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Las Montero es una novela que te atrapará desde el primer capítulo, en la que dos hermanas son separadas bruscamente por un problema de sus padres. La falta de comunicación entre ellos, y los celos que nacen cuando una ex de su esposo llega al pueblo de San Miguel de Allende, Gto., donde empieza a desarrollarse la historia,
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Las Montero - Ana Rosa Morales
1. LAS MONTERO
La emoción invadía a Viridiana, no podía conciliar el sueño.
–¡Dios qué noche tan larga y silenciosa! –pensaba.
Lo único que se escuchaba era la respiración de su esposo, quien dormía profundamente.
–Qué desesperación esperar a que amanezca y después a que se hagan las dos de la tarde para volver a verla, increíble, han pasado veinte años desde aquel día que nos cambió la vida por completo. ¿Cómo estarás? ¿Cómo serás ahora? ¿Qué hiciste todo este tiempo? ¿Qué te gustará? ¡Wow! ¿Por qué el tiempo pasa tan lento? ¡La una de la mañana y yo sin poder dormir! Esperando este día que creí nunca se iba a hacer realidad.
Recordaba como si fuera ayer sus últimos días juntas, cuando ni siquiera se imaginaban lo que iba a pasar, Mónica 16 años, Viri 15; las mejores hermanas del mundo, vivían tan felices en su casa con sus padres, ¡qué lejos estaban de sospechar que entre ellos nada iba bien! ¿Por qué no lo notaron? ¿Por qué ellos escondían sus problemas? ¿Por qué? No querían que sufrieran pero al final fueron las víctimas. Recordaba su casa con hermosos corredores, la recámara grande de sus papás con esas lindas ventanas, iluminadas cada mañana con la luz del sol, la recámara de Mónica a su derecha y la de Viridiana a su izquierda.
–¿Seguirá siendo tu color favorito el rosa? –se preguntaba.
De ese color quiso que pintaran las paredes de su cuarto, que combinaban con las cortinas con rosas rosas. Por el otro lado, el de Viridiana era color verde tierno con detalles en color crema y el osito de peluche Coco, regalo de su amada madrina Cristi, pero a Viri le gustaba más la recámara de su hermana, con su propio osito en la cama, parecía que las rosas de la cortinas despedían ese aroma de frescura que lo ambientaban.
–¡Cómo disfrutaba irme a dormir contigo y platicar de los muchachos que nos gustaban! ¡Qué días tan lindos! Ninguna preocupación invadía nuestras vidas, qué lejos estábamos de imaginar lo que pasaba. Nuestras vidas estaban envueltas en una burbuja de cristal a punto de quebrarse. Mi mayor ilusión era arreglarme con esos pantalones entallados y blusas flojas coloridas, y peinarme al último grito de la moda para que el niño que me gustaba me viera, pero pues era tan solo una niña queriendo ser grande y quería ganar la popularidad que tú tenías en el colegio, eras tan linda, alta y delgada, con tu pelo rojizo y rizado, con el que al viento le gustaba jugar; ibas por la vida deslumbrante, con esa sonrisa que iluminaba tu rostro, ¡Hola Mónica!
, ¡Qué tal Mónica!
, ¡Hasta luego Mónica!
, siempre tu nombre se oía por todo el pueblo, sobre todo en nuestro colegio, eras la más popular, siempre destacabas no solo en calificaciones sino en deportes y obras de teatro, bueno eso siempre lo hacíamos juntas, soñábamos en convertirnos en unas grandes actrices… Hermana, cómo te he extrañado todos estos años, y pensar que hoy, hoy es el gran día que volveré a verte, primero Dios, tengo tanto que preguntarte y tanto que contarte que no puedo esperar a que amanezca y prepararme para recibirte, ¡el reloj no avanza! Apenas lo miré y tan solo han pasado treinta minutos, tengo que esperar doce horas más para poder abrazarte.
***
Mientras tanto Mónica Marín de los Monteros se encontraba en el Aeropuerto Internacional de Chicago, junto con su hijo de 16 años Saúl, estaban esperando su vuelo a la ciudad de Guadalajara.
–¿Cómo te sientes mamá? –preguntó Saúl–. Todavía estamos a tiempo si no quieres abordar el avión.
–Estoy bien hijo –respondió su madre–. Nunca pensé que llegaría este día.
–¿Qué fue lo que pasó madre? ¿Por qué tu familia se separó?
–Solo conozco la versión de tu abuelita Rita, pero pronto sabremos qué fue lo que en realidad paso.
–¿Mi tía Viri sabe que voy contigo?
–Sí hijo, cuando por fin la pude localizar le avisé que vendrías.
–¿Cómo la recuerdas?
–Viridiana era una niña muy dulce, nos llevábamos muy bien, de figura delgada, tez muy blanca y su melena negra brillante que resaltaba sus ojos color miel que mi padre adoraba, pues decía que eran los mismos ojos de su madre; compartíamos sueños, secretos e ilusiones, nuestra casa era grande con unos jardines hermosos, tío Paco le deba mantenimiento, éramos felices en nuestro mundo, no nos hacía falta nada, de casa al colegio, biblioteca, parques y nuestra clase de actuación, soñábamos con ser actrices y debutar algún día, pero eran solo sueños que nunca se hicieron realidad, no podíamos imaginar lo que el destino nos tenía preparado a la vuelta de la esquina.
–No te pongas triste ma’, todo lo has superado y hoy es un día muy especial –la tranquilizó Saúl.
–Por cierto, hijo ¿traes la documentación a la mano, dirección y teléfono de tu tía para llamarla y prepararla antes de llegar a su casa? –preguntó Mónica por lo que parecía la milésima vez.
–¡Wow ma’! Sí, me lo has preguntado tanto, todo lo traigo en orden, no te preocupes.
–Pasajeros con destino a la ciudad de Guadalajara, vamos a empezar a abordar en 15 minutos, personas discapacitadas primero y enseguida personas con niños. Favor de hacer fila en la letra A –dijo una voz a través de las bocinas de la sala de espera.
Saúl, que era un niño de tan solo 16 años, se consideraba una persona adulta por su madurez, pues a su corta edad también los golpes de la vida lo habían hecho crecer y ahora dedicaba su tiempo a estudiar en línea y al cuidado de su madre a quien tanto amaba y admiraba. Tomó el mango de la silla de su madre para empujarla y abordar el avión.
–Bienvenidos, pasaporte y pase de abordar por favor –pidió la azafata–. Perfecto, buen viaje.
–Ma’, ¿por qué no has querido decirle a tu hermana de tu situación? ¿Ni tampoco a qué hora llegamos a Guadalajara para que ellos nos recojan? –le preguntó Saúl mientras abordaban el avión.
–No hay porqué preocuparlos antes de tiempo, vamos a hacer todo según lo planeé, espero no equivocarme. En cuanto lleguemos a Guadalajara tomaremos un taxi a la catedral para darle gracias a Dios por permitirme volver a mi país, Diosito me va a iluminar y hará que de mi boca salgan las palabras correctas y de la manera más suave para decirle a tu tía que su hermana Mónica Marín de los Monteros llegará con una gran sorpresa, que lo tome con calma pues voy postrada en una silla de ruedas que me acompaña desde hace mucho tiempo –explicó.
–Ay madre, espero no te equivoques.
–Sí hijo, pienso que es lo mejor, ella ha insistido en que la llame, pero temo que no me entienda, todavía mucha gente se esfuerza por saber lo que digo, solo tú, tu padre, tu abuelita y personas muy cercanas pueden hacerlo a base de convivir conmigo, pero los que me oyen por primera vez creo que solo entienden la mitad de lo que digo.
–No digas eso ma’, ya se te entiende todo muy bien. Pero como siempre te apoyo en tus decisiones.
– Muchas gracias hijo, no sabes el gran apoyo que eres para mí.
***
–Por fin las 8 de la mañana, no supe a qué hora me quede dormida. Buenos días Luisa, ¿no sabes dónde está el señor?
–Buenos días señora Viri, sí, se levantó muy temprano y dijo que volvería alrededor de las doce; iba a estar en cirugía, después vería a un paciente y de allí ya regresaba. ¿Gusta que le sirva el desayuno?
–Sí Luisa, por favor, solo un cafecito y algo de fruta.
–Sí señora, en este momento. Así es hija, pero yo sé que algo no está muy bien, como que hay un misterio, ¿por qué no ha querido hablar con nosotros? Tenemos comunicándonos con ella dos semanas solo por correo electrónico y no ha aceptado que le llamemos por teléfono, ¿no se te hace eso muy raro? ¿Por qué tampoco nos dice la hora a la que llega al aeropuerto y no quiere que vayamos a recogerlos? Además, tu madre no viene y no cuenta mucho de ella.
–Sí papá, yo también estoy como usted, desde que nos mandó ese correo diciéndonos que era ella, solo podemos mandarnos mensajes pues no nos dio su número de teléfono, pero bueno, no hay que pensar negativo, ya en unas horas estará con nosotros y nos aclarará todas las dudas.
–Así es, ¿están preparando su comida preferida?
–Sí, Luisa y yo hicimos todas las compras ayer y trajimos de todas las frutas de temporada; incluyendo guayabas que dijo que tiene años sin probarlas.
–Muy bien.
–Dice Mónica que su hijo Saúl está muy emocionado, tanto por conocer México como a nosotros. Tiene la misma edad que Violetita así que ellos se van a llevar bien y ya conoces a Abelito, él se adapta pronto a las personas, ellos se encargaran de que Saúl se la pase bien aquí.
–Sí, estoy seguro de eso yo también.
–Bueno pa’, ¿por qué no va a tomar un baño y ponerse guapo para el gran momento?
–Sí hija, tienes razón.
***
–Hola Luisa, ¿y la señora? –preguntó el doctor Villarroel entrando.
–Aquí está en la cocina, supervisando que todo esté bien –contestó Luisa
–Hola amor, que bueno que ya estés aquí, también los muchachos ya llegaron –le informó Viridiana–. Estoy que no me la creo de la emoción.
–Sí, en la mañana no te quise despertar, pues creo que no dormiste en toda la noche.
–Gracias amor, sí, no puedo esperar más, lo mismo mi papá, está muy nervioso.
–Es normal, han pasado veinte años y por fin voy a conocer a mi cuñada tan famosa: Mónica Marín de los Monteros, creo que ya estoy celoso, pues le vas a dedicar todo el tiempo a ella.
–No digas eso amor, pero sí, tenemos tanto que platicar. Quiero saber de ella, de mi madre, dónde estuvieron todo este tiempo y porqué nunca las pudieron localizar.
–Pero ya la espera pronto terminará –la tranquilizó él.
–Dígame Luisa ¿los muchachos ya se levantaron? ¿y mi padre?
–Sí, el joven Abelito vuelve en una hora y la niña Violeta dijo que tiene un examen y en cuanto termine se viene; y me he fijado, señora Viri, que don Raúl está muy nervioso, anda en el jardín.
–Sí ya me imagino.
Viridiana se dirigió al jardín a buscar a su padre.
–Papá, ¿dónde anda?
–Hola hija, aquí nomás esperando a que llegue la hora para volver a ver a Mónica, todavía no lo puedo creer, pero no sé porqué tengo un mal presentimiento.
–No diga eso papá, mira, tanto que gastaste en encontrarlas sin ningún resultado hasta que al final fue ella quien nos encontró.
–¿Alguna noticia? –preguntó don Raúl que en ese momento entraba a la sala donde estaban todos reunidos.
– No papá –le respondió Viridiana–, pero ya son las 12:30, en cualquier momento la veremos entrar tan linda y angelical como la recuerdo.
***
–Qué hermosa e imponente está la catedral, solo la había visto en pantalla por fuera pero por dentro es toda una obra de arte –comentó Saúl impresionado.
–Sí hijo, para Dios todo lo mejor, yo necesitaba venir a darle gracias y ponerme en sus manos antes de volver a ver a mi padre y hermana.
–Sí, ma’, ¿ya más tranquila?
–Sí hijo, lista. Checa cuánto tiempo se hace de aquí a la casa de tu tía Viri.
–El señor del taxi, que por cierto fue tan amable al ofrecerse a esperarnos y después llevarnos a nuestro destino, dice que ahorita, por el tráfico, hacemos como una hora.
–Ok, vamos, ya en el camino les marcamos y les daré la noticia.
***
Mientras tanto en la mansión del Dr. Abel Villarroel la familia seguía reunida en la enorme y elegante sala en la espera de los familiares, Viridiana Marín de los Monteros, ahora llamada Viridiana Marín de Villarroel, sentada junto a sus hijos Abelito y Violeta, no podía despegar los ojos del reloj, el cual sentía que marcaba las horas más despacio que nunca, el doctor Villarroel, esposo de Viridiana, se encontraba leyendo el periódico, y don Raúl caminando de un lado a otro sin parar. De repente, en medio del silencio el celular de Viri empezó a timbrar.
–¡Es ella! ¡Es ella! –dijo Viridiana emocionada.
–¡Contesta, mamá! ¡YA! –la apresuró Violeta.
–Hola –contestó Viridiana con una voz nerviosa y titubeante.
–Hermaaana –respondió Mónica.
–¿Mónica, eres tú?
–Síiii, ya prooonto llegamos.
¿Estás bien? –preguntó Viridiana confundida.
–Emoooocionaada.
–Aquí todos los esperamosos con los brazos abiertos.
–¿Estás liiiista para uuuna sooorpresa?
–¿Qué pasa Mónica? ¿Por qué no
