Myrtia de Osuna: En el contexto de la Generación del 27
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Había, según Juan Ramón, "una razón profunda" para la llegada de María Antonia: Porque "un renacimiento y amor como el de la poesía española contemporánea, (hay que tener en cuenta que el poeta moguereño fue eje de esa poesía, maestro para los poetas del 27, grupo al que describió como nadie: "amorosa congregación de espíritus de oro luciendo en paz sobre la vida") tenía que traer consigo, al fin, el lujo y el encanto de las intérpretes españolas de esta poesía". Razón profunda y por lo tanto, en la elegida, "disposición natural, comprensión plena, sensitiva sensualidad, (…) acento y voz propios. Suma de intuiciones artes luego, con calidad general, universal. Oyéndola y viéndola, se ven y oyen, se gozan con la poesía secretos insospechados de sentido, ritmo, lengua…"
El lector encontrará respuestas satisfactorias a la intensa sucesión de interrogantes, y verá surgir ante sus ojos, extraída de las nieblas del tiempo, "frutecida" entre pasajes líricos y crónica exhaustiva, la vida extraordinaria de la actriz y recitadora catalana.
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Myrtia de Osuna - Ángel Sody de Rivas
Contenido
SINOPSIS
AGRADECIMIENTOS
PRÓLOGO
A MODO DE JUSTIFICACIÓN
PRIMERA PARTE
1.1. Orígenes
1.2. Infancia y primera juventud
1.3. El recital poético del teatro Barcelona
1.4. El primer viaje a Madrid
1.5. Un año de muchos acontecimientos
SEGUNDA PARTE
2.1. Época de cambios
2.2. Una nueva era de esperanza
2.3. Se ve una pequeña luz al final del túnel
2.4. Retorno a casa
2.5. Crónica de un adiós
A MANERA DE BREVE EPÍLOGO
BIOGRAFÍA
LEGAL
NOTAS
SINOPSIS
¿Quién fue María Antonia
? Es la incógnita de la que parte el autor de esta obra singular, Ángel Sody de Rivas. Como primer material, el programa de mano de un recital de poesía ofrecido en Madrid, en el Teatro de la Comedia. ¿Quién fue esta recitadora que presentaba su arte en el Madrid de 1935, avalada por los textos de dos personajes de máxima relevancia: el poeta Juan Ramón Jiménez y el dramaturgo Eduardo Marquina? (Hermosa referencia en la sustancia del retrato como huella fugaz de una órbita olvidada…) Y como tantas veces para el juanramoniano Sody de Rivas, estará el Nobel de Moguer en la génesis de sus estudios y publicaciones. (Sabemos de su pasión vertida durante tantos años, en el Centre d`Estudis i Documentació Zenòbia Camprubí, en Malgrat de Mar, en la revista Ateneu, en la biografía imprescindible de la mujer de Juan Ramón, Aquella flor amarilla…) Y qué lejos en ese principio del abordaje de la incógnita que se le planteaba desde la aparición del mencionado programa entre el vasto material del poeta moguereño, qué lejos todavía, el conocimiento de la relevancia que tendrá el matrimonio Jiménez para la recitadora.
Había, según Juan Ramón, una razón profunda
para la llegada de María Antonia: Porque un renacimiento y amor como el de la poesía española contemporánea, (hay que tener en cuenta que el poeta moguereño fue eje de esa poesía, maestro para los poetas del 27, grupo al que describió como nadie:
amorosa congregación de espíritus de oro luciendo en paz sobre la vida) tenía que traer consigo, al fin, el lujo y el encanto de las intérpretes españolas de esta poesía
. Razón profunda y por lo tanto, en la elegida, disposición natural, comprensión plena, sensitiva sensualidad, (…) acento y voz propios. Suma de intuiciones artes luego, con calidad general, universal. Oyéndola y viéndola, se ven y oyen, se gozan con la poesía secretos insospechados de sentido, ritmo, lengua…
El lector encontrará respuestas satisfactorias a la intensa sucesión de interrogantes, y verá surgir ante sus ojos, extraída de las nieblas del tiempo, frutecida
entre pasajes líricos y crónica exhaustiva, la vida extraordinaria de la actriz y recitadora catalana.
Ángel Sody de Rivas
MYRTIA
DE OSUNA
En el contexto de la
Generación del 27
logo_pagina_web_grises.tifHoy es un día azul de primavera,
creo que moriré de poesía,
de esa famosa joven melancólica
no recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
como una paloma fugitiva;
la olvidé sin quererlo, lentamente,
como todas las cosas de la vida.
Nicanor Parra
Versos de su poema Es Olvido
AGRADECIMIENTOS
En una investigación como ésta son muchas las deudas contraídas. Para evitar algún olvido quiero dejar constancia de mi agradecimiento a todas aquellas personas y entidades que han colaborado desinteresadamente de una forma u otra con este trabajo, haciendo posible su configuración, pero muy especialmente a Carmen Hernández-Pinzón Moreno, sobrina-nieta de Juan Ramón Jiménez, por facilitarme una correspondencia inédita del poeta moguereño y de su esposa, imprescindible para la investigación; a Antonio Campoamor González, por su colaboración permanente y la búsqueda de datos en la Biblioteca Nacional; a Montserrat Alfaro García, por sus gestiones para conseguir el Certificado de defunción de María Antonia Vilaseca; a Rosario F. Cartes, por su lectura del texto, sus sugerencias y la realización del prólogo; a José Manuel Márquez, por facilitarme una gestión en el Archivo Nacional de Catalunya, a Josep Torres Lobato y Juan José Gallardo, por sus consejos magistrales y a Salvador Valverde Calvo, por su interés en el personaje y sus pesquisas en Buenos Aires.
También debo expresar un especial reconocimiento a mi compañera Ana María, por soportar mis ausencias durante el tiempo que duró la investigación y la escritura de estas líneas.
El autor
PRÓLOGO
¿Quién fue María Antonia
? Es la incógnita de la que parte el autor de esta obra singular, Ángel Sody de Rivas. Como primer material, el programa de mano de un recital de poesía ofrecido en Madrid, en el Teatro de la Comedia. ¿Quién fue esta recitadora que presentaba su arte en el Madrid de 1935, avalada por los textos de dos personajes de máxima relevancia: el poeta Juan Ramón Jiménez y el dramaturgo Eduardo Marquina? (Hermosa referencia en la sustancia del retrato como huella fugaz de una órbita olvidada…) Y como tantas veces para el juanramoniano Sody de Rivas, estará el Nobel de Moguer en la génesis de sus estudios y publicaciones. (Sabemos de su pasión vertida durante tantos años, en el Centre d`Estudis i Documentació Zenòbia Camprubí, en Malgrat de Mar, en la revista Ateneu, en la biografía imprescindible de la mujer de Juan Ramón, Aquella flor amarilla…) Y qué lejos en ese principio del abordaje de la incógnita que se le planteaba desde la aparición del mencionado programa entre el vasto material del poeta moguereño, qué lejos todavía, el conocimiento de la relevancia que tendrá el matrimonio Jiménez para la recitadora. Allí, en la partida, estaba la nómina de poemas y autores que llevaría en la voz, en alma y carne, la joven cuya imagen era preludio en el papel, boceto, argumento y canto en los dos textos… Para Marquina, …La emoción es un caso hasta que de ella se apodera la actriz y la espiritualiza y la vuelve categoría
heroína que expresa
, voz engendradora… voz de carne de mujer crucificada en su arte
(un eslabón más esta personalización del concepto, en el desarrollo abarcador del denominado mito deartista). Para Juan Ramón, María Antonia será Expresión
, (Espresión
en la particular ortografía del Nobel) ampliado su nombre hasta cerrarlo como universo suficiente. Será, asimismo, en el arte de la recitación, la armoniosa
, como Berta Singuerman la embriagadora
, como Dalia Íñiguez la efervescente
, o Mony Hermelo, todo impulso diciendo
la poesía.
Había, según Juan Ramón, una razón profunda
para la llegada de María Antonia: Porque un renacimiento y amor como el de la poesía española contemporánea, (hay que tener en cuenta que el poeta moguereño fue eje de esa poesía, maestro para los poetas del 27, grupo al que describió como nadie:
amorosa congregación de espíritus de oro luciendo en paz sobre la vida) tenía que traer consigo, al fin, el lujo y el encanto de las intérpretes españolas de esta poesía
. Razón profunda y por lo tanto, en la elegida, disposición natural, comprensión plena, sensitiva sensualidad, (…) acento y voz propios. Suma de intuiciones artes luego, con calidad general, universal. Oyéndola y viéndola, se ven y oyen, se gozan con la poesía secretos insospechados de sentido, ritmo, lengua...
Después de esa chispa primera, del primer deslumbramiento, Sody se enfrentará al reto de la construcción biográfica con tenacidad extrema, con pasión y con el rigor del historiador que es, de lo que da muestra en sus numerosas publicaciones. Será un camino zigzagueante: vacío de noticias o noticias vagas o confusas… hilos que se interrumpen… laberinto, vías muertas… sendas que surgen claras, hallazgos sorprendentes… El resultado, que felizmente vemos tan alejado de la opinión que tuvo Jorge Luís Borges de las biografías escritas, no será solo una excelente y documentada biografía, con profusión de inéditos (correspondencia, crónicas en prensa general y especializada, documentos personales y testimoniales, glosario, dedicatorias…) logrados en una intensa labor indagadora por archivos e instituciones nacionales y extranjeros, digna representante de lo mejor en el género, el primer relato de la vida apasionante de María Antonia Vilaseca Viladot que el autor rescata de las nieblas de un injusto olvido, será, asimismo y paralelamente, como dice Elvira de Ontañón que debe abarcar este género literario, (quizá –y en opinión de Walter Scott– la más interesante rama de la composición
) el relato de una época de intensa efervescencia creadora en la cultura española (literatura, ciencias, artes, pensamiento…) y también en la cultura de América y de otros rincones de Europa… A toda esa vastedad cultural, y a muchos momentos cruciales para la historia y la sociedad de su tiempo, nos llevará María Antonia por la intensa arquitectura de sus contactos personales, profesionales y circunstanciales, un periplo que, gracias a la eficaz metodología empleada por el autor, el lector conocerá acompañando cada paso dado en esta formidable tarea de construcción
.
Y la pregunta inicial irá respondiéndose en un transcurso alumbrador, tesela a tesela de un rico mosaico final, y María Antonia será en sucesión para el arte, María Antonia-Expresión, Marcia… y en el sostén de la vida personal –inseparable en ella de su arte– y hasta el extremo, ejemplo de firmeza y determinación, voluntad y tesón, de seguridad en el potencial de sus capacidades, de una independencia emanada de la libertad; una mujer moderna abriéndose paso en una sociedad mayoritariamente conservadora, y en tanto, retrógrada. Quiero más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila
–escribió la filósofa malagueña María Zambrano– y ser libre es ser responsable
. Y esta voluntad era compartida por las mujeres intelectuales y artistas del primer tercio del siglo XX. Zambrano y María Antonia, junto a una gavilla vigorosa de mujeres igualmente progresistas, persiguieron de un modo consciente, ser presente, pieza activa –a la par de los hombres en los mismos ámbitos– en la construcción de un mejor mundo; así Mª Teresa León, Zenobia Camprubí, Ernestina de Champourcín, Clara Campoamor, Margarita Nelken, las hermanas Barnés, María de Maeztu, María Lejárraga, Adela Tejero, Maruja Mallo, o Concha Méndez, por solo mencionar las más conocidas, tantas de ellas mujeres del Lyceum Club y afines al espíritu de la Institución Libre de Enseñanza.
Entre su Barcelona natal y Madrid, capital de la República, transcurriría un trienio de éxitos para la recitadora. Éxitos que la encumbraron desde el teatro Savoy o el Poliorama, a la Fundación del Amo, pasando por otros espacios escénicos y académicos de renombre en el panorama cultural de las dos grandes metrópolis, y con ello, la oportunidad de establecer una fructífera red de contactos y amistades frecuentados en el seno de sus mundos: tertulias, paseos… ¡Cuántas sorpresas nos depara el libro, también en este aspecto! –sorpresas que la autora de estas líneas, que tanto agradece la confianza del autor para este cometido, no quiere anticipar más de lo justo.
La periodista gallega afincada en Cataluña, Mª Luz Morales, inaugurará la crónica altamente valorativa de su arte personalísimo, y esa tónica será unánime en su breve pero fulgurante carrera (prensa…aunque también, y con los mencionados Juan Ramón y Marquina, otros poetas, como Aleixandre o Gabriela Mistral, o un filósofo como Ortega… se ocuparon de cantar su arte). Ya lo señalaba la periodista, que coincide con aquella razón que vio el Nobel de Moguer: Es evidente… que le está encomendada la misión de popularizar ante los públicos a los poetas de esta generación
.
María Antonia se confesará nacida para ello, como poseedora de un don congénito pero, ¿acaso no le daría hálito en la dirección de su vocación, su hermano José, poeta precoz, (otro hallazgo que Sody nos ofrece, al reconstruir la esfera familiar) adolescente lírico de vuelo iniciado y prematuramente desaparecido, o determinación profesional el hecho –como sugiere el autor– de escuchar en 1932, en el Hotel Ritz de Barcelona, al mismísimo Federico García Lorca en su conferencia Nueva York en un poeta, organizada por el Conferentia Club? Descubrir un camino –dirá Zambrano– trazarlo, es la acción más humana porque es al mismo tiempo acción y conocimiento
. Y el camino de la recitadora será, como todos los caminos esenciales, de rosas con espinas. La conciencia y la libertad tienen su coste. María Antonia lo escucharía de boca de Federico; un padecer como San Sebastián, la actitud más hermosa
, que como la verdadera poesía es –lo dirá en otra ocasión– Amor, Esfuerzo y Renunciamiento
, tríada profética de lo que será el discurrir vital de la actriz y recitadora. Amor por encima de todo y todos, a su vocación, en la que se realiza en plenitud y a la que se entrega por entero, donde pone su esfuerzo en la misma proporción que la renuncia, cuya magnitud podrá apreciar el lector de esta fascinante biografía. Resultará definitorio, y aún más, tras el estallido de la guerra civil, heroica agonía en el exilio que nos cuenta Sody de Rivas tras recuperar la pista de su biografiada. A partir de ahí, surgirán nuevos interrogantes no exentos de misterio, que harán de María Antonia un personaje, si cabe, aún más poliédrico, interesante y atractivo.
Como lirio en la sombra
, se sentirá la recitadora en empatía espiritual con Juan Ramón –eso le dirá– y en los principios en Francia, en Italia y posteriormente en la América Hispana (Perú, Chile, Uruguay, Argentina…) estará sostenida en los ecos de aquel trienio de éxito en España, con la aspiración persistente en su horizonte, de realizarse en Nueva York, como caudal y llama viva entre las palabras aladas
. Porque como dijo Valdelomar, el poeta visual que hizo tanto en las Misiones Pedagógicas: El que ama arde y el que arde, vuela a la velocidad de la luz
.
El exilio hizo aflorar en María Antonia su extraordinaria versatilidad, sin perder un ápice de fe en sí misma, sin desdibujar su objetivo último, sin contemplar el escenario del fracaso. El círculo de sus ámbitos rozó la elíptica y no hubo aspecto de su arte y potencial que no explorara o deseara explorar: cine, radio, teatro, recitales, conferencias… Y la poesía, su refugio inexpugnable
, se tornó terapéutica en su recomendación a los públicos porque no hay ácido que la ataque ni tenaza que la triture
, y aún en la escasez de actuaciones, su creatividad teatral gozó de efervescencias. ¿En qué punto y circunstancias se abrió la brecha de una realidad cruda en su conciencia; y en qué suma? ¿Acaso en sus dos regresos a España: reencuentro con un público ya en la geografía de los vencedores de la guerra, o con la familia?
Quizá ante sus ojos se eclipsaron los tres años de gloria, la fisonomía amistosa que la sostuvo en plena crestería creativa en España, aquellos vasos comunicantes, jóvenes de todas las tendencias ideológicas, estéticas y políticas (¡desde Lorca a José Antonio!) que fueron a resumirse en dos bandos enfrentados… Y en ese momento, en plena zozobra del exilio, ¿toma partido por los vencedores o sus actos vendrán marcados por una tentativa de supervivencia? Y con la madre…(que adivinamos de sombra alargada) ¿qué debió suceder en esos breves días de encuentro…o quizá, desencuentro?
¿En qué pozo de crepúsculo
se sumió a su regreso? Todo aboca a concluir que nada pudieron el consuelo de la poesía del espíritu, que ella prefería, y a la que se entregó, ni el amor de su presunto enamorado, Antonio Pérez-Valiente de Moctezuma, que la inmortalizó en sus versos, o la calidez de los amigos que la acogieron… Se dobló la garza
por una herida honda; se diluyó el espectáculo de ingravidez
que viera en ella único en su fuerza emocional y en sentido puro de la plástica
el empresario teatral ruso, Arnold Meckel, en París, la brillante rapsoda
, la estrofa viva
que glosó Elisabeth Mulder.
"Syhna la Blanca… vellón
