La Sombra Del Sepulturero: 1
Por Alberto Fuentes
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Gabriel es el viejo sepulturero de un pueblo olvidado, cuida de todos los sepulcros y de sus almas. una bruja intenta utilizar el alma de una niña para hacer el mal entre las personas. Gabriel hara todo lo que pueda para salvarla de ese destino, en su camino se enfrenetara en todo tipo de dificultades y criaturas, viajara entre dimensiones y solo lograra liverarla si su fe es mas grande que el mismo.
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La Sombra Del Sepulturero - Alberto Fuentes
PARA. ÁNGEL
CAPÍTULO 1: LAURA
CAPÍTULO 2: EL COFRE
CAPÍTULO 3: EL LIBRO
CAPÍTULO 4: EL CAMINANTE
CAPÍTULO 5: LA SERPIENTE
CAPÍTULO 6: LOS ÁRBOLES LLORONES
CAPÍTULO 7: LA SOMBRA
LA SOMBRA DEL SEPULTURERO
CAPÍTULO 1
LAURA
––––––––
La luna estaba llena en el cementerio. El viento soplaba frío y unos nubarrones negros pasaban lentamente por el oscuro cielo como ejecutando una danza deprimente de una solitaria noche silenciosa.
Solo una figura encorvada por la edad y el cansancio deambulaba lenta y lastimeramente por el sitio. Se trataba del sepulturero.
Llego hasta un sepulcro. Con dificultad y jadeando se sentó en la tierra, procurando tener cuidado de no pisar la tumba.
Miro la descuidada y mohosa lápida con cariño. — Laura Soledad. — Decía un grabado que amenazaba con desaparecer.
- ¿Hola, pequeña, cómo estás? — dijo Gabriel (Así se llama el sepulturero) Hablo como si lo escucharan – ¿La Noche está tranquila verdad? — limpiaba de malas hierbas, y acomodaba las maltratadas flores de plástico que algún día alguien trajo, mientras tarareaba una canción de cuna.
Con mucho cuidado removió la tierra aplanándola con sus manos. Quito el polvo de las letras apenas negras, teniendo cuidado de no despintarlas más. Pensaba que quizá podría sembrar un poco de pasto, porque no, también unas rosas. Se las imaginaba floreciendo cada primavera bajo un hermoso sol, sería un poco más de trabajo cuidarlas, pero valdría mucho la pena. Aunque a decir verdad en aquellos parajes hacia ños que el sol no se asomaba.
Se encontraba muy sumido en sus actividades cuando de repente un sonido llamo su atención. — ¡la maldita bruja regreso! – dijo en voz baja, el sepulturero miro sobre su hombro y vio con desprecio una figura desgarbada dirigiéndose a él. Lentamente, se incorporó — ¡¡vete de aquí, maldita!! — dijo el desaliñado tipo, levantando la voz aun sin mirarla. Dio media vuelta de forma brusca mientras miraba con ojos de rabia a una anciana parada a solo unos pasos frente a él.
- Déjame en paz. Ya es demasiado con lo mal que me trata la vida — dijo con una voz carrasposa pero tranquila. Aunque anciana, la mujer miraba al sepulturero de manera desafiante, se podría decir que con desprecio. Lo miraba con su único ojo, pues la mujer estaba tuerta, no usaba parche, por lo que la cuenca del ojo se veía vacía. Tenía sus manos huesudas, entrelazadas al frente de su pecho, sus uñas eran largas, pintarrajeadas de negro. Las frotaba constantemente, como calentándose una mano con otra. Su cabello era negro entrecano y largo hasta la cintura. Cuando abría la boca se le podía notar que le faltaban los dientes frontales. Tenía un vestido largo del cuello hasta los pies de color café, sin ningún topo de adorno y en la cintura se amarraba una cuerda blanca como si fuera un cinturón, sus sandalias que sobresalían del vestido eran de cuero ennegrecido por el tiempo y la humedad.
- ¿Pobre tú? Crees que no sé qué la gente rica va contigo para pedirte que les hagas trabajitos
— al referirse a esto, el sepulturero recordaba las pláticas de los vecinos que escuchaba al pasar, los cuales circulaban con chismes de que la bruja hacía trabajos para hacer daño usando la magia negra al mejor postor. Él sabía que era su negocio y ganaba muy bien
.
- ¿Acaso tú crees en esas estupideces de viejas chismosas? — la anciana se acercó aún más al sepulturero, con todo y su apariencia frágil, imponía temor.
- Si he escuchado lo que dice la gente, pero yo te he visto bruja. Te he visto a escondidas detrás de las lápidas, puedo dar testimonio de como entierras cosas en la tierra de los sepulcros y como enciendes pequeñas fogatas y danzas desnuda implorando a Satanás que te ayude. Después les dices a las personas que tu fuerza te la da dios. Magia blanca la llamas, tu brujería no es blanca, es solo codicia y maldad. Confieso que he sido cobarde, pero eso se acabó. — los ojos del individuo se inyectaron de sangre, y su cara se llenó de una extraña mezcla de tristeza e indignación. — haces mucho daño y no te importa nadie más que tú.
- A. Ya entiendo tus motivos, amigo mío. ¿Tú lo que quieres es dinero, verdad? Yo te lo daré, solo déjame hacer las cosas a las que vengo encomendada y no te arrepentirás, yo gano y tú ganas y todos felices. Tu vida podrá mejorar, ya no pasarás hambre, podrás dejar esos trapos, comprar ropa nueva, comida buena, quizá herramienta que puedas usar aquí en este sitio. Lo único que
