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Solamente Tú Y Yo
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Libro electrónico153 páginas2 horas

Solamente Tú Y Yo

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Solamente t y yo - Narrativa que consta de 11 partes y relata la vida de una mujer que decide enfocarse hacia el xito personal y profesional, pero atraviesa una serie de circunstancias difciles que giran a su alrededor y le obstaculizan sus metas.
Serena Krystal con la intencin de ser feliz contrae nupcias con Ryan Mauricio. Tras algunos aos de matrimonio ella decide re-inventarse, entonces tendr como prioridad cambiar la manera de ganarse la vida. Cuando conoce al periodista Alejandro Rey sus das comienzan a tener sentido, pero por qu el mundo conspira contra esta relacin? Por qu no puede desatar las cadenas de un viejo amor que sigue latente en su corazn?
Esta es una dramtica historia que presenta a travs de sus personajes parte de la problemtica social que padecen estos tiempos: dificultad econmica, violencia domstica, enfermedades terminales, adulterio, secuestro y otros.
IdiomaEspañol
EditorialPalibrio
Fecha de lanzamiento4 mar 2014
ISBN9781463377564
Solamente Tú Y Yo
Autor

Lynette Cruz

Lynette Cruz Escritora puertorriqueña que ha recibido diversos reconocimientos literarios. Esta bibliotecaria de profesión tiene una preparación académica de la Universidad de Puerto Rico en Humanidades (Lenguas Modernas) y una maestría en Educación (Servicios Bibliotecarios y Tecnología de la Información) de la Universidad del Turabo de Puerto Rico. Al momento lleva más de diez años dedicada a la Educación.

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    Solamente Tú Y Yo - Lynette Cruz

    CONTENTS

    I

    II

    III

    IV

    V

    VI

    VII

    VIII

    IX

    X

    XI

    I

    La pasión se desvanecía y con ella el día despertaba convirtiéndose en la mañana. No obstante, allí estaba ella, ahogada en sus propios pesares, en sus propias lagunas mentales que emanaban a flor de piel y que sofocaban tanto su intelecto como su conciencia. Allí estaba ella, Serena Krystal, una mujer que en la actualidad se enajenaba de de la sociedad. Serena sabía que sufría y sabía, además que moría. Moría ese amor desenfrenado que sintió alguna vez por aquel hombre que compartía su techo y más aún su pecho, pero que sin saberlo es el enemigo contundente de esta historia que empieza a ser contada.

    Serena Krystal era una mujer de más o menos cuarenta primaveras, de mediana estatura, ojos café, cabello castaño claro, tez trigueña, mirada penetrante y postura de reina. Físicamente era bastante atractiva para no haberse dedicado a la estética o al campo de la belleza, sin embargo entendía cómo sacarle provecho a sus atributos físicos. Se dio cuenta por vez primera de dicha ventaja al ingresar a la escuela secundaria donde fue centro de atención por su candidez, su espontaneidad, su fugacidad, sus ideales, su iniciativa, su cordura ante las diversas situaciones que presentaban los maestros o instructores. Todos la conocían, era simplemente una deportista en acción. Para ella su cuerpo era su templo, a esa edad sólo se preocupaba por su sana alimentación, por su rendimiento físico y por su porvenir como representante escolar en las competencias nacionales deportivas de su país.

    En esa etapa de plena juventud la vida le sonreía y todo le parecía perfecto, tan perfecta como la inspiración de los poetas en una noche colmada de estrellas brillantes que caminan en fila hacia su destino final o como la musa que se adentra en el alma de los compositores de las canciones que marcan el romanticismo de una época que queda grabada para utilizarse en adelante como guía y estudio para futuras generaciones. Generaciones que se burlan muchas veces de cómo otros vivían la vida, generaciones a las que no les cabe en su materia gris que el amor siempre existió, que esa fuerza básica en la vida de todo aquel que tuvo vida estuvo presente como motor de un cuerpo que en algún momento se podría convertir en nada. Ese amor que puede despertar los deseos más recónditos que pueda sentir algún ser viviente que habite bajo el infinito y firme firmamento. Amor, palabra de cuatro letras que se convertía en ocasiones en palabra de seis y siete letras…amores y amoríos que se paseaban por barrios, campos, urbanizaciones, ciudades, pueblos y continentes.

    Serena Krystal pensó que durante su adolescencia había encontrado el verdadero y exuberante amor. Durante un encuentro de campeones en el deporte de volibol se vislumbra la figura tersa y joven de unos de los atletas más sobresalientes de aquel partido. El chico estaba rodeado de la magia atractiva que volvía locas a nenas de su edad, y ella no sería la excepción. Le pareció haber quedado prendada de la simpatía de aquel niño de escultural composición. Posesionada de un fuego que jamás había padecido irrumpió en la multitud y decidió acercarse para deleitarse aún más con aquella figura que se divisaba entre tantos atletas. Escuchó el nombre de Ryan Mauricio y supo enseguida que era él. Ryan también la observó mientras compartían un almuerzo que había concedido la Organización de Recreación y Deportes para elogiar y agasajar a los deportistas entre las edades de catorce a veintiún años que se habían destacado durante todo ese año. El almuerzo transcurrió entre risas, aplausos, sorpresas, regalos, honores y reconocimientos. Ya se acercaba la hora de partir y al fin lo conoció, antes pensaba que no se atrevería ni mirarle a los ojos, pero al estar cerca de él sentía tranquilidad, paz y hasta seguridad. Ryan era un chico especial.

    La verdad, debía confesar que era el principio de una historia real. Las chicas de su equipo establecieron fechas para reencuentros de compartir; se hablaba de ir al cine, ir de picnic, ir a la playa o simplemente de inventarse un fiestón. Antes de despedirse con besos, abrazos y perpetuas sonrisas se intercambiaban sus números telefónicos unos con otros. Entre el escándalo de aquella tarde, Serena Krystal no recordaba haber pronunciado algún número telefónico, mas bien recordaba los rostros de los que se despedían con gritos ensordecedores desde la guagua que se utilizaba para transportar a los deportistas. Al llegar a casa, Serena Krystal se preparaba para contarle a sus padres todo cuanto había acontecido en aquella batalla campal que se dio en las competencias y de cómo a pesar de tanto esfuerzo su equipo no pudo salir airoso. Los padres siempre fueron atentos a los asuntos de ella y pretendían conocerlo todo, pero también existía entre esta familia el don del espacio y la libertad que debía prevalecer en un núcleo que sobrevivía de la problemática social que aquejaba esos tiempos. Eran momentos donde la presión política imperaba, los empleos decaían y con ello la economía, donde los lujos se dejaban a un lado para poder sobrevivir, donde la educación pública carecía de recursos verdaderos para atemperarse a los nuevos tiempos. En comparación con otros lares estaba latente la brecha digital y la incomunicación a lejanos caminos se acrecentaba a pesar de hablarse de globalización, comercio internacional, internet para todos, celulares con camaritas integradas, autos con dispositivos ultra modernos y otras tantas cosas más.

    A pesar de todo lo que se vivía en aquel tiempo, ella pertenecía a una familia bastante acomodada y aunque no se daba cuenta otras chicas de su edad la envidiaban, pero en su corazón no cabía el desprecio y la altivez con que otros podrían aprovechar la ocasión. Su mejor amiga se apodaba Lola la cual era de escasos recursos económicos, pero soñadora de la belleza y la moda de diseñadores de renombre. Lola era fanática de lo nuevo, de las excentricidades de la vida y tenía la virtud de dibujar lo bello dentro de la crueldad y la escasez. Lola le transmitía a Serena Krystal el optimismo de ver la realidad de las cosas y a su vez la preparaba para enfrentar los sinsabores que con el tiempo aparecían en el desarrollo apacible de sus vidas. Ella veía todo como un nuevo amanecer, como un jardín de dalias, azaleas, tulipanes, amapolas, orquídeas, pompones y rosas. Todo era un todo que carecía de errores.

    Era un nuevo verano, a todas luces uno de los mejores. Las chicas se iban al centro comercial y compraban sus mahones cortos, sus trajes de baño, sus chancletas de moda y hasta sus productos de protección para sus cabellos que se debilitaban y se maltrataban por causa del candente sol que arropaba la isla en una época como esa. Verano inolvidable que avanzaba al encuentro de un gran amor, un amor sin límites que se aproximaba a la realización de una sagrada verdad. Una tarde de junio Lola invitaba a su mejor amiga a un pijama party donde la pasarían súper. Ya Serena hacía su equipaje, empacaba pijamas de colores brillantes, cremas para la noche, maquillaje, accesorios para el cabello y por otra parte todo lo que le permitió su madre llevar. Las atenciones de su madre eran tan extremas que preparaba en la cocina deliciosas meriendas para las chicas que compartirían una noche como nunca. Al cabo de unas horas apareció Lola con una maleta casi vacía que llenaría con las últimas tendencias de la moda que pasaban a ser parte del closet de Serena Krystal. Una vez llenas de tepe a tepe las maletas parten al encuentro de una noche que sería única en sus vidas y que marcarían la definición de sus caminos a la más difícil adultez.

    Serían las siete de la noche de un cinco de junio cuando llegaron a la casa donde pernoctarían o tal vez donde lo intentarían. Ya se sentía el ruido de una radio con pistas de moda y las chicas ya corrían por los balcones con un lucimiento sin igual, que paralizaba cualquier calle de aquella urbanización. El padre de Serena Krystal se presentaba ante la dueña de la casa y le daba instrucciones de los alimentos que podía ella consumir debido a la bacteria que se apoderaba de vez en cuando en su estómago. ¡Qué vergüenza! Hoy era bochorno, pero mañana ella lo comprendería. Lola siguió caminando al segundo piso mientras ella subía las escaleras sigilosamente después del disgusto que acababa de pasar. Al encontrarse con las demás chicas olvidó el malestar y procedió a acomodar sus pertenencias, comenzaron a bailar y degustar todo cuanto aparecía en una mesa de centro seis por cuatro.

    Eran tantas chicas que no había podido saludarlas a todas. Allí estaba Catalina, Leyla, Sonya, Tatiana, Rosalía, Betsy, Normita, Yamila, Nensey, Saymara, Maritere, Aimeé, Gloria, Claudia, Laura y Lena. Todas estaban gozosas porque para variar a aquellas alocadas chicas se les había metido entre ceja y ceja invitar a un grupo de guapísimos varones que vivían a cuadras de aquel lugar. Una vez se van a recostar los dueños de la casa que ocupaban el primer piso de dicha residencia a Gloria se le ocurre llamar a los guapos. Todas aguardaban la llegada de los caballeros andantes que como en un cuento aventurero subían o escalaban las rejas de la casona al encuentro de sus doncellas. Pero para sorpresa de Serena Krystal se presentó aquel que ya había olvidado, que ya no significaba nada para ella y que a su vez se había borrado de sus más profundos pensamientos.

    Ella no entendía lo que pasaba, pero simplemente le palpitaba el pecho como cuando el reloj del pueblo marcaba las doce campanadas. Y cada vez se movía el motor dentro de su pecho y se hacía más seguido hasta casi reventar. Ella pensaba que iba a desmayar, pero todo se aplacó al ver que Ryan iba al encuentro de Lena quien lo apaciguó con un abrazo que duró casi un minuto y que a Serena Krystal le parecieron horas. Pensó en recuperarse de aquel mal momento al bailar con las demás,

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