Ministro De Cristo. Específica Espiritualidad Sacerdotal
Por Juan Alvarez
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El sacerdote diocesano, teóricamente suele pensar que sí que hay una específica espiritualidad sacerdotal, pero de hecho, creemos que no siempre sabría describirla. La Espiritualidad sacerdotal ha tenido siempre dos opciones: Por una parte aquellos sacerdotes que formaron su alma y su relación personal con Cristo dentro de una carisma concreto aprobado por la Iglesia. Esta específica espiritualidad ha enriquecido y cuidado la vivencia profunda de su ministerio. Por otra parte, los sacerdotes diocesanos; uno tiene la impresión de que la estructura de prácticas espirituales y ascéticas recibidas en el seminario, no acaban de llenar el alma del ya ordenado y en momentos de desgaste espiritual suele buscar la confesión o dirección espiritual en sacerdotes vinculados a carismas concretos.
Sin embargo en esta carta vamos describiendo todo un itinerario completo de específica espiritualidad sacerdotal, al hilo de la espiritualidad que se desprende de la celebración diaria de la Eucaristía. Ahí descubrimos la genuina espiritualidad sacerdotal; y que ademas resulta ser el alma de todos los demás carismas espirituales que el espíritu Santo ha ido regalando a la Iglesia a lo largo de los siglos. Esperamos haber acertado con el núcleo espiritual del alma sacerdotal.
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Ministro De Cristo. Específica Espiritualidad Sacerdotal - Juan Alvarez
Juan Álvarez. I.S. Stabat Mater
MINISTRO DE CRISTO
Específica Espiritualidad Sacerdotal.
Edita Instituto Secular Stabat Mater.
C. Fuerte de Navidad, 26. 28044- Madrid
INTRODUCCIÓN
Todos los sacerdotes tenemos en nuestra memoria esas palabras que aparecen escritas ya en muchísimas sacristías; y que yo leí por primera vez revistiéndome para celebrar la Eucaristía en un convento español de Carmelitas Descalzas:
"Sacerdote: celebra esta misa como si fuera tu primera misa, tu última misa, tu única misa".
No conozco el origen de esas palabras, pero sin duda salieron de un corazón bien abierto a Dios. Me parecen la síntesis más lograda de la genuina espiritualidad sacerdotal. De hecho, puedo decir que encierran el completo contenido de estas líneas que has comenzado a leer.
En la conciencia de un sincero sacerdote siempre está de fondo la búsqueda de la Santidad que le exige su ministerio. Pero no siempre ha descubierto el camino espiritual más adecuado para su vocación. Los sacerdotes regulares que pertenecen a una orden o congregación religiosa, incluso los que pertenecen a un movimiento eclesial que tiene reconocido un determinado carisma, lo normal es que los inicios de su vida espiritual, hayan comenzado dentro de ese carisma concreto donde se han encontrado con Dios. El Espíritu Santo ha ido enriqueciendo a la Iglesia a lo largo de los años con variadas sensibilidades espirituales y ascéticas peculiares que han ido dejando en la historia de la Iglesia abundantes y honrosos frutos de Santidad. Estos sacerdotes han ido descubriendo y discerniendo su peculiar vocación sacerdotal al mismo tiempo que iban avanzando por la espiritualidad de su peculiar carisma. Su ministerio ha sido enriquecido y fortalecido de un modo concreto, bajo el cuidado de la Iglesia.
Los Sacerdotes seculares, los sacerdotes diocesanos que se han ido formando en los seminarios de cada diócesis, no parece que tengan asumido una específica espiritualidad diocesana. Decir esto, hay que reconocer que incomoda un poco al sacerdote secular diocesano. Porque se afirma que sí, que sí que hay una espiritualidad específica del sacerdote que no pertenece a ninguna orden religiosa. No se puede negar que, desde que se he configurado la realidad de los seminarios, ha sido muy habitual que los formadores hayan sido miembros de alguna institución concreta que, lógicamente han marcado a los seminaristas con aspectos propios de su carisma. En otras ocasiones, los formadores son sacerdotes diocesanos, pero que se han enriquecido con espiritualidades de diversos carismas. Uno tiene la impresión de que debe ocurrir con cierta frecuencia, que los sacerdotes recién ordenados, cuando Dios les llama a entrar más adentro en la espesura de su amistad… y El Señor pone en ellos un verdadero deseo de mayor entrega y fidelidad a vivir la propia vocación, como que buscan la confesión y la dirección espiritual de algún sacerdote o religioso perteneciente al ámbito de un determinado carisma.
Si se le preguntara a un sacerdote recién ordenado que no estuviera vinculado espiritualmente a un determinado carisma, que nos describiera los rasgos de su espiritualidad, quizá no sabría muy bien cómo expresarla. Es posible que nos dijera que su espiritualidad está centrada en la Palabra de Dios, meditación diaria, quizá ¿lectio divina?…; su fidelidad a un cuidado rezo de la liturgia de las horas, la dignidad, el esmero y la devoción en la celebración de la Eucaristía y de los demás sacramentos, la fidelidad a lecturas magisteriales, pastorales, espirituales; además unas prácticas ascéticas y mortificaciones… clásicas, el Rosario y sus devociones personales con la Virgen, los retiros y ejercicios espirituales que les ofrece la propia diócesis; aparte de la confesión frecuente, etc.
Grandes y santos sacerdotes han resultado de estos dos grupos, sin duda. Y para nada es despreciable tomar este tipo de espiritualidades. La fidelidad a cualquiera de los carismas y prácticas espirituales y ascéticas que tienen el sello de la Santa Madre Iglesia, no acabarán en destinos errados.
En estas líneas nos lanzamos a despejar y descubrir el tesoro escondido de la espiritualidad de la misa. Con todo el respeto y agradecimiento al Señor por el don de sacerdotes santos y sabios que ha ido repartiendo durante los veinte siglos de Iglesia, nos permitimos colar estas palabras en la red, por si entre los tiempos de lectura de los seminaristas, diáconos o presbíteros que se topen con ellas, les agrada tomarlas en cuenta. Con los obispos, doy por hecho que tienen cartas y asuntos más urgentes para atender y que no tienen hueco para leer una carta para diáconos. Estamos convencidos que la celebración de la misa lo encierra todo. Por tanto, debe encerrar también la perfecta espiritualidad cristiana, cristificadora. Pensamos que la fidelidad a la celebración diaria de la Eucaristía tiene sobreabundancia de espiritualidad como para que, desde el puro centro del alma del sacerdote que la celebra a diario, se sienta empujado a recorrer los caminos de la mística más certera y segura, que llevan a la total identificación con Cristo; que es el único objetivo y fin de cualquier camino espiritual o ascético.
Solo animo al lector a comenzar a leer esta carta. Algunos que la comenzaron, no fueron capaces de dejar de leer hasta acabarla. No tiene por qué ocurrir siempre esto, pero es un regalo si esto se repitiera muchas veces. No es tan larga como para no poder con ella. En cualquier caso, a La Inmaculada encomiendo el fruto que puedan dar estas palabras, para la gloria de Dios, la salvación de los hombres, y la honda alegría de los llamados a ser sacerdotes.
Madrid 31 de Julio de 2018
Madrid, 10 mayo, 2018
Querido Diácono:
En unos días, semanas, meses… vas a recibir otro matiz del Sacramento del Orden. Vas a ser llamado por tu obispo al orden de los Presbíteros y ya estás listo para responder tu: aquí estoy
y Sí, quiero. Con la Gracia de Dios
.
El que ha llegado a este punto del camino no debe tener ningún miedo. El protagonista del momento; y el protagonista de todos los momentos futuros de tu existencia, no serás tú. La esencia de toda tu existencia será Cristo Sumo y Eterno Sacerdote. Se colocará en el centro y en la clave de tu vida, seas consciente o inconsciente de ello. Aprovechando que han aparecido escritas estas dos últimas palabras, jugando con ellas te diré que, si no te afanas cada día por ser consciente de esta total centralidad de Cristo en tu vida, serás realmente un inconsciente, en el sentido más peyorativo
