Polvo De Canela
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Polvo De Canela - Marisabel Viloria
ÍNDICE
Agradecimientos
Mensaje A Los Lectores
Capitulo I Pensamientos Entrelazados
Capitulo II Sobreviviendo Al Verano
Capitulo III Una Aprendiz Bien Entrenada
Capitulo IV Pecados Capitales
Capitulo V Distintas Teorias
Capitulo VI Invocando Pasiones
Capitulo VII Lluvia Torrencial
Capitulo VIII Buenos Consejos
Capitulo IX Muerta De Amor
Capitulo X Naturaleza Viva
Capitulo XI Burbujas De Jabón
Capitulo XII Giro Perfecto
Capitulo XIII El Retorno
Capitulo XIV Encarrilando El Futuro
Capitulo XV El Club
Capitulo XVI El Cachito, El Hoyito Y El Pequeño Caballo De Mar
Capitulo XVII La Semilla
Capitulo XVIII Ultima Duda
Capitulo XIX Supernova
DEDICATORIA
A mi Madre y mi Padre, quienes juntos, me enseñaron a llevar con honor mis tacones, mis pantuflas o mis pies bien limpios y descalzos, todo en su momento apropiado . . .
A mi amado esposo Arturo, con quien y compartí cada letra de este libro . . .
A mis hijos, por aceptar atar la curiosidad junto a la paciencia, convirtiéndolas en sabias virtudes que valorarán en el futuro . . .
A Dios, porque nos puso juntos en este mundo.
Marisabel.
AGRADECIMIENTOS
A Baloo J. Chami.
La magnificencia de tu arte, fue captada y plasmada en el primer y único bosquejo de la portada de este libro.
A Juan C. Peña.
Tu experticia gramatical y tu esmero desinteresado, dieron vida entre acentos y puntuaciones a muchas de las oraciones que componen esta historia.
MENSAJE A LOS LECTORES
En el mundo en el cual vivimos, existe una puerta de entrada hacia un universo de instintos de supervivencia y de protección a la par de los animales más salvajes, pero también hacia un paraíso de sentimientos, inteligencia y sexto sentido: La Mujer.
Si bien para nuestro entorno, estamos etiquetadas como simples íconos de belleza, la verdad es que, gracias al Todopoderoso y, a diferencia del hombre, fisiológicamente fuimos dotadas de una fuente inagotable de juventud: nuestra sexualidad, la cual, sabiéndola cultivar, nos durará hasta nuestro último suspiro . . .
Marisabel Viloria
. . .Una mujer desnuda y en lo oscuro es una vocación para las manos para los labios es casi un destino y para el corazón un despilfarro una mujer desnuda es un enigma y siempre es una fiesta descifrarlo.
(Tomado del poema Una Mujer Desnuda y en lo oscuro
de Mario Benedetti)
CAPITULO I
PENSAMIENTOS ENTRELAZADOS
Era una tarde lenta, afuera hacía un sol inclemente y un calor que asfixiaba, sentía pena por aquel tipo que bajo esas condiciones seguía podando el jardín del frente, pero sus pensamientos se enfocaban solo en la última noche que estuvo con su pareja, todo hacía alusiones al momento.
En la salita contigua a la pequeña oficina, daban un programa en el canal de Discovery acerca de los leones africanos.—Es así como lo hacen, ahora entiendo su sed animal, por supuesto, el acto sexual dura más en el ser humano que en los leones
. – Pensó. Tan solo la palabra la hacía vibrar de pies a cabeza, no sentía su cuerpo caliente por el clima de la tarde, el aire acondicionado a full potencia marcaba 75 grados Fahrenheit, pero cada vez que su mente recordaba la posición en la que alcanzo su orgasmo, sentía que sus mejillas ardían y un calor sobrecogedor entre sus piernas, en el mismo centro, trataba de disimular, pero se hacía casi insoportable, sus pechos ahora estaban erectos, apenas rosando con el escritorio, sentía que cada nervio de ellos tenía una conexión directa con su ser, que ahora se relajaba y se abría como una flor esperando ser penetrada, su respiración se hacía más fuerte y más intensa, sus caderas incontrolablemente se hacían hacia atrás curveando su espalda, sus pupilas dilatadas, miraban hacia un punto fijo . . . cerraba sus piernas con disimulo, tratando de apretar su clítoris, que duro como una almendra, latía entre sus jeans ajustados.
Por supuesto que es importante el tamaño
.—Pensó dejando escapar una leve sonrisa de su boca. – Si no lo tuviera suficientemente grande no me hubiese podido penetrar de esa manera
.
Era impresionante como habían cambiado las cosas desde la primera vez que estuvieron juntos, se calmo un poco pensando en la anatomía básica de las posiciones, pero luego volvía a pensar en sus gemidos y en lo fácil que a él se la hacía moverla como si fuera una muñeca entre sus brazos, su leona
.
Cerró sus piernas de nuevo tratando de evitar o prolongar el espasmo que cada vez se hacía llegar con más frecuencia, cuando de pronto oyó una voz que decía:
-Hey!, que tal, un poco lenta la tarde ¿no?
La humedad de su piel era obvia, secó sus mejillas mientras le respondía a la señora que pasaba el trapito limpiando el lobby del hotel donde trabajaba respondiendo:
-Si verdad, ¿qué tal como estas?
. . .
Sabía que había estado a punto de un orgasmo cuando salió del coma momentáneo en el que se encontraba y se sintió aliviada de que la despertaran a tiempo, pues quizás no hubiese podido evitar dejar escapar uno que otro gemido en el clímax de sus pensamientos . . . Aun así, su desespero se acrecentaba al saberse ocupada.
La verdad es que los humanos deberíamos ser como los animales y poder hacerlo donde queramos y cuando queramos, sin disimular el más mínimo instante las ganas de sentirnos plenos y completamente entregados al sexo
. – Pensó.
El bolígrafo que yacía inmóvil sobre el escritorio, se vio obligado a escribir:
La naturaleza no entiende tiempo ni circunstancias, el intelecto se vuelve polvo ante la presencia del instinto con el cual fuimos creados
.
Llego la hora de partir, la campana del reloj indicaba que ya debía haber hecho los reportes. Parecía mentira que esa tarde tan lenta la hubiese tomado de sorpresa. Ese día entrego con retraso su reporte, como si hubiese sido el más ocupado de todos. El ocio es la madre de todos los vicios
se dijo a sí misma, mientras que con una picara sonrisa cerraba la puerta del guest services del hotel donde trabajaba.
Qué extraña y diferente sensación tuvo cuando yendo por la autopista hacia su casa que corría elevada por entre la ciudad, divisaba casas y centros comerciales con jardines y arboles recién sembrados. Parecía que fue ayer cuando llego a esta tierra El sueño Americano
. . . Sueño, sí señor, sueño era lo que sentía, su cansancio era inminente, las noches anteriores se había dormido tarde viendo las noticias de su país: los reportajes de niños que vagaban por las calles de Suramérica oliendo pega para poder calmar el hambre y luego un programa donde de forma muy abierta y liberal se trataba la homosexualidad como problema de conducta en la que ponían en entredicho, no a los gays o lesbianas, si no a quienes los criticaban por serlo.
Otro mundo, definitivamente parecemos seres que viven en distintos planetas. –Pensó, no menospreciaba ese tipo de programas pero sin duda alguna en este mundo para ella habían cosas mucho más importantes que criticar a las personas por su preferencia sexual . . . Aun así, sentía que debía empaparse de todos los asuntos ya fueran importantes o triviales de la sociedad en la cual vivía.
Debía poner su mente en claro sobre todo cuando se enrollaba pensando que Dios debería tomar la tierra y darle una sacudida para que todo se mezclara y quedara parejo de una vez por todas, menos pobres allá, mas fuerza de trabajo aquí . . . Pensaba en la lucha de los inmigrantes ilegales peleando por mantenerse vivos trabajando de sol a sol, en sitios donde los mismos norteamericanos no son capaces, pues según la propia opinión de algunos de ellos, sus condiciones físicas eran distintas, por lo que los hacía demasiado blandos
para el trabajo duro y en condiciones climáticas extremas, esto con la excepción de los trabajadores de color. Pero luego ponía un stop y pensaba en la diversidad de las culturas y en lo bello que era descubrir cosas nuevas, si todo fuera igual, entonces nada tendría sentido . . . ¿Por que luchar? . . . Mejor era dejar en paz a Dios y dejarlo todo como esta: que cada quien decida como esforzarse en conseguir sus metas . . . o sus sueños, en fin, hay tantos caminos . . .
Entonces sí estaban entrelazadas las cosas, también hay muchos caminos para la sexualidad. Recordó a su amigo de juegos, Antonio, con quien compartió no solo su gusto por el violín, sino también la atolondrada etapa de la adolescencia, recordó como este tipo tan guapo al final después de tantos tropiezos, termino siendo gay y ahora vivía feliz de la vida con un individuo que ella consideró bien interesante una vez que estuvo durmiendo con los dos . . . ¡Qué tiempos!—pensó y volvió a sonreír.
Una historia se mezclaba con la otra, dio un frenazo violento cuando se dio cuenta que la luz había cambiado y un sheriff yacía esperando su presa en la esquina siguiente.
El sueno la vencía, tengo que tratar de dormir mejor o buscar otra hora para hacer el amor
,—recapacitó. Aun debía pasar buscando su violín en la tienda de instrumentos musicales, esperaba que lo hubiesen afinado bien después de colocarle la cuerda; no soportaría la idea de pasar otro día sin su preciado violín, con él sentía que todo estaba perfecto y en su santo lugar, aunque con muy poca frecuencia lo tocaba, ese era el único recuerdo táctil de su niñez.
CAPITULO II
SOBREVIVIENDO AL VERANO
Cuando pequeña, todos los días dedicaba al menos una hora a tocar y perfeccionar sus estudios autodidácticos
de violín, soñaba con presentarse como solista en uno de esos grandes teatros que una vez vio por la tele (una de las pocas veces en la que su tacaño abuelo la encendió para ver los resultados de las loterías), vio un concierto completo de una orquesta donde la solista era una chica con rasgos orientales que
