La Directora
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Otro de los personajes importantes de la obra, es alguien que est cerca de ella; sin embargo no se describe su personalidad, simplemente el autor manejando su forma de actuar y de pensar nos deja ver las facetas y caractersticas de su temperamento. Con este estilo el escritor da un toque especial a la novela.
Gonzalo Guillermo Rodríguez Balmori
Gonzalo Guillermo Rodríguez Balmori Originario del Estado de Veracruz México, desde muy joven escribía cuentos y relatos en el poco tiempo que tenía libre y no fue hasta que se jubiló que pudo retomar el gusto por esta actividad que le apasiona. Al llegar a vivir a Tequisquiapan Querétaro, donde actualmente reside, escribió y publicó sus novelas, primero La Directora, después La Hiena y ahora nos presenta El Pantanal, tres Novelas, todas y cada una de ellas desarrollada en diferentes ambientes. La primera dentro del típico entorno empresarial, la segunda en el África salvaje y esta última en la selva Sudamericana. Considera que en la Novela como género literario escrita en prosa, se deben narrar acciones fingidas que parten de una realidad y de la imaginación y cuyo fin es causar placer o distracción en los lectores con el manejo de sucesos interesantes que involucran lugares, costumbres, tradiciones y personajes. El autor es un entusiasta de la escritura, aparte de sus Novelas, cuenta con una colección de Relatos Cortos que tiene en planes publicar en un futuro no muy lejano. Correo electrónico: gonzalo.guillermo@gmail.com
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La Directora - Gonzalo Guillermo Rodríguez Balmori
Copyright © 2013 por Gonzalo Guillermo Rodríguez Balmori.
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Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación del autor o son usados de manera ficticia, y cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, acontecimientos, o lugares es pura coincidencia.
Fecha de revisión: 21/10/2013
Portada: Lucero Torres
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Dedicatoria
A Lucero, la compañera de toda mi vida, porque gracias a su cariño, paciencia y apoyo total, este libro ha sido posible.
A Gonzo y Diani, mis maravillosos hijos, siempre interesados en mis actividades, alentándome mucho a pesar de las distancias.
A mi madre por sus cien años de vida.
A mis amigos, que se han convertido en parte de mi familia, por sus consejos y valiosas sugerencias.
Cuando vi por primera vez el lugar, me causó una sensación de desasosiego, observé que la casa de dos pisos era una fortaleza de mal gusto, fría e impersonal, pintada de color verde oscuro con una rara combinación de azul marino que había visto pasar sus mejores tiempos. La fachada deslavada y quemada por el sol le daba un aspecto desagradable, me di cuenta de la doble puerta de seguridad pintada de oscuro con grandes manchas de óxido que le imprimían un toque lamentable. La propiedad estaba flanqueada por un terreno baldío, lleno de maleza que ocultaba gran cantidad de basura que el viento y la nula atención se ocupaban de juntar; por el otro lado una casa habitación que contrastaba con el lugar por bien cuidada y por su hermosa arquitectura.
Me molestó que el inmueble no contara con estacionamiento propio que hacía incómoda la llegada de quienes tenían algún asunto que tratar. Busqué un lugar para dejar mi vehículo, dos cuadras adelante localicé un espacio, que aunque consideré poco seguro, utilicé para estacionarme.
Al descender vi con nerviosismo mi reloj, siendo enemigo de llegar tarde a cualquier cita apuré el paso para llegar a tiempo.
Caminé apresuradamente hasta llegar a la puerta que se encontraba entreabierta, toqué el timbre y esperé hasta que después de un par de minutos una joven delgada de larga cabellera y sonrisa tímida, que supuse era la recepcionista, se acercó a preguntar el motivo de mi visita. Expliqué que tenía cita con la Directora de la empresa, me franqueó el paso invitándome a entrar.
Atravesamos un patio pequeño, más adelante cruzamos otra puerta de seguridad, seguimos por un pasillo donde se veían oficinas a ambos lados, finalmente llegamos a un espacio abierto donde nos topamos con un reducido mostrador que hacía las veces de recepción. Recorrí con la mirada toda el área, vi una escalera que conducía al piso superior, al fondo, sin que se pudiera apreciar bien, salas de juntas, escritorios de trabajo, una pequeña bodega con copiadoras y materiales para el negocio.
La recepcionista me pidió tomar asiento mientras verificaba la agenda de la Directora.
– Su cita es a las ocho de la mañana, así está registrada, la Directora no debe tardar, salió un momento ¿Le puedo ofrecer un café? –
– No, muchas gracias señorita, es muy amable –
Tomé una revista para distraerme y tener las manos ocupadas mientras de soslayo observaba a la chica contestar el teléfono. Lo hacía con inseguridad, daba la impresión de sentirse intimidada ante cada llamada, la tez blanca de su agradable rostro delataba continuamente cambios de color por la ansiedad que experimentaba al hacer su trabajo.
– Qué curioso, da la impresión de sentir temor o estar bajo mucha presión – pensé.
Terminé de hojear la revista, la arrojé sobre la mesa de centro tomando otra mecánicamente sin prestar atención a su contenido, el tiempo pasaba, empezaba a desesperarme, no sucedía nada, ninguna llamada de disculpa o de cancelación. Pregunté si podría ser entrevistado ese día, me confirmaron que así sería y seguí esperando. Dos horas habían pasado cuando me levanté para volver a preguntar, la joven con evidente pena y hablando con voz muy baja volvió a asegurarme que sí sería recibido, que por favor esperara.
– Qué extraña actitud… está en entrenamiento o tiene miedo – medité mientras la seguía observando.
Finalmente, después de casi tres horas de espera apareció por la puerta la Directora
, que sin dirigir la palabra a nadie subió la escalera para llegar a su oficina.
La observé al pasar, pude apreciar que vestía ropa cara, pero para mi sorpresa, no la lucía por la cantidad de arrugas que acentuaban un innegable descuido. Calzaba zapatos de tacón alto que no controlaba con soltura por la forma como se sacudían sus pies en cada pisada. Cargaba un enorme bolso de piel con raspaduras visibles en la parte inferior
– ¡Me recordó a la fachada del edificio! – pensé riendo para mis adentros
Pasaron varios largos minutos cuando sonó el teléfono, contestó inmediatamente la recepcionista, escuchó moviendo la cabeza afirmativamente cortando después la comunicación y sintiéndose verdaderamente abochornada se dirigió a mí.
– Pronto lo recibirán – aseguró la joven en un susurro
Al escuchar esto sentí que mi rostro se ensombrecía, consulté mi reloj, mentalmente saqué cuentas del tiempo de espera, casi cuatro horas – pensé resignado – es una falta de consideración y de respeto muy grande, pero se tiene uno que aguantar cuando hay necesidad, estaba ahí por el apoyo que me daba Ernesto uno de sus mejores amigos al recomendarme para conseguir un trabajo que me urgía por estar lleno de deudas, además me había comprometido con él, si conseguía el empleo, llevaría a cabo una investigación muy delicada dentro de la empresa.
Durante todo ese tiempo, me había dedicado a observar a los empleados del lugar en sus actividades, noté que la mayoría hablaba en voz baja, ninguno sonreía, el ambiente se sentía tenso, con frecuencia volteaban nerviosamente hacia la escalera.
Finalmente volvió a sonar el teléfono, la joven nerviosamente contestó… después de un instante me pidió que hiciera favor de pasar.
– La Directora lo espera – Habló sin levantar la cabeza.
Instintivamente vi mi reloj, cuatro horas veinte minutos,
– ¡Vaya, esto sí que es un record! –
Subí las escaleras con calma, tratando de tranquilizarme y prepararme para la entrevista. Al llegar al piso superior busqué la puerta de la oficina, la identificación fue sencilla porque gracias a su apariencia ostentosa la ubiqué inmediatamente, lo que fortaleció la idea que me estaba formando de ella.
Toqué la puerta suavemente con los nudillos y esperé, pasaron varios segundo sin que nada ocurriera, volví a tocar y escuché una voz áspera pidiéndome que pasara. La vi de frente sin que ella levantara la vista, permanecí de pie a varios pasos de su escritorio observándola con detenimiento; rostro redondo, poco atractivo, mentón pequeño, cabello pintado y corto, sin caída, con mucho fijador que no le favorecía, la cara maquillada con exageración como queriendo ocultar el paso de los años; destacaban sobre sus ojos fríos y de mirada dura, una línea de tatuaje grueso y oscuro que reemplazaba a las cejas depiladas. Con una mano sujetaba el auricular mientras con la otra tamborileaba sobre el escritorio mostrando unas uñas postizas muy largas que se verían mejor en una persona joven.
– No es atractiva y no sabe arreglarse, si abusara menos de los cosméticos se vería mejor. Debería estarme preparando para la entrevista en vez de perder el tiempo analizándola. Quise reaccionar, pero no me concentraba, continué observándola. Al hablar levantaba la voz y exigía, – ¡Eso no lo voy a tolerar! – repitió en varias ocasiones mostrando irritación. Con la mano libre golpeaba sobre el escritorio, y en ningún momento dirigía la mirada hacia donde me encontraba; su conversación se extendió por más de quince minutos hasta que finalmente y con una expresión poco femenina colgó la bocina de golpe, al mismo tiempo que giraba su silla me veía por primera vez y con cara de sorpresa preguntó.
– ¿Quién es usted, qué desea? – Fueron las primeras y poco cordiales palabras que me dirigió.
– Teníamos una cita a las ocho de la mañana – contesté con sarcasmo.
Sin darme tiempo a responder la Directora vio el reloj,
