi siguió registrando casos en diversas partes del mundo. Lamentablemente el síndrome del asesino en serie, el de la peor anomalía de nuestra especie, no ha desaparecido y sigue impactando de forma brutal a nuestras sociedades.
¿Antisociales, psicópatas, monstruos humanos?
La crueldad sexual, la perversión con sus víctimas, el placer que les produce torturar y matar y, por supuesto, el carácter episódico y ritual de sus crímenes convierten a los asesinos en serie en una tipología especial de homicida que requiere un análisis psicológico, psiquiátrico y criminológico particular.
Algunos teóricos del tema definen a los asesinos en serie según el trastorno antisocial de la personalidad (tap), cuyos parámetros son definidos en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (dsm), de la Asociación Psiquiátrica de los Estados Unidos, que contiene una clasificación de los trastornos mentales. Este trastorno de personalidad se caracteriza por la pérdida de la noción de la importancia de las normas sociales (leyes, derechos individuales). Los sujetos que sufren tap carecen de empatía y remordimiento, poseen una visión de la autoestima distorsionada y están en constante búsqueda de nuevas sensaciones (la mayoría de las veces mediante actos criminales); además, deshumanizan a las personas que los rodean (cosifican) y no se preocupan por las consecuencias de sus actos. Entre otros rasgos típicos de este trastorno se cuentan el egocentrismo, la megalomanía, la extroversión, la vanidad extrema, la impulsividad y la motivación por experimentar sensaciones de control y poder.
El factor que suele poner en tela de juicio que todos los asesinos en serie coincidan con el tap obedece a que dentro de sus criterios se señalan patrones delictivos durante la juventud (robos, piromanía, etc.), así como una personalidad irritable y agresiva, situaciones que no siempre se presentan; por el contrario, es muy frecuente que muchos asesinos en serie antes de sus actos homicidas no tengan historial alguno de comportamientos antisociales, y su personalidad no denotaba ningún tipo de carácter violento.
Otro sector de la comunidad científica insiste en que los asesinos en serie son en su mayoría psicópatas, más exactamente psicópatas sexuales (su motivación homicida está mediada por su perversión y se expresa en sus actos de degradación y asalto sexual de sus víctimas), un tipo especial de personalidad hasta el momento considerado incurable, cuyas fantasías sádicas los llevan a matar de formas ultraviolentas, con el único objetivo de sentirse gratificados sexualmente. Los estudios de Robert Hare, la autoridad mundial en el tema, y los preceptos de Hervey Cleckley (presentados en su libro La máscara de la sanidad, 1988) exponen que los psicópatas se caracterizan por no entablar relaciones emocionales verdaderas; son sujetos que no experimentan remordimientos, por eso interactúan con las demás como si fueran un objeto al cual pueden utilizar para conseguir sus objetivos y satisfacer sus propios intereses. No necesariamente tienen que causar algún mal, pero si actúan en beneficio de alguien o de alguna causa aparentemente altruista es solo por egoísmo, para su único y exclusivo beneficio. La falta de remordimientos del psicópata radica en la cosificación que hace del otro.
Los psicópatas crean sus códigos privados de comportamiento, por lo cual solo sienten culpa al infringir sus propios reglamentos y no los códigos comunes. Ellos disciernen entre el bien y el mal, por lo cual su comportamiento es adaptativo, y fingen comportarse adecuadamente, lo cual les permite pasar inadvertidos.
Aunque no presenten alucinaciones perceptivas ni trastornos cognitivos (alteración de la memoria, delirios psicóticos), los psicópatas se caracterizan por poseer necesidades especiales y formas atípicas de satisfacerlas, que por lo general implican comportamientos repetitivos (ritualización) y, por supuesto, actos de sadismo y perversión. El psicópata tiene claridad de sus actos, pero no experimenta piedad alguna por aquellos a quienes usa o ataca.
Además, tienen la denominada empatía utilitaria, que consiste en una habilidad para captar la necesidad del otro y utilizar esta información para su propio beneficio, lo que constituye una mirada en el interior del otro para reconocer sus debilidades y así manipularlo.
Vicente Garrido, criminólogo y psicólogo español del Instituto de Criminología de la Universidad Complutense de Madrid, insiste en que no todos los psicópatas son asesinos en serie, y viceversa; pueden ser estafadores, ladrones de cuello blanco e incluso personas exitosas que usan su poder para manipular y sacar provecho de otros. Algunos encuentran a través del homicidio, la violación y otros actos de extrema violencia (mutilación, canibalismo, actos de necrofilia) la forma de expresar su falta de empatía y de sentirse gratificados emocional y físicamente. Aquí ubicaríamos al psicópata sexual del tipo asesino en serie, el cual experimenta placer mediante impulsos sádicos, combinando sexo y muerte en sus rituales homicidas.
Los criterios de diagnóstico de la psicopatía nos exponen a un sujeto que después de cometer un acto violento o cualquier tipo de acto delictivo no experimenta el menor remordimiento y, de hecho, puede pasar con tranquilidad a otro tipo de actividad. En las entrevistas a los asesinos en serie se han reconocido declaraciones en las que se evidencia dicha situación: David Berkowitz (conocido como el Hijo de Sam) declaró que después de disparar a sus víctimas se sentaba a ver televisión sin siquiera pensar en lo ocurrido.
Se ha calculado que el 1 % de la población mundial sufre de este trastorno; se afirma que la psicopatía aparece entre los tres y los cinco años, tanto en familias estables como inestables (el psicópata puede proceder de cualquier familia y entorno). También se acepta que la psicopatía es incurable; de hecho, Robert Hare descubrió a lo largo de muchos años de investigación cómo los programas de rehabilitación de psicópatas son contraproducentes, pues estos individuos aprenden, durante las terapias, sobre sí mismos y sobre otros psicópatas para así perfeccionar sus formas de enmascararse y posteriormente cometer delitos sin ser atrapados.
Walsh, Swogger y Kosson (2005) señalan que es factible sugerir que los psicópatas se involucran en una violencia instrumental, premeditada y a sangre fría, mientras que las personas que sufren de un tap se concentran en una violencia defensiva (aunque no sean en realidad amenazadas o se encuentren en situación de amenaza). Ante estas ideas, resulta evidente que los crímenes de la mayoría de los asesinos en serie están más motivados por un carácter utilitario: extraer placer de la situación de control y poder sobre una vida humana. Su perfil, entonces, se ajusta más a la psicopatía, especialmente en relación con la idea de su total incapacidad de empatía y en la fuerte carga de agresividad sexual de sus actos.
En los últimos años se han publicado diversos libros que involucran el tema de la psicopatía más allá de los asesinos en serie; algunos lo han hecho de forma irresponsable como La sabiduría de los psicópatas, de Kevin Dutton, donde de manera empírica y sin ninguna base científica se presenta el presumible lado positivo de las características de los psicópatas; incluso se tipifican personajes históricos que nada tienen que ver con la psicopatía. Es peligroso convertir en estrategia de marketing la falta de empatía (en esta publicación se transmite la idea de que no es verdad que los psicópatas carezcan por completo de empatía, el autor parece confundir el narcisismo, el resentimiento y la envidia como rasgos emocionales empáticos) y el carácter depredador de los psicópatas, pues puede lanzar un mensaje equivocado donde se señala que está bien ser inhumano e insensible. Dutton expone siete principios básicos de la psicopatía que según él se deberían adoptar: la impasibilidad, el encanto, la concentración, la fortaleza mental, la intrepidez, la atención plena y la capacidad de acción. No es difícil desmontar su torpeza argumentativa y falta de ética, veamos:
La impasibilidad del psicópata es en realidad vacío emocional. El encanto es tan solo simulación, mentira para obtener algo del otro, es decir manipulación. La concentración no es verdadera, en realidad la persistencia del psicópata es muy baja, en su pensamiento solo hay obsesiones, no verdaderos planes. La fortaleza mental es una total falacia, los psicópatas sencillamente no son fuertes mentalmente porque carecen de la resonancia de sus conciencias; esto resulta tan absurdo como decir que un muro es fuerte psicológicamente porque no siente. La intrepidez es tan solo la carencia de sentido del límite, no tenacidad o valentía; de hecho, los psicópatas son muy torpes al no poder establecer límites realistas y por eso terminan metidos en problemas; la intrepidez sin capacidad de anticipación es tan solo estupidez e irresponsabilidad. Lo de la atención plena es igualmente absurdo, pues alguien que vive preso de sus fantasías de poder no se concentra en nada realmente. La capacidad de acción es tal vez el más inaudito y absurdo de todos: el autor cree que los psicópatas son tipos listos que viven desarrollando planes; nada más lejos de la realidad, si acaso traman estafas, robos, asesinatos, pero la mayor parte del tiempo son simples zánganos, abusadores, que se aprovechan de otros para sobrevivir. No hay absolutamente nada positivo ni imitable en los psicópatas. Está claro que este autor ha confundido a los psicópatas del cine y la literatura con los psicópatas reales.
Si no queremos convertirnos en una especie insensible, cruel, narcisista, obsesionada consigo misma, presa de sus fantasías sádicas, dispuesta a trasgredir toda norma para encontrar placer, debemos rechazar toda conducta o rasgo psicopático.
¿Podrían ser los asesinos en serie una subespecie humana, una suerte de mutación moral?, ¿podrían ser tan solo un tipo de ser humano maligno producto de algún azar biológico? No tenemos aún todas las respuestas, pero sí podemos estar seguros de que su funcionamiento mental y emocional obedece a parámetros diferentes a las personas convencionales; también podemos afirmar que su maldad, sus actos de crueldad extrema, son su forma de expresarse y de hacer parte del mundo, de existir.
¿Qué no son los asesinos en serie?
En los medios y en las narrativas de ficción es frecuente que se confunda al asesino en serie con el asesino de masas (en inglés, massive killer), tipología criminal que si bien puede guardar elementos en común, resulta muy diferente. Los casos de masacres en colegios o universidades, cultos homicidas o suicidas, asaltos armados en cafeterías, francotiradores, etc., suelen responder a motivaciones de índole diferente de las de los asesinos en serie. En este tipo de crímenes en masa, el componente de perversión sexual no resulta tan evidente, aunque algunos líderes de culto, como Charles Manson o David Koresh (responsable de la masacre de Waco, Texas), usaban su poder para tener sexo con los miembros de sus «familias»; en estos casos se manifiesta más un odio contra la sociedad y contra sus convenciones. Es frecuente que se trate de individuos desadaptados que se sienten excluidos de la sociedad, a la cual culpan de todos sus males.
En la jerga psiquiátrica y criminológica se suele aceptar que mientras los asesinos en serie son psicópatas, los de masas se ajustan más al concepto de sociópata.
Otra tipología intermedia que genera confusiones es la de spree killer, traducido al español como asesino frenético o asesino relámpago, que, a diferencia del asesino en serie, no actúa motivado por sadismo sexual o por el ansia de someter a sus víctimas a perversas fantasías de poder, sino por una frustración interior y una sensación total de asimetría con el entorno, las cuales terminan convertidas en una ira irrefrenable y un deseo de venganza que lo consume. Tales situaciones lo conducen a un asalto final (por lo general armado con suficiencia) que contempla la destrucción de vidas humanas y la suya misma. En algunos casos planifica detenidamente su ataque final adquiriendo armas o explosivos; en otros, su ira se detona de manera irracional y caótica. Puede escoger lugares como colegios,
