Escrituras de la intimidad: Experiencias del mundo y el corazón
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Escrituras de la intimidad - Alfonso Rubio
Escrituras de la intimidad
Escrituras de la intimidad. Experiencias del mundo y el corazón
Resumen
Las escrituras de la intimidad se han constituido en un terreno fértil de indagación interdisciplinaria de las ciencias sociales y humanas. Disciplinas como la antropología, la historia, la filosofía, la sociología y la crítica literaria han construido puentes para abordar los textos en primera persona, cuya lectura jamás podrá ser unívoca ni unidireccional. El carácter polisémico, interdisciplinario y reflexivo de las escrituras del yo queda bien representado en las trece propuestas que componen este libro, que es, también, una colección representativa del estado actual de este campo de estudios en Colombia y de las convergencias disciplinares que ha posibilitado. Desde el intento por superar las consideraciones de las dualidades ficción-realidad y sujeto-sociedad, poniendo en práctica un tipo de investigación situada diacrónica y sincrónicamente, de la que son parte constitutiva tanto las representaciones narrativas como los contextos de enunciación y de apropiación, el lector encontrará métodos históricos, etnológicos, críticos o literarios, sustentados en un material empírico diverso que abarca desde la tradición oral hasta los testimonios de los documentos históricos y las fuentes literarias.
Palabras clave: filosofía; ciencia política; testimonios; escritura íntima; cultura narrativa personal; Colombia.
Writings of intimacy: experiences of the world and the heart
Summary
Writings of intimacy have become a fertile ground for interdisciplinary research in the social and human sciences. Disciplines such as anthropology, history, philosophy, sociology, and literary criticism have built bridges to approach texts written in the first person, whose reading can never be univocal or unidirectional. The polysemic, interdisciplinary, and reflexive character of the writings of the self is well represented in the thirteen proposals that make up this book, being also a representative collection of the current state of this field of studies in Colombia and the disciplinary convergences it has made possible. From the attempt to overcome the considerations of the fiction/reality and subject/society dualities, putting into practice a type of research that is diachronically and synchronically situated—of which both narrative representations and contexts of enunciation and appropriation are a constitutive part—the reader will find historical, ethnological, critical, or literary methods supported by a diverse empirical material ranging from oral tradition to the testimonies of historical documents and literary sources.
Keywords: philosophy; political science; testimonies; intimate writing; personal narrative culture; Colombia.
Escrituras de la intimidad
Experiencias del mundo y el corazón
Alfonso Rubio
Patricia Cardona Z.
—Editores académicos—
Escrituras de la intimidad. Experiencias del mundo y el corazón / Alfonso Rubio y Patricia Cardona Z. Editores académicos -- Bogotá: Universidad del Rosario, 2024.
ix
, 447 páginas
Incluye referencias bibliográficas
1. Escrituras personales – Testimonios 2. Cultura – Investigación 3. Narrativas íntimas 4. Colombia – Ciencia política I. Rubio. Alfonso. Editor II. Cardona Z, Patricia. Editor
III
. Universidad del Rosario. IV. Título.
306.09861
SCDD
20
Catalogación en la fuente – Universidad del Rosario.
CRAI
DAMV
Septiembre 23 del 2024
Hecho el depósito legal que marca el Decreto 460 de 1995
© Editorial Universidad del Rosario
© Universidad del Rosario
© Varios autores
Editorial Universidad del Rosario
Calle 12C # 8-50, piso 8
Teléfono: 601 297 0200, ext. 3113
https://editorial.urosario.edu.co
Primera edición: Bogotá, D. C., 2024
ISBN: 978-958-500-415-3 (impreso)
ISBN: 978-958-500-416-0 (ePub)
ISBN: 978-958-500-417-7 (pdf)
https://doi.org/10.12804/urosario9789585004177
Corrección de estilo: Eduardo Franco
Diseño de cubierta: Luz Arango y César Yepes
Diagramación: Martha Echeverry
Desarrollo de ePub: Precolombi EU-David Reyes
Hecho en Colombia
Made in Colombia
Los conceptos y opiniones de esta obra son de exclusiva responsabilidad de su autor y no comprometen a la Universidad ni sus políticas institucionales.
El contenido de este libro fue sometido al proceso de evaluación de pares para garantizar los altos estándares académicos. Para conocer las políticas completas, visitar: https://editorial.urosario.edu.co
Todos los derechos reservados. Esta obra no puede ser reproducida sin el permiso previo por escrito de la Editorial Universidad del Rosario.
Contenido
Introducción
Patricia Cardona Z.
Alfonso Rubio
La escritura como técnica de introspección en la vida propia
Los géneros literarios de la intimidad: subjetividad y fragmentación de las vivencias
Referencias
1. Noticias íntimas y sentimientos en los discursos de la vida: el legado de los tribunales inquisitoriales de Cartagena, México y Lima
Natalia Silva Prada
Introducción
El mercader y boticario Abraham Senior/Baltasar Coronel o de Araújo (1586-ca. 1676)
El cocinero y pastelero Hazam/Jamet o Cristóbal de la Cruz (ca. 1618-ca. 1680)
La curandera y bruja
Paula de Eguiluz (ca. 1591-ca. 1660)
El médico Jorge de Villalobos (1616-)
Conclusiones
Referencias
Anexo: Declaraciones de Baltasar de Araújo en el proceso de fe contra Luis Franco Rodríguez (Archivo Histórico Nacional de España, Inquisición 1620, expte. 5)
2. Enemistad y confesión: expresiones de intimidad en el conflicto del obispo Cristóbal Bernaldo de Quirós con el gobernador Miguel García en Popayán (1674-1679)
Juan Galeano
Introducción
Recuento de una mala querencia
Enemistad: injuria, cuerpo y reputación
Confesión: las posibilidades del arrepentimiento
Conclusiones
Referencias
3. Correos particulares e íntimos dentro de un monopolio postal: acceso al correo en el Virreinato de la Nueva Granada (1750-1780)
Nelson Fernando González Martínez
Introducción
Definir circuitos postales obligatorios
En busca de la consolidación
Una red al servicio de los particulares
Conclusiones
Referencias
4. El relato de lo íntimo como evidencia de las lecturas tempranas: el diario de Soledad Acosta de Samper
Alejandra Arcila Yepes
Introducción
Diario, literatura (lectura) y vida
Conclusiones
Referencias
5. Memorias de un alma: notas sobre la lectura y la escritura en José María Samper
Patricia Cardona Z.
Introducción: lectura y escritura, tecnologías del pensamiento
José María Samper: escribir para existir
Una letra clara y franca
El oficio de leer y escribir
Lectura y escritura privadas: el amor y la guerra
La escritura y la guerra
Conclusiones
Referencias
6. Historia en familia: escritura epistolar, circulación y recepción de la obra histórica de Pedro María Ibáñez en la Colombia de finales del siglo xix
Gabriel David Samacá Alonso
Introducción
La correspondencia personal: elementos reflexivos y descripción del corpus
Vínculos personales, vínculos epistolares
Lazos con el pasado: lectura y circulación de obras, documentos y datos históricos
Conclusiones
Referencias
7. El diario espiritual de sor Oliva Lozano: un acercamiento a la escritura íntima en la comunidad de las Misioneras Agustinas Recoletas del convento La Merced de Cali
Marcela Criollo Sánchez
Introducción
Vida espiritual de la hermana Oliva Lozano Velasco
La cotidianidad social en el acto escriturado femenino
Mis inquietudes y mis experiencias
: aproximaciones a un diario espiritual
La autorrepresentación de la mujer escritora y las nuevas formas de poder
Conclusiones
Referencias
Anexo: Sistematización del diario espiritual Mis inquietudes y mis experiencias
8. Gabriel García Márquez: resguardar la vida secreta de la creación manipulando la verdad del pacto autobiográfico
Juan Moreno Blanco
Introducción
Manipulación del pacto autobiográfico en la autobiografía
Manipulación del pacto autobiográfico de la entrevista
Des-cubrir la verdad de la vida secreta del autor en su literatura
Reconfiguraciones literarias de la casa de Aracataca
Las nuevas pistas del yo creador
Vida secreta de la creación y verdad en la literatura
Conclusiones
Referencias
9. Por acá, nada pasa raro, todo es común y corriente
. Correspondencia en el servicio militar colombiano (1982): la reconstrucción del yo
Alfonso Rubio
Introducción
La mortificación del yo
Subjetividad y reconstrucción del yo
Conclusiones
Referencias
10. Tinuango, Anastasia Candre Yamacuri: mujer-sueño
Maribel Berrío Moncada
Introducción
Ringodikue: soy mujer
Nikairiyangodikue: el poema que amanece
Kai uaido: en nuestra lengua
Kue: yo
Ñuera úai: palabra bonita
Ua ringodikue: verdadera mujer
Manuena nikai: sueño visionado sanador
Conclusiones
Referencias
11. Heterogeneidad del discurso en un relato amazónico: el caso de la Historia de Dijoma
, de Ángel Kuyoteka Fijikomui
Gustavo Adolfo Zuluaga Hoyos
Introducción
Poética indígena y heterogeneidad
Argumento y personajes de la Historia de Dijoma
Heterogeneidad enunciativa y registros lexicográficos
Conclusiones
Referencias
12. Cartas desde el frente: amistad y diplomacia entre un guerrillero y un mediador en la Colombia del siglo xxi
Francisco Adolfo García Jerez
Introducción
Entre la mediación y la diplomacia cotidiana
La cabalidad
Lo misional
El reconocimiento
El mutualismo
Lo corporal
Conclusiones
Referencias
13. Desennegrecer la piel de la escritura en El Quijote de la diáspora, de Fernando Maclanil
Selnich Vivas Hurtado
Introducción
Dos estirpes transatlánticas
Oralidades transgresoras
Conclusiones
Referencias
Sobre los autores
Introducción
*
Patricia Cardona Z.
Universidad Eafit
Alfonso Rubio
Universidad del Valle
Escrituras de la intimidad. Experiencias del mundo y el corazón presenta una relación de estudios que se detienen en testimonios que se han producido en un mismo punto geográfico (Colombia), pero que son de muy distinto carácter entre sí, dedicados todos, eso sí, esencialmente a examinar ciertas formas de relatar la vida de la gente y la escritura con que se configuran; formas, al fin y al cabo, que reflejan un mundo íntimo de relaciones mediadas por lo social, lo político, lo cultural; pero también por el mundo de los afectos y las subjetividades. Se trata de dar a conocer una variada tipología de escrituras que pertenecen al mundo de lo personal, así como sus posibilidades de investigación. Escrituras que se inscriben en un espacio privado, ya individual, ya colectivo, y con las que podemos ejemplificar, primero, su diversidad y, luego, la variedad de su utilidad y de los planteamientos disciplinares con los que pueden analizarse históricamente.
Lo íntimo no pertenece solo al mundo de los procesos anímicos internos; el espacio familiar de la vida cotidiana, bien el de la casa, o bien el del lugar que uno habita, se configura a través de objetos, escenarios, relaciones y conductas habituales que, hallados en expedientes judiciales, establecen con el lector una relación afectiva. La documentación judicial está poblada de información que permite reconstruir breves biografías (vidas minúsculas las llamaría Pierre Michon¹) de gente común. A través de procesos inquisitoriales del siglo xvii, Natalia Silva Prada sistematiza ciertos temas comunes, como las relaciones familiares, los sentimientos religiosos, el papel de la mujer en la transmisión del conocimiento o las solidaridades nacionales. De la misma manera, Juan Galeano rastrea y examina expresiones de intimidad a través de hilos temáticos, como la enemistad y la confesión, en distintos pleitos que se dieron durante la década de 1670 en la Gobernación de Popayán, entre el obispo Cristóbal Bernaldo de Quirós y el gobernador Miguel García.
Las cartas, los documentos, debían viajar de un lugar a otro. El transporte de contenidos personales y extraoficiales a través del sistema postal que funcionaba en el Nuevo Reino de Granada durante la segunda mitad del siglo xviii y cómo este podía influir en los contenidos íntimos y personales que circulaban es el asunto tratado por Nelson Fernando González Martínez.
La escritura diarística de las mujeres colombianas de la segunda mitad del siglo xix y la primera del siglo xx es analizada por Alejandra Arcila Yepes, que se detiene en Soledad Acosta de Samper para abordar los modos de representación de su ejercicio intelectual y afectivo. A través de las Memorias, de José María Samper (1828-1888), Patricia Cardona Z. explora las relaciones entre lectura, escritura, educación, mercado y formaciones políticas. El diario espiritual de la religiosa sor Oliva Lozana, agustina recoleta en Cali, que escribió entre 1970 y 1981, es considerado por Marcela Criollo Sánchez para dar cuenta de la autorrepresentación de la religiosa y de la actividad intelectual del convento La Merced.
La recepción crítica de la obra del médico e historiador bogotano Pedro María Ibáñez Tovar (1854-1919), en el ámbito de sus relaciones familiares, es atendida por Gabriel David Samacá Alonso. Maribel Berrío Moncada, Gustavo Adolfo Zuluaga Hoyos y Selnich Vivas Hurtado se ocupan de revisar tres composiciones literarias. En este orden, la primera de ellas es el poema de 2007, Nikairiyangodikue
(Soy una mujer-sueño
), de Tinuango (Anastasia Candre Yamacuri), cuyo análisis fue publicado como capítulo en Juntanza de sabedoras: Ensayos indisciplinados.² Las prácticas de resistencia llevadas a cabo por Tinuango ofrecen una guía para analizar su identidad como mujer indígena empleando dispositivos de composición occidentales y los sentidos de su cultura ancestral. Se da paso, después, a la Historia de Dijoma
, un relato amazónico de la comunidad indígena múrui, cuyo origen asume contextos orales y fue puesto por escrito en lengua española a fines del siglo xx por Ángel Kuyoteca Jifikomui. Una narración que es observada desde sus heterogéneos enunciados, unos de raigambre indígena, otros de raigambre occidental. La tercera de las composiciones es la novela de Fernando Maclanil, titulada El Quijote de la diáspora (2023). Con ella se intenta conocer cómo funciona la genealogía y los saberes ancestrales en la escritura de una intimidad preocupada por la memoria y la formación de una identidad a través de las luchas políticas de una familia de origen africano.
Por último, la correspondencia es utilizada como objeto de estudio en los textos de Juan Moreno Blanco, Alfonso Rubio y Francisco Adolfo García Jerez. El primero para preguntarse, a través de una tipología pocas veces tratada por la cultura escrita, como la entrevista, y de la correspondencia de Gabriel García Márquez, si este construyó, y con qué sentido, un velo para ocultar su infancia heterológica y heteroglósica. El segundo para comprobar cómo la práctica de la escritura continuada de cartas de Jhon Alex García a su familia, durante 1982 y desde su acuartelamiento en el Frente Militar de Tolemaida, configura su subjetividad. Los resultados de este segundo estudio, hay que señalar, fueron dados a conocer previamente en la revista Historia y Espacio, en su número 52 de 2019, y aquí se han reforzado con ciertas apreciaciones del texto de Jean Delumeau, La confesión y el perdón: Las dificultades de la confesión, siglos xiii a xviii, y el de Michel Foucault, Tecnologías del yo y otros textos afines. Y el tercero, para descubrir, a través de la correspondencia, que en las primeras décadas de este siglo xxi mantuvieron el mediador Henry Acosta Patiño y Pablo Catatumbo, comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (farc), cómo funcionan los afectos y las subjetividades políticas para construir escenarios de colaboración con el fin de comenzar diálogos de paz en Colombia.
Los procesos inquisitoriales, los expedientes judiciales, las memorias, los diarios, la correspondencia, la novela, la poesía, el relato tradicional indígena, las memorias, la intimidad observada en distintos moldes formales que adopta la escritura y su necesaria transmisión que las da a conocer, lo íntimo
, no está relacionado exclusivamente con lo anímico
; pero sí es una marca que sobresale cuando estos moldes retienen la privacidad del alma o la privacidad de una vida que atiende a relaciones familiares, amistosas, religiosas, diplomáticas; relaciones que, en ocasiones, se detienen en la reflexión del propio ejercicio de la lectura y la escritura, pero que, sobre todo, la alientan en la consciencia del lector ajeno.
Trece propuestas, en definitiva, que se dedican, principalmente, al estudio de testimonios que se manifiestan de muy diversas formas documentales y reflejan diversos mundos de la intimidad que inevitablemente conllevan un examen desde muy variados planteamientos disciplinares. Es esta diversidad, justamente, la que nos ha llevado a confeccionar esta introducción no como un ejercicio compilatorio al uso en el que se particularizan y se comentan los aportes contenidos, cuyos resúmenes orientativos, por lo demás, ya se anuncian en el índice inicial, sino como una disquisición teórica, conceptual y metodológica de enfoque global que permita interpretar diferentes formas documentales y el reflejo de sus correspondientes mundos íntimos
como escrituras que configuran una determinada subjetividad vivencial en determinados contextos. Indudablemente, esta disquisición no proporciona los valores de las variables propuestas, pero, al menos, se esfuerza en destacar constantes.
Cada uno de los ensayos da cuenta de sus propias especificidades y esto hace, por otro lado, que su tratamiento individualizado requiera sus propias y personalizadas conclusiones, como así quedan plasmadas. Ninguna derivación conclusiva, por muy elemental que sea, podría ser aplicable a la complejidad de los hechos y las interpretaciones que una agrupación de realidades ordena de acuerdo con relaciones mediadas, precisamente, por la particularidad de lo subjetivo. En estas condiciones, tal vez sea el aspecto dialéctico el que entre en juego para acentuar la sintaxis, no tanto la morfología, de esta variedad de textos. En cualquier caso, esperemos que, en este contexto que ahora los acoge, refuercen su valor concreto. Unos con una mirada más novedosa que otros: o bien desde una perspectiva investigativa, o bien desde la reflexión ensayística, todos conforman un conjunto de miradas útiles para abordar fuentes documentales desde un panorama escasamente tratado por la historia o la literatura que se centra en la práctica común de la escritura como vehículo de expresión de lo íntimo, lo personal o lo emocional.
Así considerado, este apartado introductorio se compone de dos secciones. La primera de ellas se titula La escritura como técnica de introspección en la vida propia
. En ella, se aborda la acción de escribir, que materializa el itinerario vital y permite la configuración escrita de la subjetividad en el mundo moderno. Parte de las Confesiones, de san Agustín, que buscan el encuentro con Dios, pasando por la emergencia del yo, el despliegue de la singularidad y la búsqueda de la opinión pública, hasta la situación del escritor que, urgido por la premura económica, se ve en la obligación de vender sus recuerdos personales. Este recorrido pretende desencializar los escritos personales y reparar, primero, en condiciones materiales como la práctica misma de la escritura, los editores y el mercado, centrales en la formación de las escrituras personales tal como las conocemos hoy, con sus géneros y características; y, luego, en el marco de discusiones que privilegian en ellas, en algunos casos, su contenido fáctico, o en otros, sus recursos y estrategias de ficcionalización.
La segunda sección se titula Los géneros literarios de la intimidad: subjetividad y fragmentación de las vivencias
. En ella, tratamos algunos aspectos ligados a las formas textuales de lo íntimo que se centran en la consideración de las experiencias personales como fragmentos de vida escrita; en la imagen que la escritura produce de sus autores, desenvolviéndose dentro de una interioridad psíquica que va formando un determinado yo; en el impulso creativo que originan las vivencias, y en el poder sugestivo de las representaciones que se dan tanto en la concreción de la escritura como en el acto de la lectura, y así llegar a configurar un complejo proceso de doble interpretación condicionado por la percepción de la vida anímica.
La escritura como técnica de introspección en la vida propia
He aquí lo que hice, lo que pensé, lo que fui.
Jean-Jacques Rousseau
En fin, si todavía fuese yo dueño de estas memorias, las conservaría manuscritas o retardaría 50 años su publicación.
Françoise-René Chateaubriand
Escribir sobre la existencia es un gesto que no puede considerarse una esencia, idéntico a sí mismo e inmutable en el tiempo, como si fuera una constante que en el devenir histórico se presentó igual, cumplió las mismas funciones y tuvo los mismos propósitos. Se trata, en efecto, de un tema abierto, problemático, inasible y hasta cierto punto poroso, pues convoca asuntos que siguen estando en el centro discursivo y de debate de disciplinas emparentadas, como la historia, la literatura y la filosofía. La primera resalta la concreción histórica de estos textos en su referencialidad, la segunda enfatiza en el aspecto ficcional y artístico, y la tercera se ocupa más del carácter subjetivo de la escritura de la vida propia.
La posición de intersección que plantea la escritura de la vida propia implica como método para un historiador, auscultar un poco más en las formas concretas que asumen tales textos, así como en los contextos de producción y de circulación que implican, tal como sostiene Philippe Lejeune,³ un pacto entre el escritor y el lector, que permite entender tales textos como el examen retrospectivo de una vida en sus múltiples itinerarios, pero organizados mediante un eje que les confiere unidad, sistematicidad y, quizás, una forma teleológica que lleva a entender la personalidad del escritor como punto de llegada, en el que convergían todas las experiencias vividas. La definición clásica y tal vez más aceptada para definir escrituras de la propia vida, es la que hiciera Lejeune: Relato retrospectivo en prosa que una persona real hace de su propia existencia, poniendo énfasis en su vida individual y en particular en la historia de su personalidad
.⁴
Esta definición comprende géneros diversos, como las memorias, los diarios íntimos, los autorretratos, el ensayo, entre otros, en los que convergen en una misma persona el autor y el personaje. La definición engloba los textos escritos en primera persona, a partir del siglo xviii, que cumplen con la condición de exponer el itinerario existencial de un individuo en el que se funda su personalidad.
Esta definición pone su acento en cuatro asuntos: su carácter retrospectivo, su dimensión histórica, su condición referencial y la primera persona del autor, ello enmarcado en la idea de que, en definitiva, su existencia como texto experiencial, referencial y en primera persona solo se verifica en el pacto establecido con el lector, es decir, en que este, en efecto, acepte que la narración es el relato de la vida de quien escribe.
Por lo general, el gesto de la escritura queda al margen de la definición e, incluso, es obviado por los investigadores cuando es, específicamente, la acción de escribir la que hace posible el despliegue de la existencia y su materialización a través de las palabras. Por ende, quedan al margen también las movilizaciones interiores que son, a la sazón, las que terminan de formalizar estas escrituras de la propia experiencia, de la intimidad o del yo, acepciones todas que, refiriéndose a un mismo objeto, lo encaran de manera diversa. Esto significa que la narración de la propia vida es el resultado de un movimiento espiritual que se objetiva en la escritura. Empero, el término autobiografía no termina de contener el significado que tuvieron tales textos en la Antigüedad, lo cual tampoco puede hacer creer que estas manifestaciones de la escritura no existieran sino a partir del momento de su problematización en la forma que conocemos hoy y que genéricamente denominamos autobiografía.
Incluso, puede afirmarse que las escrituras íntimas o de la existencia propia se constituyen en un gesto relativamente frecuente en nuestro contexto. Sus formas, sus búsquedas y sus trayectorias pueden estudiarse históricamente, a fin no solo de entender el espíritu humano encarado a la aventura de adentrarse en su propia vida, sino también a las condiciones culturales que marcaron de manera temporal tal práctica, lo cual permite, además, caracterizar los distintos modos de trazar el propio rumbo a partir de lo que de él se resalta y de los propósitos que conlleva, generalmente inscritos en unas coordenadas históricas, de ahí que textos como las confesiones, los martirologios o las epístolas no puedan ser, sin más, incluidos en la autobiografía, precisamente porque corresponde a espacios de experiencia que no coinciden con nuestros horizontes de expectativas.
En efecto, las condiciones sociales, los factores culturales, las demandas mundanas y espirituales han cincelado hasta darle su forma actual, aquella experiencia vital materializada en trazos escritos por los que existe. Porque, si bien es claro que la escritura de la propia existencia es eso, escritura, poco se repara en aquella condición de trazo que cincela, rompe o acaricia para plasmarse en un soporte que le da vida. Se trata, entonces, de una práctica, la de la escritura, que tiene unas técnicas, unos instrumentos, unas representaciones que ayudan a explicarla, sobre todo, en relación con las funciones que tiene en una sociedad, funciones que, a menudo, no se dejan contener en los monismos o las singularidades que a veces se le endilgan. La escritura podría ser paradójica: es un gesto tan común como extraño, tan personal como colectivo, tan individual como social, una práctica que no se reduce al trazo o a la gráfica del lenguaje, sino que impone unos modos de pensar que contribuyeron, decididamente, a la emergencia del Estado y su enormidad burocrática, al desarrollo de las matemáticas, la contabilidad, la individualidad, la intimidad y la función de autor, entre muchas otras cosas. Parece una obviedad afirmar que allí donde la escritura no se configura como práctica vinculante entre el registro, la preservación y la transmisión, la existencia individual, tal como la conocemos, carece de cualquier valor.
Entre los griegos, por ejemplo, la musa permitía al aedo recordar las gestas heroicas de grandes hombres cuyas hazañas debían ser conservadas como modelos dignos de ser imitados por las generaciones venideras. El hermoso verso con el que Homero da inicio a la Ilíada Canta, oh Musa, la cólera de Aquiles
deja en claro el modo de construcción de aquella cólera, el canto entonado ante un grupo de oyentes envueltos por una performance mimética que hacía de aquel relato un rito del que se participaba colectivamente a través de la escucha. Igual podría decirse de la Odisea: el viaje de Odiseo fue, sin duda, un viaje en el sentido físico del término, el héroe recorrió, primero, con sus compañeros y, luego, cuando estos habían desaparecido por el rigor del camino, solo hasta retornar a Ítaca.
El viaje de Odiseo es también un retorno al origen, al lugar del que partió siendo uno, para regresar siendo el otro que contiene al que partió. Tal relato del retorno se concibió en sus orígenes como un canto para transmitirse mediante la palabra dicha a una comunidad de oyentes; en tales representaciones, la comunidad preservaba y transmitía información diversa, desde códigos morales, ritos, hasta la forma de elaborar diversos objetos indispensables para esa sociedad. Eric Havelock los llama la enciclopedia homérica
⁵ y funcionaban en el mundo griego como un verdadero depósito de conocimientos comunitarios que circulaban a través de la voz. Este detalle podría ser visto como una obviedad, una anécdota carente de interés, pero nada más lejos de ello; la escritura fue, en definitiva, la práctica que materializó las formas de introspección que, venidas desde la Antigüedad, cobraron una plasmación específica que hoy reconocemos y estudiamos.
Cuando Agustín de Hipona (354-430) escribió en el siglo iv sus Confesiones, recogía ya en el contexto cristiano antiguas formas de búsqueda del ser de las que quedan evidencias, como el antiguo aforismo conócete a ti mismo
que, se dice, estaba inscrito, para la mirada de todos, en el pronaos del templo de Apolo en Delfos. Tal aforismo invitaba a sumergirse y nadar en el río interior, en cuyos meandros podrían hallarse la luz de la verdad y, con ella, la hamartía, o el error fatal, también el modo de apaciguar la ira de los dioses por medio de los ritos de purificación, o, definitivamente, cargar con las consecuencias derivadas de la pugna con las deidades. Si bien esta búsqueda interior comprendía estrategias de autoobservación y reflexión, tenía un propósito más colectivo, pues primaba la idea del hombre intrínsecamente vinculado a la ciudad, al Estado, a la comunidad. El hombre no interesaba en su diferencia, en su particularidad, sino en la medida en que sus acciones pudieran servir de ejemplo de vicio o de virtud a sus conciudadanos. De ahí que, más que narrar la propia vida o la vida de un héroe, realmente lo que estaba en juego era la conservación y transmisión de valores fundamentales para la vida comunitaria, de patrones de comportamiento o de técnicas indispensables para la producción económica y la reproducción de la comunidad.
En un mundo donde la escritura todavía no se constituía en una práctica generalizada, tal introspección se llevaba a cabo a través de la plegaria, de la pregunta al oráculo o de la exposición pública de la vida. O, en forma de apología, o de diálogos como los de Platón, o de exposición pública de motivos que llevaron a tomar tal o cual decisión, la publicación
de tales prácticas era primordialmente oral, concordante con su función propedéutica.
Tales formas de indagación de sí mismo en relación con la comunidad de cuño occidental, se vincularon con el naciente cristianismo para dar lugar a manifestaciones específicas de introspección, expresadas a través de la escritura. No debe olvidarse que una de las características más importantes del cristianismo, legada del judaísmo del que proviene, es la importancia dada al texto escrito. Si bien según el Antiguo Testamento la creación es sustancialmente un acto de la palabra dicha, de un dios que en cuanto habla crea, con la entrega de las tablas de la ley que hizo Yavé a Moisés, la escritura cobró un papel crucial como prueba del pacto y la firmeza de la ley.
De la convergencia entre las formas de búsqueda interior con fines propedéuticos y la prevalencia de la escritura como expresión material de la ley, emerge la escritura en el contexto del cristianismo, síntesis entre palabra de Dios, revelada a los hombres a través de la grafía, recuento de la vida de Cristo y sus primeros seguidores, evidencia del sufrimiento infringido a los mártires por defender su legado y memoria o monumento destinado a la posteridad. Allí, escribir significaba, tal como queda consignado en las diversas epístolas escritas por Pablo de Tarso, propagar la fe y fundar la Iglesia, documentar su acontecer, sistematizar, a través del texto escrito, las experiencias de conversión y la lucha espiritual con un ánimo específicamente doctrinal y edificante.
Escritos como las conocidas Epístolas de Pablo de Tarso e, incluso, los Hechos de los Apóstoles, se hicieron para registrar y conservar, y para ser leídos ante las comunidades cristianas que empezaban a emerger en distintas ciudades. Las epístolas cumplieron un papel importante en la consolidación comunitaria, haciendo sentir mediante su vocalización a los cristianos de distintas ciudades, miembros de una misma comunidad, poseedores de un mismo pasado y herederos de un mismo destino. Valga enfatizar que, dada la prevalencia de la transmisión oral, la función de la escritura se relacionaba más con la preservación que con la transmisión de la información, y que tales textos buscaban más que la exposición de la vida de un hombre, la conversión y el adoctrinamiento de gentiles, paganos y neófitos.
Al tenor de lo dicho, pueden ubicarse, entonces, las Confesiones, de Agustín, en esta trayectoria que unió nuevas manifestaciones culturales con viejas prácticas que anidaban en ellas. En efecto, al escribir sus Confesiones, Agustín llevaba a cabo un gesto inédito, pero enmarcado en veteranas formas de introspección destinadas no solo a conocerse a sí mismo para proveer de ejemplos a la ciudad, sino a autoexaminarse para hallar, a través de este ejercicio, un lugar en la Providencia. Agustín recurrió a técnicas de autoobservación que obligaban a la rememoración de los actos que hubiesen ofendido a Dios; esa rememoración, conocida como examen de consciencia, era el preludio necesario de la confesión oral de los pecados para asegurar su absolución y la salvación.
Las Confesiones, de Agustín, se enmarcan, evidentemente, en estas declaraciones públicas de los yerros, cuya ejecución era eminentemente oral y que comprendían épocas, momentos específicos de la vida, errores particulares, generalmente presentados de manera fragmentada como capítulos o acápites de la historia personal de la salvación, pero desvinculados de la existencia como una totalidad.⁶
Para ello, fue indispensable el recurso de la escritura que llevó a Agustín a consignar un itinerario más minucioso, largo y detallado, una meditación de largo aliento que definió la confesión no de manera temporal o parcial, sino como un escrito capaz de dar cuenta de la vida interior como un viaje, lleno de aventuras, que actualizaba la imagen del regreso, el largo periplo de Odiseo para retornar siendo otro y el mismo a su lar, al destino de donde partió: Ítaca.
El bucle de Agustín relata un viaje que parte de Dios y a Dios retorna; se trata de un recorrido completo, posible gracias a la escritura que se presenta como una forma de meditación, una forma de ascesis, un conjunto de reglas y prácticas encaminadas al logro de la virtud y, en consecuencia, a la unidad con la divinidad a través de la cual se recoge una vida que, siendo la misma, es distinta.⁷ Sin embargo, y en correlación con los estudios sobre las implicaciones de la escritura y, con ella, de los cimientos de los nuevos modos de pensar y de recopilar la información, puede decirse que el hecho de que Agustín escribiera implicó, necesariamente, una meditación de largo aliento que vislumbraba la existencia no como la sucesión de acontecimientos o la sumatoria de acciones que debían ser borradas mediante la confesión; la existencia, a través de la escritura, fue para Agustín no la sumatoria de acciones, sino la duración que implica el conocimiento de sí, posible, precisamente, gracias la narración que sistematizaba el relato de los hechos acontecidos en formas verbales reconocidas por la cultura.⁸
Tal hallazgo no debe explicarse por la genialidad de Agustín o como una deriva del pensamiento o simple resultado de la filosofía, pues hay asuntos concretos, de orden histórico, que ayudan a comprender tal descubrimiento. Así pues, mientras la mayoría de los retóricos y gramáticos disponían de escribientes y lectores que ejecutaban estas tareas para ellos, Agustín, lo dice en sus Confesiones, se inició a temprana edad en las letras griegas y latinas; iniciarse en las letras significaba dominar también la grafía de ambas lenguas, declarando su preferencia por las letras latinas, y gracias a ello decía: conservo la facultad tanto de leer si encuentro algo escrito, como la de escribir yo mismo
.⁹
Esta frase, que con frecuencia pasa desapercibida, abre el postigo de una época distinta a la que los pensadores, a menudo, no escribían, dictaban a hombres que conocían el secreto de la grafía, y no leían, eran escuchas de lectores contratados para tal fin.¹⁰ En este sentido, podemos decir que con Agustín la escritura se constituyó en una vía de acceso al mundo interior, en un camino para acceder, sistematizar y reflexionar sobre la propia experiencia que quedará, de este modo, fijada para la posteridad, la conversación consigo mismo; el soliloquio desarrolla todo su potencial a través de la escritura, convirtiéndose en puerta de ingreso a los recónditos lugares de la existencia y, al mismo tiempo, en la posibilidad de abrir esa existencia al mundo exterior. Sin embargo, en Agustín no había un afán expositivo de sí mismo, de su existencia sin más, expuesta al conocimiento de los otros; sus Confesiones no estaban escritas para el mundo, su destinatario era Dios, era él, el lector final que les daba sentido, no siendo ello óbice para que tal obra adquiriera, a lo largo de la Edad Media, valor central en la divulgación de la doctrina y que se convirtiera en ejemplar e indispensable en el aprendizaje de las prácticas de examinación de la consciencia y de edificación espiritual.
Las escrituras de la propia existencia tienen unos rasgos más o menos comunes que les dan forma: su objetivo principal es la narración de hechos acontecidos, vividos y presenciados por quien se ocupa de escribirlos y quien se pone como epicentro o punto de anclaje de la narración que, por lo general, se hace en prosa. Sin embargo, una definición como esta pareciera estar construida de manera abstracta, es decir, prescinde de varios aspectos que son indispensables para entender no solo la historicidad de este tipo de relatos, sino también la manera en que el hombre se inserta en él y los modos o, desde el punto de vista de Lejeune, el pacto de lectura que se establece entre autor y los lectores, pacto que, evidentemente, es también histórico.¹¹ Los modos y las condiciones de lectura, los soportes y el contexto de época enmarca la manera en que los textos son leídos, apropiados y usados por los lectores; esto permitiría desligarnos de posturas inflexibles con respecto al género y, para ello, sirve como ejemplo las Confesiones de Agustín, pues, como vimos, fueron escritas con propósito fundamentalmente espiritual, por lo que su lectura durante siglos no tenía como finalidad la exaltación del triunfo, la gloria o el desarrollo de una personalidad que marca las lecturas más contemporáneas, sino el modo de acceder más expeditamente a Dios.
Autores como Karl J. Winterbraub¹² y Gustav Gusdorf¹³ hacen una reconstrucción histórica de tales textos y ubican, ahí sí, el nacimiento del texto biográfico en el Renacimiento,¹⁴ justamente porque en esa época se dan dos procesos que son centrales para la configuración del individuo y sus diversas manifestaciones y búsquedas. Norbert Elias ha enseñado cómo de manera paralela con la suavización de las costumbres, la contención del cuerpo y el establecimiento de límites corporales entre el cuerpo propio y el ajeno, emerge también una nueva consciencia, la de sí mismo distinto y separado de los otros.¹⁵ En ese proceso, la escritura de los manuales de urbanidad fue un elemento fundamental para la contención del cuerpo y la divulgación de nuevas sensibilidades sociales. Esta nueva consciencia se evidencia en formas materiales, como el desarrollo de la óptica y el uso generalizado de los espejos, cierto avance en la escritura que favoreció el desarrollo del autógrafo entre ciertos sectores y, con ello, la marca personal no solo de la letra, sino de los contenidos de los documentos, en el arte el autorretrato con rasgos divinizados, tal como los de Alberto Durero, y, además, los primeros pasos para el desarrollo del régimen autoral, tal como lo conocemos hoy.
En ese contexto, la personalidad emerge como una conquista que, paulatinamente, va colonizando un bastión que hasta entonces solo se entendía dentro del gregarismo que caracterizó a las sociedades antiguas. En estas sociedades, los vínculos parentales ubicaban al hombre en un flujo temporal cuya existencia se comprendía a partir de los lazos socialmente reconocidos con los antepasados, el linaje, los oficios y la parentela en la que anidaba la vida. Prácticamente, como afirmábamos, hasta bien entrada la modernidad, todas las actividades humanas se llevaban a cabo de manera colectiva: la defensa, la producción, la sociabilidad, los ritos, en fin, todo se hacía de manera comunitaria. Puede decirse que la existencia del hombre no se entendía por fuera del grupo que le sustentaba y le daba arraigo temporal como material. De hecho, y como contrapunto, recordemos que entre las experiencias extremas de fe se pueden mencionar a los anacoretas, los ascetas y los estilitas, quienes, retirados de la comunidad, encontraban en la soledad la vía de acceso a una vida pura dirigida a Dios.
La emergencia del yo, pues, se inscribe en un proceso de larga duración que, como sostuvimos, tiene formas y prácticas concretas, y una de ellas estará ligada a la escritura como manifestación de la particularidad que empieza a descubrirse en cada ser humano; la grafía, un rasgo personal, se combina también con la composición de textos que, a diferencia de Agustín, empiezan a desplegar la vida personal no ya como recuento de la conversión y el retorno a Dios, sino como una historia humana que marca hitos y momentos conducentes a la comprensión del teatro del mundo y del hombre que participa de él.
En este punto, la escritura se convierte en una forma de registro del propio devenir, no es solo una forma de meditación (que lo sigue siendo), sino un medio de registrar, de historiar
, en una narrativa que, asumirá la vida como un torrente de hechos que se organizan mediante el texto, hasta confluir en la comprensión de la propia existencia y del tipo de sujeto que se concreta a lo largo de ese devenir. Este proceso implica, además, un distanciamiento de la divinidad, una forma de laicización, en cuanto el propósito ya no es el relato del reencuentro con Dios, sino las acciones del hombre en y para el mundo, que tienen como fin último el reconocimiento de la importancia personal y su exhibición ante los otros.
Ya los Pensamientos, de Blaise de Pascal (1623-1662), suponen una especie de amalgama entre dos maneras de concebir la escritura de la propia existencia. Estos se plantean como un proyecto en el que la soledad y el distanciamiento social fueron parte indispensable para sus reflexiones sobre la familia, el mundo y Dios, preconcebidos como una apología del cristianismo, nombre que pensaba darle a su texto, y no el de Pensamientos, que le dieron los editores, quienes intentaron organizar los confusos manuscritos. El texto de Pascal reviste un interés especial no porque se ocupe precisamente de seguir de manera cronológica y destacando determinados hitos de su trayectoria vital, sino porque, como lo afirma Pablo Pavesi, en Pascal el pronombre yo se convierte en sustantivo,¹⁶ pero también emerge la expresión sí mismo
como ratificación de la existencia. El amor a Dios encuentra su contraparte en el yo humano
, cuya naturaleza consiste no amarse más que a sí mismo y en no considerarse más que a sí mismo
.¹⁷ Con ello, la individualidad queda marcada; aunque todavía el itinerario siguiera guiado por las motivaciones religiosas, el camino iba en contravía del de Agustín, pues no se trataba de volver a Dios; en Pascal, el camino conduce al hombre.
Parte de la dificultad en la organización de los manuscritos dejados por Pascal estribó en que el filósofo recurrió a diversos métodos de composición: unas veces él mismo pergeñaba sus reflexiones después de haberlas meditado por mucho tiempo, otras veces las dictaba, y las demás se lo obligó no a que escribiera lo que tenía en mente, sino a que lo dijera de viva voz
entre sus amigos.
Estas alusiones evidencian las distintas prácticas de escritura y las dificultades a las que se enfrentaba un editor, sobre todo, tratándose de un texto personal que, precisamente por ello, se consideraba que carecía de orden, razón por la cual los Pensamientos, tal como se conocen, parecieran más la intervención de los editores que un plan preconcebido por el autor. La escritura, como se evidencia en Pascal, no solo estaba dirigida a la divinidad como ejercicio de meditación, también en su plan de escritura participa otro u otros que pueden ser amanuenses o un auditorio, al cual, finalmente, se exponen los pensamientos. Además de Dios, un ser humano, otro ser humano es el destinatario de esas meditaciones que, por demás, nos informan sus editores, debieron ser intervenidas.
En efecto, desde la primera edición de Port Royal de 1669, se hicieron evidentes las condiciones materiales del texto, escrito de manera fragmentaria y en legajos sin ningún orden aparente, también en la participación de los editores para definir, dar orden y materializar la existencia de un texto que aparece al público con la estructura con la que hoy se le conoce y que no corresponde con los manuscritos y menos, probablemente, con la que le hubiera dado el autor. Sin duda, una parte fundamental en la comprensión de esta obra de Pascal se encuentra en los prefacios y las notas de las primeras ediciones, que proveen una importante información no solo sobre la obra, también sobre las variadas estrategias a las que recurrieron los editores para elaborar el libro, con un sentido de orden y de unidad del que carecían los legajos manuscritos de Pascal.
Además de lo señalado, la obra de Pascal añade una variable fundamental a la escritura de la experiencia, se trata claramente de un público de oyentes ante quienes expuso el plan de la obra en un discurso de dos o tres horas, hecho de improviso y sin haber sido pensado ni elaborado de antemano
.¹⁸ Los editores emergen como mediadores entre el escritor y el público que se vislumbra, al final del recorrido, como depositario final del itinerario de vida. Con Pascal, no solo se establece la escritura de la experiencia como una meditación paradójica en cuanto escritas como apología de la religión, encontraban en el lector humano su razón de ser.
Los Pensamientos son la manifestación de una nueva forma de concebir a la persona: el individuo, cuyas búsquedas y experiencia se objetivan en un texto dirigido a otros; pero ello requiere la intervención de otros: los editores, responsables de organizar todos los papeles que había escrito sobre esta materia
; encontrados los manuscritos cosidos en diversos legajos, pero sin ningún orden
, fue una ardua tarea no solo decidir cómo organizarlos, sino copiarlos tal como se los había encontrado
, o darles algún orden ajeno al espíritu del escritor; en toda caso, estas preocupaciones estaban inspiradas en el deseo que todo el mundo demostraba de verlos publicados
y estaban dirigidas a hacerlos coherentes y legibles para los potenciales lectores.¹⁹
Este hecho no es fortuito cuando se trata de los escritos de la propia existencia, cuya ordenación y factura final corresponde más con un orden ulterior pensado en función de garantizar la inteligibilidad de los lectores deseosos de adentrarse, a través del texto, en el pensamiento más profundo del escritor. Probablemente, la lectura de los Pensamientos de Pascal seguía adherida a una intención edificante, no obstante, ya se plantea en ellos una búsqueda filosófica que traspasa el móvil escatológico y providencialista, y que inserta al hombre en el núcleo de las preocupaciones existenciales que dejan de estar jalonadas, exclusivamente, por la salvación y se introducen en el mundo. El lector empieza a vislumbrarse como depositario final, a lo mejor todavía en búsqueda de preguntas espirituales más que del deseo de conocer la grandeza de una personalidad, o por el afán voyerista de conocer la intimidad.
Las Confesiones, de Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), marcan una inflexión importante, no solo en cuanto a la comprensión de la individualidad y su plena expresión particular. El nombre que da a su escrito no deja de ser paradójico, pues asume la tradición agustiniana, ligada, como hemos dicho, a la meditación espiritual y al reencuentro con Dios; no obstante, la confesión, desde el punto de vista de Rousseau, se resignifica en un nuevo contexto: la modernidad definida, en buena medida, por el triunfo de la individualidad que encuentra una forma privilegiada de expresión, pero esta vez esa expresión se centra en el reconocimiento de la propia valía, al mismo tiempo que se produce el distanciamiento de Dios y de la vida entendida como un destino trazado por él y que el hombre debe cumplir.
En tal sentido, las Confesiones, de Rousseau, plantean ya esa disolución entre el hombre y la divinidad, lo cual tiene implicaciones en la manera en que se narra y se configura la propia vida, así, el relato se ocupa de narrar las vicisitudes que construyen a un hombre y su personalidad. Ello significa que esa idea apriorística de un hombre que es el reflejo distorsionado de Dios se resquebraja frente a la idea de un hombre que es protagonista de su existencia y el creador de su devenir. De tal manera la ejemplaridad que recaía en la conversión como manifestación suprema de aceptación de la voluntad divina en la vida propia, se transforma en la proyección pública de una vida que se muestra a los demás como resultado de la propia gestión y de las decisiones y acciones particulares que marcaron cada uno de sus trayectos.
La secularización es, realmente, donde se hace efectiva; el hombre se convierte en dueño y gestor de su vida; la predestinación pierde sentido y lo adquiere, ahora sí, la vida como producto de una lucha personal que permite autodefinirse como una personalidad singular que se afirma frente al reconocimiento de los otros, y no ya de Dios; por ello, el depositario final de las Confesiones laicas de Rousseau es el público general, la República de las letras, esa comunidad imaginada, sin muros ni fronteras, pero unida por el poder de la escritura y por la fuerza de la razón. Pues bien, en las primas páginas de sus Confesiones, Rousseau hacía una abierta declaración de la singularidad de la tarea de descubrir ante mis semejantes a un hombre con toda la singularidad de su naturaleza
,²⁰ desnudarse frente al otro no para mostrar la transformación espiritual o la búsqueda mística, sino para mostrar el hombre que se ha creado
a partir del propio devenir: este hombre soy Yo
, dice Rousseau; yo como protagonista, pero también como confluencia de todas las trayectorias de la vida.
El yo de Rousseau es también el producto de una concepción distinta del tiempo con respecto al que comúnmente se usaba en la práctica histórica de la época, que organizaba el relato como una sucesión cronológica, que definía el tiempo como la sumatoria de momentos que se marcaban en una línea teleológica con un origen y un destino fijado previamente por la divinidad. En la modernidad, como bien lo muestra Reinhart Koselleck,²¹ esta comprensión del tiempo se resquebraja, entre otras cosas, porque surge la noción de futuro como posibilidad de construcción colectiva que no depende ya de la predestinación o de la Providencia; por ello, la prognosis pierde su centralidad y saberes fundamentales como la astrología pasaron a convertirse en seudociencias, a ello se unió la certeza del cambio y la idea de que el mundo, tal como se había conocido, estaba en proceso de disolución, lo cual conllevó una percepción del tiempo como efímero, abocando a la sociedad a un eterno presente.
El yo de las Confesiones de Rousseau se concibe más como la acumulación de experiencias que fraguan una personalidad, como la sucesión lineal de acontecimientos que cincelan al héroe o a un gran personaje. En este sentido, podría decirse que allí la emergencia del tiempo como duración en el sentido bergsoniano, es decir, como la acumulación de experiencias que se superponen para componer una existencia, así como la noción de autognosis de Dilthey, centrada en la escritura como método de entendimiento de los procesos organizativos de la experiencia,²² confluyen para dar forma a una personalidad que se configura en su devenir y que, paradójicamente, se devuelve a la infancia para encontrar allí el origen de ese camino que configura una personalidad única e irrepetible. En la afirmación de su singularidad: no soy como ninguno de cuantos vi, y aun me atrevo a creer que como ninguno de los que existen
, Rousseau, además, incita al otro a conocer esa singularidad, al invitarle a leer para juzgar si hizo bien o mal la Naturaleza al romper el molde en que me vaciaron
.²³ Si bien no se pueden extrapolar conceptos como el de duración o el de autobiografía como método para estudiar las Confesiones, de Rousseau, sí puede decirse que estos elementos ya latían en ellas.
El libro era, pues, la materialización un tanto vanidosa de una singularidad digna de ser vista y reconocida por otros, incluso por el Juez supremo, frente al que decía que se presentaría para el juicio con este libro a fin de enseñarle "lo que hice lo que pensé y
