Invertidos y marimachos: ficciones queer de la poética latinoamericana: Ensayos crítico-literarios
Por Pedro Artieda
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Invertidos y marimachos - Pedro Artieda
CLÓSET UNO
SODOMITAS E INVERTIDOS
La sociedad existe solo como un concepto mental, en el mundo real solo existen los individuos.
OSCAR WILDE
SODOMITAS: SUJETOS AL MARGEN DURANTE LA CONQUISTA EUROPEA
Durante la época de la conquista en el Nuevo Mundo, los europeos impusieron un modelo de sexualidad, tanto para hombres como para mujeres, no necesariamente acorde con las formas de comportamiento y las prácticas sexuales mantenidas en muchas zonas del continente. Se trataba de una sexualidad binaria que determinaba los roles para uno y otro sexo, sin posibilidades de salirse de esta norma establecida. Tales determinaciones fueron, a su vez, producto del patriarcado, creación histórica que ha estado presente en la humanidad desde hace miles de años. La historiadora austríaca Gerda Lerner reflexiona en torno a esta problemática, cuyo proceso ha tardado alrededor de 2500 años en completarse. Lerner se traslada a las sociedades agrarias en las cuales ubica el origen del sometimiento y la utilización de lo femenino.
El desarrollo de la agricultura durante el periodo neolítico impulsó el «intercambio de mujeres» entre tribus, no solo como una manera de evitar guerras incesantes mediante la consolidación de alianzas matrimoniales, sino también porque las sociedades con más mujeres podían reproducir más niños (Lerner, 1990, p. 57).
Los agricultores podían emplear mano de obra de estos menores en función de la producción. La historiadora estadounidense acota que los hombres tenían derechos sobre las mujeres que estas no tenían sobre ellos.
Las mismas mujeres se convirtieron en un recurso que los hombres adquirían igual que se adueñaban de las tierras. Las mujeres eran intercambiadas o compradas en matrimonio en provecho de su familia; más tarde se las conquistaría o compraría como esclavas, con lo que las prestaciones sexuales entrarían a formar parte de su trabajo y sus hijos serían propiedad de sus amos (Lerner, 1990, pp. 57-8).
Si los lugares asignados tanto para lo masculino como para lo femenino estaban tan predeterminados, las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo no tuvieron lugar en los tiempos del cristianismo, pues fueron estigmatizadas y satanizadas a partir de concepciones moralistas. Al igual que otras expresiones de la sexualidad que no estaban orientadas a la procreación, se las denominaba «contranatura». Innumerables documentos de entonces dejan ver las reacciones que generó en cronistas y conquistadores este tipo de sexualidad. Entre estos textos paradigmáticos se encuentran Historia general de las Indias, de Francisco López de Gómara, y La crónica del Perú, de Pedro Cieza de León.
LAS LEYES EN LAS INDIAS OCCIDENTALES
Cuando los navegantes se establecieron en las Indias Occidentales, las normas que rigieron en los pueblos sometidos fueron las de la Corona, cuya legislación provenía a su vez de un extenso cuerpo de leyes producido cuando el Reino de Castilla —que junto a Aragón conformarían posteriormente el Reino de España— estaba bajo el dominio de Alfonso X. El tratado «Las Siete Partidas», escrito a mediados del siglo XIII, condenaba el pecado sodomítico, término proveniente de Sodoma, una de las dos ciudades destruidas por Dios en el Antiguo Testamento, referido a las prácticas sexuales entre varones. El castigo impuesto por cometer este «pecado en que caen los onbres yaciendo vnos con otros contra natura & costunbre natural» (Sánchez-Prieto, Díaz y Trujillo, 2006, p. 1309) era la muerte, tras la castración frente a todo el pueblo.
A finales del siglo XV, los reyes católicos establecieron los Tribunales de la Santa Inquisición, cuyo origen estaba ligado a la inquisición episcopal implantada a finales del siglo XII, con el fin de combatir la herejía. La América española estuvo regida, entonces, por tres tribunales: Lima y México, creados en 1569; y, en 1610, Cartagena de Indias. Vale aclarar, no obstante, que a finales del siglo XVI se excluyó a la población indígena de estos tribunales. En su lugar se creó la Extirpación de las Idolatrías, basada, de todas formas, en la Santa Inquisición. Entre los «delitos» que los tribunales castigaban se encontraban, por supuesto, aquellas relaciones «contranatura».
Pero más allá de estas legislaciones y de su instrumentalización, hubo conquistadores que aplicaron su propia ley. En una de sus crónicas, Pedro Mártir de Anglería narra cómo Vasco Núñez de Balboa habría mandado a asesinar a decenas de hombres del pueblo de Querequa (istmo de Panamá), por el hecho de vestir con prendas femeninas:
Vasco descubrió que el pueblo de Querequa era presa de los vicios más repugnantes. El hermano del rey y otros cortesanos iban vestidos como mujeres, y de acuerdo con los relatos de los vecinos, compartían la misma pasión. Vasco ordenó que cuarenta de ellos fueran destrozados por los perros. Los españoles habitualmente utilizaban los perros para luchar contra esta gente desnuda, y los perros se arrojaban sobre ellos como si se tratase de jabalíes o tímidos venados (Palacio, 2010, p. 114).
En su investigación La descolonización del «sodomita» en los Andes coloniales, sobre la sodomía durante la conquista, Michael J. Horswell analiza la figura del «chuquichinchay o el apo de los otorongos» (2013, p. 12), una suerte de dios de los indígenas de dos géneros, que sirvió como mediador en un momento de crisis durante la sucesión de los jefes incas del Tahuantinsuyo (Cuzco, siglo XV). Enfatiza en el modelo de masculinidad que impusieron los conquistadores cuando despreciaron y satanizaron esta figura, cuyos asistentes vestidos con ropas del sexo contrario representaban rituales que ocasionalmente incluían prácticas
