No hay milagro más cruel que este: Sylvia Plath: amar, maternar, escribir
Por María Magdalena y Nicolás Cerruti (Editor)
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No hay milagro más cruel que este - María Magdalena
1984, Buenos Aires. Poeta y escritora. Psicoanalista. Editora en Las Furias. Trabajó con niños, adolescentes y adultos en los hospitales C. Tobar García y J. T. Borda. Co-organizó conversatorios sobre psicoanálisis y feminismos, y ciclos de poesía y música. Publicó los libros de poesía «Spleen» (2013, Letra Viva), «Los nombres del padre» (2016, Buenos Aires Poetry), «La pequeña muerte» (2015, plaquette artesanal), «Continente negro» (2018, Alción editora; 2021, el diván negro —México—), el ensayo «La perfecta desnudez. Conversaciones desde Alejandra Pizarnik» (2018, Letra Viva) en co-autoría con Javier Galarza y Leonardo Leibson y «Diario de la errancia. Elogio del viaje» (2020, La Docta Ignorancia).
Magdalena, María
No hay milagro más cruel que este. Sylvia Plath: amar, maternar, escribir. / María Magdalena; editado por Nicolás Cerruti. - 1a edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Las Furias, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-48302-5-8
1. Literatura. 2. Biografías. 3. Feminismo. I. Nicolás Cerruti, ed. II. Título.
CDD 809.89287
EDICIÓN Nicolás Cerruti
DISEÑO Romina Luppino
Edición en formato digital: junio de 2022
Conversión a formato digital: Libresque
No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito de los editores. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.
Índice
Cubierta
Sobre María Magdalena
Portada
Créditos
Dedicatoria
Epígrafes
El dolor al que despiertas no es tuyo
Hemos llegado tan lejos, se terminó
I
II
III
Una muñeca viviente, por donde la mires. Puede coser, puede cocinar, puede hablar, hablar, hablar
I
II
III
Ya no soy una enfermera, blanca y atenta. No soy una sonrisa
I
II
III
Soy hermosa como una estadística
I
II
III
Me sentía sabia y cínica como el infierno
I
II
III
El gran strip tease
I
II
III
Y un nombre con bordes negros se marchita a mis pies
I
II
III
La perfección es terrible, no puede tener hijos
I
II
III
Serás la novia de un poeta, un interludio
I
II
III
Todavía estoy en carne viva
I
II
III
Me ponen la corona de alambre en la cabeza, la hostia del olvido sobre la lengua
I
II
III
Y aquí está el final de la escritura, los ganchos ágiles que se doblan y encogen y las sonrisas, las sonrisas
I
II
III
El invierno es para las mujeres
I
II
III
Redes
Las Furias editora
Acerca de este libro
A Nicolás, por el nuevo amor.
Y a Ciruelo, por el amor nuevo.
Pienso realmente que el amor, en un mundo como el actual, se encuentra acorralado, asediado, y en este sentido, amenazado. Y creo que es una tarea filosófica, entre otras, defenderlo. Hecho que supone, probablemente, como decía el poeta Rimbaud, también reinventarlo.
ALAN BADIOU
… el obrero puede sindicarse, hacer huelga: las madres están separadas las unas de las otras dentro de sus hogares, atadas a sus hijos y a sus vínculos compasivos. Sus «huelgas» muchas veces han adoptado la forma de crisis mentales o físicas. Para las madres, la privatización del hogar no sólo ha significado el aumento de la impotencia sino, sobre todo, una desesperada soledad.
ADRIENNE RICH
Tú puedes desear. Puedes leer, adorar, ser invadida.
Pero escribir no te está concedido.
Escribir estaba reservado a los elegidos. Eso debía suceder en un espacio inaccesible a los pequeños, a los humildes, a las mujeres.
HÉLÈNE CIXOUS
El dolor al que despiertas no es tuyo
¹
Palabras introductorias
Este es un libro vulnerable. Tal como denominó Adrienne Rich su ensayo sobre la maternidad, por tratarse de un «testimonio personal mezclado con investigación y teoría derivada de ambos»². Encontrar esa denominación me ayudó a despejar las dudas que tenía acerca de cuánto implicarme en estos fragmentos. Ella dice en el prólogo: «Estoy cada vez más convencida de que sólo el deseo de compartir una experiencia privada, y muchas veces dolorosa, puede capacitar a las mujeres para crear una descripción colectiva del mundo que será verdaderamente nuestro»³. No podría escribir sobre el amor, la maternidad y la escritura si no fuera desde mis propias heridas. La fuerza del feminismo reside, justamente, en el descubrimiento del hilo invisible que conecta la intimidad de mi dolor con el de otras mujeres. Buceé en mi historia personal a través de diarios, cartas, escritos; reviví historias amorosas, duelos y separaciones que estuvieron signadas por lo catastrófico. Estuve enferma de neurosis y de amor romántico, una combinación que puede ser letal. Entendí que algo de la neurosis puede curarse en el diván, y que mucho del amor romántico puede ser deconstruido colectivamente. «Lo personal es político» implica este cuerpo que escribe sus heridas para darle luz a ese hilo invisible que nos une en el dolor, para construir un mundo más habitable, para dilucidar los mandatos que forman parte de nuestra educación sentimental; para encontrar modos de amar y de maternar que, aunque continúen doliendo, no duelan de más.
*
Las biografías de Sylvia Plath están llenas de intentos vanos de simplificar lo contradictorio y lo complejo: o víctima o victimaria, o santa o bruja. Plath era una norteamericana blanca de clase media que soñaba con la casa en los suburbios, el jardín, el marido perfecto y los hijos relucientes; también era una mujer oprimida por la sociedad patriarcal de los años 50 que se debatía entre la escritura y la vida doméstica; era la gran poeta y la mujer desesperada, la que percibía a las otras mujeres como una amenaza, la que se burlaba de la infertilidad, la que vanagloriaba el ser madre como condición ineludible de lo femenino; la que celaba, hostigaba, insultaba, quemaba manuscritos de su marido; la que añoraba «un gran amor extraordinario creador floreciente denso»; la que abandonó a sus hijos y fue abandonada con sus hijos, la que salvó a sus hijos. No escribo para victimizar ni para reivindicar, tampoco para encontrar culpables y exigir condenas. Escribo para pensar, con las herramientas que nos facilitan las teorías feministas, lo contradictorio y lo complejo que ha sido –y continúa siendo– amar, maternar y escribir para las mujeres⁴. Tres tareas que,
