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La cuarta república
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Libro electrónico90 páginas1 hora

La cuarta república

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En este libro se desarrolla una entrevista al presidente de una imaginaria Cuarta República española.
A través de cada una de las diez preguntas que permiten el desarrollo del libro, el lector podrá encontrar una idea de república y de su implantación en España que se aleja mucho —tal vez no tanto en algunos aspectos— de la forma en la que nacieron la Primera y la Segunda República española.
Con esta base, se detallan las cualidades que una república española debería tener y que permitirían a la nueva república subsistir a lo largo del tiempo para el bien de «todos» los españoles.
Y, como curiosidad, podrán conocer la razón por la que se habla de una Cuarta República española sin haber existido una Tercera.
El conjunto de todo lo narrado proporciona una historia de política-ficción que, confío, será del gusto del lector, ya sea republicano o monárquico.
IdiomaEspañol
EditorialLetrame Grupo Editorial
Fecha de lanzamiento27 may 2025
ISBN9791370125370
La cuarta república

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    La cuarta república - Miguel Ángel Gómez Ortiz

    Imagen de portada

    © Derechos de edición reservados.

    Letrame Editorial.

    www.Letrame.com

    info@Letrame.com

    © Miguel Ángel Gómez Ortiz

    Diseño de edición: Letrame Editorial.

    Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

    Diseño de cubierta: Rubén García

    Supervisión de corrección: Celia Jiménez

    ISBN: 979-13-7012-537-0

    Todos los hechos incluidos en este libro, así como los personajes que aparecen en él, salvo los que sonpúblicoso o, de conocimiento general, son creación de su autor, y cualquier similitud con personas o hechos reales, que no hayan sido publicados en medios de comunicación, son pura coincidencia.

    Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

    «Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

    PERSONAJES

    Antonio Vallejo-Nájera

    Presidente de la república

    Jesús Soria

    Periodista de La verdad histórica

    Alfredo Roca

    Primer accionista y director general de la revista La verdad histórica

    Luis Martín

    Jefe de prensa de la presidencia de la república

    Augusto Rodríguez

    Jefe de gabinete del presidente

    Rodrigo Spínola y Cano

    Director general de protocolo de la Casa Real. Diplomático.

    Joaquín Francés

    Subdirector general de protocolo de la Casa Real. Militar.

    PREÁMBULO DEL AUTOR

    El autor de este libro es también un lector, a veces entusiasta, y en sus lecturas le hubiese gustado siempre conocer al autor o, al menos, sus ideas, lo suficiente para poder discernir qué grado de objetividad y subjetividad puede esperarse del texto leído.

    Pues bien, el autor de este libro que usted tiene en sus manos es un republicano de convicción, es decir, creo que la república es la forma más natural para el Estado.

    Pero, aunque parezca incoherente, también está leyendo usted a un autor que no es antimonárquico.

    Simplemente, lo que creo es que no hay ninguna razón para que un hijo, o hija, herede un derecho como es el ser el «jefe» de todas las demás personas de una nación y me parece más adecuado (o democrático, que es apellido que ahora se pone a todo) que sean los ciudadanos quien elijan a su «jefe», sobre todo si lo hacen por sus virtudes y no porque esté en una lista.

    Esta idea ha sufrido múltiples vaivenes a lo largo de la historia. Pensemos, por ejemplo, en el caso romano, que pasó de una monarquía a una república para luego dar paso a otra monarquía, que llamaron imperio (dando un sentido distinto al término, por cierto, un término militar, pues el emperador era el general victorioso, al que se lo gritaban sus tropas que compartían su logro, y el botín).

    En las primeras monarquías españolas, que podríamos encontrar en el periodo visigodo (aunque también podríamos remontarnos a periodos anteriores al periodo romano, pero tampoco hace falta), la costumbre era elegir al monarca, aunque ello derivó en un mecanismo hereditario (con magnicidios incluidos), que luego se «institucionalizó».

    El lema de «Rey por la gracia de Dios», que al autor de este libro, como creyente, le parece totalmente rechazable, fue la muestra del uso de la religión por las autoridades políticas (y se dio, y se da, en situaciones de toda índole).

    Centrándonos en el caso español, no es muy difícil encontrar casos en los que el comportamiento de los reyes nos convencería de que la república (e incluso cualquier otra solución sería mejor que una monarquía, pero lo primero que deberíamos aprender a la hora de «juzgar» una actitud pasada es conocer la realidad social en ese periodo, pues no se puede, o no se debe, aplicar criterios actuales a situaciones pasadas, cuando las costumbres aceptadas eran otras).

    Yo no les voy a narrar aquí el comportamiento que, por ejemplo, tuvo Julio César con los pueblos galos que se le enfrentaron, pero estoy seguro de que a cualquier persona «de bien» que viva en nuestra época le horrorizaría el trato dado a los prisioneros o el resultado de las batallas (también nos tendrían que horrorizar los hechos que se producen en las guerras actuales, pero no puedo entrar en ello ahora). Sin embargo, el comportamiento de Julio César no era diferente, o no muy diferente, de lo que sus adversarios realizaban con los romanos que capturaban (y si no lo creen, lean algún libro sobre las prácticas de algunos druidas). Y, desde luego, nunca recibió una crítica de sus conciudadanos romanos por estas acciones.

    Y, ya en el periodo cristiano, en el que supuestamente los pueblos que habían acogido esta religión deberían ser más «humanos», encontramos, también como simple ejemplo, el caso de Vlad Dracúl, o Vlad el Empalador (sí, del que dicen que es la base del mito de Drácula), cuyo sobrenombre es claramente revelador sobre el futuro que les esperaba a sus enemigos, y que no solo repugna, sino que estremece a cualquier persona. Pero sus enemigos, en este caso, musulmanes, no tenían un comportamiento muy diferente. Incluso se dice que él lo aprendió de ellos, pero vaya usted a saber.

    Cada época tenía sus costumbres muy reprobables y horribles desde una visión actual, como la propia actualidad podrá ser reprobable —no faltan razones— si la humanidad evoluciona hacia una

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