Información de este libro electrónico
Otros títulos de la serie Sombras y temblores ( 19 )
Ala de mosca Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAmor envenenado Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl espeluznante caso Nro. 705 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl fondo de los charcos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesColegio maldito Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Misterios urbanos Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La suerte dobló la esquina Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl fantasma de Canterville Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Terror en Wunderding Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesUna noche terrible Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTerror.com: Historias malditas de Internet Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa trama del miedo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo duermas en la habitación de la torre Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo lo intenten en sus casas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHormigas en la mano Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo confíes en tu suerte Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo grites, no podrán oírte: Antología de cuentos clásicos de terror Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Tren fantasma Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesSombras y temblores Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Lee más de Olga Drennen
Somos así Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Lobo cola gris y otros cuentos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Relacionado con Sombras y temblores
Títulos en esta serie (19)
Ala de mosca Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAmor envenenado Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl espeluznante caso Nro. 705 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl fondo de los charcos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesColegio maldito Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Misterios urbanos Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La suerte dobló la esquina Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl fantasma de Canterville Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Terror en Wunderding Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesUna noche terrible Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTerror.com: Historias malditas de Internet Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa trama del miedo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo duermas en la habitación de la torre Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo lo intenten en sus casas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHormigas en la mano Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo confíes en tu suerte Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo grites, no podrán oírte: Antología de cuentos clásicos de terror Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Tren fantasma Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesSombras y temblores Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Libros electrónicos relacionados
Extrañas criaturas: Cuentoes espantosos para noche de brujas, campamentos y pijamadas Calificación: 1 de 5 estrellas1/5Tres bichos raros Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl fantasma de la casa de al lado Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Clandestino Calificación: 3 de 5 estrellas3/5No confíes en tu suerte Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo duermas en la habitación de la torre Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa venganza de Pablo Diablo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLágrimas de sirena Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Terror en Wunderding Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNo lo intenten en sus casas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHilario y la cucaracha maravillosa Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El ladrón de sombras Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMisterios urbanos Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Pablo Diablo y la canguro infernal Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Flores blancas para papá (Plan Lector Juvenil] Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Pablo Diablo y la maldición de la momia Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Hormigas en la mano Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMomias, ángeles y espantos Calificación: 1 de 5 estrellas1/5La niña del vestido antiguo y otras historias pavorosas Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Cuentos policiales para chicos curiosos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa lluvia y los cinco Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Cuentos que parecen ciertos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCuentos de arriba, cuentos de abajo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesOjos negros Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesPablo Diablo y el dinero Calificación: 2 de 5 estrellas2/5Monstruo bajo la cama solicita niño que asustar Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTerror.com: Historias malditas de Internet Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl secreto del huevo azul Calificación: 1 de 5 estrellas1/5La venganza de la mano amarilla y otras historias pesadillescas Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El faro de Dédalo Calificación: 4 de 5 estrellas4/5
Suspenso infantiles para usted
¿Qué es eso? ¡Mamá! Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa trama del miedo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesGatos Calificación: 2 de 5 estrellas2/5No grites, no podrán oírte: Antología de cuentos clásicos de terror Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El Proyecto Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesColegio maldito Calificación: 5 de 5 estrellas5/5
Comentarios para Sombras y temblores
0 clasificaciones0 comentarios
Vista previa del libro
Sombras y temblores - Olga Drennen
Índice de contenido
Sombras y temblores
Portada
La mancha a la altura del tercer botón
Viaje sin fin
Yo-yo
La prueba
Mejor me callo
Una de terror
El brillo en la sombra
El último baile de invierno
Biografías
Legales
Sobre el trabajo editorial
Contratapa
Sombras y Temblores
Olga Drennen
Ilustraciones:
Lelo Carrique
La mancha a la altura del tercer botón
A Hernán Ercolini, mi amigo de la computadora,
y a Matías, siempre.
No bien pisó el andén, se dio cuenta de que el tren estaba por salir, así que apuró el paso.
Entró en el vagón, agitado. Dejó a su espalda un murmullo que le hizo recordar al de un enjambre de abejas.
Había dos o tres asientos vacíos, entonces, se dio el lujo de elegir el suyo. Se decidió por el de la ventanilla. Tiró la carpeta a su costado y conservó los libros contra el pecho y después estiró las piernas. Se sintió aliviado mientras pensaba en que hacía poco que habían empezado las clases y ya estaba más que harto de ir al colegio.
Casi al instante, un temblor de ruedas debajo de él le indicó que estaban arrancando. De reojo, miró el cartel de la estación Paradero Cha... cari...
, pero no pudo terminar de leerlo porque vio la sombra: parado en el pasillo, un señor que esperaba que retirase su carpeta del asiento. Tuvo ganas de dejarla donde estaba.
—Tenés que ser educado con todos, pero especialmente con los mayores –decían siempre en su casa.
Bufando para sus adentros, puso la bendita carpeta sobre sus piernas.
—Siéntese, señor –dijo.
Ahora, el mayor era el maleducado porque se sentó a su lado sin darle ni siquiera las gracias. Otro que nunca daba las gracias era Rodrigo, pero él nunca había esperado que se las diera. Nadie espera nada de semejante canchero. ¡No! ¿Qué? ¿Canchero? Un recanchero.
Sí, eso... ¡un recanchero...! por culpa de él había salido tarde, por culpa de Rodrigo justamente.
—Mirá, nene, que no quiero cosas raras –había dicho su madre–. No, no, nada de vender tus zapatillas, sí, es una lástima que te hayan quedado chicas... ¡Pero venderlas, no! Regaláselas, si querés, y espera un poquito que en cuanto pueda, te compro otras.
Pero él no quería regalárselas, todos iban a decir que se las daba por miedo, o de chupamedias. No, no iba a darle las zapatillas, se las iba a vender.
¡Pam! La puerta del vagón se había cerrado de golpe. El chico buscó con la mirada al guarda, seguro que iría a pedirle el boleto, revisó su billetera y, al encontrarlo, respiró tranquilo. Allí estaba. Pero el hombre debería estar en otra cosa porque recorrió asiento por asiento, sin pedir ni controlar nada.
Su vecino parecía distraído, casi no parpadeaba y tenía los ojos fijos en un punto lejano. ¿Qué estaría pensando? Era un hombre opaco y barbudo y usaba sin ningún cuidado un traje azul, flamante. ¡Raro, el señor!
Aunque, tal vez, lo mejor hubiera sido no vender las zapatillas, darlas, sí, eso hubiera sido lo mejor, darlas... se dijo siguiendo el curso de su pensamiento anterior.
Y ahora estaba pensando que había cometido un error.
—Traémelas, che, el lunes te las pago –dijo Rodrigo y se reía de costado.
Así fue como al día siguiente le llevó las zapatillas. A escondidas, se las llevó.
El hombre que se había sentado al lado suyo estaba poniéndolo nervioso. Parecía de plástico.
¿Por qué no cambiás de lugar?
se preguntó. Miró a su alrededor,
