Te hablaré al corazón: Lectura orante de la Sagrada Escritura
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La sabiduría de tres mil años, practicada por los orantes de todos los tiempos, nos deja paladear el sabor dulce, a la vez que provocativo de la Revelación divina. Es necesario adentrarse en el desierto del corazón, para escuchar, una vez serenada la mente, la llamada personal que contiene el texto sagrado, y hacerse testigo porque ya no se habla de oídas, sino de lo que han palpado nuestras manos, el Verbo de la Vida.
Como el vidente del Apocalipsis, te invito no solo a leer este libro, sino a adentrarte en la lectura creyente y orante de la Biblia (cf. Ap 10, 9).
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Te hablaré al corazón - Ángel Moreno de Buenafuente
Ángel Moreno, de Buenafuente
Te hablaré al corazón
Lectura orante
de la Sagrada Escritura
NARCEA, S.A. DE EDICIONES
Ángel Moreno, de Buenafuente ha publicado en esta colección:
• A la mesa del Maestro. Adoración
• Alcanzado por la misericordia
• Amor saca amor. Los siete amores de Dios
• A pie por el Evangelio. Peregrinación contemplativa por Tierra Santa
• Buscando mis amores. Lectura sapiencial del Cuarto Evangelio
• Como bálsamo en la herida. La misericordia
• Desiertos. Travesía de la existencia
• Eucaristía. Plenitud de vida
• Habitados por la Palabra. Lectura sapiencial
• Palabras entrañables. Déjate amar
• Voz arrodillada. Relación esencial
• Voy contigo. Acompañamiento
Índice
Ángel Moreno, de Buenafuente ha publicado en esta colección
La lectura creyente,breve reseña histórica
Introducción
El origen bíblico
Testimonios históricos
Tema de Actualidad
Primer paso: Preparación
Disposiciones previas
Necesidad de un tiempo adecuado
El silencio
La dificultad del cambio de ritmo
Desierto, lugar de la Palabra
Experiencia de amor
Segundo paso: Lectura de la Biblia
La lecturade la Biblia
Leer para grabar en la memoria
Lectura sosegada y atenta
Lectura agradecida
El sacramento de la Palabra de Dios
Conocer las Sagradas Escrituras
Escuchar la Palabra
Amar la Palabra
Creer en la Palabra
El poder de la Palabra
Algunas claves para comprender mejor los textos
Lectura cristológica
Lectura litúrgica
Tercer paso: Meditación
La meditación
Meditar la Palabra
Algunos avisos para meditar la Palabra
Ejercicios de meditación
¿Qué me quiere decir Dios?
Tiempo de meditación
Meditación y memoria
Frutos de la meditación
Las mociones
Cuarto paso: Oración
El paso de la oración
La oración cristiana
Orar con la Palabra
Práctica de la oración
Respuesta a Dios con su Palabra
Orar desde la Palabra de Dios
Orar la Palabra
El maestro de oración
María, mujer orante de la Palabra
Orar con la Iglesia
Invitación
Quinto paso: Contemplación
Fruto de la oración
La contemplación
Transfiguración
Más allá de los conceptos
Puestos los ojos en el Señor
Déjate mirar
Amor saca amor
Sexto paso: Discernimiento
El discernimiento
Discernimiento de la Palabra
Práctica del discernimiento
A la luz de la Palabra
El recurso actual al discernimiento
Necesidad del discernimiento
A lo largo de un proceso
Señales providentes
Posible método
Séptimo paso:frutos de la lectio divina: coloquio - misión
Final del proceso
El coloquio
Límites en la expresividad orante
Frutos de la lectio divina
Bibliografíade la lectio divina
Abreviaturas
Colección espiritualidad
Créditos
La lectura creyente,
breve reseña histórica
"Vi en la mano derecha del que está sentado
en el trono un libro escrito por dentro y por fuera,
y sellado con siete sellos.
Y vi a un ángel poderoso que pregonaba en alta voz:
«¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?».
Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra,
podía abrir el libro ni mirarlo. Yo lloraba mucho
porque no se había encontrado a nadie digno
de abrir el libro y de mirarlo.
Pero uno de los ancianos me dijo: «Deja de llorar,
pues ha vencido el león de la tribu de Judá, el retoño de David
y es capaz de abrir el libro y sus siete sellos»
(Ap 5, 1-5).
INTRODUCCIÓN
Hoy crece la práctica de la lectio divina, y no como una vuelta al pasado, sino como una realidad viva y actual. El nombre no indica un retorno al latín, sino que se refiere a toda una historia de experiencia teologal. La expresión latina nos introduce en la memoria, incluso fonética, de lo que han practicado muchos que se han acercado a las Sagradas Escrituras con fe. Nuestro deseo es gustar lo que tantos cristianos, a lo largo de los siglos, han saboreado, el don de la Palabra de Dios.
La lectura creyente de las Sagradas Escrituras nos lleva al conocimiento de los Libros Sagrados y a su comprensión por la Iglesia a lo largo de la historia. Significa la lectura atenta y creyente de la Biblia, no para satisfacer la curiosidad intelectual de manera dominadora, sino para alimentar la vida de fe. Es el ejercicio ordenado y metódico del encuentro personal o comunitario de la Palabra de Dios. Designa la lectura arrodillada de la Escritura. Es también la lectura existencial de la Palabra
(Ballano). La Palabra rezada.
(Diccionario Teológico de la Vida Consagrada). Leer la Biblia de un modo vivo
(Mª Trinidad Cabrero).
Cuando se dice lectura de las Escrituras, no significa solo la mera acción de leer, comprende también la escucha posible del texto sagrado. La Palabra divina exige relación amorosa, acogida entrañable, respeto sagrado. Cabe hacer lectura individual o comunitaria. La Iglesia ofrece en el ordenamiento de la Liturgia de la Palabra los diferentes ciclos dominicales: A
, B
, y C
, y diarios, ciclo par
, ciclo impar
, en que se proclaman los textos más relevantes de la Biblia, que pueden meditarse personalmente o escucharse en las celebraciones eucarísticas.
El origen bíblico
Si se contextualiza la lectio divina, cabe observar que su práctica ya viene citada desde el principio del cristianismo, e incluso antes. El salmista reza: Día y noche (tu ley) la estoy meditando
. Jesús aparece en la sinagoga de Nazaret en la celebración del sábado, donde abre el rollo de Isaías, lo lee, lo cierra y lo explica; gestos que nos demuestran que la lectio es una actividad religiosa anterior a los tiempos de Jesucristo (Cf. Lc 4, 16). La Madre de Jesús, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón
(Lc 2, 19), expresión que concentra el método de la lectio. Los Apóstoles subían al templo a las oraciones (Act 2, 46), Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora nona
(Act 3, 1). La forma de vida apostólica fue una referencia permanente entre los que buscaban el seguimiento radical de Cristo (Act 4, 32-35). Y se propone como modelo la vida de las primeras comunidades: Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones
(Act 2, 42).
Testimonios históricos
En la historia de la Iglesia, encontramos la referencia a la lectio divina en Orígenes (184-253), en su carta a Gregorio Taumaturgo (213-270). San Atanasio nos da un testimonio elocuente en Vita Antonii (251-356), al narrar la conversión del padre de los monjes mientras escuchaba el Evangelio. En la vida de san Jerónimo (347-411) se relata su famoso sueño. Cuentan que tuvo terribles pesadillas; soñó que se moría, y cuando fue conducido al tribunal de Dios e interrogado acerca de su condición, al responder: «Soy cristiano», oyó: «Mentira, eres un ciceroniano». Y el juez mandó que lo azotaran duramente. Esta tradición ha sido la fuente de las representaciones icónicas en las que se muestra a san Jerónimo semidesnudo y penitente, y la razón de su retiro a las cuevas donde se venera el nacimiento de Jesús. De san Jerónimo son los consejos para permanecer en el ejercicio de la lectio divina:
Lee con mucha frecuencia y aprende como la que más, que el sueño te sorprenda con el libro en la mano y que cuando caiga tu rostro, vencido por él, lo reciba la página santa
.
En su carta a Eustoquia escribe: Nunca la lección sagrada se te caiga de las manos
. San Agustín (354-430), confiesa cómo le ayudó a su propia conversión el ejemplo de san Antonio y san Jerónimo.
En los Padres latinos, la expresión lectio divina aparece en la Regla de san Agustín (354-430). San Benito (480? -546?), quien hereda todos estos escritos, se hace eco de ellos en su Regla. En el prólogo, señala una de las claves del método que estudiamos: Escucha, hijo, los preceptos del Maestro y préstales el oído de tu corazón
. En el c. XLVIII prescribe la lectura de los libros santos y al comienzo señala que los monjes deben ocuparse "en el trabajo manual y en la lectio divina". Incluso cuando las manos se ponen en la tarea, los textos leídos y grabados en la memoria sirven para ser recitados mientras se trabaja; así se permanece en el principio mayor benedictino: buscar enteramente a Dios
.
San Anselmo (1033-1109), en el prólogo a Oraciones da una visión sobre la lectio, meditatio y oratio. Describe cómo se ha de leer con calma, sin prisa, para suscitar el ánimo del lector hacia el amor de Dios y su estudio. Por algún tiempo se creyó que fue san Anselmo el autor de la Scala Paradisi, en la que se describe el método de la lectio divina. San Bernardo (1090-1153), difusor del Cister, instruye en la línea afectiva y en el saboreo de la Palabra; prueba de ello son sus sermones y comentarios a diversos libros de las Escrituras, fruto de una lectura sapiencial y amorosa. A él se debe la apertura a la relación con la humanidad de Cristo de una manera esponsal.
En resumen, los benedictinos (s. VI), de alguna manera los canónigos regulares, cuyas reglas fueron unificadas en 817, que dependen mucho de san Agustín y de san Benito, los cluniacenses, los monjes negros (s. IX), los cartujos (san Bruno muere en el 1101), y los cistercienses, los monjes blancos (s. XII), están regidos por la espiritualidad de la Regla de san Benito, en concreto en lo que se refiere a la lectio divina, práctica insertada en la escuela del divino servicio
.
Entre los cartujanos, en relación con la lectio divina, destaca Guigo II (+ 1188). Este monje, en 1150, escribe un breve tratado, que en principio se atribuyó indistintamente a san Agustín, a san Anselmo y a san Bernardo, pero después, por la nota que antecede al tratado, según un manuscrito hallado en la cartuja de Colonia, se ha descubierto que pertenece a Guigo, monje cartujo. Al tratado se le ha llamado Escala claustral y también Scala Paradisi; con este título aparece en la patrología latina. En él encontramos estructurados y descritos los pasos sucesivos que se deben dar, o peldaños por los que subir a la cima de la contemplación, y son: lectura, meditación, oración y contemplación. Con frases cortas y directas, el autor describe el fruto que produce la estancia en cada uno de los peldaños de la escala:
La lectura busca la dulzura de la vida bienaventurada, la meditación la encuentra, la oración la pide y la contemplación la saborea. La lectura lleva comida sólida a la boca, la meditación la mastica y rumia, la oración prueba su gusto y la contemplación es la dulzura misma, que alegra y recrea. La lectura llega a la cáscara, la meditación penetra en el interior, la oración formula el deseo y la contemplación es el gusto de la dulzura ya alcanzada
.
En el itinerario testimonial de quienes han sido afectados por la lectura de la Palabra de Dios, es clásico el pasaje de la vida de san Francisco (1181-1226), en el que se nos narra cómo inició su Regla abriendo por tres veces los evangelios.
"Tomó el misal, y haciendo la señal de la cruz lo abrió tres veces en nombre de Nuestro Señor Jesucristo. La primera vez salieron aquellas palabras que dijo Cristo en el Evangelio al joven que le preguntó acerca del camino de la perfección: «Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y ven y sígueme». La segunda vez apareció lo que dijo Cristo a los apóstoles cuando los mandó a predicar: «No llevéis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni
