Cuentos (de) mentes
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Luis Fernando teje tramas que desafían la percepción, mezclando realidades tangibles con mundos sutiles pero perturbadores. Te verás inmerso en una montaña rusa de emociones, desde la euforia hasta la melancolía. ¿Te atreves a enfrentar la complejidad de la mente humana a través de estos relatos impactantes? Sumérgete en Cuentos (de)mentes y descubre un viaje literario que desafía los límites de la realidad y la imaginación.
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Cuentos (de) mentes - Luis Fernando Padrón
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© Luis Fernando Padrón
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de cubierta: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-204-7
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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Apuesta final
Recuerdo claramente aquella noche como si la estuviera viviendo ahora mismo. El vino y la champaña corrían abundantemente, y frecuentes carcajadas llenaban el salón que nuestros anfitriones habían acondicionado como casino para aquella ocasión.
No sé si fue por el cúmulo de las varias copas que bebí, por la alegría de encontrarme con mis viejos amigos o simplemente porque así tenía que ser. No pude hacer nada por evitarlo. Empeñé todo mi dinero y todos mis bienes en cada una de las mesas de juego obteniendo un idéntico resultado: la pérdida de lo apostado.
Ya en completa bancarrota me dispuse a partir a la que antes de aquella noche había sido mi casa. De pronto un hombre alto vestido con esmoquin, delgado, de buen porte, con una barbilla afilada y un bigote aguzado a la Clark Gable me propuso una última y singular apuesta: mi sombra. ¡Sí, mi sombra a cambio de todo lo que había perdido! Casi sin pensarlo acepté su propuesta y aposté impulsivamente al 33 negro.
La ruleta giraba y giraba mientras yo reparaba en que no había visto a dicho caballero antes de ese momento.
Ahora yazgo en una cama sin sábanas al centro de una habitación con paredes acolchadas. Los únicos que me visitan son unos señores vestidos con bata blanca que no quieren creer que perdí mi sombra en aquella última apuesta.
Cacería nocturna
Últimos disparos de perfume. Volteo al espejo: estoy lista para salir a divertirme esta noche. Taxi de aplicación. Aunque soy alguien que suele irradiar seguridad, imprimo una dosis de delicadeza femenina a mi caminar. Lanzo una mirada coqueta al cadenero que guarda la entrada a mi coto de caza. El tufo de hormonas, lociones, desodorantes, sudor y otras secreciones inunda mi nariz y excita mi cerebro. Me humedezco ligeramente. Me concentro para evitar que las imágenes de los placeres prohibidos que voy a experimentar obnubilen mi pensamiento.
¿Cómo se llama? No creo que me haya dicho su nombre verdadero, nunca lo hacen. Rasgos europeos: ojos entre miel y olivo. Lo bautizo mentalmente como Cyrano porque su nariz parece la de un francés. Varios shots de vodka; mis dedos rozan ligera, pero atrevidamente su pantalón. Sé que es mío.
Habitación del amor: tiene unos labios gigantes y sensuales que me son estimulantes… otra vez estoy húmeda. Cyrano va al baño. Aprovecho para prepararme. Al salir sus hermosos ojos verde amielados se fijan primero en mi lencería negra, sin corpiño, con los senos al descubierto. Mis pezones están ocultos con parches en forma de corazón: uno rojo y el otro plata. La experiencia me dice que esto es muy excitante. Me quito la microfalda; la lencería no tiene entrepierna. Percibo cómo un tsunami de testosterona y adrenalina dilatan las pupilas de Cyrano; sé que en estos breves instantes es vulnerable. Ejecuto mis movimientos con agilidad y precisión. Al terminar, mi respiración es profunda y rítmica.
He ajustado al mínimo la iluminación del cuarto de hotel. Estoy desnuda; la sangre de Cyrano escurre tibia por mi pecho y dibuja un río que llega hasta el núcleo de mi feminidad. Mojo las palmas de mis manos con el líquido
