Cuentos de mi blog
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Contar con mi propia Página Web para escribir mis historias era un sueño que al fin lo alcancé y puedo disfrutar llenándola con mis escritos para satisfacción de mis lectores. Una verdadera prueba que demandó mucho estudio y empeño que pude lograrlo porque deseaba ardientemente contar con un blog de mi propiedad, esfuerzo que ahora veo coronado con la publicación de Cuentos de mi Blog en formato digital. Cuentos de mi Blog es el libro conformado por las entradas de mi blog "Historias para contarlas". Siendo Ingeniero Químico elegí la carrera de escritor en la edad provecta, aun cuando de joven también escribía historias sueltas que ahora adornan las páginas de mis libros y hacen que me sienta orgulloso de haber alcanzado este nuevo logro. Disfrútalo amable lector y colabora con la difusión de la escritura y la lectura que tanta falta hacen en el mundo de hoy en el que muchas personas solamente sueñan con tener un botón al alcance de las manos para "reiniciar" su día.
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Cuentos de mi blog - Jorge Suárez Sandoval
CAPÍTULO I
CUENTOS DE MEMORIA
A COMER NIEVE
Sábado 27 de julio de 1985, salí de trabajar en el Tercer turno a las 7:00 am, presuroso subí a mi camioneta Station Wagon Datsun y me dirigí a mi casa donde me estaban esperando mi amada esposa con mis tres hijas, listas para viajar a Huancayo en la Sierra Central del Perú.
Pude programar este paseo porque en el Perú los días 28 y 29 es la Fiesta Nacional y son feriados, además, por ser feriado pactado
con el Sindicato, el día 27 no trabaja el Tercer turno, de modo que disponíamos de tres días para pasear y esta vez acordamos que sería a la ciudad de Huancayo.
Huancayo, Ciudad Incontrastable, está situada a 3270 msnm y a 300 km de la ciudad Capital Lima, y para llegar allí, partiendo de Lima se recorre la Carretera Central pasando por Chosica en un camino serpenteante y ascendente, BarMine, Matucana, San Mateo, Casapalca para llegar a El Ticlio, el punto más alto de la Carretera Central, a 120 km de Lima y a 4818 msnm. A partir de aquí la carretera va en descenso y pasamos por Morococha, La Oroya, el enlace a Jauja y finalmente llegamos a Huancayo.
Al llegar a Ticlio, paramos. Bajamos del carro para que mis hijas pudieran ver, por primera vez en su vida, la nieve. El Ticlio es un lugar desolado pero maravilloso y lo contemplábamos extasiados, sobre todo porque allí estaba un gran letrero que decía:
PUNTO DE ENCUENTRO CON OVNIS
Recogíamos la nieve pero no para jugar lanzándonos bolas de nieve sino para comer las bolas de nieve como si fueran el raspadillo
más delicioso.
Experiencias de la vida que te acompañan toda tu existencia.
Publicado el 15 de marzo de 2018
CAVALLERIA RUSTICANA
Corría el año de 1964, año en que ingresamos a la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) en la ciudad de Iquitos. Las clases de Estudios Generales se dictaban en horario regular, de 8 a 12 m y de 2 a 6 pm; quedaba entonces bastante tiempo por las noches que decidimos emplearlo en otras actividades.
Betty Cifuentes y yo postulamos a la Escuela Regional de Música ubicada en la segunda cuadra de la calle Antonio Raimondi. Ella quería estudiar piano y yo quería obtener mi título de saxofonista porque era músico profesional de saxo.
Diez años atrás, cuando postulé al Primero de Secundaria en la Gran unidad Escolar Oscar R. Benavides, luego del Examen de Madurez Mental (Prueba Sicotécnica) nos invitaron a asistir a clases gratuitas de música, tendientes a formar integrantes de la Banda de músicos del colegio.
Luego de las clases teóricas nos entregaron los instrumentos con los que nos íbamos a formar. Pese a que yo quería el Contrabajo, el instrumento más grande, el maestro Beny Soto me entregó un clarinete y me dijo que era el instrumento que yo necesitaba.
Pero en el tercer año se produjo una vacante de saxo y lo tomé. Desde entonces me dediqué en cuerpo y alma a su estudio y la práctica me llevó a trabajar de modo profesional en las orquestas de la ciudad: Beny Soto, Orlando Cetraro, Mike Reátegui, Picotón Mendoza, etc. Incluso formamos nuestra propia orquesta con mi compadre Roldán Isuiza, la Orquesta Espectáculo Dominó.
Así las cosas, era notorio que muchas personas de la ciudad conocían mi trayectoria como músico.
Cuando nos tocó rendir el Examen de Ingreso a la Escuela de Música, luego del examen escrito pasamos al examen oral. Cuando me llegó mi turno veía sorprendido que los miembros del jurado conversaban entre ellos en voz baja, mirándome de soslayo. Por último el Presidente del jurado, Mike Reátegui, me dijo que dado que yo era ya un músico profesional reconocido en la ciudad no era necesario tomarme el examen oral.
Más bien querían hacerme una proposición, que yo sea profesor de la Escuela Regional de Música y además integrante de la Orquesta de Cámara de la Escuela. Les expliqué que postulaba a la escuela porque a pesar de ser músico profesional no tenía ningún documento que respalde mi profesión. Me dijeron que el título me lo darían sin ningún problema y lo único que falta es una prueba especial. Querían que me presente al día siguiente con mi saxo.
Llegó la hora de la prueba especial, emocionado porque no sabía que traían entre manos, cuando me preguntaron ¿Listo?, asentí con la cabeza y oh sorpresa, jamás me habría imaginado lo que me tocaría.
Pusieron en el atril el Intermedio Orquestal para saxo de Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni. Jamás había escuchado tal pieza y jamás me imaginé lo difícil que iba a ser la prueba pues estaba en Do Sostenido Mayor, esto es, con 7 sostenidos en toda la partitura.
Si alguno toca saxo sabe que con dos sostenidos ya es un poco complicado y con 4 es bastante complicado (El Danubio Azul), pero con 7 es la muerte, sobre todo tocarlo a primera vista
Sumamente asustado me apliqué por entero y con mucho esfuerzo de concentración y magia con los dedos para ejecutar los sostenidos puede concluirla, me parece de manera brillante porque los miembros del jurado aplaudieron.
Acto seguido me dijeron que había pasado todas las pruebas y que estaba listo para firmar el contrato de servicios, lo cual se haría al día siguiente.
Nunca firmé, es decir nunca fui a la oficina del Director de la Escuela, porque al llegar a mi casa encontré dos notas, una del Decano de la Facultad de Ingeniería Química que decía que la Universidad me enviaba en Comisión a la ciudad de Lima, con pasaje en avión y viáticos, y otra de mi buen amigo Teddy Bendayán, dirigente de Acción Popular, que decía que había sido elegido como Delegado al Congreso Universitario de Acción Popular que se realizaría en la ciudad de Ica, a 300 km de la ciudad de Lima, también con pasaje en avión a Lima más viáticos. Lo que pasó en Ica será materia de otra historia.
Al finalizar el Congreso obtuve mi nombramiento para la Sección Nocturna del Politécnico Regional de Oriente en Iquitos, lo cual me permitiría continuar con mis estudios en la Facultad de Ingeniería Química de la universidad.
Y bueno, jamás obtuve el Título de Saxofonista pero, me parece que jamás lo necesité pues dos años después se produjo la invasión
de las guitarras eléctricas y Bandas de jovencitos se dedicaron a amenizar las fiestas locales cobrando diez veces menos que nosotros por lo cual colgué
mi saxo para siempre.
Publicado el 10 de noviembre de 2018
ESA ES MI BOLSA
Corrían los años ochenta, la época del terrorismo más feroz en el Perú, y, sobre todo en Lima. Los coches bomba, las voladuras de torres de alta tensión, que ocasionaban apagones, los ataques indiscriminados a la población, nos ponían los pelos de punta.
La histeria generalizada hacía que en las urbanizaciones cerraran las calles con tranqueras, y si no había plata las cerraban con alambradas de púas y hasta con matorrales de espinas. No podías transitar así nomás por las calles de Lima.
Ponían bombas caseras en cualquier lugar, sobre todo en edificios y lugares públicos, ocultándolas en bolsas de plástico negro, de manera que quien advertía una bolsa negra abandonada de inmediato llamaba a la policía y enviaban al Escuadrón Antibombas para retirar el objeto sospechoso con toda precaución, utilizando pértigas y ropas de protección especial, desarmar la bomba o hacerla estallar en algún lugar descampado.
Todos teníamos miedo, andábamos mirando si por ahí había alguna bolsa negra sospechosa para dar el aviso.
Ocurrió que mi amada esposa, profesora jubilada, fue a cobrar su pensión en el Banco de la Nación de la Avenida 28 de Julio, y, como era usual en ese entonces, se fue el sistema
. Esto quiere decir que si no hay sistema, el banco no atiende a nadie. El gerente se comunicaba con su central e informaba puntualmente:
- El sistema se va a reanudar en una, o dos o hasta tres, horas. Mientras tanto, tengamos paciencia que a todos se les va a atender.
Mi esposa no era precisamente un modelo de paciencia, así que se fue a la puerta a respirar aire puro
, dejando su bolsa en la mesa donde se llenaban los formularios.
Era una bolsa de plástico negra en la que llevaba sus objetos de su negocio. Laboraba en la zona de zapaterías de Jesús María, principalmente en Horacio Urteaga, y tenía muchos clientes entre los comerciantes del lugar, para lo cual tenía libretas de apuntes, fichas de clientes, amén de una cartuchera llena de bolígrafos, azules y rojos, de modo que nunca se quede sin poder anotar los pagos diarios.
Estaba en la puerta del Banco de la Nación cuando vio sorprendida, muy sorprendida, que ingresaban policías del Escuadrón Antibombas, hacían desalojar a la gente y con mucho cuidado trataban de enlazar con una pértiga la bolsa negra que estaba puesta
sobre la mesa donde se llenan los formularios para las operaciones bancarias.
Una luz penetró en su cerebro y de pronto se dio cuenta de lo que trataban de hacer, desarmar
su bolsa con sus pertenencias creyendo que era una bomba.
- ¡Cuidado señora! - le dijo el policía tratando de impedir que se acercara a la mesa.
Llena de energía se acercó a la mesa y con el más puro dejo loretano exclamó en voz alta con su chillona voz de maestra
— Qué bomba ni qué bomba ¡Esa es mi bolsa! — todos la miraron sorprendidos e incrédulos. Mi esposa cogió la dichosa bolsa negra, la abrió, y mostrando su contenido les dijo a los policías del Escuadrón Antibombas
— Aquí están mis libretas de apuntes, aquí están mis fichas - abriendo la cartuchera — aquí están mis lapiceros y aquí están mis documentos y esta es mi cartera con mi plata.
— Discúlpenos usted señora — fue la respetuosa respuesta del policía que al fin pudo respirar tranquilo.
Y se fueron sonrientes pues habían enfrentado al peligro y habían salido airosos.
Publicado el 22 de noviembre de 2018
CONGRESO UNIVERSITARIO DE ICA
El domingo por la tarde fuimos con mi enamorada, hoy es mi esposa, Maria Judith a bañarnos en la laguna de Morona Cocha, buscamos un remanso y nos pusimos a nadar. Seguramente el agua estaba empozada mucho tiempo porque al regresar me escocía todo el cuerpo y me producía un dolor insoportable, fuimos a la Clínica del Dr. Marín, médico de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) de Iquitos para que me vea.
Me dijo que se trataba de una piodermitis y tenía que aplicarme antibióticos. Le expliqué que al día siguiente debía viajar a Lima para luego ir a la ciudad de Ica donde estaría varios días y no sabría dónde hacerme poner las ampolletas de antibióticos. Era el año de 1967.
—No hay problema - me aclaró - te daré el antibiótico en ámpulas bebibles, solamente le quitas el capuchón de jebe y te lo tomas directamente del ámpula de vidrio.
Efectivamente, cada 8 horas bebía el antibiótico durante el largo viaje y la molestia desapareció como por ensalmo. Cabe indicar que a mi enamorada no le afectó en lo más mínimo el baño en Morona.
En realidad tenía que viajar a la ciudad de Ica para participar como Delegado del Comando Universitario de Loreto en el Congreso Universitario de Acción Popular junto con mi buen amigo y correligionario Teddy Bendayán Díaz, conspicuo dirigente del Comité Departamental de Loreto.
En Lima coordinamos en qué carro me tocaba viajar a Ica. Me tocó un buen amigo, Camilo Ramos D'Angello y los 300 kilómetros fueron un recorrido muy ameno.
El Presidente de la República Fernando Belaunde Terry había mandado construir el moderno Hospital de Ica. Ya estaba terminado pero aun no entraba en funcionamiento porque lo tenía que inaugurar el Presidente, con ceremonia de por medio, así que nos alojaron allí a todos los universitarios que veníamos de todos los puntos del país. Parecía un hotel de lujo, con toda clase de comodidades.
Desde el principio se observó que la organización era impecable. Donde fallaron por completo fue en la determinación del lugar donde tomaríamos nuestros alimentos: El Comedor Popular.
No pasó mucho tiempo para que todos los delegados se sintieran muy mal del estómago y era cosa de risa cuando el buen Teddy en pleno discurso pidiera permiso para ir corriendo al baño porque la diarrea era terrible. Trajeron ambulancias y médicos y comenzaron a dar a todos los delegados la medicina que los aliviaría. Todos, menos yo, eran víctimas del mal. Como expliqué líneas arriba, yo estaba tomando antibióticos para la piodermitis y eso, felizmente, me protegió totalmente de la tal epidemia.
De inmediato nos pasaron a un restaurante particular y no volvió a presentarse tal situación y el Congreso pudo continuar hasta terminar con la elección de Luis Anderson, estudiante de La Molina, como Secretario Nacional del Comando Universitario, miembro pleno del Comité Nacional, quien de inmediato entró en funciones pues luego de nuestro Congreso Universitario se realizó en el mismo lugar el Plenario Nacional Descentralizado de Acción Popular. Como nota adicional, Anderson fue promocionado y propuesto para el cargo por Edmundo del Águila, entonces Secretario Nacional de Juventudes.
Publicado el 27 de noviembre de 2018
LA FUGITIVA
Sábado, noviembre de 1988, regresé del trabajo al medio día conduciendo mi extraordinario carro Station Wagon Datsun 1982, de placa SO-3343, una maravilla.
Al llegar a nuestra casa me estaban esperando mi amada esposa María Judith y la vecina y paisana Ana Pfennig. Judith me dijo que dejara afuera el carro y que me fuera al interior de la casa. Muy sorprendido miraba por la ventana del segundo piso cómo las dos damas lavaban concienzudamente mi carro. Mi esposa jamás había lavado el carro.
Acto seguido cogieron de la cochera una inmensa guirnalda de flores blancas y comenzaron a vestir
el carro, de pronto convertido en limusina para una novia.
Mi esposa siempre ha regido mi vida y esto es solamente una buena muestra de su manera de ser y, como siempre, no he discutido su proceder.
Al fin, el misterio se resolvió: Se casaba Haidee, hermana de Anita y yo debía llevarla a la iglesia y ellas prepararon el carro de la novia. Me dijo mi esposa que en el Mercado de Flores del Paseo de la República solamente te preguntan por el tipo y modelo de carro y te arman de inmediato el arreglo de flores para vestirlo porque ya tienen las medidas de todos los carros existentes. Fácil.
Vino toda la familia de Ana desde Iquitos para el gran acontecimiento. Con ellos vino una niña de 8 años para ser la Damita
de la novia, Maura Estela Paima Pfennig. La Damita va delante de los novios llevando los aros en una especie de cojín.
Llegada la hora embarqué a la novia y de copiloto iba mi pequeña hija Charito, quien me acompañaba vestida de blanco con su traje de la Primera comunión que se había producido hacía pocos días. Todos los demás iban en otros carros. Lento y majestuoso conducía mi vehículo cuando de pronto Charito me soltó a boca jarro
—Papá ¿Yo nunca voy a ser Damita en un matrimonio?
Me puse a pensar qué le podía decir para que no sonara a negación.
—Mira hijita, tus hermanas son aún pequeñas, recién acaban de ingresar a la universidad y no están pensando en matrimonio. Así que no podrás ser damita de ellas. Todos mis amigos y compañeros de trabajo están en la misma situación, con hijos de la misma edad de tus hermanas, así que no hay posibilidades para que tú seas damita.
Recordé cuando con Judith fuimos a visitar a Jorge Barreyro y Carmen Amaya para pedirles que su hijita Jacqueline sea la damita en nuestro matrimonio. Continué
—Quien sabe, quizás alguna de las personas que nos conocen en algún momento vengan a pedirnos para que tú seas la Damita. No debemos perder la esperanza.
Espero haberla contentado con tan sesuda exposición. Llegados a la Iglesia Nuestra Señora del Sagrado Corazón, de Jesús María, salió la novia del carro, la tomó el padrino y, hete aquí que se produjo una situación de confusión para los organizadores y la novia. La Damita no quería entrar a la Iglesia delante de la novia y llevando los aros. Se negaba rotundamente.
Cuando pregunté me dijeron:
—Se fugó la Damita.
Felizmente para todo hay una solución. Volvieron los ojos a mi pequeña Charito, y dijeron todos:
—Que Charito sea la Damita.
Y Charito, vestida de blanco como para la ocasión, encabezó el desfile hacia el Altar con la dignidad de una princesa y nuestra vecina Haydee pudo al fin casarse con Carlos del Piélago.
La sobrina Maura Estela cuando viene de Iquitos llega siempre donde Ana pero no creo que recuerde que para nosotros será siempre la fugitiva
.
Publicado el 06 de diciembre de 2018
JORGE REÁTEGUI BURGA
Nuestro distinguido catedrático don Víctor H. Montenegro Vilches publicó un texto de Prácticas de Química Analítica Cuantitativa, y en ese libro incluyó 200 problemas de cálculos de Análisis Químico Cuantitativo.
En realidad el Ingeniero Montenegro publicaba textos de todos los cursos que dictaba en la Facultad de Ingeniería Química de nuestra Universidad, la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (UNAP) de Iquitos.
El Ingeniero Montenegro fue después Decano de la Facultad y nuestro padrino de matrimonio, son, pues, varias las razones por las que sentimos en mi familia un gran afecto por él y su entrañable familia.
Pero este texto de Prácticas era el único que contenía tales problemas, de difícil solución, que lo consideré un verdadero reto y cuando logré terminar de resolverlos había llenado varios cuadernos y me parecía que estaba tan bien organizada la secuencia de los problemas que me pareció que el mejor homenaje que podía hacerle a nuestro querido Profesor era publicarlo. Entonces me propuse hacerlo.
Pero para publicar un libro no basta con la noble intención; de hecho, requiere en primer lugar una buena redacción, un buen tipeo
de los esténciles y los materiales para la impresión, esténciles, papel, tinta para mimeógrafo y cartulina para la carátula. Todo lo cual, es necesario decirlo, cuesta mucho. Más cuando no se cuenta con los medios necesarios.
Como siempre he considerado que los retos se resuelven paso a paso comencé con el primer paso: La buena redacción.
Mi, entonces, novia Maria Judith Alva Rivera, profesora en el Centro Educativo de Mujeres 172, quien siempre me apoyó en todo, se puso a escribir con su bonita letra el texto del libro que tenía proyectado publicar.
Terminada la redacción le pedimos a nuestra buena amiga Maria Alicia Amaya Córdova, funcionaria de la Oficina Regional de Educación, que picara
los esténciles.
Veamos lo que Wikipedia dice sobre el mimeógrafo:
"El mimeógrafo es una máquina que se utilizó como medio para producir muchas copias de un texto, sobre todo en escuelas. Al principio eran enteramente manuales pero después se les añadió motor y dispositivos para hacer más fácil su uso.
Los textos eran preparados con la ayuda de una máquina de escribir, una matriz en papel, llamada esténcil , que se impregnada con tinta por una de sus caras. La hoja del esténcil era de papel encerado y sobre ésta se escribía con la máquina de escribir anulando previamente la cinta entintada, es decir, se escribía perforando la hoja con los tipos de cada letra, y justamente en esos agujeritos el mimeógrafo introducía una pequeñísima cantidad de tinta para que el papel blanco que se superponía en el aparato, recibiera la impresión de esos tipos"
También podíamos escribir o dibujar a mano en el esténcil con
