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El desastre del Essex hundido por una ballena
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El desastre del Essex hundido por una ballena
Libro electrónico394 páginas4 horas

El desastre del Essex hundido por una ballena

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El 12 de agosto de 1819 zarpaba del puerto de Nantucket el Essex «rumbo al Océano Pacífico a la pesca de la ballena», con una tripulación de veinte hombres. En mitad de una travesía bastante afortunada, el 20 de noviembre de 1820 el barco fue hundido por un cachalote; y, aunque en ese momento toda la tripulación se salvó y pudo rescatar algunos víveres e instrumentos de navegación, su peripecia a lo largo de tres meses «en medio del inmenso Pacífico» en tres botes abiertos estuvo marcada por el terror, la desesperación, el canibalismo y la muerte. Este volumen reúne los testimonios de cuatro supervivientes de la tragedia (el primer oficial, el grumete, el capitán y un arponero), además de una serie de documentos de la época, incluidas las anotaciones de Herman Melville, que leyó «esta asombrosa historia sobre el mar sin litorales» hallándose embarcado «cerca de la misma latitud donde aconteció el naufragio» y la utilizó posteriormente para Moby Dick. El desastre del Essex conmocionó a la Norteamérica del XIX de un modo parecido al del Titanic en el siglo XX, y desde entonces su historia nunca ha dejado de impresionar.

IdiomaEspañol
EditorialAlba Editorial
Fecha de lanzamiento2 dic 2015
ISBN9788490651377
El desastre del Essex hundido por una ballena
Autor

Thomas Nickerson

De familia marinera, Thomas Nickerson tenía catorce años cuando embarcó como grumete en el Essex en 1819, en el que habría de ser su primer e infortunado viaje por mar. Superviviente del naufragio, hizo carrera en la pesca de la ballena y en la marina mercante, y fue agente naval en Nueva York. Cuando se retiró volvió a Nantucket, donde regentó una posada. A instancias de uno de sus huéspedes, el escritor Leon Lewis, escribió sus recuerdos del desastre del Essex, pero éstos no fueron publicados hasta 1984. Murió en 1883.

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    El desastre del Essex hundido por una ballena - Thomas Nickerson

    INTRODUCCIÓN

    El 20 de noviembre de 1820 se hallaba el ballenero de Nantucket Essex cruzando en el océano Pacífico, a unas mil millas de la costa más cercana, cuando fue embestido repetidamente por un cachalote de unos ochenta y cinco pies. El barco se llenó de agua en seguida y zozobró. Los hombres lograron salvar de él algunos barriles de pan y de agua, además de varias tortugas de las Galápagos. Por miedo a los caníbales de las islas que tenían al oeste, la tripulación de veinte hombres, en tres pequeñas balleneras, se dirigió a Sudamérica, a tres mil millas de distancia, deteniéndose sólo durante seis días en la estéril isla de Henderson, en el centro del Pacífico. A los tres meses de naufragar, más de la mitad de los hombres habían perecido, forzando el hambre a los supervivientes a cumplir el mismo destino del que habían querido escapar navegando toda esa distancia.

    El 23 de febrero de 1821, con la costa de Chile casi a la vista, un barco de Nantucket recogió una ballenera en la que iban el capitán Pollard y otro miembro de la tripulación del Essex. Esa noche el capitán Aaron Paddack escribió el relato de la experiencia de Pollard. La carta de Paddack iba a ser la primera noticia del desastre en llegar al puerto de Nantucket, al que pertenecía el Essex, en junio de ese año. En noviembre, otro superviviente, Owen Chase, primer oficial del Essex, publicó una relación mucho más detallada. Dos décadas después, un joven ballenero llamado Herman Melville leyó el relato de Chase. Melville se procuró su propio ejemplar del relato de Chase antes de publicar Moby Dick (1851), novela en la que un buque ballenero es embestido por una ballena.

    Durante los ciento treinta años siguientes, el desastre del Essex se conocería casi exclusivamente por la utilización que Melville hizo del relato de Chase. Más tarde saldrían a la luz nuevos testimonios, la mayoría fragmentarios, basados en declaraciones de otros miembros de la tripulación del Essex, aunque sin la autoridad y amplitud de la narración de Chase. En 1935, Robert Gibbings sacó una edición del relato de Chase que incluía otras dos fuentes: un folleto escrito por Thomas Chappel, uno de los arponeros del Essex, y una breve relación de un misionero que había hablado con el capitán Pollard sobre el suceso. En 1963, B.R. McElderry hijo publicó una edición del relato de Chase que añadía otra fuente a la colección: las notas detalladas que Melville había escrito en unas páginas en blanco cosidas a su ejemplar del libro de Chase. En 1981 Thomas Heffernan publicó Stove by a Whale: Owen Chase and the Essex [Desfondados por una ballena: Owen Chase y el Essex], donde reeditó todo cuanto se contenía en Gibbings y McElderry, junto con algunas fuentes importantes más: la carta de Aaron Paddack, una relación escrita por el comodoro Charles Goodwin Ridgely después de hablar con varios supervivientes en Valparaíso, Chile; un manuscrito de la Mitchell Library de Sidney, Australia, basado en el testimonio de los supervivientes que decidieron quedarse en la deshabitada isla de Henderson; y, quizá lo más importante: la relación detallada de Charles Wilkes de su conversación con el capitán Pollard. Pese al número impresionante de fuentes que Heffernan reunió para este volumen, y la amplitud de la investigación que dedicó a sus capítulos de análisis, el relato de Chase sigue siendo la pieza central del libro.

    En 1980, un cuaderno que contenía la crónica del desastre del Essex llamó la atención de Edouard Stackpole, experto en la caza de la ballena, de Nantucket. Stackpole se dio cuenta en seguida de que dicho texto, de treinta y cinco mil palabras, había sido escrito por el grumete del barco, Thomas Nickerson, y representaba una visión nueva y potencialmente esclarecedora de la trágica experiencia. En 1984 la Nantucket Historical Association publicó una versión abreviada del relato de Nickerson a cargo de Stackpole y Helen Winslow Chase.

    Como comenta Stackpole, el escrito de Nickerson sobre esa experiencia en botes abiertos añade relativamente poco al relato de Chase. Sin embargo, no es así en lo que atañe a su descripción del viaje antes del hundimiento del barco. Mientras Chase dedica sólo unas páginas a los sucesos que preceden al ataque de la ballena, Nickerson consagra capítulos enteros al viaje desde Nantucket al Pacífico. La narración de Nickerson amplía de manera significativa no sólo nuestra comprensión de lo que ocurrió a bordo del Essex durante los quince meses previos al hundimiento, sino también nuestra noción general de la pesca de la ballena a principios del siglo XIX.

    La que sigue es la más completa colección de textos existente hasta la fecha sobre lo ocurrido al Essex. Hemos procurado limitar el material a los relatos conocidos de primera mano; de manera que cuando la narración no la escribe el propio superviviente, es obra de alguien que entrevistó a uno de ellos. Hay una excepción: el comentario de Melville al relato de Chase; dado que el autor de Moby Dick ha podido influir de manera importante en posteriores enfoques del asunto del Essex, hemos juzgado que había que cederle la palabra también; sobre todo habida cuenta de que en 1851 habló con el capitán Pollard.

    Hemos ordenado los relatos en torno al testimonio de cuatro supervivientes: Owen Chase, Thomas Nickerson, el capitán George Pollard hijo y el timonel Thomas Chappel. Hemos dado prioridad a dos cartas –una basada en el testimonio de Pollard, y la otra en el de Chase–, ya que son los primeros documentos conocidos que dan noticia del desastre, procedentes de los oficiales del barco. El libro concluye con una sección titulada «Fragmentos: recuerdos y textos apócrifos», colección de anécdotas y rumores que ponen de relieve hasta dónde afectó el desastre a la vida de los supervivientes y siguió atrayendo la imaginación de la sociedad de Nantucket.

    La presente colección de textos muestra cuando menos la importancia del punto de vista a la hora de determinar cómo es recordado un suceso. En primer lugar está la relación escueta de Pollard (transcrita por Paddack) de los terribles hechos, con una fría referencia a la ejecución de su joven sobrino, Owen Coffin, para que el resto pudiera seguir viviendo. Rescatado del borde del abismo, Pollard cuenta precipitadamente lo ocurrido. Los relatos posteriores de Pollard conservan una calidad de confesión que quizá ayuda a explicar cómo pudo resistir el trauma psicológico de unos hechos que podían haberle anonadado. Publicada aquí por primera vez tenemos parte de una carta recientemente descubierta, escrita por Jethro Macy, de Nantucket, quien habló con Owen Chase a los pocos días de su regreso a la isla. La carta de Macy proporciona un relato conmovedor de los torturados intentos de Chase por volver a contar la trágica hazaña, y es compañera natural de la de Paddack.

    El Relato de Chase, escrito con ayuda de un hábil escritor mercenario, es totalmente distinto. Es más que una historia sobrecogedora de supervivencia: es también una excelente obra de autopromoción, en la que el autor se presenta a sí mismo como un jefe enérgico y compasivo a la vez que disculpa su papel clave en la adopción de un plan que iba a condenar a la mayoría de la tripulación a una muerte lenta y terrible.

    Thomas Nickerson, al contar la tragedia muchos años después, se ocupa de subsanar algunas lagunas dejadas por el primer oficial. Nickerson desvela que, al contrario de lo que da a entender Chase, los oficiales no siempre estuvieron de acuerdo. Tras el ataque de la ballena, el capitán Pollard sugirió navegar rumbo a las islas de la Sociedad. Sin embargo, en vez de persistir en su decisión inicial (lo que probablemente habría supuesto la salvación de la tripulación entera), Pollard cedió a las objeciones de Chase y del segundo oficial Matthew Joy, que propugnaban dirigirse a Sudamérica. Nickerson fue culpable de sus propias ambigüedades. En contra de la gráfica descripción que hace Chase de cómo él, Nickerson, y Benjamin Lawrence se comieron el cadáver de Isaac Cole, Nickerson asegura que en ningún momento se vieron constreñidos a practicar el canibalismo. Nickerson insiste en que fueron las raciones extra con las que contaron al morir Cole lo que les permitió sobrevivir. Nickerson escribe ese texto a una edad provecta y tranquila y no quiere que se le recuerde como un caníbal.

    El opúsculo religioso basado en el testimonio de Thomas Chappel, el arponero inglés que, junto con William Wright y Seth Weeks, eligió quedarse en la isla de Henderson antes que proseguir hasta Sudamérica, aporta una información detallada del confinamiento de los tres hombres en la isla, así como varios detalles nuevos sobre el ataque de la ballena. Chappel, al que Nickerson recuerda como «muy borrascoso y aficionado a las bromas a cualquier precio», parece que sufrió una conversión religiosa en Henderson. Desgraciadamente, esta recién descubierta piedad amenaza a veces con sofocar su extraordinario relato bajo un sinfín de tópicos santurrones.

    La parte final de la colección: «Fragmentos: recuerdos y textos apócrifos», revela cómo los ciudadanos de Nantucket, a pesar de su renuencia a hablar abiertamente de la tragedia, siguieron murmurando sobre el Essex durante todo el siglo XIX. Aunque Pollard fue víctima de algunas maledicencias, parece que se reconcilió con su papel en la tragedia y disfrutó de una vida satisfactoria y feliz como vigilante nocturno en Nantucket. Owen Chase, en cambio, vivió atormentado en sus últimos años por los recuerdos de esta dura prueba aun cuando gozó de éxito profesional como capitán de ballenero, cosa que no logró George Pollard.

    Al reunir por primera vez los relatos de cuatro supervivientes en un volumen, proporcionamos al lector una ocasion única de conocer, si no la verdad sobre el desastre del Essex, sí la complicada combinación de testimonios a veces contradictorios que debe ocupar su lugar. Leídos en su totalidad, estos relatos nos proporcionan la mayor aproximación posible de lo que realmente ocurrió en los días y meses que precedieron y siguieron a la singular tragedia que se abatió sobre los hombres del Essex.

    NATHANIEL PHILBRICK

    THOMAS PHILBRICK

    LECTURAS RECOMENDADAS

    Carlisle, Henry: The Jonah Man, Nueva York, Alfred A. Knopf, 1984.

    Ellis, Richard: Men and Whales, Nueva York, Alfred A. Knopf, 1991.

    Heffernan, Thomas Farel: Stove by a Whale: Owen Chase and the Essex, Middletown, CT, Wesleyan University Press, 1981.

    Melville, Herman: Moby Dick.

    Philbrick, Nathaniel: In the Heart of the Sea, Nueva York, Viking, 2000. [Versión española: En el corazón del mar, Mitos Voces, Random House Mondadori, Barcelona, 2002.]

    Stackpole, Edouard A.: The Sea Hunters: New England Whalemen during Two Centuries, 1635-1835, Filadelfia, Lippincott, 1953.

    LAS NARRACIONES DEL ESSEX

    PRIMERAS NOTICIAS

    LA CARTA DE PADDACK

    Escrita el mismo día en que el capitán Pollard y Charles Ramsdell fueron rescatados por el ballenero Dauphin, la supuesta carta de Paddack ofrece un relato sorprendentemente detallado del desastre. El historiador de Nantucket Edouard Stackpole atribuye esta carta a Aaron Paddack, capitán del Diana, ballenero de Nueva York. Paddack subió a bordo del Dauphin a rendir visita a su capitán, Zimri Coffin, y probablemente fue testigo del relato de la experiencia del capitán Pollard. Después volvió a su barco y confió al papel lo que había escuchado. La historia de Paddack llegaría a varios capitanes de balleneros, muy especialmente al capitán Zephaniah Wood, que sería el primero en hacerla llegar a New Bedford. Una copia de la carta de Paddack llegó asimismo a Nantucket antes que los primeros supervivientes del Essex. Como señala Thomas Heffernan, el relato de Owen Chase sigue la carta de Paddack en lo relativo a las vicisitudes de los botes del capitán y el segundo oficial después de separarse de Chase el 12 de enero de 1821. El texto que aquí ofrecemos es transcripción de una fotocopia de la carta manuscrita, propiedad de la Nantucket Historical Association. Se desconoce el paradero del original.

    15 de febrero de 1821

    Frente a Santa María

    Océano Pacífico

    A las cinco de la tarde hablamos y abordamos el Dauphin¹, capitán Zimri Coffin; a bordo de este barco me han contado el suceso más angustioso que he oído en mi vida.

    El capitán Coffin había recogido esa mañana una ballenera en la que iban el capitán George Pollard hijo y Charles Ramsdell, únicos supervivientes al parecer de la tripulación del Essex*, de Nantucket. El 20 de noviembre este barco se encontraba a cuarenta millas² latitud S y 120 grados al oeste de Greenwich; y mientras dos botes estaban a cierta distancia ocupados con las ballenas, el barco fue atacado de manera totalmente deliberada por un cachalote que le dio un par de arremetidas tan violentas con la cabeza que le chafó la amura, y el barco se hundió sin más hasta la regala. Con grandes esfuerzos, y abriendo boquetes en muchos parajes de la cubierta lograron sacar seiscientas libras de pan, algunas herramientas, clavos y otros objetos pequeños, además de toda el agua que podían cargar en los botes; y después de permanecer los tres botes dos días junto al barco sin poder sacar de él nada más, lo abandonaron y pusieron rumbo al sur. A los cuatro días de dejar el barco, dos botes estuvieron a punto de zozobrar debido a lo cargados que iban. Pero los reforzaron con clavos, etc., que habían salvado, y continuaron navegando como pudieron. El día 28, el bote del capitán fue atacado de noche por un pez desconocido que le hundió dos tracas y le abrió la proa; pero finalmente lo ahuyentaron con la botavara. El 20 de diciembre toparon casualmente con isla Ducie³ en latitud 24° 30’ y longitud 124° 30’ como se ha establecido. En esta isla desembarcó la compañía del barco, varó los botes en la playa y los reforzó con clavos y permaneció seis días. El agua que encontraron en esta isla era muy salobre, y salía de una roca cerca de la marca de la bajamar. Unos pocos pájaros y peces fueron el único alimento que pudieron conseguir, insuficiente para alimentar siquiera a la cuarta parte de los que eran. Tres de ellos decidieron quedarse en la isla; los demás (diecisiete) volvieron a embarcar en los botes con la esperanza de llegar a la isla de Pascua; pero debido a los vientos contrarios, y a que estaban demasiado exhaustos para tanto esfuerzo, fueron abatidos bastante al sur de dicha isla.

    El 10 de enero de 1821, Matthew P. Joy (segundo oficial) murió de debilidad y estreñimiento y su cuerpo fue entregado al océano. El 12, estando en latitud 31° 0’ y longitud 117° 00’, el bote del primer oficial se separó de los otros durante la noche. El 14 se agotaron totalmente las provisiones del bote del segundo oficial. El 20, uno de su tripulación (un negro) murió, y sirvió de comida al resto. El 21 se les agotaron las provisiones a los del bote del capitán, y se alegraron de participar del desdichado alimento de la otra tripulación. El 23 murió otro hombre (indio) del tercer bote y se le dio el mismo uso. El 27 murió otro del mismo bote; el 28 murió uno (también negro) del bote del capitán, y a la noche siguiente el tercer bote se separó del otro, a la sazón en latitud 35° 00’, y longitud unos 100° 00’. El 6 de febrero, consumido el último resto de alimento, el capitán y los tres que quedaban con él se vieron empujados a la desdichada necesidad de echar a suertes sobre quién debía sacrificarse para prolongar la existencia de los otros. Le tocó a Owen Coffin, que con serenidad y resignación aceptó su destino, estando entonces en latitud 39° 00’ y longitud unos 90° 00’. El 11, Barzillai Ray murió enteramente exhausto. Con su muerte, el capitán y Ramsdell siguieron vivos hasta que fueron recogidos como he dicho.

    [Aquí falta una hoja de la carta.]

    NB. El cap. Pollard, aunque muy decaído cuando lo recogimos, revivió en seguida. Lamento decir que el joven Ramsdell parece que va a peor desde que le recogimos.

    Tripulación del Essex en el momento del naufragio:

    Al dejar isla Ducie, la tripulación se distribuyó como sigue:

    Se quedaron en la isla: Thos Chappel, Wm Wright y Seth Weeks.

    LA CARTA DE MACY

    Hasta diciembre de 1999, nadie sabía de esta carta excepto los descendientes de Barnabas y Hanna Sears de South Yarmouth, Massachusetts, en Cape Cod. En ese año uno de estos descendientes, Rosemary Heaman, tuvo la generosidad de informar a Nathaniel Philbrick de su existencia. Aunque carece de firma, Philbrick ha determinado que su autor, que se dice viudo de la hermana de Barzillai Ray, era Jethro Macy, de Nantucket. Macy se casó con Lydia, hermana mayor de Barzillai, en 1812. Lydia murió en 1818, cuando era madre de tres hijos.

    Macy habló con Chase a los pocos días de llegar a Nantucket, el 11 de junio de 1821, y escribió sus impresiones el 17. Macy afirma que Chase posee una copia de la carta de Paddack, y seguidamente la cita casi entera. Además de explicar por qué los hombres no se dirigieron a la isla de Pitcairn (a sólo unos días de Henderson, la isla deshabitada donde encontraron agua pero insuficientes provisiones para subsistir veinte hombres), señala que la ballenera del segundo oficial (a diferencia de las de Pollard y Chase) carecía de instrumentos de navegación. Por último, consigna lo que sabe del relato de Chase sobre el desastre, información que el primer oficial ampliaría en su propia narración.

    La carta de Macy pasó de Barnabas Sears a su nieta Ruth Hinckley Stetson. El texto que ofrecemos aquí es una transcripción de los pasajes seleccionados de la carta manuscrita propiedad de la nieta de Stetson, Rosemary Heaman.

    Nantucket, a 17 del mes 6 de 1821

    Queridos primos B. y H. Sears:

    Con el corazón encogido y la mano temblorosa, cojo la pluma para contestar a vuestra carta, y daros alguna noticia de la pérdida del Essex, de esta ciudad, mandado por George Pollard hijo. A bordo de este barco iba Barzillai Ray, un joven prometedor de veinte años, hermano de mi difunta esposa, el cual no está ya con nosotros. Os lo contaré tal como yo lo he oído. Me lo ha contado el primer oficial, que ha llegado aquí con los tres hombres que se han salvado, excepto el capitán, que se encontraba demasiado mal para venir de Valparaíso aquí. El primer oficial se llama Owen Chase, y es un hombre de cabeza firme y constitución fuerte; pero ha sufrido tanto que es incapaz de extenderse en el asunto; incluso cuando hace alguna referencia a él le asoman las lágrimas, se le quiebra la voz, y esfuerzos visibles mezclados con sonrisas puntúan sus palabras entrecortadas. Sé poco de lo que le ocurrió después de separarse del bote del capitán. A mí la información sobre él me ha llegado del capitán. La escribió el capitán Paddack, del barco... de Nueva York, que subió a bordo del Dauphin el mismo día en que fue recogido el capitán: es como sigue [La carta ofrece aquí una copia ligeramente imperfecta de la relación de Paddack, completada con retazos de información evidentemente proporcionados por Chase, entre ellos la identificación de Weeks y Wright como residentes de Barnstable, Massachusetts, y de Chappel como natural de Plymouth, Inglaterra. Al referir cómo los botes salieron de la isla de Henderson (llamada Ducie en esta carta) rumbo a la isla de Pascua, aparece la siguiente interpolación:] Aquí puede que convenga hacer alguna observación. Por si alguien pregunta por qué no se dirigieron a la isla de Pitcairn, que se halla 6 grados al oeste de la de Ducie, diré que en la época en que el barco se hallaba navegando, que era el 12 de agosto de 1819, nuestra flota no tenía costumbre de llegar tan al oeste en busca de ballenas, y por consiguiente carecían de carta de ese vasto océano occidental; y como la isla de Pitcairn no estaba registrada en los tratados de náutica¹, que eran los únicos libros que te-nían en el bote, ignoraban su latitud y longitud. [La carta recoge una vez más el relato de Paddack, y prosigue más allá del punto en que se interrumpen las páginas sobrevivientes de la carta de Paddack como sigue:] El 11 de feb. Barzillai Ray murió de absoluto agotamiento, por cuya muerte el cap. y Charles Ramsdell pudieron mantenerse vivos hasta que fueron recogidos, como se ha dicho, a los noventa y cinco días del naufragio, seis de los cuales los pasaron en la isla Ducie. [Aquí termina la cita de la carta de Paddack.]

    Lo siguiente se refiere al bote del primer oficial después de separarse de los otros: el 20 de enero murió un negro, Richard Peterson; su cadáver fue entregado al océano. El 8 de feb. muere Isaac Cole; dado que nuestras provisiones se habían agotado prácticamente, su cuerpo sirvió de alimento a los supervivientes. El 18 de feb. por la mañana fue recogido por el bergantín Indian de Londres, capitán Wm Crozier, teniendo la isla de Más Afuera al E cuarta N, a catorce leguas de dist. El 25 de feb. llegó a Valparaíso. El primer oficial afirma que inmediatamente se les asignó un cuarto de hogaza al día y como una taza de agua cada veinticuatro horas. Su sufrimiento a causa del calor y la sed cuando cruzaron la línea fue insoportable. El barco fue abatido hacia el norte de la línea antes de que lo abandonaran. Se vio obligado a llevar la pistola cargada para mantener a los hombres apartados de las provisiones. Salvaron sólo dos compases y cuadrantes. El bote del que no se ha sabido nada no llevaba ni lo uno ni lo otro. Al morir el 2.º oficial dieron su gobierno al arponero… Es posible que los hayan recogido.

    LA HISTORIA DEL

    PRIMER OFICIAL

    RELATO DEL INSÓLITO

    Y DESVENTURADO NAUFRAGIO

    DEL ESSEX, DE OWEN CHASE

    El Relato de Chase se publicó en otoño de 1821, justo un año después del hundimiento del Essex. Los estudiosos del caso coinciden en general en que Chase trabajó con ayuda de un escritor mercenario, aunque no hay pruebas sólidas sobre la identidad de éste. Una teoría sugiere que fue Samuel Jenks, editor del entonces recién creado semanario Nantucket Inquirer. Sin embargo, como señala Thomas Heffernan, el apretado calendario de Jenks ese verano (el Inquirer inició su publicación en junio de 1821), así como los rasgos estilísticos, indican que el mercenario fue

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