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Escuela de Brujas Libro 2
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Libro electrónico132 páginas1 hora

Escuela de Brujas Libro 2

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Un excelente libro para niñas de 9 a 12 años. Escuela de Brujas Libro 2 continúa ha historia de Charlotte y todas sus amigas de la Academia de la Profesora Moffat para Finas Brujas Jóvenes. Margaret se venga de Charlotte antes de desaparecer de la escuela y poner a Charlotte en una situación peligrosa y aterradora. Las niñas entrenan duro para su competencia entre escuelas contra el Colegio de Brujería, y en ese día descubren que las niñas de la escuela de brujas malas definitivamente no comparten sus valores y creencia en el juego limpio. 

El Baile Escolar con los estudiantes de la Escuela de Hechiceros es el día más destacado del calendario escolar. Las niñas conocen a unos asombrosos niños y tienen una muy interesante noche. 

Las lecciones escolares continúan con la profesora Zara, la maestra de adivinación. Sin embargo, algunas de las niñas no están contentas con sus lecturas. 

Si eres una niña de entre 9 y 12 años y te gusta leer acerca de brujas y amistad, ¡entonces amarás esta historia!

IdiomaEspañol
EditorialKc Global Enterprises Pty Ltd
Fecha de lanzamiento11 sept 2019
ISBN9781507198636
Escuela de Brujas Libro 2
Autor

Katrina Kahler

Katrina Kahler ist eine Weltklasse-Erzieherin, die für den Nationalen Inspirativen Lehrpreis nominiert wurde. Sie ist Co-Autor der Serie "The Parenting Trap", die eine Vielzahl von Büchern umfasst, die Eltern dabei helfen wird glückliche, selbstbewusste und erfolgreiche Kinder aufzuziehen. Sie ist eine sehr erfahrene Lehrerin, Rednerin und Elternberaterin und ihre Leidenschaft beinhaltet, Kindern zu helfen, ihr volles Potenzial zu erreichen ... akademisch, sozial und persönlich.

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    Escuela de Brujas Libro 2 - Katrina Kahler

    Capítulo Uno

    Estaba claro por la severa mirada en el rostro de Margaret que lo que buscaba era venganza. Se encontraban solas en la habitación de Charlotte, y bastaba con ver la cara de Margaret para asumir que entre sus planes no estaba perdonar.  

    –Margaret, no sabía que regresarías. –Charlotte miró al suelo y mordió su labio inferior. Agarró con fuerza su varita y trató de pensar en un hechizo, cualquier hechizo.

    –No necesitarás eso. –Margaret agitó su varita, causando que la varita de Charlotte volara lejos de su mano y a través de la habitación, aterrizando en la alfombra.

    –L-lo siento Margaret, no quería meterte en problemas, de verdad, pero me habrían expulsado si no le hubiera dicho a la profesora Moffat lo que sucedió.

    –No eres más que una soplona.

    –No hubiera sido justo que me expulsaran por algo que tú hiciste. Saliste corriendo y me dejaste a que aceptara toda la culpa. Y no te delaté, no hasta que tuve que hacerlo.

    –Si hay algo que no soporto es a una soplona. –Agitó su varita y dijo–: Blattam.

    Antes de que Charlotte pudiera preguntarle qué hechizo había lanzado, comenzó a encogerse hasta que se vio rodeada por un montón de ropa; su ropa. Frente a ella vio dos largas antenas, y dio un paso atrás para alejarse de ellas. Las antenas se movieron junto con el resto de su cuerpo, que ahora contaba con seis piernas. Charlotte ya no era humana, había sido convertida en una cucaracha.

    Salió de entre su ropa y miró a Margaret como a una gigante quien le sonreía desde arriba.

    –Mi madre dice que las cucarachas son el peor tipo de alimaña, así que siento que te sienta bien ser una. Te veo luego, si es que no te aplastan antes. –Rió con malicia mientras la veía hacia abajo.

    Charlotte vio cómo Margaret salía de la habitación, pavoneándose, hasta dejarla sola y preguntándose qué haría después. Una de la maestras de su antigua escuela le había explicado que las cucarachas habían estado en la Tierra por millones de años, y que eran capaces de sobrevivir a explosiones nucleares. Esperaba que aquello fuera cierto, ya que no quería terminar aplastada bajo el zapato de alguien. Le preocupaba que el hechizo durara para siempre si no lograba explicarle a alguien lo que había ocurrido para que la ayudaran a regresar a la normalidad.

    Charlotte atravesó la habitación y voló a su cama. Sus alas eran débiles, pero logró que funcionaran.

    Se preguntaba si Margaret había sido aceptada de vuelta en la academia, o si se había escabullido dentro para vengarse. Charlotte esperaba que no estuviera de vuelta definitivamente, porque no quería ver su presuntuoso rostro en todas las lecciones si lograba sobrevivir a esto.

    La puerta se abrió y Stef, Gerty y Alice entraron a la habitación y caminaron hacia sus respectivas camas.

    –Me pregunto dónde está Charlotte –dijo Gerty mientras se tiraba sobre su cama.

    –No sé, espero que no se haya metido en más problemas –contestó Stef.

    –No creo que eso haya pasado, ella no suele romper las reglas.

    –Es cierto, aunque espero que no tenga más problemas por el asunto con Margaret.

    –Espero que no. –Gerty lucía preocupada.

    –Me pregunto dónde está Margaret –dijo Alice.

    –Espero que esté en la escuela de brujas malas, sin amigos, y comiendo sopa de rata en el almuerzo –dijo Stef.

    –¡Guácala! –Rió Gerty.

    –Si tratan de servirnos sopa de rata en esta escuela le diré a mis padres. –Alice elevó la nariz hacia el techo.

    Charlotte sabía que tenía que llamar su atención... así que movió sus endebles alas y encontró la fuerza suficiente para volar hacia Gerty. Aterrizó sobre su brazo y trató de llamar su atención.

    –Gerty, Gerty, soy yo, Charlotte. –Trepó por su brazo.

    Gerty miró su brazo y se encontró con el insecto, soltó un chillido y trató de aplastarlo mientras se ponía de pie.

    –¿Qué sucede? –Stef se acercó a ella a prisa.

    –Cu-cu-cucaracha. –Meneó desesperada su brazo a pesar de que Charlotte ye se había caído al suelo.

    Alice chilló y se subió a la cama, agitando las manos en el aire.

    –Yo lo aplasto –dijo Stef mientras daba pisotones con los pies.

    Charlotte se alejó corriendo y se metió bajo la cama de Alice, lo cual hizo que gritara aún más fuerte.

    –Esto es una atrocidad, esperen a que mis padres se enteren –chilló Alice.

    –Por favor, soy yo –imploró Charlotte, pero ninguna escuchaba sus palabras.

    Stef continuó pisoteando por todo el suelo, y Charlotte se escabulló entre sus pies y logró volar hacia la ventana, tirándose de ella. No estaba segura si voló o cayó por la ventana, aterrizando en un arbusto afuera.

    Quería llorar, pero no creía que las cucarachas pudieran derramar lágrimas. Había aterrorizado a sus propias amigas, quienes habían tratado de aplastarla, y ahora estaba afuera en algún punto alrededor de la academia, sin saber qué hacer.

    Decidió seguir escabulléndose hacia adelante, y eventualmente se encontró a sí misma en la zona de vuelo, donde un grupo de estudiantes mayores estaban recibiendo instrucciones de la profesora Firmfeather mientras volaban alrededor de la arena.

    Una niña con largo cabello oscuro aterrizó su escoba y Charlotte comenzó a treparla de inmediato.

    –Soy una estudiante, necesito ayuda por favor –dijo, pero en lugar de su voz se escuchó un sonido zumbante.

    –Puaj –dijo la niña y sacudió a Charlotte fuera de su escoba y hacia el piso.

    –No soy una cucaracha real, por favor –insistió Charlotte mientras se trepaba en otra escoba.

    La escoba comenzó a menearse y Charlotte cayó al suelo. Poco después, las escobas estaban siendo azotadas contra el suelo y varios pies trataban de pisarla. Caminó en zigzag entre ellas antes de salir corriendo. 

    Se mantuvo escondida y vio cómo terminaba la lección y las niñas se iban de la arena de vuelo.

    De repente olió algo y sus antenas se movieron frenéticamente frente a ella. Antes de poder detenerse, estaba siendo guiada por ellas, hasta que se encontró a sí misma en los contenedores de basura negros en la parte trasera de la academia.

    Uno de los contenedores estaba tirado en el suelo y la basura se había desparramado sobre el pasto. No quería acercarse a ella... sin embargo, descubrió que sentía una atracción abrumadora hacia la sucia y pútrida basura.

    Caminó hacia ella y la examinó hasta que encontró un emparedado lleno de moho. Antes de poder detenerse, comenzó a morderlo, disfrutando el vulgar sabor.

    Acto seguido, la basura se elevó hacia el cielo y cayó dentro del contenedor de basura, que ahora estaba propiamente acomodado. Charlotte seguía en el suelo, y ya no era una cucaracha, había regresado a ser una humana. Un pedazo del emparedado seguía en su boca, el cual escupió de inmediato al sentir nauseas, y se limpió la boca con la mano.

    –¿Qué haces en la basura? –Dijo una mujer con un delantal negro mientras veía a Charlotte con los ojos entrecerrados. Cruzó los brazos y frunció

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