Multipolaridad y descolonización de las Naciones Unidas
Por Augusto Zamora
()
Información de este libro electrónico
Y en este proceso plantea una necesidad obvia: la ONU sólo tendrá sentido si se «descolonializa», esto es, si deja de estar al servicio de los intereses de unos pocos (siempre articulados en torno al «amigo americano») para convertirse en lo que siempre debería haber sido: un foro en el que se escuche a todos los países en posición de igualdad. Y esto requiere un replanteamiento radical de sus funciones e incluso de la propia ubicación de sus sedes. Porque, como afirma Augusto Zamora, «un nuevo concierto mundial para reformular la sociedad internacional sería malo, muy malo, para las prácticas coloniales e imperiales, pero sería bueno –y hasta muy bueno–, para resolver los más graves problemas de la humanidad, como el hambre, el desempleo y el atraso (que son la causa de la emigración), así como enfrentar con mayores recursos problemas mundiales como el cambio climático, la desertización o el creciente problema de la reducción de las reservas de agua»."
Otros títulos de la serie Multipolaridad y descolonización de las Naciones Unidas ( 30 )
Facultad de Ciencias de la Educación de la UPTC entre políticas, reformas curriculares, investigación y prácticas pedagógicas (1999 - 2019) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLas Ciencias Sociales y Humanas en la Universidad de Antioquia: Avatares históricos y epistemológicos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAdolescencias, recorridos y contextos: Una historia de sus concepciones psicoanalíticas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesInvestigaciones en neuropsicología y psicología educativa Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La conexión gallega: Del tabaco a la cocaína Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La Innovación Territorial como perspectiva dinámica de la Vida Territorial Sostenible Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCrónicas eléctricas: Breve y trágica historia del sector eléctrico español Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesVoces de la enseñanza de la historia: Miradas cruzadas en torno a la didáctica de la historia Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTrata de personas y empresas: Estándares y recomendaciones para su prevención en Colombia Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTTIP: La gran amenaza del capital Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCorrupción estructural: La teoría del doble fraude y las raíces de la impunidad en México Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones1937: el crimen fue en Guernica: Análisis de una mentira Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesSistema Territorial en la Materialidad de la Desaparición Forzada. Departamento de Antioquia-Colombia, 1993-2016 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEducación en Ciencias Naturales: orientaciones para contextualizar su enseñanza Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesInsolvencia, corrupción, criminalidad y crisis de los bancos y de los mercados: El fraude de las preferentes y los poderes públicos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesValoración Patrimonial del Parque-Monumento, Trujillo, Colombia:: Memorial Democrático al Servicio de una Comunidad Político-Afectiva Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesBikinis, Fútbol y Rock & Roll: Crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesGuía para ser un ceo exitoso: De la mano de los clásicos del management Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEducación ambiental en la primera infancia: Una mirada en Latinoamerica Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLo humano como ideal regulativo: Imaginación antropológica: cultura, formación y antropología negativa Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesGeografía ambiental en Boyacá: bosques, áreas protegidas y glaciares Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa conmemoración del Centenario de la Independencia en Colombia y América Latina Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTunja prehispánica.: Estudio de los patrones de asentamiento Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTeoría Habermasiana y Educación Rural Emancipadora:: estudio de caso en Boyacá Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa Sanidad no se vende: Manual para la defensa de la Sanidad Pública Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesPalestina Existe Calificación: 2 de 5 estrellas2/5Enemigo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEncapsulación de probióticos: Alternativa tecnológica para mejorar el cultivo de tilapia Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAvaricia: Los documentos que revelan las fortunas, los escándalos y secretos del Vaticano de Francisco Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesUnderstanding the Complexities of Self-Image in an EFL Rural Setting Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Lee más de Augusto Zamora
Autores relacionados
Relacionado con Multipolaridad y descolonización de las Naciones Unidas
Títulos en esta serie (100)
Facultad de Ciencias de la Educación de la UPTC entre políticas, reformas curriculares, investigación y prácticas pedagógicas (1999 - 2019) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLas Ciencias Sociales y Humanas en la Universidad de Antioquia: Avatares históricos y epistemológicos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAdolescencias, recorridos y contextos: Una historia de sus concepciones psicoanalíticas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesInvestigaciones en neuropsicología y psicología educativa Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La conexión gallega: Del tabaco a la cocaína Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La Innovación Territorial como perspectiva dinámica de la Vida Territorial Sostenible Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCrónicas eléctricas: Breve y trágica historia del sector eléctrico español Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesVoces de la enseñanza de la historia: Miradas cruzadas en torno a la didáctica de la historia Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTrata de personas y empresas: Estándares y recomendaciones para su prevención en Colombia Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTTIP: La gran amenaza del capital Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCorrupción estructural: La teoría del doble fraude y las raíces de la impunidad en México Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones1937: el crimen fue en Guernica: Análisis de una mentira Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesSistema Territorial en la Materialidad de la Desaparición Forzada. Departamento de Antioquia-Colombia, 1993-2016 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEducación en Ciencias Naturales: orientaciones para contextualizar su enseñanza Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesInsolvencia, corrupción, criminalidad y crisis de los bancos y de los mercados: El fraude de las preferentes y los poderes públicos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesValoración Patrimonial del Parque-Monumento, Trujillo, Colombia:: Memorial Democrático al Servicio de una Comunidad Político-Afectiva Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesBikinis, Fútbol y Rock & Roll: Crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesGuía para ser un ceo exitoso: De la mano de los clásicos del management Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEducación ambiental en la primera infancia: Una mirada en Latinoamerica Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLo humano como ideal regulativo: Imaginación antropológica: cultura, formación y antropología negativa Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesGeografía ambiental en Boyacá: bosques, áreas protegidas y glaciares Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa conmemoración del Centenario de la Independencia en Colombia y América Latina Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTunja prehispánica.: Estudio de los patrones de asentamiento Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTeoría Habermasiana y Educación Rural Emancipadora:: estudio de caso en Boyacá Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa Sanidad no se vende: Manual para la defensa de la Sanidad Pública Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesPalestina Existe Calificación: 2 de 5 estrellas2/5Enemigo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEncapsulación de probióticos: Alternativa tecnológica para mejorar el cultivo de tilapia Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesAvaricia: Los documentos que revelan las fortunas, los escándalos y secretos del Vaticano de Francisco Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesUnderstanding the Complexities of Self-Image in an EFL Rural Setting Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Libros electrónicos relacionados
La idea de comunismo: The Seoul Conference (2013) Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa guerra de Ucrania y el orden mundial euroasiático Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa secesión de los ricos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEn defensa del estado de derecho: Estudios sobre las tensiones entre la seguridad y la libertad en el mundo de hoy Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLas raíces anarquistas de la geografía. Hacia la emancipación espacial Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesPolítica y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos: Tercera Edición ampliada Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesGlobalistas: El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHistoria y Futuro de Dos Partidos Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Sobre los héroes: El culto al héroe y lo heroico en la historia Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNada más que mercados y leyes: La pobreza de un liberalismo extremo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa tierra desencantada: Reflexiones sobre ecosocialismo y barbarie Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCómo funciona la industria de la ayuda: Política y práctica del desarrollo internacional Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa democracia en Europa Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCómo llegamos a esto. Breve historia del mundo en el que vivimos Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Populismos de derecha. Reciclaje del discurso, nuevos actores políticos y apropiación de significados históricos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesBauman a debate Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesInmunidad común: Biopolítica en la época de la pandemia Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesBajo el yugo neoliberal: Crisis de la deuda y disidencias en las periferias europeas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesBRICS. La transición hacia un orden mundial alternativo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesDe las calles a las urnas: Nuevos partidos de izquierda en la Europa de la austeridad Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesNuestra Revolución: Un futuro en el que creer Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La Argentina después de la tormenta: Del ocaso perpetuo al desarrollo estratégico Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl crepúsculo de las máquinas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEn defensa del populismo Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Nostalgia del soberano Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLos días: Éxtasis, poesía y libertad Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMetamorfosis del monstruo político: Y otros ensayos sobre la democracia Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesPanfletos liberales III: Carlos Rodríguez Braun rechaza el intervencionismo de todos los partidos y grupos de interés que simulan defender al ciudadano cuando en realidad le someten. Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones¿América para los americanos?: Integración regional, dependencia y militarización Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Geopolítica para usted
Los Profetas de la Agenda Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La derrota de Occidente Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Trump y el supremacismo blanco: palestinización de los mexicanos Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Venezuela: memorias de un futuro perdido Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Guerra multidimensional entre Estados Unidos y China Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El triángulo relacional Líbano-Siria-Israel en la geopolítica regional del Medo Oriente Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Desafíos para la seguridad y la defensa en el continente americano 2020-2030 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCómo entender la Rusia de Putin Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Desnudando al Populismo Calificación: 3 de 5 estrellas3/5BRICS. La transición hacia un orden mundial alternativo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesMuerte de Pemex y suicidio de México Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Malditos libertadores: Historia del subdesarrollo latinoamericano Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Entender la Rusia de Putin: De la humillación al restablecimiento Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El fin de una era. Turbulencias en la globalización Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHacia la desglobalización Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La nueva Guerra Fría: Rusia desafía a Occidente Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesGeopolítica del yihadismo global Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa revolución imaginaria: El obradorismo y el futuro de la izquierda en México Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLas guerras de Israel con Hezballah y Hamas: Retos asimétricos y déficit disuasivo Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Después del imperio: Ensayo sobre la descomposición del sistema norteamericano Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl lawfare: Golpes de Estado en nombre de la ley Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Imperios digitales: La batalla global por la tecnología que marcará la geopolítica del futuro Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesGeopolítica latinoamericana: Mirando al mundo desde el Sur Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl delirio de Israel Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesReconociendo el Tiempo del Fin Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesPalestina Existe Calificación: 2 de 5 estrellas2/5Claves de política global Calificación: 5 de 5 estrellas5/5No es la religión, estúpido: Chiíes y suníes, la utilidad de un conflicto Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Retrato de un mundo roto Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesPerdidos entre ideologías: Cómo interpretar la vida política actual Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Comentarios para Multipolaridad y descolonización de las Naciones Unidas
0 clasificaciones0 comentarios
Vista previa del libro
Multipolaridad y descolonización de las Naciones Unidas - Augusto Zamora
CAPÍTULO I
La Conferencia de San Francisco: Guerra Fría, colonias y bombas atómicas
Aquellos inicios cancaneantes
En una época de quejas infinitas sobre la inoperancia de la Organización de Naciones Unidas, sobre todo viendo el genocidio sionista en Gaza, se hace necesario recordar sus orígenes, pues, sin conocerlos, resulta imposible entender las razones de su inoperancia, que ha sido histórica. Es decir, no es de ahora, sino de siempre en temas de rivalidades sistémicas, lo que no significa que, de general, la ONU no sirva para nada. Ha servido para muchísimas cosas, algunas revolucionarias como el proceso de descolonización –que puso fin a los imperios coloniales europeos y cambió para siempre y para bien la faz de la sociedad internacional– o la construcción de un orden jurídico mundial de primer orden; pero en las confrontaciones sistémicas no (y en otras tampoco), porque hay, como se dice en Derecho, un vicio de raíz, que explica el mal funcionamiento de las NNUU. Veamos.
Los orígenes de la ONU se encuentran en la Segunda Guerra Mundial, cuando las potencias aliadas –Unión Soviética, EEUU y Reino Unido– deciden crear una nueva organización mundial, que sustituya y corrija los errores de la fallida Sociedad de Naciones (SdN), creada después de la Primera Guerra Mundial. Como ven, ambas organizaciones nacen como consecuencia de las dos guerras mundiales, con el objetivo común y central de impedir otra guerra similar o peor. La SdN fracasa estrepitosamente, no tanto por estar mal concebida, sino porque, en un mundo dominado por imperios coloniales (británico, ruso, francés, estadounidense, portugués, holandés, belga) e imperios nacientes o renacientes (italiano, japonés, alemán), la pobre SdN poco podía hacer.
Y no hizo nada, salvo ser fundada y celebrar sesiones. Funcionó formalmente veinte años (1919-1939), sin poder impedir la invasión de China por Japón (1931), ni la de Etiopia por Italia (1934). La invasión de Polonia por Alemania (1939) inició la Segunda Guerra Mundial y determinó el fin de la SdN. Sirva el precedente de la SdN para entender que una organización mundial, enfrentada a la agresividad o las rivalidades de potencias dominantes, no puede hacer nada. Ni en 1931 ni en 2024. Este mundo funciona así y así seguirá funcionando hasta que no desaparezcan los imperios expansivos y agresivos, que buscan resolver conflictos y controversias con sanciones, bloqueos, amenazas y, por último, bombardeos y abiertas guerras de agresión contra países indefensos. Tampoco pueden hacer nada cuando el militarismo se impone sobre la política y la prepotencia sobre la siempre necesaria e insustituible diplomacia (si se quiere la paz).
Tal hemos vivido las pasadas décadas, cuando la OTAN o, como también se la conoce, la alianza atlantista –mejor dicho, EEUU y el gallinero europeo– entendió el suicidio de la Unión Soviética como un remedo de victoria militar, viendo en aquella coyuntura la ocasión de imponer una hegemonía mundial absoluta, en lo que llamaron mundo unipolar, es decir, un mundo con un único centro o polo de poder, con capital en Washington. Esta visión fue formulada en un documento que proponía que el siglo xxi debía ser «a new american century», un nuevo siglo estadounidense, tema ya tratado en Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos, de 2016, y que no vamos a repetir aquí, porque en esta investigación tratamos de la multipolaridad, de sus retos y sus consecuencias, que será un tema esencial en la política mundial en las próximas dos o tres décadas.
Fue el delirio de dominación mundial del que nació la idea de «acomodar» el mundo al sueño imperial de EEUU, que se tradujo en una cadena de guerras que han dejado el mundo que tenemos ahora: Yugoslavia (1999), Afganistán (2001-2021), Iraq (2003-2014), Libia (2014-), Siria (2012-2015) y, finalmente, Ucrania, desde 2014. Véanse las fechas. En el año 2014, la OTAN estaba involucrada, como promotora y principal actor, en cinco conflictos a la vez en tres continentes distintos. Todos los países víctimas de la borrachera bélica de la OTAN eran, o habían sido, aliados de la URSS y, luego, de Rusia. No eran guerras al azar. Eran guerras destinadas a poner bajo control de EEUU las regiones del mundo consideradas estratégicas por los cerebros de Washington, de forma que no hubiera región de valor en el planeta que pudiera escapar de su poder, ni siquiera países descomunales como Rusia y China, que eran los objetivos a batir. Las invocaciones a derechos humanos o democracia no eran más que cínicos disfraces para tapar las vergüenzas de los verdaderos destinatarios de esas invocaciones. El atlantismo jamás se ha ocupado o preocupado de conflictos brutales como los que han sacudido distintos países y zonas de África; tampoco de la suerte de pueblos, como los roginyas, o, como se ha visto desde octubre de 2023, del genocidio israelí contra los palestinos de Gaza. Derechos humanos y democracia son los pretextos que sustituyen «el deber de civilizar», en boga en el siglo xix, que sirvió para justificar la barbarie colonialista e imperialista europea en dicho siglo, posiblemente el más oscuro para el continente africano y Asia.
En Yugoslavia se trataba de eliminar al único aliado de Rusia que quedaba en Europa Central. Afganistán era clave para la proyección del poder estadounidense sobre Irán y los países exsoviéticos de Asia Central (el viejo y frustrado sueño del Imperio británico, en el siglo xix, de controlar Asia Central, sacándola de la influencia de Rusia), de forma que pudieran desestabilizar a los gobiernos de esa estratégica región para sustituirlos, cómo no, por gobiernos «amigos». En Libia era liquidar al único régimen que impedía hacer del Mediterráneo un mar atlantista, remedando el mare nostrum romano. Siria tenía objetivos múltiples: expulsar a Rusia del «mare estadounidense», cerrar la salida al Mediterráneo del proyecto chino de Nueva Ruta de la Seda y devolver a todo el Oriente Próximo al modelo neocolonial impuesto por británicos y franceses después de la Primera Guerra Mundial. Devuelta Siria a la «disciplina occidental», Irán se vería privado de su mayor aliado en la región, lo que dejaría a Israel sin enemigos y con las manos libres para destruir a Hezbolá, la organización chií aliada de Siria e Irán que, en 2006, había propinado una autentica lección de combate al ejército israelí.
Un plan estratégico perfecto que, de no haber fracasado estrepitosamente, habría permitido crear ese mundo unipolar que anhelaba EEUU. Pero en Washington entendieron tarde y mal –y siguen sin entenderlo– que este mundo del siglo xxi poco o nada tiene que ver con aquel que dominaron por siglos un puñado de potencias europeas. Es antigua regla de guerra conocer tanto al adversario como las limitaciones de las propias fuerzas, así como calcular cuánto en vidas y dinero estamos dispuestos a sacrificar para alcanzar un objetivo determinado. El Occidente colectivo, empezando por su Gran Cacique, EEUU, olvidó esas reglas básicas y se involucró en un conflicto tras otro, creyendo –desde su prepotencia– que la suma matemática de sus voluminosos PIB y de los arsenales de armas de que disponían, comparados con los números de sus víctimas, les daría la victoria sí o sí. Los cálculos abstractos llevaron a resultados dramáticamente concretos. En vez de una suma de gloriosas y refulgentes victorias, que permitieran hacer desfiles triunfantes por las calles de Nueva York, Londres o Berlín –y proclamar el nacimiento del new american century–, los invasores atlantistas sufrieron uno y otro y otro fracaso –representado en la salida vergonzante de EEUU de Afganistán–, debiendo replegar sus maltrechas garras para volver a casa apaleados y humillados. Humillados y apaleados, pero no vencidos, que esas son palabras mayores y obscenas.
Pues eso. Vencidos nunca, porque, ya saben, Supermán es invencible, de forma que al Occidente colectivo no se le ocurrió mejor idea que lanzar un desafío general a China –«rival sistémico» la llamaron desde la Unión Europea– y uno directo y total a Rusia, a la que definieron, despectivamente, como «una gasolinera con misiles». Desde esa visión, prepotente y soberbia, rechazaron las peticiones de Moscú de negociar un nuevo marco de seguridad europea, y armaron a Ucrania hasta los dientes –que al final resultaron de leche–, de forma que no dejaron más alternativa que la guerra (el tema está tratado en De Ucrania al mar de la China, de 2022, que tampoco repetiremos, de egoístas y perezosos que somos). De aquellos polvos estos lodos, adobados de pólvora y sangre, que fueron respondidos por Rusia y China forjando una alianza de hierro para afrontar los desafíos del llamado Occidente colectivo, que, por sus desaguisados múltiples, sería más propio llamarle el Accidente colectivo, pues así ha ido desde hace dos décadas, de accidente en accidente y cada vez más descalabrado, como remedo en desgracia de Mortadelo y Filemón, pues donde ponen la mano causan desastres (algunos totales, como en Libia). Una suma tal de desaguisados y dislates que este Accidente colectivo se ha convertido en la peor autoamenaza, pues, aunque en los países agredidos han causado estragos terribles, esos daños son reparables, pero el daño que el Accidente colectivo se está haciendo a sí mismo no encontrará taller que le repare los destrozos, siendo candidato firme a ser calificado de siniestro total. Sigamos.
La Sociedad de Naciones surgió como consecuencia de una atroz guerra mundial, pero las ideas románticas (y no tan románticas) sobre las que se había construido e iba a desarrollar sus actividades, chocaban frontalmente con las contradicciones y ambiciones imperialistas que la socavaron aun antes de nacer a la vida oficial. La ONU no tuvo unos orígenes muy diferentes. Las grandes potencias aliadas eran las únicas que tenían influencia y poder mundiales para proponer su creación, y fueron ellas las que decidieron que el mundo necesitaba de otra organización mundial. Una nueva organización en la que cinco magníficos –EEUU, la URSS, Reino Unido y los dos invitados, China y Francia– tendrían el control. No se trataba de crear una instancia internacional que funcionara democráticamente, sino una que, bajo ninguna circunstancia, pudiera actuar sin el acuerdo de los que serían llamados miembros permanentes del Consejo de Seguridad, órgano ejecutivo y único con poder legal para ordenar medidas coercitivas, incluido el uso de la fuerza. En suma, una organización mundial donde todos los países miembros serían iguales, pero unos más iguales que otros, que diría George Orwell. Así de simple, así de claro.
Al respecto debe tenerse en cuenta que es una ingenuidad creer que un grupo de grandes potencias victoriosas y sin rivales va a dejar en manos de enanos impotentes algún poder sobre ellas. Nunca ha sido así y nunca lo será, a menos que el poder se distribuya de tal manera que ninguna potencia pueda prevalecer sobre las demás, ni pueda imponerse sola sobre otros países. De eso, y de otras cosas, trata lo que se viene llamando «multipolaridad», en oposición a «unipolaridad». Una sociedad multipolar estaría conformada por varios polos de poder, vaciados del imperialismo decimonónico que caracteriza al Accidente colectivo y atlantista, y entendería que el mundo es hoy plural, diverso, complejo y que funciona sobre un enjambre de intereses multiformes. Que ese –este– mundo poco o nada tiene que ver con el surgido de la Segunda Guerra Mundial y que, por esa razón esencial, requiere –a gritos– ser reestructurado sobre nuevos pilares, para evitar una hecatombe y un eventual colapso de la especie humana en su conjunto, sea por una guerra nuclear, el cambio climático, la sobrepoblación o todo junto a la vez.
La bonita fachada que oculta el traspatio
Así pues, el fin de la Segunda Guerra Mundial dio origen a un nuevo orden mundial, que tuvo su expresión mayor en la creación de la Organización de las Naciones Unidas, que era heredera y sustituía a la fracasada Sociedad de Naciones. La nueva organización fue ideada entre 1941 y 1945, es decir, en plena guerra mundial, a lo largo de las distintas conferencias que sostuvieron las tres grandes potencias aliadas, EEUU, la URSS y el Reino Unido. Aquí corresponde recordar que Francia fue excluida de forma sistemática de todas y que China nunca fue invitada, en razón de no poseer, en esos años, un gobierno nacional unitario. El Kuomitang y el Partido Comunista combatían entre sí, y ambos, contra la ocupación japonesa, de forma que no era posible contar con ellos. En las conferencias (que hoy llamaríamos cumbres), se discutían, esencialmente, las cuestiones centrales de la guerra y, en los descansos, la necesidad de una organización mundial que fuera el pilar de la sociedad internacional que emergería después de concluido el conflicto. Debe entenderse que, en aquellos años, lo primordial era la victoria sobre las potencias del Eje –Alemania, Japón e Italia–, de forma que las referencias a una organización mundial eran colaterales.
La primera mención a la necesidad de una nueva organización internacional apareció en la Declaración de Moscú, de diciembre de 1941, suscrita por los gobiernos de la URSS y Polonia. El nombre –Naciones Unidas– fue idea del presidente de EEUU, Franklin D. Roosevelt, y su primera mención oficial y origen de la ONU lo encontramos en la Declaración de las Naciones Unidas, de enero de 1942, firmada por todos los países independientes de entonces, que eran, masivamente, europeos y americanos. Luego detallaremos. Esta declaración no hace referencia alguna a crear NNUU. Su relevancia histórica radica en que era el primer documento en el que los países aliados se llamaban a sí mismos «Naciones Unidas» –naciones unidas contra las potencias del Eje–. Por lo demás, era una declaración de alianza militar, en virtud de la cual los países firmantes
Declaran:
1. Que cada Gobierno se compromete a utilizar todos sus recursos, tanto militares como económicos, contra aquellos miembros del «Pacto Tripartito» y sus adherentes con quienes se halle en guerra.
2. Que cada Gobierno se compromete a prestar su colaboración a los demás signatarios de la presente y a no firmar por separado con el enemigo ni amnistía ni condiciones de paz; podrán adherirse a esta Declaración otras naciones que estén prestando o lleguen a prestar ayuda material y que contribuyan a la lucha por derrotar el hitlerismo.
Un hecho a destacar de esta Declaración son los firmantes. Fue suscrita por 26 países –que llevan y siguen llevando el titulo honorifico de «signatarios originarios»–, que es oportuno mencionar, por lo que significa a los efectos de esta investigación: EEUU, Reino Unido, Unión Soviética, China, Australia, Bélgica, Canadá, Costa Rica, Checoslovaquia, El Salvador, Grecia, Guatemala, Haití, Honduras, India, Luxemburgo, Nicaragua, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Panamá, Polonia, República Dominicana, Unión Sudafricana y Yugoeslavia. Como habrá notado el agudo lector, de los firmantes originarios solamente dos no son países de Europa y América. ¡Eh!, dirán algunos avezados observadores. También están Australia y Nueva Zelanda, que son Oceanía, y Sudáfrica, que quiere decir que el país está al sur de África. Geográficamente sí, políticamente no. Esos tres países eran dominios británicos, como Canadá, y todos estaban gobernados desde Londres, aunque con notables niveles de autonomía. Sudáfrica la gobernaban los blancos europeos y la mayoría negra era, únicamente, fuerza semiesclava. El sistema político sudafricano será conocido, pasando los años y aprobación de leyes mediante, como apartheid. Por tal razón, deben ser incluidos como parte de Occidente, como lo era –es– Latinoamérica.
Posteriormente, la Declaración de las Naciones Unidas será firmada por el resto de países independientes, que eran los siguientes: México, Colombia, Iraq, Irán, Liberia, Paraguay, Chile, Uruguay, Egipto, Siria, Francia, Filipinas, Brasil, Bolivia, Etiopía, Ecuador, Perú, Venezuela, Turquía, Arabia Saudí y Líbano. En este grupo hay diez países no occidentales, diez, y once latinoamericanos. El caso de Francia merece unas líneas extra. Francia no fue invitada a firmar la declaración a la par que las otras grandes potencias por un hecho tan humano como ser narizón o rechoncho: el secretario de Estado de EEUU, Corden Hull, sentía una profunda animadversión hacia el general Charles de Gaulle, de forma que no lo convidó a Nueva York, ciudad donde se firmó la declaración. De hecho, Francia fue excluida de las negociaciones y conferencias aliadas, no pudo firmar la Declaración hasta 1944, después de su liberación por los aliados; y esta exclusión no era por Cordell Hull, sino decisión del mismísimo presidente Roosevelt, que tenía a De Gaulle en muy baja estima y no lo quería en sus reuniones. Apunten el dato, pues es ejemplo de la influencia del factor humano en la política, en este caso, la política mundial, en una coyuntura histórica única como lo era aquel periodo. Anotemos, también, que, de los 47 países firmantes, 37 eran occidentales, 9 de Asia y 3 de África. Esa disimilitud se mantendrá dos décadas y tendrá consecuencias graves, en los años posteriores, en la conformación del sistema mundial de NNUU, que sigue hoy, 79 años después, subsistiendo a trancas y barrancas, aunque el mundo sea muy otro.
Vistos los antecedentes inmediatos, y como es de imaginar, la Conferencia de San Francisco –de la que nacerá la Organización de las Naciones Unidas– se desenvolvió en un marco peculiar, que poco se tiene en cuenta en estos tiempos de cambio y olvido. Advertimos, eso sí, que ESTO NO ES UNA HISTORIA DE NNUU –así, en grande, para evitar confusiones–, sino del marco político dentro del cual se desarrolló la Conferencia de San Francisco, celebrada entre abril y junio de 1945. También de las circunstancias políticas, económicas y militares internacionales que incidirán en el funcionamiento de la recién nacida organización mundial. El marco político establecerá las limitaciones de la futura ONU, algunas insalvables y sin remedio tanto en 1945 como en este 2024 de Nuestro Señor.
Las negociaciones para crear la nueva organización internacional se iniciaron en agosto de 1944, entre delegaciones de las tres grandes potencias, en un barrio de Washington que se haría celebre: Dumbarton Oaks. Terminaron a inicios de octubre, con un documento que serviría de base para redactar la convención definitiva, que sería elaborada en la Conferencia de San Francisco, iniciada el 25 de mayo y que concluirá con la firma de la Carta de las Naciones Unidas, el 26 de junio de 1945. Esta fecha será, de muchas formas, la fecha oficial del inicio del mundo de posguerra, aunque, en la realidad, ese mundo se venía configurando desde el año anterior. En EEUU negociaban, desde 1944, delegaciones de los aliados principales, secundarios y comparsas, mientras en Europa, África y Asia la alianza entre la URSS, Reino Unido y EEUU se fracturaba y las contradicciones entre anglosajones y soviéticos dejaban de ser fisuras para convertirse en grietas, algunas abisales. Estas contradicciones estallarían, con violencia insospechada, en las décadas posteriores. Hay que rememorar acontecimientos para entender aquellos polvos y estos lodos.
Las divergencias entre Churchill y Stalin empezaron a surgir en 1942, con la cuestión de la apertura de un segundo frente aliado en Francia –en realidad anglosajón–, cuestión urgente para Stalin y que Churchill retrasaba adrede, pues quería un frente en África y un desembarco en Italia. La oposición del primer ministro británico obedecía a dos razones. Por una parte, temía el creciente fortalecimiento del poder militar soviético, desde su profunda desconfianza y odio a todo lo que oliera a comunismo. Por otra, le angustiaba que un desembarco en Francia, en el que debían de participar decenas de miles de soldados británicos, pudiera terminar en otro Dunkerque y deviniera un nuevo desastre militar con miles de muertos, del que sería responsable (sobre este episodio, la película Dunkerque, de 2017, dirigida por Christopher Nolan).
En mayo de 1942, el ministro de Relaciones Exteriores soviético, Viacheslav Molotov, viajó a Washington para tratar el tema del segundo frente directamente con el presidente Roosevelt. Al final de la reunión, se emitió un comunicado dando cuenta de que se «había alcanzado un completo entendimiento con vistas a la urgente tarea de crear un segundo frente en Europa en 1942». En julio de ese año, el Gobierno británico vetó el acuerdo soviético-estadounidense, insistiendo en África e Italia. Roosevelt se hizo a un lado y dejó el tema en manos de Churchill, solicitándole que le comunicara a Stalin sus planes. Churchill lo hizo y transmitió a Stalin que se abriría un segundo frente en 1943, lo que Stalin consideró un engaño. Stalin le comentó a un ayudante: «Una campaña en África, en Italia… Quieren que nos desangremos a muerte para luego dictarnos sus términos». No erraba el dirigente soviético. Churchill compartía la visión del senador –y futuro presidente– Harry Truman, que comentaba: «Si vemos que Alemania está ganando, debemos ayudar a Rusia y, si Rusia está ganando, debemos ayudar a Alemania, de esa forma dejaremos que se maten la mayor cantidad posible…». Alianzas con guillotina que Stalin nunca terminó de creerse.
Por lo demás, no era capricho de Stalin la urgencia con que pedía la apertura de un segundo frente, menos aún era una pataleta. Los anglosajones combatían, en Europa Occidental, contra un máximo de 12 divisiones alemanas, formadas por soldados descartados del Frente Oriental, heridos o discapacitados, con escasa capacidad de combate. El Ejército Rojo, en cambio, se enfrentaba a 185 divisiones nazis, formadas por la flor y nata de la Wehrmacht. Por otra parte, las campañas en África e Italia tuvieron el efecto de reducir el envío de material bélico a la URSS, lo que hacía más cruenta la guerra para el pueblo soviético. El desembarco en Normandía se hará dos años después de lo acordado, en junio de 1944, cuando era claro que Alemania había sido vencida y que la guerra estaba en su recta final (concluiría en mayo de 1945). Para esa fecha, el esfuerzo descomunal del ejército soviético había aplastado a los nazis en Stalingrado, en febrero de 1943, y derrotado de manera irreversible al ejército alemán en la batalla de Kursk, entre julio y agosto de ese mismo año, una derrota de la que jamás se recuperarían los nazis. A fines de 1943, Stalin retira a sus embajadores de Washington y Londres para demostrar su profundo desacuerdo con las políticas anglosajonas. También era una forma de manifestar que, para entonces, dado el avance avasallador del Ejército Rojo hacia Alemania, la URSS necesitaba cada vez menos del apoyo aliado. En diciembre de 1943, los soviéticos derrotaban a los alemanes en la batalla del Dniéper, con lo cual el ejército alemán perdía la última línea de defensa natural en territorio soviético. El camino a Berlín quedaba abierto.
Célebre fotografía de Churchill, Roosevelt y Stalin en Yalta, Crimea, la más relevante de las tres conferencias sostenidas por los líderes aliados durante la Segunda Guerra Mundial.
La Conferencia de San Francisco estuvo precedida de tres celebres conferencias entre los dirigentes de la Unión Soviética, EEUU y Reino Unido: Teherán (noviembre de 1943); Yalta (Crimea, febrero de 1945) y Potsdam (Alemania, julio-agosto de 1945). En ellas se fue diseñando el nuevo orden mundial, así como la estructura y funcionamiento de la nueva organización internacional. En Teherán se tomaron decisiones trascendentales, como abrir un segundo frente
