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Dejando huella
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Libro electrónico541 páginas8 horas

Dejando huella

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Todos los mundos se interrelacionan, nada gravita con independencia de lo demás.

En esta novela, un México campesino, se une sin voluntad a una familia aria que llega al país huyendo del desastre que ha dejado tras de sí la Segunda Guerra Mundial, y la división entre la mentalidad judaica y la occidental germánica, que fundamenta un aspect

IdiomaEspañol
Editorialibukku, LLC
Fecha de lanzamiento18 abr 2021
ISBN9781640868458
Dejando huella

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    Dejando huella - Jesús Manuel Godina Sánchez

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    DEJANDO HUELLA

    Jesús Manuel Godina Sánchez

    Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

    El contenido de esta obra es responsabilidad del autor y no refleja necesariamente las opiniones de la casa editora. Todos los textos fueron proporcionados por el autor, quien es el único responsable sobre los derechos de los mismos.

    Publicado por Ibukku

    www.ibukku.com

    Diseño y maquetación: Índigo Estudio Gráfico

    Copyright © 2021 Jesús Manuel Godina Sánchez

    godinajm@hotmail.com

    Corrección de estilo: Lic. en Letras Gloria Patricia Aceves

    ISBN Paperback: 978-1-64086-844-1

    ISBN eBook: 978-1-64086-845-8

    ÍNDICE

    Acerca del Autor

    RECONOCIMIENTO

    Homenaje

    Prólogo

    Europa

    Alemania

    Familia de Guillermo por el lado paterno (antecedentes)

    México

    Familia por el lado materno

    México

    Antecedentes históricos

    Ciudad de México

    Alemania

    Solomón y Wolf

    México

    México

    México

    Primer viaje de Guillermo

    España

    México

    Mayolo y Remedios

    México

    Mayolo

    México

    Segundo viaje de Guillermo

    México

    Tercer Viaje de Guillermo

    México

    México

    El Junior

    Israel

    México

    Historia del dinero y de la moneda mexicana

    Alemania

    Una reunión extraña en un lugar extraño

    Israel

    El diario de Esther

    México

    El sillón de los sueños

    Epílogo

    "Leer tal vez no te haga más inteligente,

    pero si te hará menos ignorante."

    Daniel Gangi

    "Me encanta leerte, de pies a cabeza,

    desde tu alma hasta lo más profundo de tus pensamientos,

    sin puntos, ni comas, así, cerrando los ojos."

    Danns Vega

    Un niño que lee. Será un adulto que piensa

    Visto en Libros y café

    Acerca del Autor

    Jesús Manuel Godina Sánchez nació por la mitad del siglo XX en un pueblo rural de México. Desde muy chico descubrió el gusto por la lectura, leía con avidez todo lo que caía en sus manos, normalmente libros de la escuela. A los 17 años emigró a la ciudad de Guadalajara en busca de una vida mejor, ahí descubrió todo un mundo de libros que estaban a su disposición, leyó todos los géneros literarios, en promedio un libro por semana, ese hábito con el tiempo lo llevó a escribir, publicó su primera novela Nostalgia por mi Tierra en 2010, Camila en el laberinto de las complicidades en el 2017, Dejando huella es su tercera novela.

    RECONOCIMIENTO

    A Dios, por permitirme seguir escribiendo y enseñarme el valor de la vida en estos momentos difíciles, sé que es una prueba, estoy seguro que la voy a superar y que todos mis proyectos los voy a cumplir

    A mis hijos, Alejandro, Blanca, Liliana y Fernando, por estar ahí, al pie del cañón, en estos momentos difíciles en mi vida. La adversidad nos ha hecho más fuertes y unidos, y los obstáculos no han sido motivo para cancelar sus proyectos personales, por el contrario, todo lo que les ha tocado vivir es como un acicate que los impulsa a superarse y a ser cada día mejores, el que me incluyan en sus planes futuros me hace respetarlos más, ellos son la fuerza que me impulsa a seguir adelante, los amo por eso.

    A mi nieto Iván por su disponibilidad para tomar las fotos que después de una consulta con la familia fueron seleccionadas para en su momento aparecer en la contraportada del libro.

    A mi nieta Lía que a sus escasos tres años me sirvió de inspiración para uno de los personajes de la historia, por su vitalidad para ir de un lado a otro, subir, bajar, brincar, echar maromas durante todo el día sin dar nunca signos de cansancio, su imagen también es posible que aparezca en la contraportada.

    A mi hermana Consuelo, mi fan número uno, siempre dispuesta a leer todo lo que va saliendo de mi cabeza y darme su punto de vista, sea este negativo a positivo

    A mis amigos lectores, Donde quiera que se encuentren, por tomarse la molestia de comprar el libro y de leerlo, espero se diviertan, pero lo que más me llenaría de satisfacción, sería saber que algunos de los datos, fechas o personas, que aquí se mencionan, enriquezcan el área de su conocimiento, es mi deseo.

    Homenaje

    A mis padres, Piedad y Alejandro, por darme la dicha de la vida y enseñarme los valores que han regido mi existencia como son la honestidad, el respeto, el honor, la puntualidad, y el amor por el trabajo diario y honesto, sin su guía, estoy seguro, no sería la persona que soy, con muchos defectos, claro, pero también con principios. Donde quiera que estén, sé que siempre están pendientes de mis actos y que los aprueban o reprueban si estos son buenos o malos, eso me hace tratar de ser cada día mejor para no defraudar el tiempo que dedicaron en mi formación.

    Prólogo

    La idea de escribir este libro es con el afán de divertir, que el amigo lector pase momentos de solaz y esparcimiento en la comodidad de su hogar, en compañía de los personajes de ficción que mezclados con personajes reales, dan vida a esta historia, pero también de contar los sucesos de los últimos cincuenta años del México de la segunda mitad del siglo veinte y desde el punto de vista político económico, tal y como me tocó vivirlo. Desde el punto de vista social, se lo dejo a los expertos. Sucesos como los del sesenta y ocho, aunque los recuerdo, no tengo ni los medios ni los conocimientos para emitir un juicio en un sentido u otro, además sobre el tema ya se ha escrito mucho, por personajes tan reconocidos como Elena Poniatowska, matizado además con retazos de los sucesos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

    A los puritanos de los números, les pido que su juicio para con este servidor no sea tan severo, tengo la certeza de que muchas de las cifras que aquí se manejan no concuerdan con las suyas, en este sentido hay tantas fuentes de información y todas manejan números diferentes que al final nos perdemos sin saber quién verdaderamente tiene la razón, para mí lo más importante es que tengamos una idea más o menos clara de cómo se desarrollaron los hechos que nos llevaron al momento actual, y que no olvidemos, un pueblo que no tiene memoria está condenada a repetir los errores del pasado.

    Como dije al principio, muchos de los sucesos que se narran los recuerdo con claridad, otros, los más, sacados de diferentes fuentes de información. Cuando yo nací, el presidente de México era Miguel Alemán Valdez, recuerdo muy poco al presidente Adolfo López Mateos, y ya más claro en mi memoria el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz. En esos ayeres la economía era muy estable, la debacle llegó con Luis Echeverría Álvarez, pero todavía lo peor estaba por venir, cuando terminó el sexenio de José López Portillo, yo quería creer que no se podía morir hasta que pagara por todo el saqueo que había hecho de las finanzas públicas, sumiendo al país en una verdadera crisis financiera a la que tuvo que hacer frente Miguel de Lamadrid Hurtado, en su solo sexenio el peso pasó de una paridad de aproximadamente ochenta pesos por dólar, a dos mil ochocientos.

    Pero la historia continuaba, todavía me faltaba ver el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el encantador de serpientes, nunca me he explicado cómo es que nos dejamos engañar por un pillo como él, sobre todo los expertos en finanzas públicas y en política internacional. Los neófitos tenemos una excusa, aunque no estemos exentos de culpa, nuevamente fue a Ernesto Zedillo Ponce de León al que le tocó enderezar el barco. Aún con el error de Diciembre de mil novecientos noventa y cuatro, los sexenios de Vicente Fox Quezada y de Felipe Calderón Hinojosa, gozamos de una estabilidad económica como no la habíamos tenido en los últimos cincuenta años, la inflación promedio en esos dos sexenios fue de aproximadamente el tres punto cinco promedio anual, y repito, no nos fue mal en lo económico, lo otro lo dejo para los analistas. El que luego, los dos se hayan vuelto locos, eso ya es otra historia. Pero si creíamos que ya lo habíamos visto todo, qué equivocados estábamos, faltaba lo peor, el sexenio de telenovela barata de televisión, nunca he entendido como un tipo como Enrique Peña, me niego a escribir su nombre, haya podido llegar a ser presidente de todos nosotros, pero no evado mi responsabilidad, soy consciente de que eso fue posible gracias a la apatía, la indolencia y la ignorancia, de un pueblo sometido y manipulado, quizá en mi caso, ésta sea una forma de disminuir la parte de culpa que me corresponde de todo este desmadre.

    Pero no se me desanime, amigo lector, arriba ese ánimo, iniciemos una nueva etapa con bríos renovados. Si hemos sobrevivido a todas estas catástrofes quiere decir que no todo está perdido, mantengámonos alertas, estemos pendientes y no dejemos el futuro de nuestros hijos en las manos de los pillos que tenemos por políticos. Exijamos cuentas, hagamos presión, levantemos la voz, hagámonos sentir como sociedad. Mientras tanto, le voy a proponer una cosa, prepare su bebida favorita y cómodamente instalado en el lugar más confortable de su hogar, o Donde quiera que se le antoje, dispóngase a iniciar esta aventura que lo llevara por lugares insospechados con personajes increíbles, como Solomón Stein, Wolf Lenz, Friederick Kurtz (Federico Curts) Ekaterina Dimitryevna Romanova, Isabel, Manuel (Manolo), o Guillermo Federico Adolfo Curts y Mijangos, como cada quien a su manera enfrentaron los horrores de la Segunda Guerra Mundial o la dictadura de Franco en España, y salieron ilesos. O como en el caso de Guillermo, el haber nacido en el seno de una de las familias que detentaban el poder en México, pero también conozca la campiña mexicana con las aventuras de Guillermo, o por medio de los ojos de personajes como Cupertino, Mayolo, Remedios, Concha, adéntrese en las costumbres de su época, la forma de vivir y de ver la vida, de la gente del campo, su cosmovisión, conozca también la historia de los niños Lebensborn, le prometo que se va a divertir, y hasta es posible que algunos datos de la historia universal que aquí se narran, le ayuden a ampliar el horizontes de sus conocimientos, ése es mi deseo.

    Europa

    Cuando Guillermo Federico Adolfo Curts y Mijangos inició aquel viaje en compañía de su familia, el Junior iba a cumplir seis años, y su hermana veintitrés. Ella estaba por terminar su carrera como arquitecto. El primer lugar que visitaron fue España, ahí se reencontraron con el pasado y el presente de la familia por el lado materno de Guillermo, en Donde su hermana América estaba inmersa. Necesitaron de dos semanas para conocer a toda la familia, así como para visitar los lugares de interés. Continuaron hacia Francia, Italia, Grecia, y parte de los países que en su momento estuvieron bajo la tutela de la URSS, en lo que se conoció como el Pacto de Varsovia, como Hungría, Donde solo visitaron Budapest. En Bulgaria, la capital Sofía, una de las ciudades más antiguas del mundo, ya que data del siglo Vlll antes de Cristo, en su arquitectura sobresale la influencia otomana o la ortodoxa rusa. En Polonia, además de la capital Varsovia, visitaron los campos de concentración nazis Auschwitz l, ll y lll. En Austria, que perteneció a la OTAN, fue en Donde más tiempo estuvieron por su riqueza cultural, ya que fue cuna de dos de los compositores más famosos, Wolfgang Amadeus Mozart y Johann Strauss hijo, compositor este último del Danubio azul. En Viena visitaron la Abadía de Melk, con su vista panorámica del río Danubio y uno de los monasterios más famosos del mundo, la ópera estatal de Viena y el palacio imperial de Hofburg, residencia oficial del presidente. De ahí se fueron a Salzburgo, lugar de nacimiento de Mozart, y ya camino hacia Alemania. Esta ruta que siguieron, Guillermo y su familia, normalmente no estaba dentro del itinerario de la gente que visita Europa por primera vez, pero todos estaban de acuerdo, había valido la pena.

    Habían decidido dejar para lo último Alemania, lo habían planeado de esa manera porque también Guillermo quería conocer e indagar sobre la familia por el lado de su padre. A raíz de la visita de América, después de encontrarse con su mamá en Madrid, las cosas mejoraron un poco entre padre e hijo, y se restablecieron definitivamente. Después del segundo matrimonio de Guillermo, y cuando ya su padre se convenció que a este no le interesaba la política. Antes de partir, Guillermo recabó toda la información que su padre pudo darle y que no era mucha, ni siquiera recordaba el lugar Donde vivió en su infancia y de la familia solo llevaba los nombres de sus abuelos y sus apellidos. Por alguna razón que Guillermo desconoce, su papá siempre se negó terminantemente a regresar a su país natal.

    Se instalaron en Berlín en uno de los hoteles más céntricos, el Tiergarten, se los recomendaron porque está cerca de muchos de los lugares de interés en la ciudad. El lobby era enorme y por todos lados se percibía el lujo y buen gusto. A partir del día siguiente de su llegada se dedicaron a indagar sobre el paradero de la familia Kurtz o Schulemburg, pero parecía como si la tierra se los hubiera tragado, había varias familias con el apellido Kurtz pero ninguna parecía tener ningún parentesco. No encontraron a nadie con el apellido Schulemburg, y desilusionado por el fracaso de dar con sus raíces en Alemania, Guillermo se dedicó en compañía de su familia a conocer todos los lugares de interés que les recomendaron, e incluso hicieron algunos viajes fuera de la ciudad, siempre de ida y vuelta. Ya solo les quedaban tres días para regresar a Madrid, despedirse de la familia e iniciar el camino de regreso a su tierra.

    Esa noche el Junior se empezó a sentir mal, llamaron al médico del hotel, este le diagnosticó un resfriado y le recetó un medicamento para bajar la fiebre. Pasó una mala noche y al día siguiente por la mañana, la fiebre no había cedido. Decidieron llevarlo a un hospital. Los recibió un médico de edad avanzada, de nombre Wolf, se sorprendió de lo bien que el papá del paciente hablaba el idioma alemán, aun cuando desde el principio quedó en claro que eran de origen mexicano. Se fijó en el apellido, el Kurts no le dijo nada de momento, y se concentró en la atención del paciente. El mismo Guillermo estaba sorprendido, en los últimos años jamás había hablado en ese idioma que su abuelo le enseñó de chico. En un momento dado, el médico suspendió la revisión de su paciente y clavó los ojos en Guillermo, a la vez que le preguntó

    —Su padre es de origen alemán ¿Me equivoco?

    Ante la afirmación del aludido, el médico continuó.

    —Su apellido original era Kurtz, y si no me equivoco por su edad, el nombre de su padre era Friedrick, Federico en la actualidad ¿Estoy en lo cierto?

    Ahora el que estaba sorprendido era Guillermo ¿Cómo sabía aquel médico de su pasado? ¿Acaso era uno de sus parientes, que por azares del destino se cruzó en su camino? Por la prisa de que atendieran a su hijo no se fijó en el apellido del médico, y solo atinó a contestar — Está en lo cierto ¿Pero cómo es que conoce la historia de la familia? ¿Acaso es pariente nuestro?

    —Es una larga historia— Le contestó el Dr. Wolf. —Pero, bueno, de momento lo importante es la salud de este pequeñín. Ya después habrá tiempo de hacer todas las preguntas que les parezcan pertinentes, si le interesa. Pero no, no somos parientes.

    Después de unos minutos el Dr. emitió su diagnóstico.

    —Lo que su hijo trae es una infección en la garganta, le vamos a administrar un medicamento para bajar la fiebre y un antibiótico para combatir la infección, y lo voy a tener en observación, en una hora creo que ya se podrán ir. Y a propósito de nuestra plática inconclusa ¿Cuánto tiempo más van a estar en la ciudad?

    —Dos días más— Fue la contestación de Guillermo.

    —Estupendo ¿En qué hotel están hospedados?

    —En el Tiergarten

    —Perfecto, una buena elección, muy cómodo, muy bien ubicado y tienen una excelente cocina, espero ya la hayan probado. ¿Qué les parece si hoy, al medio día nos permiten ser sus anfitriones? Nos vemos a las quince horas en el lobby, ¿de acuerdo? En este momento tengo que pasar visita a mis pacientes hospitalizados. Mi ayudante, el Dr. Neimann, se encargará de revisar a su hijo dentro de una hora. Le voy a dar las instrucciones pertinentes, si todo sale como espero, después de la revisión ya se podrán ir. Nos vemos en unas horas, que tengan un buen día.

    Guillermo estaba intrigado de lo que aquel médico sabía de su vida, no tenía ni idea de cómo es que conocía a su papá, pero no había ninguna duda. Se le hacía eterno que llegara la hora de la cita. Casi no salieron del hotel con el argumento también, de que Junior descansara. Bajaron a los cuatro o cinco minutos antes de la hora fijada. Cuatro minutos después llegaron quienes iban a ser sus anfitriones. Eran tres personas, al Dr. Wolf ya lo conocían, pero no a las otras dos. Se imaginaron que una era la esposa, y del joven supusieron era nieto, por la edad. El Dr. Wolf se encargó de hacer las presentaciones.

    — Ella es mi esposa, Ekaterina Dimitriyevna Romanova, y él es nuestro nieto, Conrad, hijo de nuestra hija mayor, Masa. Está pasando unas vacaciones con nosotros, y como habla muy bien el español, por haber estado dos años en España, en un intercambio cultural, pensamos que nos podría ayudar haciéndola de intérprete.

    Y dirigiéndose a Guillermo, dijo, —Me sorprendió mucho lo bien que habla nuestro idioma, pero no así, el resto de su familia, por lo que me pude dar cuenta.

    Luego le tocó a Guillermo presentar a su propia familia. Después de lo cual, ya instalados, les trajeron las comandas. Pidieron, dejándose llevar por las sugerencias de su anfitrión, que parecía ser todo un experto. Y después de ello, la plática derivó en cosas sin trascendencia, como qué les había parecido la ciudad, qué lugares habían conocido, y así como los países que ya habían visitado. ¿Cuánto tiempo más iban a permanecer en Europa? y un sinfín de cosas más, a Guillermo no le importaba ni una sola palabra.

    Les trajeron los alimentos, tuvieron que reconocer el buen gusto de su anfitrión, pues cada platillo era un verdadero manjar. En todo momento Conrad había desempeñado a la perfección el papel de intérprete. Al principio de forma discreta, luego ya en forma más descarada, no quitaba los ojos de encima a Conchita, y esta, más recatada, sólo de vez en cuando lo miraba a hurtadillas.

    Después de la comida y dirigiéndose a la esposa de Guillermo, el Dr. Wolf le dijo

    —Mi esposa ha diseñado un itinerario para ustedes, los va a acompañar mi nieto, espero que los lugares que visitarán sean de su agrado. Yo tengo un asunto muy importante que arreglar con su esposo. ¿Y dirigiéndose a este, preguntó— Sería tan amable de acompañarme con una copa? Se dirigieron a un barecito anexo al restaurante, Donde habían comido, y se acomodaron en unos sillones de cuero de color negro que prácticamente los engulleron, porque estaban cómodos de verdad. Casi de inmediato les trajeron las bebidas, sugerencia también del anfitrión. Hicieron un brindis por el honor de conocerse, y el Dr. Wolf inició.

    —Le pido una disculpa por el atrevimiento de separar a su familia, tenga la certeza de que con mi esposa están en buenas manos, es una excelente anfitriona, estoy seguro de que su familia quedará encantada con la elección, le confieso que ni yo mismo sé a dónde vayan a ir —Sonrío tímido. —Cuando después de nuestro encuentro, le comenté por teléfono, lo de nuestra cita para que conozca la historia de su familia, que me imagino que es lo que lo trajo hasta aquí, y de mi preocupación de qué hacer con el resto de la familia, ya que lo que le voy a contar, solo le atañe a usted, si después quiere compartirlo con su familia, esa ya es su decisión. En ese momento me dijo, no te preocupes cariño, déjalo de mi parte, la idea de traer a nuestro nieto como intérprete también fue de ella, a mí jamás se me habría ocurrido.

    —Para ponernos en contexto —continuó el Dr. Wolf, en cuanto las bebidas les fueron servidas, siguió. —Cuando Hitler llegó al poder, en 1933, yo tenía cuatro años. No recuerdo este suceso, pero sí lo que se conoce como la Noche de los Cuchillos Largos, cuando Hitler se deshizo de sus enemigos reales e imaginarios, y que lo afianzó en el poder. Ya más fresco en mi memoria, lo de la Noche de los Cristales Rotos, que fue la fecha que marcó el antes y después para los judíos de Alemania. Todo lo que le voy a narrar a continuación lo sé por haberlo vivido, sobre todo en la primera etapa, lo demás lo supe hasta años después, cuando ya terminada la guerra, me reencontré con mi amigo de la infancia, Solomón. Guillermo estaba muy sorprendido de la historia aquella que el doctor le estaba narrando, sin omitir ningún detalle por más crudos que estos fueran. Ahí se enteró de la historia oculta de su abuelo y de su padre, la amistad que este tenía con David, un niño de origen judío y de su misma edad. La existencia de Solomón, hermano de David, y tres años mayor que este. La amistad que los unía y que aún perdura. De cómo es que este pudo escapar de las manos de las S.S ayudado por su familia, y su posterior reencuentro cuando la guerra ya había terminado. Enterarse de que quien comandaba a las fuerzas de las S.S cuando la familia de su amigo desapareció, era Ullrich. De cómo su amigo Solomón se salvó de las garras de la Gestapo, por estar en su compañía, haciendo planes para el futuro. De la desesperación de ver que su familia estaba siendo llevada, con lujo de fuerza, por su conocido y vecino, Ullrich. De los esfuerzos que sus vecinos tuvieron que hacer para evitar que saliera corriendo para enfrentarse al culpable de la desaparición de su familia. De cómo es que lo introdujeron en las redes clandestinas para poder sacarlo de Alemania y ponerlo a salvo. Del peligro que ellos mismos corrieron par las amenazas de Ullrich, al acusarlos de traición a la patria por el encubrimiento de un puerco judío. De su visita a México en compañía de su amigo Solomón, para tratar de encontrar a aquel al que hacía responsable de la desaparición de su familia, de la entrevista con su papá en Donde se enteraron del distanciamiento entre padre e hijo. De su posterior localización en Alemania, y de su muerte en Donde él mismo había tenido participación muy activa.

    —Yo fui el que localicé a su abuelo, cuando salía de la consulta del cardiólogo en el hospital Donde trabajo, y que conocieron hoy por la mañana, del lugar Donde vivía en compañía de su esposa. De su muerte no sé decirle mucho, porque no sé los detalles, sólo le puedo asegurar que después de darle un tiro a su esposa, su abuelo se suicidó.

    Guillermo se sentía abrumado por el peso del conocimiento de quién era verdaderamente su abuelo, sus sentimientos eran encontrados, no sabría decir si odiaba a aquel que tenía enfrente por revelarle de una forma tan cruda la realidad de su familia o estarle agradecido. Su parte racional le decía que era lo correcto, pero se sentía herido en su amor propio, al fin y al cabo era su familia. Su interlocutor sólo lo miraba sin decir nada. Después de que terminara su relato, la situación era tensa, por fortuna en esos momentos vieron que sus respectivas familias estaban traspasando la puerta de la entrada, charlando como si de viejas amistades se tratara, se unieron a la comitiva. La esposa de Guillermo no dejaba de alabar a su anfitriona por haberlas hecho pasar una tarde tan agradable. Ahí mismo en el lobby se despidieron, Guillermo le dio las gracias al Doctor Wolf por haberle contado aquella parte de la historia de su familia. No sabían si se volverían a ver en alguna otra ocasión.

    Ya en la habitación del hotel, Conchita, su esposa, notó que su marido estaba cabizbajo y taciturno —Qué te pasa cariño— le preguntó

    —¿Qué fue lo que ese Dr. te contó, que te turbó de tal manera?

    —Nada, cariño— Le contestó Guillermo, tratando de restarle importancia al hecho.

    —Te conozco bien, y sé que algo te perturba, así es que vale más que me lo cuentes.

    —Bueno sí cariño, la verdad es que enterarte de quien es tu verdadera familia narrada en una forma tan cruda te impacta. Y vaya que el Dr. Wolf conoce la historia de mi familia de primera mano por haberla vivido. Pero cariño, ya te contaré después con todo detalle, en la tranquilidad de nuestro hogar y con una copa de vino. Te vas a sorprender tanto como yo, pero por lo pronto, disfrutemos del resto de nuestro viaje.

    Después de este diálogo entre esposos, Conchita, su esposa, no dejaba de alabar la belleza y buen gusto de Ekaterina, que, aunque mayor, aún seguía conservando lo que sin duda, en su momento fue una de las mujeres más bellas de Alemania, ya sabía que era de origen ruso y parte de su historia, estaba verdaderamente encantada, pero las sorpresas de aquel día todavía no terminaban. Conchita, la hija, no había hablado desde que se despidieron de la otra familia en el lobby, impedida también por su mamá que no dejaba de hablar. En cuanto hubo oportunidad, les soltó la bomba.

    —Conrad me invitó mañana a desayunar, y también, para mostrarme aquellas partes de la ciudad que los turistas no conocemos, me dijo, y acepté, va a pasar por mí a las ocho de la mañana, espero no se molesten.

    Los papás se miraban uno al otro, la mamá estaba estupefacta ¿En qué momento se habían puesto de acuerdo? No tenía ni la menor idea, siempre en todos lados permanecieron juntos. Fue Guillermo quién habló. —Se ve que es un buen muchacho, y confiamos en tu buen juicio. Tienes nuestra anuencia ¿Verdad, cariño?

    Ella solo asintió en forma positiva. Junior, ya sin fiebre, pero con su tratamiento de antibiótico, había pasado casi desapercibido, como un cero a la izquierda. Diría más tarde su mamá. —Pobre de mi niño— En ese momento lo premió con un abrazo y un beso por ser tan buen chico. Con los sucesos del día a flor de piel, se fueron a dormir.

    Deambularon por la ciudad después del desayuno, pero ninguno, incluido el Junior, tenía interés por los lugares que visitaban, algo faltaba en aquella familia que desde que la formaron siempre habían permanecido unida. Cierto que tenían el número del celular de su hija, pero no querían parecer demasiado posesivos. Varias veces Conchita, su mamá, estuvo a punto de marcar su número, pero siempre su esposo o hijo la disuadían.

    —Déjala, mamá, ya es una persona mayor, y sabe lo que hace, no le va a pasar nada.

    Y así, el día se pasó lento y monótono. A media tarde, después de comer algo frugal, se regresaron al hotel a esperarla. Cuando dieron las veinte horas, y la hija aún no aparecía, todos entraron en pánico. Estaban a punto de llamarla, cuando escucharon que tocaban a la puerta. Ahí estaba, radiante, en compañía de Conrad. Los dos se morían de la risa por algo que había sucedido o por algún chiste. Toda la familia trató de aparentar que todo estaba bien, pero no lo lograron. Ahí se dieron cuenta, que como actores eran muy malos. Conrad, como el resto se dio cuenta de la tensión que había en el ambiente, poniéndose muy serio, les pidió una disculpa.

    —Qué desconsiderado de mi parte, debimos haberles llamado, pero el tiempo se pasó sin sentir, al menos para mí, espero me perdonen y me sentiría muy incómodo que por mi culpa le vayan a llamar la atención a su hija. —En cuanto pudo se despidió. Ya solos, y después del desconcierto inicial, se morían de la risa por el pancho que habían hecho. Posteriormente, y más calmados, Conchita, no paraba de hablar de lo atento que había sido Conrad, de lo bien que se la había pasado, y de los lugares que conoció.

    Al día siguiente, se regresaban a Madrid para de ahí volar hacia su país. Guillermo estaba haciendo el chek out cuando de nuevo apareció Conrad, iba a despedirse y a llevarlos al aeropuerto, llevaba dos ramos de flores para madre e hija.

    Se despidieron de la familia en Madrid, e iniciaron el camino de regreso a su patria, habían estado por espacio de un mes en el que visitaron los lugares que se mencionan.

    Todos estaban de acuerdo, que había valido la pena, dicen que viajar es cultura, en ese sentido se sentían diferentes y más aptos para discutir sobre las diferentes culturas, y los acontecimientos pasados que habían forjado el mapa de la Europa moderna tal y como aparecía en esos momentos. Conchita de vez en cuando se aislaba del resto de la familia, la mente cada vez más lejos, allá en algún lugar de los países que habían visitado.

    Alemania

    Familia de Guillermo por el lado paterno (antecedentes)

    Había pasado una semana de su regreso de aquel viaje en Donde Guillermo se enteró con toda la crudeza propia de los alemanes, de quién era verdaderamente su familia. Estaban disfrutando de una apacible tarde de otoño, cada quien con la copa del vino tinto de su preferencia, sacado momentos antes de la bien surtida cava de la familia. El tema no se había vuelto a tocar desde su regreso. Fue Guillermo el que inició.

    —¿Recuerdas, cariño, que tenemos una charla pendiente? Bueno, pues este es el momento apropiado, prepárate. Como tú bien sabes, mi papá y mis abuelos, son de origen alemán. Mi papá nació en 1933, en Berlín, tenía doce años cuando Hitler fue derrotado por las Fuerzas Aliadas. Y según la historia, se suicidó en su bunker junto con su esposa Eva Braun, cuando ya todo estaba perdido. Muchos de los alemanes, que pertenecían tanto a la élite del ejército como a las S.S, huyeron hacia Donde pudieron. Muchos de ellos, por nexos con el gobierno argentino, huyeron hacia ese país sudamericano, otros muchos se dispersaron por todo el mundo tratando, de esconderse de la justicia, por los crímenes que habían cometido, ya sea en forma directa, o como cómplices por formar parte del genocidio contra el pueblo judío.

    Por lo que el Dr. Wolf me comentó, no se tienen datos de cómo es que mis parientes llegaron a México, ni los medios que utilizaron para introducirse en la sociedad mexicana. Es una de las historias mejor guardadas de la familia Kurtz. De lo poco que se ha podido investigar, se dice que mi abuelo Ullrich, perteneció a las S.S, y que tuvo una participación muy activa en lo que se conoce como La Noche de los Cuchillos Largos, o azuzando a la gente en contra de los judíos, en la fatídica noche conocida como de Los Cristales Rotos, destruyendo e incendiando sinagogas, escuelas, hospitales, tiendas, y las casas mismas de los judíos. En la que también tuvo una participación muy activa, debido a su fanatismo anti semita, fue comisionado por el propio Hitler para que coordinara la detención y confinamiento en los campos de concentración de todos los judíos de Alemania. Los judíos no tuvieron tiempo de organizarse, por lo que había poca resistencia. En una de las pequeñas escaramuzas, en las que siempre estaba presente, una bala le destrozó la rodilla de la pierna derecha, nunca logró recuperarse del todo, y su cojera era evidente. Como ya no era apto para continuar con la encomienda que le habían asignado, y en compensación por el celo que siempre demostró en el cumplimiento de sus funciones, fue asignado a un escritorio. Entre otras de sus tareas estaba, la de valuar y clasificar todas las pertenencias que les eran confiscadas a los judíos cuando estos caían en las manos de la Gestapo, la S.S o la S.A, y eran enviados a los centros de concentración. Se cree que de ahí proviene su riqueza, ya que pertenecía a una familia pobre de obreros, hasta antes de la guerra, su abuelo era trabajador de una vidriera y su madre, hasta Donde se sabe, nunca trabajó.

    Su hijo, o sea mi papá, de nombre Friedrich, pese a su corta edad, perteneció a las juventudes hitlerianas. Los dos, padre e hijo, eran fanáticos del nazismo y de la supremacía aria, cuando el ejército alemán empezó a perder terreno con un impresionante número de bajas, por el avance incontenible de los ejércitos aliados, Rusia por un lado y los norteamericanos, ingleses, canadienses y franceses principalmente por el otro, Hitler, en un intento desesperado por contener al invasor, echó mano de las reservas, normalmente niños que, fanatizados y a marchas forzadas estaban siendo preparados para partir a los diferentes frentes de batalla, Donde eran masacrados por la superioridad y experiencia de los aliados, Friedrich estaba destinado al frente Ruso, deseaba con todo su ser, defender a la Madre Patria, y a su líder Hitler, matando a los más rusos que pudiera, para su fortuna, ya no hubo tiempo, los rusos llegaron a los suburbios de Berlín, el veinte de abril de 1945. El dos de mayo, el ejército alemán se rindió, antes, muchas unidades alemanas marcharon hacia el Oeste para rendirse a los Aliados Occidentales, en vez de a los rusos, otros muchos huyeron, cuando ya la causa estaba perdidas. Entre estos últimos estaba la familia Kurtz

    Se dice, sin poderlo corroborar, dado el hermetismo en que tratan de cubrir su pasado, que para llegar a México, contaron con la colaboración de una familia que ya radicaba en el país y de apellido Schulenburg, padre del que tiempo después, y por muchos años fungió como abad del Santuario de la Virgen de Guadalupe, conocido también como el santuario del Tepeyac. Guillermo Schulenburg Prado, después de ser destituido por el Cardenal Primado de México, Norberto Rivera Carrera, se hizo famoso por negar las apariciones de Juan Diego, por lo que entró en conflicto con el clero mexicano, y con la iglesia católica en general. La abuela de Adolfo Guillermo Federico, lleva el mismo apellido, Schulenburg, cuando se les pregunta al respecto, ambas familias niegan terminantemente tener algún parentesco.

    Tratando de ocultar su pasado, fue que mi papá y mi tía se cambiaron el nombre de Friedrich por Federico, y el apellido Kurz por Curts, ya que estos sonaban más a español, por lo poco que sé. Ya que en la familia nunca se tocó el tema de mi tía, de nombre Trudel, y que nunca conocí, y en mi familia jamás se habló del tema, creo que se cambió el nombre por el de Soledad, (no sé si sea alusión a algo) y que casada vivía en algún lugar de la provincia mexicana, se cree que en Monterrey. ¿Qué cómo hicieron para cambiar sus identidades? Fácil, en este país todo es posible. Y como dice el dicho "Con dinero baila el perro" y vaya que los Kurtz tenían bastante, aunque tampoco está muy claro de dónde procede su riqueza, se presume que la mayor parte proviene de los bienes confiscados a los judíos cuando estos cayeron en desgracia. Cuentan que en todo el trayecto, los pocos testimonios que se han podido documentar, que cuando la familia llegó a México, traía un baúl del cual, nunca se despegaba, y que por su peso era necesario que lo cargaran entre dos personas. Se cree que dado su trabajo, estuvo sustrayendo en robo hormiga, objetos de oro como anillos, monedas y joyería de todo tipo, de ahí su riqueza.

    De los abuelos en México se sabe poco, ya que siempre trataron de mantener un perfil bajo, en la familia hablar del pasado es un tema prohibido, aunque se rumora que mi nacimiento fue motivo de discusión entre mis papás y el abuelo. Este quería a toda costa que llevara el nombre del fundador del nazismo, Adolf Hitler. Al final llegaron a un acuerdo, llevaría el nombre de Hitler, pero en español. Los abuelos llevan una vida apacible y tranquila, tratando en lo posible de no llamar la atención, en alguno de los suburbios de la ciudad de México, y que ambos conservan sus nombres originales, Ullrich Kurtz y Trude Schulenburg.

    Dada la caería de nazis que se desató después de terminada la guerra, y los juicios de Núremberg, Ullrich, mi abuelo, vivía en una constante zozobra, de ahí su interés por pasar desapercibido. La realidad es que su participación en la guerra, ni contra los judíos, lo salvó de La noche de Los Cristales Rotos, fue tan importante, por lo que nunca estuvo en ninguna lista para ser juzgado, y jamás los servicios secretos Israelíes o el cazador de nazis, como se conoce a Simón Wiesenthal lo tuvieron como objetivo ¿O sí?

    Tenía nueve años cuando desde la ventana frente a su casa, vio como sus padres y su hermano menor, eran sacados de su casa por las fuerzas de las S.S, subidos a un camión y llevados con rumbo desconocido, nunca más los volvió a ver. ¿O qué le llenó el alma de rencor? Fue ver quien comandaba al grupo responsable de la desaparición de sus padres, su cara quedó grabada en su mente con tal nitidez, que sabía nunca se iba a borrar.

    Había nacido ahí, igual que su hermano, aquel era su hogar, las cosas desde entonces no eran fáciles por el solo hecho de ser de origen judío, él se creía y era tan alemán como todos los que vivíamos en la cuadra, entre los que se contaba la familia Kurtz, Ullrich, el papá, Trudel, la mamá y los hijos. Friedrich, el mayor y de la edad de su hermano David y Trudel la menor, dos años más chica que su hermano Friedrich, a este lo conocía bien por ser amigo de su hermano, y que continuamente iba a su casa. A esa edad la política era lo que menos le importaba. Vivían bien y su papá, como Rabino, de la sinagoga que estaba a tan solo una cuadra de su casa, era muy respetado entre sus vecinos y la comunidad judía, claro que, a diferencia de sus compañeros iba a una escuela judía y a la sinagoga, pero eso para él no tenía ninguna importancia ni creía ser diferente. Si sabía por comentarios que escuchaba en su casa, que el papá de Friedrich era un fanático nazi, a raíz de que Hitler llegó al poder, pero como decían sus papás, eran buenos vecinos, aquello hasta podría ser benéfico para ellos, en caso de que más adelante las cosas se pusieran difíciles, su vida era tranquila.

    Yo era su verdadero amigo de la infancia, e hijo único, vivía frente de su casa, teníamos la misma edad y poco a poco fuimos descubriendo que teníamos mucho en común, por lo que pasábamos mucho tiempo juntos. Los dos queríamos ser médicos, cuando fuéramos grandes. Casi todas las tardes, después de comer, y de hacer los quehaceres propios de nuestra edad, y hacer las tareas, nos reuníamos ya fuera en su casa o en la mía, casi nunca íbamos a la de Friedrich, aunque sí habíamos estado ahí en varias ocasiones, cuando acompañábamos al hermano de mi amigo, para dejarlo ahí con sus vecinos, conocía bien a los papás y a la hermana más chica que este. Con Friedrich casi nunca habíamos hablado, nos parecía un niño antipático y que se creía superior a todo mundo, aunque a su hermano menor le caía bien y se pasaban tardes enteras jugando, creíamos que la diferencia de edad, era la causa de que nos cayera mal, mi amigo y yo ya éramos adultos, su hermano y Friedrich eran unos niños tontos que no tenían idea de lo que era la vida y solo hablaban de tonterías.

    Cuando aquella tarde, su familia desapareció para siempre, él se encontraba en mi casa, estaba a punto de despedirse de mis papás cuando escuchamos movimientos en la calle, desde la ventana, vimos como un camión militar se estacionó frente a su casa, del mismo bajaron varios soldados con las

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