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El Pantanal
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Libro electrónico138 páginas1 hora

El Pantanal

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El Pantanal
En esta novela el autor nos lleva por lugares llenos de encanto y peligro describiendo de una manera ágil y clara los eventos que suceden en una selva donde cada día significa un riesgo para la propia vida. Pero los ingredientes principales y más atractivos de la obra son los personajes que interactúan en ella.
Todo se desarrolla en una extraña secta donde un médico y una curandera tratan de salir con vida en un ambiente de opresión abuso y maldad.
La psicología de los personajes y los cambios que adoptan en su personalidad producto de la presión y la injusticia que se vive en ese lugar, donde están encerrados contra su voluntad, nos muestra una faceta más del ser humano.
IdiomaEspañol
EditorialPalibrio
Fecha de lanzamiento10 mar 2021
ISBN9781506536538
El Pantanal
Autor

Gonzalo Guillermo Rodríguez Balmori

Gonzalo Guillermo Rodríguez Balmori Originario del Estado de Veracruz México, desde muy joven escribía cuentos y relatos en el poco tiempo que tenía libre y no fue hasta que se jubiló que pudo retomar el gusto por esta actividad que le apasiona. Al llegar a vivir a Tequisquiapan Querétaro, donde actualmente reside, escribió y publicó sus novelas, primero La Directora, después La Hiena y ahora nos presenta El Pantanal, tres Novelas, todas y cada una de ellas desarrollada en diferentes ambientes. La primera dentro del típico entorno empresarial, la segunda en el África salvaje y esta última en la selva Sudamericana. Considera que en la Novela como género literario escrita en prosa, se deben narrar acciones fingidas que parten de una realidad y de la imaginación y cuyo fin es causar placer o distracción en los lectores con el manejo de sucesos interesantes que involucran lugares, costumbres, tradiciones y personajes. El autor es un entusiasta de la escritura, aparte de sus Novelas, cuenta con una colección de Relatos Cortos que tiene en planes publicar en un futuro no muy lejano. Correo electrónico: gonzalo.guillermo@gmail.com

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    El Pantanal - Gonzalo Guillermo Rodríguez Balmori

    EL PANTANAL

    GONZALO GUILLERMO

    RODRÍGUEZ BALMORI

    Copyright © 2021 por Gonzalo Guillermo Rodríguez Balmori .

    Portada: Lucero Torres

    Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida de cualquier forma o por cualquier medio, electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación, o por cualquier sistema de almacenamiento y recuperación, sin permiso escrito del propietario del copyright.

    Esta es una obra de ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Todos los personajes, nombres, hechos, organizaciones y diálogos en esta novela son o bien producto de la imaginación del autor o han sido utilizados en esta obra de manera ficticia.

    Fecha de revisión: 10/03/2021

    Palibrio

    1663 Liberty Drive, Suite 200

    Bloomington, IN 47403

    803168

    CONTENTS

    I El Funeral

    II El Secuestro

    III La Hermandad

    IV Yara

    V Identidad

    VI Juicio y Veredicto

    VII Oportunidad

    VIII Sin Libertad

    IX Rutina

    X El Laboratorio

    XI Noticias del Exterior

    XII Vida Nueva

    XIII Muerte oculta

    XIV Nuevo patriarca

    XV Plan de Vida

    XVI Confesión

    XVII Tributo

    XVIII Llegada de los Monzones

    XIX Luna Llena

    XX El Escape

    XXI Kawahivas

    XXII La Sorpresa

    XXIII Desaparecidos

    XXIV Último Esfuerzo

    Epílogo

    A Lucero la compañera de mi vida por su

    Incondicional apoyo, su paciencia y valiosas

    Sugerencias y porque sin ella esta novela

    No hubiera sido posible.

    A mis hijos Gonzo y Diani siempre

    Pendientes de mis escritos.

    A todos ellos por su enorme cariño.

    Al empezar a escribir esta historia desconozco si podré terminarla, no tengo idea si saldré con vida de este lugar, estoy en medio de un ambiente extraño, hostil y opresivo dónde me encuentro encerrado contra mi voluntad, el calor es insoportable, hay animales que me resultan desconocidos, para sobrevivir cada día debo emplear toda mi capacidad e inteligencia, hay ocasiones en que siento que toda mi energía me abandona.

    Trataré de relatar todo lo que me ha venido sucediendo de la mejor manera posible, para que si algún día éste escrito llega a sus manos sepan lo que es vivir en un infierno verde.

    Así fue como todo inició…

    I

    El Funeral

    A diferencia de otras ocasiones ese día en especial habíamos permanecido más de diez horas en el quirófano tratando de salvar la vida de un hombre que padecía una rara enfermedad. La reunión previa que sostuvimos y el esfuerzo que realizamos por mantenerlo con vida, había dado sus frutos. Varios especialistas nos apoyaron durante la difícil intervención, sin ellos no habríamos tenido éxito. Cuando se presentaban estos casos, teníamos el compromiso de redactar lo sucedido para su publicación en las revistas médicas de divulgación científica como apoyo a las clínicas quirúrgicas. Decidí presentar mis notas y observaciones esa misma tarde, así que permanecí en el hospital un par de horas más, era parte de mi responsabilidad por pertenecer al Instituto Médico de Investigadores.

    Al salir de la clínica me sentía muy cansado, vi la hora y recordé que tenía otro compromiso, el cielo estaba gris y una fina lluvia había empezado a caer. Al llegar al lugar una veintena de personas permanecía reunida guardando silencio en señal de respeto mientras el agua resbalaba lentamente por su ropa. Observé sus rostros serios llenos de pesar por el aprecio que sentían por el desaparecido, para mí significaba una pérdida irreparable, Daniel mi mejor amigo había sido sorprendido inesperadamente por la muerte.

    Un individuo que no se separaba de Olivia, la esposa del fallecido, parecía cuidarla. La lluvia arreció mientras la ceremonia llegaba a su fin y el féretro era depositado en lo que sería su última morada. Los presentes empezaron a retirarse lentamente a pesar de la intensidad del aguacero… aproveché ese momento para acercarme y ofrecer mis condolencias.

    — Sabes lo mucho que lo apreciaba, en verdad lamento tu perdida, — dije con sinceridad — cualquier cosa que necesites…, cuenta conmigo.

    Con lágrimas contenidas y casi sin poder hablar por la pena me contestó.

    — Te agradezco mucho, se que así es, siempre fuiste un buen amigo y colega.

    En ese momento el extraño sujeto dio un paso hacia nosotros.

    — ¡Hora de irnos!, —

    Olivia se puso tensa, yo sin saber qué hacer, me alejé lentamente, manteniendo la vista en el suelo lodoso para no resbalar.

    — ¿Que tendrá que ver con Olivia?, — pensé, — en eso para mi sorpresa escuché que me llamaba.

    — ¡Espera!, — gritó ella — dame un minuto.

    Me di la vuelta observando su rostro mientras se acercaba a mí.

    — Daniel dejó una carta para ti, — apartándose del enigmático individuo susurró, — quería que la leyeras, — recapacitó por un instante y sujetando mi mano continuó, — ¿recuerdas qué cuando se vieron hace tiempo, presentía que algo podría suceder?

    — Lo recuerdo bien, pensé que exageraba, o que se trataba de un juego, — contesté con gravedad.

    — Estoy segura que sabía algo que nunca dijo, — volteó hacia todos lados, — hay algo más, — comentó apresurada, — creo que Daniel aún vive y que este sujeto te ha estado buscando, debes tener cuidado.

    — ¡Qué!, — exclamé sorprendido.

    — No puedo hablar ahora, debo darte la carta, búscame mañana por la noche y te explicaré lo poco que se, — se despidió con un beso en la mejilla.

    — Me quedé parado sin comprender mientras la veía alejarse nerviosa seguida por el sujeto.

    La relación que tuve con Daniel fue de verdaderos amigos, pese a su espíritu aventurero y desordenado contrario a mi forma de ser. Fue un excelente médico e investigador y así era reconocido. Con Olivia siempre sentí rechazo, mi amistad nunca le interesó, nuestro trato fue frío y distante y me acusaba de ser yo quien lo incitaba a tener todo tipo de aventuras y de hacer a un lado su brillante carrera. Debido a eso decidí alejarme y los frecuentaba muy poco.

    Regresé al hospital para ver como seguía el paciente, afortunadamente evolucionaba bien, comenté con mis colegas el seguimiento que tendríamos que dar y finalmente pude retirarme a casa a descansar.

    Mientras manejaba me quedé pensando en la rutina que había tomado mi vida, desde antes de salir el sol hasta el anochecer cuando regresaba a casa, siempre era lo mismo sin distinción del día de la semana, la única diferencia eran los enfermos que debía atender, tal vez por esa razón Daniel siempre buscaba la aventura o la investigación.

    Al día siguiente, temprano como siempre fui al hospital, mi agenda estaba llena, así que me dediqué a atender a mis pacientes olvidándome de todo y no fue hasta el atardecer cuando recordé la carta y los extraños sucesos del día anterior, vi la hora y decidí ir por la misteriosa carta.

    Anochecía cuando llegué a casa de Olivia, me hizo pasar rápidamente y sin más me entregó la carta.

    — ¡Toma, escóndela y vete!, — con rostro de preocupación agregó, — que no te vean te están buscando, — me dio una carta extrañamente lacrada con los sellos estaban intactos… no había sido leída.

    La guardé y salí de su casa rumbo a mi auto, estaba a punto de abordarlo cuando sorpresivamente sentí el cañón de una pistola que se hundía en mis costillas y me hacía daño.

    — ¡Entréganos la carta!, — ordenaron, — ¡rápido!, — la saqué de mi bolsa pero al hacerlo me la arrebataron y la pasta del lacre se rompió, el papel se abrió y algo cayó sin que lo notaran.

    Los vi alejarse corriendo hasta que desaparecieron de mi vista, me agaché y recogí el papel que había caído, lo extendí rápidamente, era un mapa hecho a mano. No entendí su significado, decidí regresar a casa de Olivia para comentarle lo ocurrido y entregar este nuevo papel, también quería una explicación de lo que pasaba porque cada vez comprendía menos.

    — Dime que está ocurriendo, — dije irritado en cuanto la vi.

    — Puedes enojarte, — dijo al ver mi rostro, — estoy igual que tú, no entiendo muchas cosas, desde que llegaron para entregarme el ataúd con los restos de Daniel no han dejado de vigilarme, — hizo una pausa, — presiento que él está vivo, se fue a buscar algo que desconozco y nunca

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