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Etnohistoria y multidisciplina: Etnohistoria del Prehispánico a la Colonia: sociedades y cultura. Tomo I
Etnohistoria y multidisciplina: Etnohistoria del Prehispánico a la Colonia: sociedades y cultura. Tomo I
Etnohistoria y multidisciplina: Etnohistoria del Prehispánico a la Colonia: sociedades y cultura. Tomo I
Libro electrónico305 páginas2 horas

Etnohistoria y multidisciplina: Etnohistoria del Prehispánico a la Colonia: sociedades y cultura. Tomo I

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Las investigaciones aquí presentadas tienen el objetivo de destacar que la etnohistoria es un campo multidisciplinario que se plantea analizar los procesos de cambio de las sociedades. Este primer tomo integra estudios sobre códices, manuscritos, pictografía y glifos, para el desarrollo de este análisis se dispusieron fuentes de la época prehispáni
IdiomaEspañol
EditorialInstituto Nacional de Antropología e Historia
Fecha de lanzamiento3 jul 2024
ISBN9786075399874
Etnohistoria y multidisciplina: Etnohistoria del Prehispánico a la Colonia: sociedades y cultura. Tomo I

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    Etnohistoria y multidisciplina - Rosa Brambila Paz

    Presentación

    ———•———

    Los capítulos que componen este libro cuentan con la participación de investigadores e investigadoras que realizan estudios etnohistóricos. El objetivo principal del texto es presentar trabajos que destacan por hacer uso de una metodología multi, inter y transdisciplinaria,¹ apoyados en diversas fuentes y documentos tanto históricos como etnográficos, y que contribuyen al conocimiento histórico, cultural, patrimonial y etnográfico de las sociedades de nuestro país.

    La comprensión detallada de otras formas de organizar y comprender el mundo ha obligado a repensar los discursos sobre las sociedades indígenas de México. A muchas de ellas, por ejemplo, era habitual atribuirles como requisitos indispensables modalidades históricas típicas de la cultura occidental. En este sentido, una de las metas más importantes de los estudios etnohistóricos ha sido entender la pluralidad de las sociedades que habitaron y habitan el territorio nacional; muchas de ellas son sociedades ágrafas, por lo que la historia para estos grupos se trasmitió y transmite por medio de la tradición oral.

    Podría decirse que gran parte de la problemática metodológica que afronta la etnohistoria estriba en el tipo de fuentes con las que se trabaja, a la vez que un reto central ha sido y sigue siendo el planteamiento de una metodología interdisciplinaria que involucra el uso de conceptos, instrumentos de investigación y conocimientos de varias especialidades, que no sólo entrañan los procedimientos, terminologías y aportes de la historia y de la antropología. Mantener el diálogo con otras disciplinas, con sus métodos, teorías y herramientas conceptuales se hace necesario, tanto con las propias de la antropología como son la arqueología, la lingüística o la etnología, como con disciplinas de las ciencias sociales como es la historia, la geografía humana, la demografía histórica y la sociología, y de las ciencias naturales como la biología, la ecología y la medicina. Es así que una de las características de la etnohistoria radica en su objeto de estudio y en la forma de aproximarse a él, con metodologías que permitan entender al devenir del otro, ese otro que ha heredado una cultura distinta o que incluso ha pasado por un proceso de colonización, de cambios impuestos.

    En general, la documentación que hace referencia a los rasgos culturales de los pueblos marginados y subalternos, presenta varios problemas de interpretación, por ejemplo, durante el periodo colonial, los textos más cercanos al momento del contacto proceden de la explicación del pensamiento europeo sobre una realidad en proceso de conocimiento; no es extraño, por lo tanto, que en ellos la voz del indígena resulte difícil de interpretar con exactitud. Los etnohistoriadores tienen el reto de descubrir en los documentos escritos, en códices pictográficos, un pensamiento diferente, así como normas y formas de ser de otras sociedades y culturas.² El método etnohistórico apela a una sensibilidad para buscar en archivos, legajos, textos incomprensibles y testimonios que sobrevivieron de épocas remotas, aspectos históricos, sociales, políticos, ideológicos y culturales de los grupos indígenas y de grupos modernos marginales, y de sus relaciones con los demás sectores de la sociedad. Pensamos que los estudios etnohistóricos aportan, cada día más, a temas sustanciales para comprender la diversidad cultural de México, por ello es tan importante darlos a conocer.

    Este libro está pensado en dos tomos: en el primero destacan las investigaciones sobre códices, manuscritos, pictografía y glifos; algunas hacen uso de fuentes de la época prehispánica y otras de la colonial. El segundo tomo lo componen textos que abordan temas como la criminalidad, la religiosidad indígena e hispana, las ceremonias y la identidad, con metodologías que utilizan para su análisis las fuentes y documentos históricos, así como la etnografía. Todos los textos que conforman este libro tienen como hilo conductor la investigación etnohistórica y la multidisciplina.

    I

    La mayor parte de lo que conocemos (en libros y códices) acerca del periodo prehispánico y de las culturas mesoamericanas se refiere a los pueblos que existían en el periodo Posclásico (200-1521 d.C., ver López Austin y López Luján, 2001), cuyos datos fueron registrados por algunos de los conquistadores y de los frailes españoles en el periodo colonial, los cuales escribieron acerca de los recién sometidos indígenas, sobre todo con el fin de poderlos evangelizar. Por esta razón, dieron especial importancia a la descripción de las costumbres religiosas con el propósito de combatirlas. Pero la cultura mesoamericana también se ha conocido a través de los restos arqueológicos y de los documentos pictográficos llamados códices, que elaboraron los habitantes de Mesoamérica. Estos libros, en especial, han sido una rica fuente de datos para reconstruir el pasado indígena. No obstante, también se toma en cuenta la ritualidad de los indígenas contemporáneos, aclarando que la religión de los indígenas actuales tiene gran cantidad de sincretismos con el catolicismo, sustituyendo muchos de los antiguos dioses por santos, vírgenes y el dios del panteón cristiano. Habría que destacar que la unidad mesoamericana no implica necesariamente la existencia de rasgos culturales comunes, ni deriva de una evolución paralela de formas de organización.³ Dicha unidad descansa, más bien, en una historia compartida por sociedades de muy diverso grado de complejidad; en un desarrollo fincado en intensas relaciones que convirtieron a este conjunto heterogéneo de pueblos en coproductores de todo un sustrato cultural.⁴ La lingüística también arroja muestras de la diversidad cultural de esta macro región, en la que se hablaban lenguas pertenecientes a los troncos lingüísticos zoquemaya, macro-otomangue y yutoazteca, entre otros.⁵

    Descifrando una de las culturas mesoamericanas, el primer capítulo de este libro muestra un análisis detallado sobre una pieza hecha de concha de la cultura tolteca, que fue encontrada en la antigua ciudad de Tula en Hidalgo, México. Se trata, como lo expresa Suárez Diez: […] de una pieza única, realista y mítica a la vez, que requirió del abastecimiento de diferentes materiales específicos, lejanos y difíciles de obtener, que fue trabajada por artistas especializados que conocían los sitios de abastecimiento de las especies biológicas que usaron, en esta investigación se realiza un análisis minucioso sobre las técnicas de manufactura de la industria conquiológica, para exponer lo que los artistas toltecas plasmaron en sus objetos y las características de uno de los dioses más importantes para el periodo Posclásico en Mesoamérica: Quetzalcóatl.

    El segundo capítulo tiene por objetivo exponer las características de la escultura lítica monumental durante el periodo prehispánico. Es así como Neaves Lezama realiza un recorrido y un análisis sobre las técnicas y objetivos que tuvo este tipo de escultura en las sociedades olmeca y mexica-tenochca principalmente. Neaves puntualiza que los artistas de estas culturas tuvieron una calidad en el manejo del relieve; además, que realizaron las obras monumentales en un tiempo muy corto. Propone la autora que durante la conquista, muchas de estas esculturas monumentales fueron destruidas, pero otras fueron modificadas para darles el uso que en esa etapa se requería; muchas de ellas se utilizaron como pilas bautismales a inicios del periodo Colonial. De modo que el propósito de este trabajo es hacer un breve análisis de la escultura lítica de gran tamaño, trabajada por artistas anónimos en algunas de las culturas mesoamericanas y que ahora forman parte del patrimonio histórico-cultural de nuestro país, asegura Neaves Lezama.

    El tercer capítulo es un estudio sobre el papel de las biznagas en los códices de tradición indígena. Jalpa Flores muestra cómo la representación iconográfica de las biznagas comparte elementos culturales en diversos códices prehispánicos y coloniales, sobre todo mantiene elementos polisémicos y polivalentes. Sobre la utilización del agave y el nopal dice: "figura en casi todas las representaciones donde los tlacuiloque expusieron su conocimiento de la biodiversidad de los paisajes y las utilizaron para dar cuenta de la toponimia, la antroponimia, las características de un espacio, o las funciones culturales y mitológicas que quisieron registrar". Su importancia en los manuscritos nos habla de un lenguaje simbólico, asociado a los dioses y rituales del mundo mesoamericano.

    El cuarto capítulo es un estudio sobre la relación que se mantuvo entre las personas que elaboraron el Códice Aubin y la Escuela de San José de los Naturales. Se trata de una investigación cuyo objetivo es poner en duda la propuesta de Robertson acerca de la participación indígena en las pictografías: se propone que algunos miembros suyos participaron en la creación de pictografías no catequéticas. Mendoza Cantú sugiere que el Códice Aubin fue creado durante el proyecto pedagógico de fray Pedro de Gante: la Escuela de San José de los Naturales, que se encontraba anexa al principal convento de la orden de San Francisco en Tenochtitlan.

    El quinto y último capítulo del primer tomo es una investigación que muestra cómo la utilización de documentos parroquiales de la primera mitad del siglo xvii permite reconstruir algunos de los rasgos de las poblaciones indias hablantes de otomí, en la región de Jilotepec en el Estado de México. Es así que Brambila Paz y Villegas Molina demuestran que la población otomí participó en la elaboración de documentos eclesiásticos del siglo xvii; se registraron en lengua otomí algunos bautismos de la población indígena de la parroquia de San Pedro y San Pablo de Jilotepec, Estado de México. Las autoras utilizaron para su análisis los registros bautismales. Es de destacar el análisis minucioso que se realizó en este capítulo y la relevancia que adquiere este tipo de fuente para el estudio de las poblaciones indias del periodo colonial.

    Finalmente, como se mencionó, las investigaciones presentadas tienen el objetivo de destacar que la etnohistoria es un campo multidisciplinario que se plantea analizar los procesos de cambio de las sociedades y sobre todo contribuir al conocimiento de las diversas culturas para reforzar y evidenciar la diversidad identitaria del México de hoy y de ayer.

    Bibliografía

    Kirchhoff, Paul, Mesoamérica. Sus límites geográficos, composición étnica y caracteres culturales, Acta Americana, México, vol. I, núm. 1, 1943, pp. 92-107.

    López Austin, Alfredo y Leonardo López Luján, El pasado indígena, fce/El Colegio de México, México, 2001.

    Matos Moctezuma, Eduardo, Mesoamérica, en Linda Manzanilla y Leonardo López Luján (coords.), Historia Antigua de México, inah-Conaculta/iia-unam, México, 1994–2000, vol. I, pp. 95-119.

    Paoli Bolio, Francisco José, Multi, inter y transdisciplinariedad, Problema. Anuario de Filosofía y Teoría del Derecho, iij-unam, México, núm. 13, enero-diciembre, 2019, pp. 347-357.

    Zanolli Fabila, Betty Luisa, Etnohistoria: nuevos retos y perspectivas en los albores del siglo xxi, El Búho, México, año 13, no. 138, mayo de 2012.

    ¹Entendiendo por multidisciplina la forma de colaboración de más de dos disciplinas en una investigación, sin perder cada una su caracterización ni abandonar su metodología propia. Como interdisciplina entendemos la integración de la teoría de varias disciplinas, el diseño de una metodología que requiere construir una visión compleja; en otras palabras, observar desde una sola teoría compartida y analizarla con una sola metodología. La interdisciplina exige un nivel de integración conceptual. Y la transdisciplina es el proceso de construcción del conocimiento mediante varios trabajos teórico-empíricos, que consiste en recorrer a través de varias disciplinas un campo de conocimiento y construir conocimiento. Francisco José Paoli Bolio, Multi, inter y transdisciplinariedad, Problema. Anuario de Filosofía y Teoría del Derecho, México, núm. 13, enero-diciembre, 2019, pp. 347-357.

    ² Betty Luisa Zanolli Fabila, Etnohistoria: nuevos retos y perspectivas en los albores del siglo xxi, El Búho, México, año 13, núm. 138, mayo de 2012.

    ³ Paul Kirchhoff, Mesoamérica. Sus límites geográficos, composición étnica y caracteres culturales, Acta Americana, México, vol. I, núm. 1, 1943, pp. 92-107.

    ⁴ Eduardo Matos Moctezuma, Mesoamérica, en Linda Manzanilla y Leonardo López Luján (coords.), Historia Antigua de México, inah-Conaculta/iia-unam, México, 1994-2000, vol. I, p. 95.

    ⁵ La religión de los diversos pueblos que habitaron Mesoamérica presenta características comunes entre las que destacan: el politeísmo, dioses antropomorfos asociados a los fenómenos naturales, especialmente las sequías y huracanes, a los astros, como el Sol, la Luna y Venus. Grandes centros ceremoniales, templos con basamentos piramidales, canchas para el juego de pelota (de alto significado cósmico y ritual), sacrificio humano, rituales asociados al uso de conteos calendáricos donde el año de 365 días está compuesto por 18 meses conformados a su vez por 20 días, más cinco días adicionales a final del ciclo, y la combinación de 20 signos con 13 números para formar un periodo de 260 días. El universo dividido en cielos e inframundos y dioses relacionados con dichos espacios, dioses dadores de vida y muerte. Alfredo López Austin y Leonardo López Luján, El pasado indígena, fce/El Colegio de México, México, 2001, pp. 15-16.

    1. Topiltzin-Quetzalcóatl, señor de Tula, y su escultura de concha

    ———•———

    Lourdes Suárez Diez¹

    Fotografías: Martha Alicia López Díaz

    Introducción

    Este trabajo es un estudio sobre una pieza arqueológica de concha encontrada en Tula, Hidalgo, que se exhibe actualmente en la sala tolteca del Museo Nacional de Antropología (mna) de la Ciudad de México. Para ubicar debidamente la pieza vamos a dar un panorama general, aunque somero, sobre la cultura tolteca.

    Tula, capital de los toltecas, está situada en el actual estado de Hidalgo en México, a 20° 03' latitud norte y 99° 21' longitud oeste del meridiano de Greenwich, a 2020 m de altitud.² Su historia abarca desde el siglo viii hasta el siglo xiii. La mayoría de los arqueólogos están de acuerdo en que esta cultura tuvo dos etapas: la primera del año 700 hasta el año 950, época que parece estar relacionada con una serie de conflictos internos y trascendentales que, posiblemente, se originaron en las luchas de los distintos grupos asentados años atrás, y que terminaron con la derrota del tlatoani Topiltzin-Quetzalcóatl y su salida hacia el oriente, como dice el mito.³ La segunda etapa se inició con la reubicación y expansión de la ciudad hacia el sur, cerca del cerro del Tesoro, hacia el año 950 y terminó con el abandono del sitio y el desplazamiento de los toltecas hacia el sureste hacia el año 1200.

    En esta segunda etapa se construyó un nuevo recinto cívico-religioso con altas pirámides, suntuosos palacios, grandes mercados y amplios juegos de pelota, que indican la centralización del poder político e ideológico. La empresa requirió una enorme fuerza de trabajo, necesaria para la construcción del gran recinto y sus edificios, que se levantan sobre un amplio sistema de terrazas que requirieron relleno artificial, tal vez traído de lejos; y una mano de obra eficiente y bien organizada.⁴ La nueva planeación de la ciudad, debidamente orientada norte-sur, se compone de calzadas, calles, terrazas, plazas y edificios. Es compleja, con áreas bien definidas, públicas y privadas, espacios abiertos en plazas bien trazadas, edificios religiosos, pirámides con altas escaleras y complejas decoraciones. En una de ellas se encuentran los llamados atlantes, enormes esculturas de piedra que representan guerreros ataviados con insignias que los distinguen, como el pectoral en forma de mariposa, el tocado en la cabeza y las flechas sobre la bolsa de copal. Se construyeron templos sostenidos por columnas en forma de serpiente emplumada cuya cabeza es la base; el fuste, el cuerpo del animal, y el capitel el crótalo del ofidio. Las fachadas de las pirámides están recubiertas con relieves estucados y pintados. Los palacios, con sus amplios vestíbulos cubiertos de columnas, están decorados con frisos pintados. Tiene áreas de intercambio y comercio con amplios mercados, barrios definidos de artesanos especializados en obsidiana, en sílex, en instrumentos de molienda, en cerámica y posiblemente en material de concha.

    La estructura social estaba dividida

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