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POHANAPUSA: Sueños con poder
POHANAPUSA: Sueños con poder
POHANAPUSA: Sueños con poder
Libro electrónico300 páginas3 horasEl cazador de sueños y el viajero del tiempo.

POHANAPUSA: Sueños con poder

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Información de este libro electrónico

Con este título se inicia una saga en la que sus protagonistas utilizan
los sueños como vehículo que les permite atravesar la puerta a otra
dimensión en la que el tiempo o el espacio cobran un significado
diferente. Fred Jewel y Hojo Takeshi, dos personajes de distintas culturas y de épocas diferentes se encuentran atrapados en una tela de araña, tratando de superar situaciones establecidas por la voluntad despótica de los sueños, que los arrastra hacia una realidad onírica, oculta en los pliegues del subconsciente, a la que deben acceder para liberarse de las ataduras impuestas por la razón, recurriendo al mundo de los sueños.
IdiomaEspañol
EditorialBooks on Demand
Fecha de lanzamiento10 dic 2020
ISBN9788413732596
POHANAPUSA: Sueños con poder
Autor

José Antonio Mayayo

Nace en Ausejo (La Rioja) el 31 de enero de 1948.Es autor de varios relatos cortos publicados durante los últimos años.Publica su primera novela en el año 2017. Durante el año 2020 ha publicado ,nuevos títulos de la colección EL CAZADOR DE SUEÑOS y EL VIAJERO DELTIEMPO,asi como en la colección de RELATOS BREVES DE OTOÑO

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    POHANAPUSA - José Antonio Mayayo

    1

    EL HUESPED

    Pi… pi… pi…, un sonido estridente resuena acompasadamente rompiendo el silencio de la habitación, iluminada tan solo por la luz tenue que se mueve parpadeante, que cruza la superficie de los monitores, colocados sobre una mesita, al lado de la cabecera de una camilla,—formando montañas y valles,—al trasladarse de un lado al otro de la pantalla, emitiendo un suave resplandor de color blanco azulado, trasmitiendo sensación de frío, al iluminar tenuemente el rostro demacrado de un joven, al que le da aspecto cadavérico

    A su lado se encuentra una mujer de mediana edad, que observa con atención sus reacciones, para irlas anotando en una pequeña libreta, guardándola en uno de los bolsillos de su bata blanca, mientras habla en voz baja a través de un micrófono que asoma al lado de sus labios:

    —Necesitaríamos el escáner de los sueños de la competencia.

    La respuesta solamente es escuchada por Laura Rostand, que no hace nada por disimular su contrariedad:

    —Estamos intentando romper su barrera de seguridad, han creado una especie de laberinto que nos conduce a los lugares más insospechados en los que nos llegamos a perder sin saber cómo seguir, todavía no hemos descubierto como llegan a cerrarnos el paso.

    Laura Rostand mira a Fred, que se encuentra tendido en la camilla, tratando de superar una sensación desagradable que le ahoga, debe de esforzarse para respirar, y llevar el aire hasta el abdomen de forma pausada, en un intento por calmarse y hacer llegar más cantidad de oxígeno al cerebro, provocando que, en cada exhalación emitida, su garganta emita un sonido lastimero, causado por el aire forzado que expulsa con dificultad, arañando las paredes de la tráquea, Laura lo ha visto en esa misma situación en otras ocasiones, inconscientemente pasa su mano por el pelo del joven hablándole con voz apenas audible:

    —Si tú quisieras podrías ser el dueño de todo, podríamos unir el IRPU y SAKURA, Consigue ahora este objetivo, y no habrá potencia que no desee obtener nuestros servicios.

    Fred se mueve incómodo en la camilla, como si hubiese oído las palabras de Laura, y se va introduciendo en un estado de somnolencia, los pensamientos otras veces tan ágiles, se vuelven cada vez más lentos, los párpados comienzan a cerrarse como si hubieran sido presionados por un peso excesivo, le pesan igual que si hubieran colocado sobre ellos un trozo de plomo.

    Es incapaz de oponerse a la laxitud de su cuerpo, que se niega a obedecer las órdenes transmitidas por el cerebro, se encuentra cansado, convencido de que este sufrimiento está a punto de acabar, no desea luchar, y permite que una energía poderosa lo arrastre hasta absorberlo, a pesar de la oposición de un residuo lejano del instinto de protección, trata durante un momento de aferrarse a un soporte invisible.

    Un último atisbo de lucidez, le indica que debe abandonar la lucha, su última inspiración profunda le hace encontrar placer, dándole la sensación de flotar en un vacío, en el que no desea oponer resistencia. Acaba de introducirse por un espacio en el que domina la ingravidez, flota durante un tiempo para acabare precipitándose en un pozo que lo absorbe, en el que siente no poder alcanzar el fondo, la oscuridad lo atrae, lo abraza, hasta introducirlo en una masa densa y gelatinosa, que lo ahoga y lo disuelve.

    Deja de ser Fred Jewel, para convertirse en un pequeño punto, siente un frío húmedo que lo rodea. Se trata de una masa viscosa en la que su cuerpo se diluye. Oscuridad, un zumbido en los oídos. La última exhalación de aire se convierte en un estertor gutural. Se produce una explosión luminosa, y después el silencio, la nada. Su mente trata de saber:

    —¿Qué me está pasando?

    Un breve y lejano atisbo de consciencia le abre una puerta a otra realidad, en la que el espacio y el tiempo no se encuentran presentes. Todo se centra en un pequeño punto de relativa lucidez, acompañada de una sensación de sopor. Sintiendo al mismo tiempo ligereza por la pérdida de las ataduras que conllevan la posesión de un cuerpo.

    Todo ha desaparecido, el pasado o el futuro son parámetros de un mundo que acaba de abandonar. En este otro mundo solo existe un presente, predominando una estresante sensación de inmediatez, reconoce el camino, pero su mente no deja de avisarle:

    Ha ocurrido una aberración.

    Desconoce ese término, ya no se encuentra en un espacio material. En un instante ha pasado de estar lleno de vida, a ver su cuerpo vacío hecho un guiñapo, como si se tratase de un traje abandonado en el suelo tras haber sido usado. Ese cuerpo ha dejado de servirle, él se encuentra encerrado en una masa de oscuridad que lo arropa, lo rodea como una capa densa y cálida, creando para él una estancia en la que comienza a surgir una vida nueva, de la que siente un ligero latido, que va elevando su intensidad hasta convertirse en un suave movimiento en zigzag.

    Su cuerpo continúa sobre la camilla, mientras que Fred continúa por ese universo extraño, en el que todo es cambiante y no existe preocupación, en un viaje en el que solamente existe la ida, el retorno es una duda. La atmósfera ambiental deja de ser densa y viscosa para convertirse en una lámina fina y flexible que adquiere la forma de un gran tubo dando alojamiento en su interior al naciente movimiento ondulante, hasta alguna parte de ese ser que se llamó Fred Jewel le llega la voz de una mujer que cree conocer:

    —No dejen que bajen las constantes. ¡Lo necesito con vida!

    Esa voz le recuerda una vida lejana a la que ya no pertenece, este es otro mundo del que no desea regresar:

    —¿Qué es todo esto?

    Las dudas dejan de tener importancia, el sopor anterior da paso a un estado de conciencia con mayor lucidez, distinguiendo que necesita realizar pequeños movimientos para los que debe utilizar un gran esfuerzo, y desea abandonarse:

    —Dormir....dormir...dorm...

    Un paso más en un camino que ya no conoce, creyendo que ha habido un error, produciéndole malestar y rechazo, ante una situación molesta. El movimiento no cesa, se intensifica, hasta que llega a alcanzar la rapidez de una descarga eléctrica. Siente presión —extrañamente la de un cuerpo que ha abandonado— como si se encontrase envuelto en un caparazón que lo oprime demasiado. Exprimiéndole para extraer recuerdos de un pasado lejano, que va repasando uno a uno y grita sin sonidos:

    —¡Papá! ¿Por qué no me dices que debo hacer? — y continúa con su grito de petición de ayuda— ¡Dime como puedo hacerlo!

    Su grito ha sido escuchado, o tan solo se trata de una secuencia. La pesadez desaparece, —quedando en ese cuerpo que constituye el pasado— transformándose en levedad, han desaparecido los órganos, y las extremidades, y aun así continúa sintiéndolos. Solo queda oscuridad, y frío mezclados con miedo, mucho miedo, que viene acompañado de chasquidos y de unas fricciones eléctricas, como si él se encontrase en el interior de un cable de alta tensión, de un lugar desconocido surge una voz que le avisa:

    Acabas de llegar al límite, a partir de ahora entras en otro mundo.

    La voz se transforma en un letrero luminoso que se aleja en un torbellino, haciéndole dudar:

    —¿Se aleja ese letrero, o soy yo quien se aleja?

    Otras sensaciones pugnan por abrir camino en un pequeño punto de la mente, pudiendo distinguir la existencia de un roce molesto a la vez que excitante, comienza suavemente para convertirse en un chasquido rápido, como el producido por un latigazo. Es consciente de que, de la oscuridad, ha surgido una chispa, una explosión sorda y una gran fuerza de absorción, que ha provocado que el leve movimiento ondulatorio, se convierta en otro lineal, hacia adelante, avanzando a velocidad creciente hasta alcanzar niveles insospechados, dirigiéndose hacia una meta desconocida. La presión y el calor aumentan a la vez que la pequeña chispa luminosa, en la que se ha convertido, fricciona con una fuerza desconocida provocando una vibración molesta.

    Necesita que ese suplicio desaparezca, ya se ha despedido del mundo, su cuerpo ha quedado atrás, y no desea retomarlo. Después de haber experimentado el vacío, y de haber conocido la paz, es decepcionante encontrarse de nuevo con tanta agitación, al llegar al punto en el que el túnel oscuro desaparece, y atraviesa una barrera de luz intensa formada por un sinfín de colores y destellos, que lo hacen girar, arrojándolo bruscamente a un mundo inesperado, en el que la oscuridad y la humedad viscosa se convierten en pasado. Ante él hay luz, sonidos estridentes y conversaciones extrañas, de personas que, a pesar de hablar en otro idioma, le resulta comprensible, son voces solamente, no llega a vislumbrar a otras personas, aunque siente que hay alguien cerca, al escuchar una conversación comprensible:

    —Hay que proteger al Shogun¹

    Busca un recuerdo en el lugar más recóndito de su cerebro, de algo para él ya olvidado, que le llega en forma de recuerdo de su bisabuelo Cecil, hablándole de Japón, durante la Segunda Guerra Mundial, y escucha una voz nueva:

    —Ha sido una niña, mi señor. —Contesta otra voz que se va perdiendo en la lejanía.

    —¿Qué es todo esto? ¿De dónde salen las voces? — Se pregunta.

    La luz que lo transporta se intensifica, persistiendo en la sensación de velocidad. Algo ha cambiado, la percepción de sí mismo no es la misma. Ha dejado de ser una ameba, para distinguir un inicio creciente de vida. Se tranquiliza al reconocer lo que sucede, y las palabras que ha escuchado.

    A lo lejos ve cómo se acerca una figura, amenazadora, siente miedo de ser aplastado por que se convierte en una mole similar a una montaña, que lo absorbe, en vez de ser aplastado por ella. Deja de oponerse a lo que le sucede, cada una de las situaciones son consecuencia de otra anterior, se van sucediendo sin permitirle realizar ninguna oposición, que se convierte en curiosidad que le hace desear conocerla.

    La figura de forma triangular lo envuelve como si se tratase del capullo de un Gusano de seda. Ya en su interior distingue una forma triangular que albergaba otras cuatro figuras también triangulares, que cree haber visto en algún lugar de su pasado. Una voz lejana le golpea con fuerza, repitiendo con sonidos entrecortados una sola palabra, «HOJO²»

    Desconoce el significado de esta palabra, e inexplicablemente aparecen sentimientos que le preocupan acompañados de recuerdos deshilachados, de un pasado que sin ser suyo, tiene la sensación de haberlo vivido, manifestándose sentimientos de amor y de odio, que lo arrastran hacia otra sensación que reconoce y es capaz de ponerle nombre, «MIEDO». Haciendo que afloren otros recuerdos más lejanos en el tiempo, muy vívidos y frescos en ese momento.

    Aparece nuevamente la palabra que no ha comprendido asociándola a un nombre, que siente propio, y comienza a ver esos recuerdos, memorizando unos datos desconocidos:

    «Hojo Takeshi nacido en Izu y descendiente del clan Taira. Todos estos recuerdos le confunden, al entremezclarse con otros, también suyos y totalmente distintos.

    Fred Jewel, nacido en Ohio el 11 de noviembre de 2011. El nombre y la fecha y su rango de teniente del cuerpo de marines martillea su mente con machacona insistencia y también ese nuevo nombre lo sentía como propio. ¿Cómo puede ser dos personas al mismo tiempo?»

    Nada de todo esto le cuadra. Todo comienza a dar vueltas en lo que considera como su nuevo cerebro, constantemente le domina la sensación de mareo, tratando de comprender.

    Nuevamente inicia el movimiento vertiginoso, unido a una fuerte explosión de luz y sonidos. Imágenes de un niño, el patio de una casa siente las caricias de una mujer joven, muy bella.

    Las escenas se suceden a gran velocidad, ahora el mismo niño se enfrenta a un adulto con un bokken³, lo reconoce, es Muratomi, su tío, el compañero de su padre en las batallas. La escena se diluye y se convierte en otra totalmente distinta, como si se tratase de una película, las imágenes que aparecen por el lado izquierdo desapareciendo rápidamente por el derecho, para cambiar a otro momento totalmente distinto.

    Una escena familiar, apacible. Ese Takeshi del que ha reconocido el nombre, ya adulto y con un parecido sorprendente a Fred Jewel, pasea por un jardín junto a una mujer joven y una niña. Los cerezos en flor, espacios rastrillados, un chorro de agua trasmitiendo calma y la seguridad del hogar. Un ambiente relajante cargado de poesía.

    Una nebulosa envuelve esta imagen, envolviéndola por una luz mortecina. Cambia la escena, para dar paso a gritos y choques de armas, el piafar de caballos asustados, por el olor a sangre. Surgen los mismos sentimientos que Fred Jewel trataba de dominar en un combate, desea participar y mira a los contendientes protegidos por armaduras antiguas, y en su interior surge un nombre:

    —¡Kurikara⁴!

    Las secuencias se suceden; se superponen y se difuminan; pasando rápidamente hasta desaparecer por completo. Solo el recuerdo permanece junto a los gritos de una voz gutural:

    —¡Golpead con fuerza a la retaguardia!

    Más imágenes, en las que un caballo zaino, montado por un samurai que se dirige de un lado a otro impartiendo órdenes, a la vez que trata de reforzar los puntos vulnerables de sus hombres y ataca sin pensarlo las líneas enemigas, su odosi-gei —armadura ligera— es inconfundible, su color púrpura del clan Taira, como ofensa hacia los miembros de este clan, ahora sus enemigos. Desde lo alto de su caballo ríe provocando a las huestes enemigas con las que se enfrenta:

    —Soy Hojo Takeshi nieto de Taira no Kiyomori. Vuestra Ageha-cho⁵ de muerte.

    De las gargantas de los guerreros de toda el ala izquierda del clan Hojo surge un rugido unánime, de sus hombres, como si fuera su grito de guerra:

    —¡Ageha-cho, Ageha-cho!

    Takeshi parece revolotear, espada en mano se convierte en la mariposa púrpura, que figura en el kamon, como emblema de su familia materna, y ahora sus enemigos, como le ha enseñado su madre desde que era un niño, y a los que ha aprendido a odiar por los desprecios hechos a su madre.

    La oscuridad rodea a Fred Jewel, que va recuperando las mismas sensaciones que antes de tenderse sobre la camilla, para realizar el experimento. Comienza a despertar, su cuerpo se reactiva teniendo que recibir los cuidados de personal médico que ha estado vigilando todas sus reacciones, y tratando de reponerse de una creciente desilusión, hace que su mente regrese a esta otra realidad, escuchando a alguien que le habla para que se sienta tranquilo:

    —No trates de levantarte, quédate tendido durante un rato, y piensa en quién eres y que haces aquí ahora.

    Su mente realiza un corto currículum vitae. Teniente en el cuerpo de Marines, y su paso por la universidad y posterior licenciatura en Bioquímica, cobaya en este experimento, dirigido por la doctora Laura Rostand, su mentora y directora de la tesis doctoral, en la que trata de confirmar la teoría del «Puente de Einstein-Rosen» en la búsqueda del «agujero de gusano» que permita viajar por los Universos Paralelos.

    La confirmación de dicha teoría permitiría alcanzar un nuevo avance para la ciencia e importantes logros para la humanidad pudiendo alcanzar un punto del futuro para descubrir avances en materia sanitaria y además descubrir posibles enfermedades y de esta forma iniciar la prevención de estas. Apoyándose en otros estudios realizados por su padre Jeremy Jewel en este mismo campo.

    Al decidir el tema de la investigación para su tesis, las personas más allegadas, que en realidad eran dos, —su abuelo paterno y Silkah, la mujer que lo había criado— intentaron disuadirlo. Fred había tomado la decisión, y para no poder retroceder, Se lo expuso a la doctora Rostand, solicitando su apoyo, sorprendentemente le animó y se ofreció para dirigir la investigación.

    Fred trata de reponerse de la experiencia, se da cuenta por primera vez que esta parte del experimento ha llegado a su fin, en su ejecución ha tratado de alcanzar una parte del pasado reconocible históricamente, mediante la teoría que propone, qué tomando como modelo algo que pueda comprobarse y si la visita al pasado es fiable, luego, también puede descartarse el error en la visita al futuro, preparando un primer «viaje» a un futuro cercano, y una vez comprobado podrían hacerse incursiones más lejanas en el tiempo.

    La doctora Rostand, se muestra impaciente deseando tener las primeras palabras de Fred que confirmen el éxito o fracaso del experimento. Se le acerca al joven y revisa las mediciones del electrocardiógrafo, acerca una pequeña linterna y comprueba el movimiento de las pupilas de Fred, mientras pregunta:

    —Hola, ya has vuelto ¿Cómo te encuentras?

    —Hola doctora. Estoy bien.

    Laura Rostand revisa nuevamente las mediciones antes de volverse hacia Fred para preguntarle lo que le interesa:

    —¿Has llegado a algún lugar?

    —No, nada serio. He visto imágenes, luces, sonidos. Pero nada útil para nuestro trabajo. —Contesta Fred.

    Se dibuja un mohín de contrariedad en los labios de Laura, intuye que Fred no le ha dicho toda la verdad, y piensa «me has defraudado», en cambio utiliza su faceta más encantadora para que su respuesta parezca convincente:

    —Está bien. Esperaremos a la próxima vez. Ahora descansa.

    Fred entorna ligeramente los ojos y sus labios se distienden en una ligera sonrisa traviesa, escondiendo sus pensamientos, mientras su mano derecha se dirige hacia el antebrazo izquierdo posándose encima, justo en el lugar donde ha aparecido un tatuaje triangular. Él sabe que se trata del emblema del clan Hojo. Para todo el mundo es Fred Jewel, y conservaba sus recuerdos, pero en su interior se ocultaba Hojo Takeshi.

    Su metro ochenta y cinco de altura en un cuerpo fibroso, acostumbrado al ejercicio físico hace que Fred se incorpore de la camilla, mientras los sanitarios se apresuran a retirarle los electrodos, para salir de la cabina insonorizada, y dirigirse al vestuario, donde tiene su ropa de abrigo.

    Llueve, está anocheciendo. Fred sale por una puerta lateral de la Facultad de Medicina. Aspira el viento frío mezclado con pequeñas gotas de agua, que lo alivia del esfuerzo realizado en el experimento, pasa descuidadamente los dedos por la frente retirando un mechón de pelo que le cae sobre los ojos y aligerando el paso se dirige a la parada del bus, mezclándose con una riada de estudiantes que se apresuran para dirigirse a sus domicilios y descansar durante el fin de semana.

    Tratando de protegerse de la fina lluvia, no se da cuenta de que alguien le sigue. Eleva el cuello del abrigo para cubrirse con las solapas, introduce las manos en los bolsillos y sonriendo, se acuerda de la doctora Laura Rostand y del interés mostrado en el resultado del experimento, una voz desde lo más profundo de su mente susurra «Domo Arigato⁶»

    Un agradecimiento que sale por los labios de Fred, como si hubiera sido pronunciado por otra persona. Encoge los hombros sorprendido sin comprender por qué lo hace quien dirige el agradecimiento. Él

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