El heredero de Merlín
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Toni y Mariseth son dos adolescentes que viajan a una isla desconocida ubicada en el Triángulo de las Bermudas para descifrar una profecía. En la isla, gárgolas, hidras, cíclopes y vampiros habitan desafiando toda imaginación, y junto a ellos los muchachos se verán envueltos en peligrosas aventuras.
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El heredero de Merlín - Editorial Katharsis
Capítulo I
Rue de la Poissoneire, Salon, 1566.
Resultó difícil entrar por el tragaluz del pequeño ático. Demasiado fácil hallar el pergamino sobre la mesa. Se distrajo mirando la amalgama de objetos apiñados alrededor. Astrolabios, relojes, potes con hierbas maceradas, un banco derribado, el fuego, siempre el fuego y él… contempló el cuerpo inflamado por la hidropesía tendido a sus pies. Aferrado aún al cuenco maravilloso, enmudecido para siempre. Tomó el pergamino y atisbó por la ventana. No había curiosos cerca. Comprimió los hombros y de un salto trepó al tejado. Esta maldita capa
, pensó, y con un ágil ademán la arrojó lejos. Dos enormes alas ocultas hasta entonces emergieron de su espalda. Un instante después la gárgola era invisible en la oscuridad. Vibrante en el espacio, su voz que pronunció una corta frase: ¡Adiós Michel de Nostradamus!
Cienfuegos, Cuba, 7 de Julio del 2006.
¡Por fin el último día de clases! Tony se levantó enseguida, con la energía que no había brotado durante el período escolar. Hoy terminaba la secundaria básica y tendría como premio casi dos meses de vacaciones. Pero antes debía aprobar el examen de matemáticas, o sea, debía ocurrir un milagro. Si tan solo Mariseth cuando terminara su prueba quisiera ayudarlo. Bastaba omitir el nombre y cambiar las hojas. Tony desayunó como un bólido y llegó sin retraso a la escuela. Su desenvolvimiento académico era irregular. En las asignaturas de humanidades obtenía sobresaliente, en las ciencias el rendimiento era aceptable, pero en matemáticas, un verdadero desastre en los tres años de enseñanza secundaria. Como lo calificara cierta profesora era un antipitágoras
. Ese gracioso comentario le costó llevar el mote un buen tiempo.
El timbre para anunciar el comienzo de la prueba chirrió amenazante. Una hora más tarde, concluido el examen, todos los jóvenes se agruparon charlando. Se imponía el clima inminente de las vacaciones. Días atrás habían acordado ir de campismo para celebrar. Tony obtuvo permiso de sus padres y sobre ello interpeló a Mariseth:
—Dime China, ¿te dejan ir con nosotros al campismo?
Ella pareció ignorar la pregunta, por lo que Tony insistió:
—Respóndeme, no seas mala chini linda.
La joven se volvió furibunda, pero bajando la voz contestó:
—Escúchame bien, Antonio Ramírez, nunca pensé que fueras capaz de algo tan bochornoso, ¿cómo te atreviste a cambiar las pruebas borrando mi nombre para que hiciera la tuya? Y lo peor, casi en la cara de la profesora, creí morir de vergüenza.
Tony bajó la cabeza, parecía sinceramente apenado, mas al mirar nuevamente a la China, lanzó una carcajada. La explosión
tardó una décima de segundo:
—¡No permito que te rías de mí! Por suerte estaremos en escuelas distintas, así no tendré que soportarte.
Dicho esto se alejó rumbo a la salida del centro escolar, dejando atónitos a todos los estudiantes. Nunca vieron discutir a tan buenos amigos. Súbitamente Mariseth se volvió para decir: ¡El campismo es muy pequeño para los dos, no iré y será por tu culpa!
A los doce años Tony supo por boca de sus padres, que no eran sus progenitores biológicos. Por curiosidad, indagó sobre el destino de los verdaderos. En la institución estatal donde lo habían adoptado no pudieron darle noticias de ellos. Constaba en un acta el hecho nada común de que Tony había sido abandonado en la puerta del orfanato. Esto ocurrió el catorce de julio de 1991. Ninguna averiguación dio resultado. El trece de julio, presumible fecha de nacimiento —valorando el peso y tamaño del niño—, desde entonces fue conmemorado como el cumpleaños de Tony. Esta revelación no afectó mucho la personalidad del muchacho. Era bastante práctico para las situaciones tensas. No lloró, no valía la pena. El doctor Orlando Ramírez y su esposa Sonia Ferry, profesora de piano, eran más que dedicados y complacientes con él. Aunque no sufrió trauma alguno, sintió deseos de encontrar a los responsables del engendro y abandono. Quería escuchar la respuesta a su pregunta: ¿Por qué?
Pueblo Griffo Nuevo es un vistoso reparto alejado del centro urbano del municipio Cienfuegos. En el pasado había sido un pantanoso muladar; acondicionado el terreno, fue erigido allí un conglomerado de edificaciones multifamiliares. Presidía el entorno una sólida construcción de doce pisos de altura. Los otros edificios apiñados alrededor tienen cuatro o cinco pisos de elevación. Este era el paraíso habitacional de Mariseth y Tony, sus viviendas estaban separadas a lo sumo unos 150 metros.
Bueno, ella se lo pierde
, pensaba Tony. Poco después resolvía lo contrario: Tiene razón, debo pedirle disculpas. ¿Por qué todo es tan complicado con las mujeres?
Recordaba perfectamente el primer día de clases en la secundaria. Le tocó sentarse al lado de Mariseth. Era una muchacha bien delgada, de facciones achinadas y pelo muy negro que bajaba hasta su estrecha cintura. Así transcurrió el séptimo grado. Al comienzo del octavo curso, luego de un tiempo sin verse, Tony aprendió de golpe el concepto de metamorfosis. La China, que había pasado las vacaciones practicando espeleología, con sus padres en la Sierra del Escambray, era otra. El rudo ejercicio, las caminatas al aire libre, dormir al raso, habían transformado a su compañerita en un verdadero hembrón
. Los tallitos que sostenían su cuerpo se habían moldeado, eso sí eran unas piernas bonitas. El busto, sobresaliente apenas, ahora se definía pujante y admirable. Para rematar, su tez morenirosada, la convertía en la adolescente más deseada por los estudiantes masculinos de la secundaria Nguyen Van Troi
. Por si esto fuera poco, unido a su atrayente físico, Mariseth sobresalía por los amplios conocimientos y buenos resultados en todas las asignaturas. Mariseth y Tony se hicieron buenos amigos. No sólo por compartir el vecindario y la mesa de estudios, una vez Tony sorprendió Boris, el gordo, buscando enganchar un papel plegado como cola de asno al uniforme escolar de Mariseth. La fuerza con que Tony apretó la mano del travieso chico fue asombrosa. Boris tragaba en seco por el dolor, evitando gritar, mientras las lágrimas mojaban su rostro contraído. La profesora, de espaldas a los alumnos, copiaba en la pizarra ajena al incidente.
Durante el receso Boris, acompañado por Raúl y Amaury, tan detestables como él, quisieron intimidar a Tony. Bastó que el chico hiciera una finta de distracción y ya sostenía en lo alto las casi ciento setenta libras de su principal contrincante. Aquella prueba inaudita de fuerza dejó perplejos a todos. Boris, en lo alto, suplicaba clemencia. Nunca más Tony fue provocado.
Volviendo al presente, Tony decidió pedirle disculpas a la China y convencerla de que lo acompañara al campismo. Aunque…mejor hablar con ella mañana, y así se le pasaba la perreta
.
Al llegar a casa, Tony informó a sus padres del pase de grado. Sin dar detalles del método empleado, recibió la felicitación. Luego del baño y la cena en familia, fue a su habitación, donde convivía con un librero enorme, un espejo frente a la ventana y su radiograbadora portátil. Sobre el closet descansaban los chakos. Tony, practicante de kárate-do desde los siete años, manejaba dicha arma con total precisión. Por su rendimiento deportivo había alcanzado la cinta marrón y empezaría los estudios preuniversitarios en la escuela superior de perfeccionamiento atlético en la provincia. Tony estaba cansado por el ajetreo del día. Antes de acostarse, examinó su cuerpo frente al espejo: estatura media, delgado pero fibroso, tenía la frente semioculta por el pelo ensortijado, la piel tostada por el sol y los ojos color ámbar. Un chico común. De repente, le pareció ver una figura asomada al balcón del cuarto. Se volvió en milésimas de segundo, salió al balcón pero no vio nada. Pensó cerrar la puerta pero… ¿quién subiría a un cuarto piso a espiarlo? Dispuesto a dormir se acostó en la cama, apagó la luz y el sueño lo venció.
Capítulo II
4:30 a.m., 8 de julio.
El digital de pulsera, con su pantalla fosforescente, aclaró la duda horaria. Tony, desvelado e inquieto, se atrevería a jurar que no estaba solo en el cuarto. Incorporándose, tomó la almohada en la mano izquierda, lista para ser usada como arma y defensa. Tanteando, activó el interruptor con la mano derecha. La luz producida por el tubo fluorescente inundó la habitación. Apoyado en el marco de la ventana, mirándolo fijamente, estaba un desconocido. Una figura enorme, debía tener unos tres metros de estatura, rostro inexpresivo, la cabeza pequeña con dos… ¿pequeños cuernos? Y envuelto en una capa negra. Tony contuvo el grito de sorpresa y, rara cosa, no sintió miedo. Tragó saliva y dispuesto abrió la boca para preguntar:
—Buenas, Tony —se adelantó el extraño.
Al menos habla
, pensó Tony.
—¿Quién…?
—Soy un amigo y vengo a pedirte ayuda.
Vaya, esa era buena
. El gigante pedía la ayuda de un niño. Tony pensó que podía ser un ladrón. Tal vez un asesino pero…un malhechor habría huido o atacado viéndose descubierto. Por el contrario, fuera quien fuese, permanecía de lo más campante. Intrigado, Tony averiguó:
—Sin ofender. ¿Quién o qué es usted?
—Puedes tutearme Tony, no vengo a hacerte daño. Por favor, apaga la luz y conversemos en voz baja.
Tony se relajó un poco por el tono afable del interlocutor. Apenas apagó la luz, notó era fácil de identificar la ubicación del otro. Lo delataban sus ojos color rojo fuego. Atravesaban la oscuridad en dirección a él.
—¿Cómo sabes mi nombre? ¿Qué desea de mí? ¿Por qué invade mi cuarto?
Desde la penumbra llegó la respuesta:
—Bonita ráfaga, pero contestaré a tus preguntas. Soy una gárgola ¿Te suena eso?
Tony sopesó las palabras. A ver a ver…
Recordó una serie de animados vista en su infancia. Era un personaje semihumano, de fuerza brutal y con alas. Pura fantasía y esto…era distinto. Decidió seguir la conversación. Era posible que fuera un paciente de su padre enfermo de los nervios, y todo esto era una pesada broma.
—No, Tony, no estoy loco ni esto es una broma.
La muestra de asombro invadió el rostro del muchacho ¿Cómo pudo él leer su mente? ¿Estaría en peligro?
—Tranquilízate Tony, puedo adivinar qué piensas. Te repito: soy un amigo.
—Entonces sabes que tengo una vaga idea del significado de gárgola —dijo Tony, recuperado del susto.
—Es lógico. Dos mil quinientos años atrás sería anormal que desconocieras nuestra existencia. Hoy somos una pesadilla para la comprensión humana. Permíteme presentarme. Mi nombre es Waldur.
—Eh…mucho gusto Waldur.
—Así no, Tony. Ven, estrecha mi mano.
Tony no lo pensó dos veces. De todos modos el tal Waldur podía leer la mente. Dio unos pasos y alargó su mano. Waldur la estrechó vigorosamente. El breve contacto animó al joven. Sintió que su mano cabía varias veces en la del otro, pero como no intentó acción alguna contra él, respiró aliviado.
—Cuando hablaste de nuestra existencia
¿Significa que hay más seres como tú?
—Eres muy curioso —rió Waldur. La risa provocó una fuerte vibración.
Tony pensó en sus padres despertando asustados por un terremoto.
—Disculpa. Hace mucho que nada me causaba gracia. No somos seres, aunque sí, quedamos pocos. Y sin tu ayuda puede ser que nuestro fin esté cercano.
—¿De qué estás hablando?
—Tony, escúchame sin interrumpir. Pronto amanecerá y no es conveniente que me vean aquí. Además debes descansar. Hoy no vas de campismo, vas a acompañarme. Hay una antigua profecía de la que formas parte. Estamos en peligro y necesitamos de ti. Debemos enfrentar a un vampiro y sus secuaces.
—Espera ¿Cómo voy a explicar a mis padres ese cuento de hadas? ¿Qué tengo yo
