Explora más de 1,5 millones de audiolibros y libros electrónicos gratis durante días

Al terminar tu prueba, sigue disfrutando por $11.99 al mes. Cancela cuando quieras.

Kitzur Shulján Aruj Vol. 1: La Guía Clásica Para La Vivencia Cotidiana De La Ley Judía
Kitzur Shulján Aruj Vol. 1: La Guía Clásica Para La Vivencia Cotidiana De La Ley Judía
Kitzur Shulján Aruj Vol. 1: La Guía Clásica Para La Vivencia Cotidiana De La Ley Judía
Libro electrónico781 páginas12 horas

Kitzur Shulján Aruj Vol. 1: La Guía Clásica Para La Vivencia Cotidiana De La Ley Judía

Calificación: 5 de 5 estrellas

5/5

()

Leer vista previa
  • Jewish Customs & Traditions

  • Jewish Law & Customs

  • Blessings & Prayers

  • Jewish Dietary Laws

  • Jewish Customs

  • Religious Rituals

  • Religious Ritual

  • Forbidden Fruit

  • Importance of Community

  • Community

  • Religious Text

  • Community Gatherings

  • Religious Rituals & Practices

  • Forbidden Love

  • Mentor

  • Blessings

  • Jewish Law

  • Shemoné Esré

  • Religious Observance

  • Jewish Prayer

Información de este libro electrónico

Entre los libros escritos por Rabí Shlomó Ganzfried, un sitial de excelencia le corresponde a esta obra, el Kitzur Shulján Aruj, publicada por vez primera en Ungvar en 1864. Ello se debe a su extraordinaria difusión y la necesidad de un libro de estas características que llenó la falta de una obra que respondiera a todos los planteos cotidianos que pudieran presentarse a cualquier individuo, orientándolo en el curso de toda su vida por el camino de la Torá y los senderos de la Ley Judía de una manera que resultara útil a cada cual.
El Kitzur Shulján Aruj es infaltable en el hogar judío, y su difusión alcanzó proporciones monumentales. En 1908, unos 45 años tras su primera impresión, el yerno de Rabí Shlomó, Rabí Guershón Wolf Banet, escribió que en ese momento había en el mundo entre 400.000 y 500.000 ejemplares del Kitzur (sólo en vida del autor llegaron a imprimirse cerca de 250.000 ejemplares). Desde entonces, se reimprimió cientos de veces más, totalizando millones de ejemplares, algo inédito para una obra rabínica además de la Torá misma.
IdiomaEspañol
EditorialBookBaby
Fecha de lanzamiento1 mar 2016
ISBN9789879107744
Kitzur Shulján Aruj Vol. 1: La Guía Clásica Para La Vivencia Cotidiana De La Ley Judía

Relacionado con Kitzur Shulján Aruj Vol. 1

Libros electrónicos relacionados

Judaísmo para usted

Ver más

Categorías relacionadas

Comentarios para Kitzur Shulján Aruj Vol. 1

Calificación: 4.875 de 5 estrellas
5/5

8 clasificaciones1 comentario

¿Qué te pareció?

Toca para calificar

Los comentarios deben tener al menos 10 palabras

  • Calificación: 4 de 5 estrellas
    4/5

    Feb 10, 2021

    es un excelente libro para conocer y poner en practica las leyes judias

Vista previa del libro

Kitzur Shulján Aruj Vol. 1 - Shlomo Ganzfried

INTRODUCCION A LA VERSION ESPAÑOLA

Uzhorod (o Uzhgorod), un pequeño poblado húngaro (hoy ucraniano, con 125.000 habitantes) a orillas del río Uzh, que en la época de autor tenía 3000 habitantes, repartidos en 15 calles con 335 viviendas, y se llamaba Ungvar, tuvo la suerte de pasar a la historia gracias a Rabí Shlomó Ganzfried (dicho sea de paso, también el tatarabuelo del traductor, Herman Grunblatt, vivió en esa época en Uzhorod).

Pero más histórico es el producto de la pluma de Rabí Shlomó, descollando el Kitzur Shulján Aruj (Síntesis del Código Judío de Leyes), un resumen de las leyes con que frecuentemente se topará el judío en su vida de servicio al Creador.

No es de sorprenderse que el Kitzur Shulján Aruj fuera el libro más veces impreso luego de la Biblia, literalmente millones de ejemplares. ¿Qué judío puede servir a Di-s si desconoce cómo debe practicar su permanente entrenamiento de acercarse más a Él? Porque la vida judía no es una serie de rituales que se llevan a cabo de tanto en tanto, sino una modalidad de vida que abarca cada una de sus actividades, por más triviales que parezcan, en el afán permanente por dotar a la existencia de una conciencia espiritual que lo impregne todo.

El Kitzur fue escrito de una manera bastante singular. Parece la transcripción palabra por palabra de una clase, por lo que en el texto hebreo abundan los cambios de tercera a primera persona, siendo la exposición más coloquial que literaria. Aunque esta licencia es aceptable en la Lengua Santa, en español hubiera significado más confusión que claridad. El traductor ha optado por reformular las frases de manera tal que la idea aparezca ordenada y clara. El mismo criterio se aplicó a las redundancias del original, suprimiéndolas.

Se han agregado innumerables aclaraciones entre corchetes —que deben leerse de corrido, como parte del texto— en aquellas instancias en que cabía la posibilidad de confusión. No se debe olvidar que en la época del autor la observancia religiosa era moneda corriente, por lo que éste dio por sentado muchas cosas que, lamentablemente, hoy ya no son tan tácitas (por ejemplo, ¡en ningún lugar de las Leyes de Tefilín, escribió que estos no se visten en Shabat y Festividades!) Ello obligó a numerosas adiciones aclaratorias, y Notas del Traductor (N. del T.).

Dada la época y localidad de su escritura, el Kitzur resulta interesante, además, para conocer la vida de los pueblos de entonces (el shtetl). El autor no se privó de indicarnos las leyes de cómo se ordeña una vaca en Shabat, como si fuera la cosa más habitual del mundo. Pese a que la vida ha cambiado considerablemente desde entonces, no hemos suprimido ninguna ley por considerarla anticuada. El lector, de todos modos, obtendrá el beneficio de saber qué debe tener en cuenta, y podrá preguntar a una autoridad rabínica de qué manera se extrapola la situación arcaica a un mundo moderno como el nuestro.

Esta edición traduce asimismo todas las medidas antiguas de peso, volumen, longitud y tiempo a valores contemporáneos, siguiendo el criterio establecido por el Gaón Rabí Jaím Naé (Jerusalén).

En muchos casos el autor dictamina cómo debe cumplirse una norma en principio y cuál será el dictamen "post facto". En términos simples esto significa que antes de la acción el curso a seguir será de determinada manera. Pero una vez que ya pasó, la situación será, o no, otra.

Esta edición del Kitzur ha sido enriquecida con las adiciones de Rabí Leví a"h Bistrizki (Superior Rabino de Safed, Israel), quien en 1992 publicara (bajo los auspicios de Ed. Kehot, NY) una edición agregando la opinión del Admur HaZakén (Rabí Shneur Zalman de Liadí, fundador de Jabad y autor del Shulján Aruj HaRav y del Tania), cuando ésta difiere o define. Sus adiciones aparecen en el texto hebreo en una tipografía distinta y sin vocalizar, y en el texto español en una tipografía diferente y entre llaves { }. La referencia a la fuente en el Shulján Aruj HaRav, para evitar una reiteración tediosa, aparece como SAH.

Ademas del SAH, el Admur HaZakén escribió otras obras. Primera y fundamental es su Sidur (abreviado aquí como SID), que enriqueció con numerosas leyes, muchas veces modificando su opinión en SAH. La normativa del SID tiene precedencia sobre la del SAH, en vista de que su composición es posterior. Análogamente, el lector hallará abreviaturas diversas en las referencias, a compendios individuales. Estas son: SBH (Séder Birjot HaNehenín), HTT (Hiljot Talmud Torá), SHS (Séder Hajnasat Shabat), SNI (Séder Netilat Iadáim) — todas del Admur HaZakén, así como RTT (Responsa Tzemaj Tzedek, del 3er. Rebe de Lubavitch).

El traductor desea expresar su gratitud a quienes lo asistieron en esta titánica labor, tan cargada de responsabilidades: En primer lugar al Gaón Rabí Iosef I. Feigelstock, quien revisó cada ley palabra por palabra, corrigiendo, agregando y suprimiendo, compartiendo sus extraordinarios conocimientos para que esta obra cumpla su finalidad, ser una guía práctica para la conducta cotidiana del judío.

Rabino Natán Grunblatt

Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana

Biografía del Autor

Rabí Shlomó Ganzfried —autor del Kitzur Shulján Aruj— nació en Ungvar hace doscientos años, en 1804. Su padre fue Rabí Iosef ben Zeev Wolf, y a su hijo puso el nombre de su suegro, quien fuera Daián —Juez— en esa localidad, y yerno del Gaón Rabí Arié Leibush Raizman, el primer Rabino de la comunidad.

Desde muy joven mostró una inteligencia extraordinaria y ya durante su niñez podía vaticinársele un futuro de grandeza. De inusual perseverancia en el estudio de la Torá, superó muy pronto a sus compañeros de escuela, evidenciando una captación clara y una comprensión profunda. Su padre, no obstante la pesada carga que significaba proveer de sustento a la familia, se dedicó a su educación sin escatimar esfuerzos, para brindarle Torá y temor a Di-s.

Su dicha no duró mucho. En 1812 —tenía apenas 8 años— falleció su padre, quedando el pequeño genio sin su valioso apoyo, en tanto su madre se vio agobiada por la tarea de mantener a una familia abrumada por la pobreza.

Su educación fue confiada entonces al Jefe del Tribunal Rabínico de Ungvar, Rabí Tzví Hirsch Heller (llamado también Hirshl Jorif, autor de Tiv Guitín VeKidushín). Haciendo a la vez de padre y de maestro, fue esta ilustre personalidad, y su fiel y esmerada dedicación, quien dejó su indeleble impronta en el joven Shlomó. Este dejó de lado toda tristeza y se sumergió con pasión en el estudio de la Torá que tanto amaba.

Sus excepcionales talentos y prodigiosa memoria, sumados a su inquebrantable perseverancia en el estudio, lo asistieron enormemente y muy pronto su nombre resonaba en los ámbitos más distinguidos de la erudición rabínica. Incluso su maestro se refería a él con marcada estima, elogiando permanentemente al niño y alabando su asombrosa estatura espiritual.

En 1819, cuando Shlomó Ganzfried tenía 15 años, Rabí Tzví Hirsch Heller abandonó Ungvar para convertirse en Rabino y Jefe del Tribunal de Banyhod, llevando consigo a su amado discípulo.

Shlomó encontró en Banyhod un amigo de su propia talla, Rabí Tzví Hirsch Fridmann, quien, con el correr del tiempo, se convirtió en el Rebe de Liska y autor de Aj Pri Tevuá y Séfer HaIashar VeHatov. Estos bienamados compañeros dedicaron noche y día al estudio de la Torá. Ni siquiera su privación personal —a veces al grado de contar apenas con un magro trozo de pan— significó un obstáculo para su entrega absoluta al estudio, mientras el amor por la Torá ardía llameante en sus corazones.

Ambos jóvenes, con la iluminadora orientación permanente de Rabí Tzví Hirsch, se sumergieron en el mar de la sabiduría judía, especialmente en la esfera de las derivaciones legales prácticas (la halajá) resultante de este conocimiento. Ya por aquel entonces Shlomó sentía una atracción natural por traer claridad a las intrincadas polémicas entre los Legisladores (Poskím) hasta llegar a una conclusión precisa.

Esta amistad se extendió por mucho tiempo. En su obra Léjem Shlomó, Rabí Shlomó transcribe interpretaciones novedosas de la Torá que su fiel amigo de la adolescencia le enviara por correspondencia. También en aquella época juvenil tuvo por compañeros a Rabí Iaacov Scharff (Superior Rabino de Ushpitzín) y a Rabí Aharón Reisman (Superior Rabino de Munkatch).

Colmado de Torá y temor a Di-s Rabí Shlomó regresó a la casa de su madre y a su ciudad natal, Ungvar, continuando sus estudios sin pausa. Por aquel entonces la jefatura del Tribunal Rabínico local estaba en manos de Rabí Modejái Mardish Weinraub, cuñado del afamado Gaón de Brody, Rabí Shlomó Kluguer.

Cuando llegó la hora de que fundara su propia familia, un hombre adinerado y muy respetado de la comunidad, Reb Iom Tov Lippman Madrer, lo escogió como esposo de su hija, una joven temerosa de Di-s. De naturaleza benévola, filántropo por excelencia, y poseedor de un inigualable aprecio por los eruditos de la Torá, Reb Iom Tov Lippman supo reconocer y admirar la estatura de Rabí Shlomó. A sabiendas de que los cargos rabínicos no lo atraían, prefiriendo en cambio obtener su sustento con el fruto de sus esfuerzos y no con el de su saber, su suegro puso a su disposición una importante suma de dinero para que iniciara algún negocio y pudiera vivir holgadamente, disponiendo de paz y serenidad para dedicarse a lo que más amaba: estudiar Torá.

Rabí Shlomó se radicó en la ciudad de Homna y se dedicó al comercio de vinos. Pero no tuvo suerte y en poco tiempo había perdido todo el dinero recibido de su suegro. Este último, sin embargo, lo amaba tanto que volvió a disponer de una importante suma, abriendo un gran negocio para Rabí Shlomó en su ciudad natal, Ungvar, donde regresó.

Incluso mientras este nuevo emprendimiento florecía, Rabí Shlomó se aseguró de que su trabajo fuera algo circunstancial mientras sus estudios eran lo que ocupaban la cima de sus intereses. Sentado en el negocio seguía estudiando día y noche. Su piadosa devoción era tal, que se alegraba cuando no era visitado por clientes, ¡considerando que de esa manera ciertamente no quitaba el sustento a otros judíos!

Cierta vez, cuando su madre lo visitó en su negocio preocupada de que su actitud implicara desatender el comercio, le pidió que le mostrara qué ganancias había obtenido ese día. En respuesta, Rabí Shlomó abrió una gaveta de su escritorio y extrajo una pila de papeles en los que había registrado todas las interpretaciones novedosas de la Torá que se le habían ocurrido en el curso de su estudio.

Fue por aquel entonces que su nombre comenzó a brillar. Los eruditos de la ciudad solían visitarlo en su casa para debatir temas de Torá, ley judía y Hagadá. Extendían ante él sus inquietudes y dudas, así como sus interpretaciones, ansiosos por escuchar su autorizada opinión. Las respuestas y aclaraciones de Rabí Shlomó parecían un manantial inagotable, con un torrente surgente cada vez más caudaloso.

Rabí Mordejái Mardish, el Rabino de Ungvar, falleció en 1832, y el sitial rabínico quedó vacante. Rabí Shlomó sugirió a la comunidad que intercediera ante su maestro, Rabí Tzví Hirsch Heller, para que regresara a Ungvar y lo ocupara. Su sugerencia fue aceptada —ya entonces gozaba de enorme influencia entre la gente—, y él mismo imploró a su maestro que extendiera su benevolencia sobre la comunidad.

Rabí Tzví Hirsch accedió a su pedido, regresando a Ungvar, pero enfatizando que lo hacía para complacer a su ilustre discípulo, a quien amaba con toda su alma.

En proximidad a su venerado maestro Rabí Shlomó continuó entregado al estudio y al mismo tiempo se dedicó al comercio, si bien su sustento ya no era holgado como antaño y le exigía mucho esfuerzo. Su maestro, apenado ante tal situación y deseoso de que por fin iluminara al mundo con su Torá, le insistía permanentemente que aceptara el yugo del liderazgo rabínico. Rabí Shlomó tenía cada vez otra excusa para negarse, prefiriendo mantenerse con el sudor de su frente.

En 1834, a los 30 años, Rabí Shlomó publicó la primera obra de lo que sería su prolífica pluma: Késet HaSofér — un trabajo abarcante sobre todas las leyes que rigen la escritura del Rollo de la Torá, los Tefilín y la Mezuzá. Acogida con aprecio y deferencia por los principales Rabinos de la época, provocó una revolución en la profesión de los Escribas. Hasta obtuvo la Aprobación Rabínica del Gaón Rabí Moshé Sofer —el Jatám Sofer— en términos totalmente inusuales: Lo estudié de punta a punta,... no tiene defecto alguno. Además, el Gaón ordenó a sus discípulos que a partir de ese momento no extendieran el Certificado de Escriba a quien no fuera experto en el contenido de esta obra.

Fue impresa en varias ediciones en vida de Rabí Shlomó.

Tiempo después perdió todo lo que tenía en un mal negocio y, sin más alternativa, aceptó el sitial rabínico de Brezivitz, que ocupó en 1843.

En 1850 la comunidad de Ungvar suplicó a Rabí Shlomó Ganzfried que asumiera la presidencia del Tribunal Rabínico. Rabí Shlomó accedió a su pedido, considerando un placer poder servir a su pueblo en su ciudad natal.

Fue entonces que se extendió su fama como una de las principales autoridades mundiales en materia de Ley Judía. Le llegaban consultas de todas partes del mundo, y sus claras y eruditas respuestas prácticas iluminaron el horizonte judío. Una serie de obras suyas comenzaron a ver la luz, coronadas con las Aprobaciones Rabínicas de las máximas autoridades religiosas de la época. No obstante, a medida de que crecía su fama, lo mismo sucedía con su humildad. Cuando algún Rabino discutía una de sus decisiones, en lugar de asumir una postura defensiva usualmente le respondía con una extensa carta de agradecimiento por haberle mostrado una visión diferente del mismo tema. También su plegaria se volvió más elocuente y fogosa, con la sumisión que sólo se encuentra en el sirviente fiel dedicado a su Amo.

A él le tocó representar a la judería tradicional observante frente a las embestidas de los movimientos de reforma que deseaban adueñarse del liderazgo judío. En 1869 encabezó la delegación de Rabinos en la Convención de Budapest, frente a los gobiernos gentiles. Representó a su pueblo con gallardía y excelencia, causando honda impresión entre los gobernantes gentiles con su impactante personalidad, llameante fe y brillante exposición lógica.

En 1878 enfermó gravemente. Todo el liderazgo rabínico de la época, así como la judería en general, se unió en plegaria suplicando a Di-s la curación de Rabí Shlomó, y milagrosamente salió de peligro.

En 1881 volvió a enfermar, debilitándose día a día y padeciendo terribles dolores. Con todo, reunió las fuerzas que le quedaban y se mantuvo estoico e implacable al frente de su comunidad. Su padecimiento continuó durante 6 años, cuando ya había pasado los 80 años de edad.

En la noche del viernes 30 de julio (28 de Tamuz) de 1886, cuando sus fuerzas lo habían abandonado casi por completo siquiera para levantarse de su lecho, empleó sus últimas energías para santificar el Nombre de Di-s. Rezó las oraciones de Bienvenida al Shabat con total claridad y rostro resplandeciente. Luego de hacer el Kidush con vino, sintió que su tiempo se acababa. Su familia reunió a su alrededor a sus hijos e hijas. Con sus últimas fuerzas se levantó de la cama, lavó sus manos, se sentó, y comenzó a rezar la Confesión. Recitando el Shemá Israel, devolvió su alma pura a su Creador.

Después de terminado el Shabat, llegó la hora del entierro. Rabí Shlomó Ganzfried, en su testamento, había escrito lo siguiente: Allí me enterrarán, en la sepultura que cavé para mí al lado de mi padre, Rabí Iosef, quien me precedió unos 70 años, en 1812; y si el lugar de sepultura se olvidó cual difunto, yo lo recordaré. Los miembros de la Sacra Sociedad Sepulturera sabían que junto a Rabí Iosef estaba enterrado el padre de aquel, Rabí Zeev, y no quedaba lugar entre ambos para una tumba más. Ante el enigma de cómo cumplir el deseo póstumo de su venerado maestro, decidieron inspeccionar el lugar para decidir qué se podía hacer. Para su enorme sorpresa, entre ambas tumbas se había abierto un espacio libre, suficiente para enterrar a Rabí Shlomó.

Sus obras incluyen el mencionado Késet HaSofér, Torat Zévaj, Léjem VeSimlá, Oholéi Shem, Pnéi Shlomó, Shem Shlomó y Apirión, quedando algunas obras suyas en manuscritos, entre ellas un comentario sobre el Zohar.

Además de todas éstas, un sitial de honor lo ocupa la obra que hoy presentamos al público hispanoparlante, el Kitzur Shulján Aruj (véase la Reseña).

El Kitzur Shulján Aruj — Reseña

Entre los libros escritos por Rabí Shlomó Ganzfried, un sitial de excelencia le corresponde a esta obra, el Kitzur Shulján Aruj, que publicara por vez primera en Ungvar en 1864. Ello se debe a su extraordinaria difusión, testimonio de la necesidad de un libro de estas características, que llenó el vacío existente en cuanto a una obra que respondiera a todos los planteos cotidianos que pudieran presentarse a cualquier individuo, orientándolo en el curso de toda su vida por el camino de la Torá y los senderos de la Ley Judía de una manera que resultara útil a cada cual.

El autor define el contenido y propósito de su libro en apenas unas breves líneas: "Es un compendio de los cuatro tomos del Shulján Aruj, las leyes que cada individuo debe imprescindiblemente saber, escritas de una manera sencilla y ordenadas sistemáticamente". En referencia a su utilidad, agrega: "Es una composición buena y útil, con la ayuda de Di-s, para quienes, dedicados al comercio, no disponen de tiempo para enfrascarse en un estudio a conciencia del Shulján Aruj y sus comentaristas. Aquí encontrarán con facilidad lo que buscan". Es más, podrán educar a los jóvenes para implantar en sus corazones los preceptos de Di-s desde su niñez, de modo que en su ancianidad no se apartarán de ellos.

Así, la función de esta obra no sólo era constituir un compendio de leyes para saber cómo proceder ante situaciones que pudieran presentarse, sino también un libro de estudio para conocer las leyes y para educar a los jóvenes en el conocimiento de la ley práctica.

El libro logró su objetivo con creces. Las expectativas que depositó en él su autor se vieron satisfechas en un tiempo muy breve, y ampliamente, mucho más de lo esperado.

Apenas fue publicado por primera vez, el público literalmente se abalanzó sobre éste y agotó la edición. Desde entonces se convirtió en un clásico en cada hogar y su demanda crecía a pasos agigantados.

Dos años después, Rabí Shlomó publicó su obra nuevamente, agregándole las enmiendas que consideró necesarias. Apenas un año después lo hizo por tercera vez. Tal fue la demanda, que en el curso de 22 años Rabí Shlomó lo publicó 12 veces. Como ocasionalmente agregaba enmiendas, hacia el final de su vida las juntó todas, revisándolas una a una, y las introdujo en su obra. Con esta última edición suya consideró terminado su trabajo.

El Kitzur Shulján Aruj se ganó la lealtad del liderazgo rabínico de la época inmediatamente con su aparición. Los principales Rabinos vieron en él una obra de maravillosa utilidad. Además, daba fiel testimonio de la estima sentida hacia su autor, considerado una autoridad indiscutida en el terreno de la definición halájica, como escribiera el Rabino Aizenshtadt —Superior Rabino de Ungvar— en su fervorosa Aprobación Rabínica. También la masa judía, temerosa de Di-s y sedienta por conocer una ley clara, sintió que sus ojos se iluminaban con este libro. En numerosas localidades se establecieron clases fijas para su estudio, adoptándolo como guía básica para la vida cotidiana del individuo y la comunidad.

Hasta el día de hoy, el Kitzur Shulján Aruj continúa siendo una obra determinante en el ámbito de la conducta día a día, así como materia de estudio ineludible para los jóvenes —ya sea en edad o conocimientos— en sus primeros pasos por las antesalas de la ley judía.

Superando las expectativas del propio autor, incluso las eminencias rabínicas encontraron interés en su obra. Así escribe éste a uno de ellos en una carta: Me alegró sobremanera notar que incluso eminencias de la Torá pusieran sus ojos en mi pequeño libro, introduciéndose en todos sus recovecos.

Con las artesanales manos del experto, Rabí Shlomó Ganzfried programó las características peculiares del Kitzur Shulján Aruj. En un libro relativamente sucinto considerando el amplio espectro que abarca, reunió de los cuatro volúmenes que conforman el Shulján Aruj (de Rabí Iosef Caro y Rabí Moshé Isserles) todas las leyes usualmente necesarias, hilvanándolas entre sí en un orden novedoso y agradable, destacándose su lenguaje llano y vivaz. Rabí Shlomó se impuso como principio rector la máxima brevedad: incluir la mayor cantidad de leyes en la menor cantidad de incisos, en un lenguaje conciso. Normalmente no proporcionó los considerandos y razones de las leyes, pero no por eso resultaron en un texto insípido. Sí aportó los fundamentos de la ley que permitían facilitar la comprensión de sus ramificaciones resultantes.

Un aspecto a destacar de su obra es la determinación de las leyes de una manera clara. En términos generales, Rabí Shlomó evitó citar más de una opinión respecto de una ley práctica, probablemente para que el lector obtuviera una formulación clara, sin opiniones disidentes que lo sumirían en la incertidumbre en cuanto a cómo proceder concretamente.

Rabí Shlomó Ganzfried no señaló en su obra las fuentes a las que recurrió para determinar una ley final, pero se sabe que dejó un extenso manuscrito en el que detalla y sustenta cada una de sus decisiones legales. Algo de ello ya fue impreso —lo que respondiera a quienes le preguntaran—, así como una carta suya en la que sustenta su postura acerca de algunas leyes.

En ésta deja entrever una norma importante que se impuso. Dice así: "Al escribir esta obra, me impuse como sostén... siguiendo a la mayoría de estos tres Grandes de Israel: el Gaón autor de Javat Dáat en su Sidur, el Gaón autor del Tania [Rabí Shneur Zalman de Liadí], y el Gaón autor de Jaiéi Adám. También en este caso me aferré a aquella opinión sostenida por dos de ellos, dejando de lado la del que quedara solo". Su apego a estos Grandes de Israel puede verse también en otras obras del autor, quien en Késet HaSofér basara el Capítulo 5, referente a las formas de las letras de la Torá, Tefilín y Mezuzot, en el Shulján Aruj HaRav —que escribiera el Admur HaZakén, autor del Tania—, como declara en Lishkat HaSofér.

Fiel a su objetivo de reunir las leyes que resultaran necesarias a cada individuo, tomó por norma que siempre se debe enseñar de manera concisa. En su introducción —bastante breve, por cierto— transcribe de otro Rabino las siguientes palabras: La brevedad, en los estudios, es buena y resulta util tanto a los principiantes que no pueden nadar en conocimientos abundantes, así como a los conocedores para que recuerden lo olvidado. En consecuencia, salteó aquellas leyes que no son imprescindibles para todos y prefirió citar aquellas menos usuales que, de presentarse, permitan al individuo determinar qué hacer. Suprimió las leyes cuya definición final es jurisdicción de los Rabinos, aun si hacen a la conducta cotidiana —como las leyes de la escritura del Rollo de la Torá, Tefilín y Mezuzot, las de Mikvé, y otras análogas—. Para algunas de ellas escribió obras individuales. Como explicación, solía recurrir a un juego de palabras: ¡Está escrito taarój lefanái shulján (lit.: Dispón para mí una mesa, donde usaba la palabra shulján, ‘mesa’, refiriéndose al Shulján Aruj [Mesa Dispuesta]), y no taarój (con alef en lugar de áin), extiéndete! Es decir: da preferencia a la brevedad por sobre la extensión.

Es interesante notar cómo aplicó este enfoque también a las leyes de Shabat, donde, como apertura del Capítulo 80, escribe: "Los principales trabajos (melajot) que están prohibidos en Shabat ya son conocidos por la mayoría del pueblo judío. Aquí se han descripto sólo aquellos que generalmente no lo son pero se dan con frecuencia". Nuevamente la misma norma: preferencia por la síntesis en beneficio de los aspectos necesarios.

En vista de la enorme difusión de esta obra y su penetración en el pueblo judío como un libro de leyes de cabecera por excelencia al que tantos recurren para la vida judía práctica, muchos Rabinos sintieron la necesidad de hacer su propio aporte, agregando más leyes y opiniones alternativas cuando a su parecer debía seguirse, al menos en principio, una postura diferente a la del autor.

El primero de ellos fue Rabí Ishaiá HaKohén, de Rajov (y posteriormente Jerusalén). El envió al autor una serie de enmiendas y adiciones y pidió su anuencia para sumarlos a una nueva edición del Kitzur Shulján Aruj. Rabí Shlomó agradeció efusivamente a Rabí Ishaiá sus comentarios, retribuyéndole con sus bendiciones y comunicándole que había tomado algunas de sus sugerencias para incorporarlas a su obra original. No obstante, se oponía a que se imprimieran junto con el Kitzur. No me parece adecuado, por varias razones, respondió, sin entrar en detalles. Es de suponer que el autor temía que con tantas adiciones y opiniones alternativas, el libro perdiera su característica esencial, al obstaculizarse el logro de la utilidad que se propuso: un conciso libro de leyes.

En contraste, lo impulsó a editar sus escritos por separado, como un anexo al Kitzur. Rabí Ishaiá así hizo, editando su Misgueret HaShulján, donde incluyó gran cantidad de adiciones y enmiendas que le enviara Rabí Shlomó, así como otros Rabinos, con el nombre de Léjem HaPaním.

Tras la desaparición de Rabí Shlomó, Rabí Ishaiá imprimió el Kitzur Shulján Aruj junto con su obra, Misgueret HaShulján y Léjem HaPaním, con el consentimiento de las autoridades rabínicas de la época que se lo permitieron pese a la opisición de Rabí Shlomó durante su vida, considerando que una vez en el Mundo de la Verdad, seguramente le complacerá que se beneficie a la comunidad.

Tras los pasos de Rabí Ishaiá se produjo un aluvión de comentarios al Kitzur Shulján Aruj: Rabí Ishaiá mismo compuso Ieshuot Jojmá, adiciones a sus obras previas. En Vilna se editó Amudéi HaShulján uMisgueret Zahav. También hay versiones con notas tomadas de la Responsa Avnéi Nézer —del Gaón de Sojatchov—, y con aquellas tomadas de Mishná Berurá del Jafetz Jaím.

Rabí Shmuel Borenshtein, de Shítava, produjo una obra más elaborada, editando cuatro volúmenes basados en el Kitzur Shulján Aruj: Minjat Shabat sobre las leyes de Shabat, Minjat Iom Tov sobre las de las Festividades, Maadanéi Shmuel sobre las de Pesaj, y Shaaréi Eden sobre las del lavado ritual de manos antes de la comida.

Muchas fueron las adiciones y explicaciones anexadas al Kitzur Shulján Aruj con el paso del tiempo, resultando un fenómeno sumamente inusual que una obra tan contemporánea se viera enriquecida con tantas ediciones y comentarios (incluyendo una versión con las alternativas para la judería sefardí, y otra, de cinco tomos, ¡con cuentos jasídicos!)

El Kitzur Shulján Aruj se convirtió en un libro fundamental de la ley judía, infaltable en el hogar judío que se precie de tal, y su difusión alcanzó proporciones monumentales. En 1908, unos 45 años luego de que viera la luz por primera vez, el yerno de Rabí Shlomó, Rabí Guershón Wolf Banet, escribió en su Aprobación al Lejem Shlomó de su suegro que estimaba que en ese momento había en el mundo entre 400.000 y 500.000 ejemplares del Kitzur, además de las ediciones impresas sin autorización (sólo en vida del autor llegaron a imprimirse cerca de 250.000 ejemplares). Desde entonces, volvió a imprimirse cientos de veces más, totalizando millones de ejemplares, algo que no sucedió jamás con ninguna otra obra rabínica además de la Torá misma.

Hoy, el público hispanoparlante se enriquece con una edición más: el Kitzur Shulján Aruj con el agregado de aquellas instancias en las que el Admur HaZakén, fundador de Jabad, discrepara con una ley o la condicionara a situaciones específicas.

Siendo testigos del masivo retorno a las fuentes tradicionales —cuyo indiscutido precursor fue el Rebe de Lubavitch, Rabí Menajem M. Schneerson— no cabe duda de que esta edición es un hito más en esta culminante etapa final del exilio diaspórico que ya está tocando a su fin para introducirnos en el mundo de luz y dicha que trae consigo el Mashíaj.

En los breves instantes que quedan, y para acelerar aún más su venida, una mitzvá más puede hacer toda la diferencia.

Capítulo 1: Al Despertar por la Mañana

1 He puesto a Di-s delante de mí siempre (Salmos 16:8) es una norma fundamental de la Torá y de las virtudes de los tzadikím (personas justas) que marchan ante Di-s. Porque la persona, al encontrarse sola en su casa, no se sienta, mueve o actúa de la misma manera en que lo haría de encontrarse ante un gran rey. Tampoco su conversación y vocabulario en compañía de los miembros de su familia y parientes es como el que emplearía en presencia de un rey, cuando ciertamente cuidaría que todos sus movimientos y diálogos fueran refinados y correctos.

Cuánto más entonces, ciertamente, llegará de inmediato a experimentar reverencia y sumisión por temor a Di-s, y sentirá vergüenza ante El, cuando reflexione en que el gran Rey –el Santo, bendito sea, Cuya gloria llena todo el universo (Isaías 6:3)– Se alza sobre él y observa sus acciones, como fuera dicho (Jeremías 23:24): ‘Si alguien se escondiera en sitios ocultos, ¿Yo no lo vería?’, dice Di-s; ‘¡Si Yo lleno los Cielos y la Tierra!’

2 También al estar acostado en su lecho reconocerá ante quién yace, y tan pronto como despierta debe recordar las bondades que Di-s tuvo para con él, devolviéndole el alma que él había entregado cansada, y Él se la restituyó renovada y refrescada a fin de que adorara a Di-s con todas sus capacidades, y Lo sirviera el día entero. Pues en eso consiste todo el hombre, como expresa el versículo (Lamentaciones 3:23): Son nuevas cada mañana, grande es Tu fidelidad. Esto enseña que cada mañana la persona constituye una nueva creación, por lo que agradecerá a Di-s de todo corazón. Mientras todavía yace en su lecho {no bien despierta [SAH, 1:5]} dirá: Modé aní lefanéja, Mélej jái vekaiám, shehejezárta bi nishmatí bejemlá; rabá emunatéja Doy gracias a Ti, Rey viviente y eterno, pues Tú has restituido mi alma dentro de mí con misericordia. Grande es Tu fidelidad. (Y pese a que sus manos aún no están [ritualmente] limpias puede decirlo, pues en esta frase no se menciona el Nombre de Di-s). Entre las palabras jemlá (misericordia) y rabá (grande) hará una breve pausa.

3 Iehudá ben Teimá dice (Avot 5:23): Sé intrépido como el leopardo, ágil como el águila, rápido como la gacela y fuerte como el león, para cumplir la voluntad de tu Padre Celestial.

Intrépido como el leopardo significa que el individuo no debe avergonzarse de las personas que se mofan de él porque sirve a Di-s.

Ágil como el águila [célebre por su excelente vista], alude a lo que sus ojos ven. Es decir, [se insta a la persona a] que sea ágil para cerrar sus ojos y no ver el mal, pues con ello comienza la transgresión; el ojo ve, el corazón ansía, y los órganos de la acción consuman el pecado.

Rápido como la gacela se refiere a las piernas: Que sus piernas corran hacia el bien.

Fuerte como el león alude al corazón, porque el vigor para servir al Creador está en el corazón.

Dijo, entonces, que el hombre fortalecerá su corazón para servirlo, y se impondrá a su Inclinación al Mal para vencerla como el poderoso que se impone a su enemigo para vencerlo y derribarlo al suelo.

4 Por lo tanto la persona debe fortalecerse como el león, e inmediatamente al despertar (y recitar la frase Doy gracias...) {y aguardar un poco [–pues es muy insalubre levantarse súbitamente– SAH, 1:6]} se levantará con agilidad para servir al Creador –bendito y exaltado sea– antes de que su Inclinación al Mal lo venza con pretextos y excusas para que no lo haga, y lo aventaje y seduzca –en el invierno [diciendo]: ¿Cómo te levantarás ahora, tan temprano por la mañana, cuando hace tanto frío?; y en el verano: ¿Cómo te levantarás de la cama cuando todavía no está satisfecho tu sueño?, u otros argumentos similares–, porque la Inclinación al Mal sabe muy bien cómo atrapar a la persona con toda suerte de celadas para evitar que se levante.

Por lo tanto, toda persona sensible que tema y tiemble ante la palabra de Di-s debe sobreponerse a su Inclinación al Mal y no prestarle atención; aun de resultarle difícil por razones de pesadez física y pereza, pondrá como objetivo suyo cumplir la voluntad del Rey de reyes, el Santo, bendito sea. {Que no diga: Continuaré en mi lecho y estudiaré, sino que se levantará y vestirá, pues está escrito (Amós 4:12): Prepárate, Israel, al encuentro de tu Di-s [SAH, 1:1]}. Reflexionará en que, si alguien lo llamara para alguna transacción en la que ganaría dinero o cobraría una deuda, o para salvar su fortuna de un desastre –por ejemplo, si se desató un incendio en la ciudad o algo similar–, ciertamente se levantaría de inmediato, ágilmente, en razón del apego que siente por su fortuna, y no mostraría pereza. Del mismo modo, se levantaría con celeridad y no perezosamente por temor a ser denigrado, o para hallar gracia en sus ojos, si debiera ir para servir a un rey. Cuánto más entonces al tratarse del servicio del Rey de reyes, el Santo, bendito sea, que se debe poner cuidado en levantarse con rapidez y diligencia. Quien hace de esta práctica un hábito, luego de cuatro o cinco veces no la hallará difícil, [como dicen nuestros Sabios (Iomá 38b):] Quien viene a purificarse, es [Divinamente] asistido.

5 Si uno es capaz de despertar y levantarse a la medianoche para recitar la plegaria de Tikún Jatzot [lamentándose por la destrucción del Gran Templo y el exilio de la Presencia Divina], cuánto mejor –como fuera dicho (Lamentaciones 2:19): Levántate, clama en la noche al comienzo de los turnos...–, tal como el Santo, bendito sea, Se lamenta a esas horas –como fuera dicho (Jeremías 25:30): Di-s ruge desde Sus alturas, y desde la morada de Su santidad eleva Su voz, ruge por Su Santuario y dice (Berajot 3a): Ay de los hijos que a causa de sus pecados destruí Mi casa, quemé Mi santuario, y los llevé a exilio entre las naciones–.

Si no le es posible levantarse a la medianoche {que lo haga al comienzo de la tercera vigilia [SAH, Segunda Versión, 1:3] o} al menos se esforzará por hacerlo antes del alba, como dijo el rey David (Salmos 57:9): Despertaré al alba – ‘soy yo quien despierta al alba y no es el alba quien me despierta a mí’. {Quien no puede levantarse a la medianoche cada noche, que lo haga cuando pueda, y cuando no, lo hará algún tiempo antes del alba [SID]}.

Se puede recitar Tikún Jatzot aun después de la medianoche, y luego hay que dedicarse al estudio de la Torá {Oral [SAH, 1:8]}, cada cual conforme su capacidad. Una lección de Mishná tiene prioridad a cualquier otro estudio (con ello la persona se hace acreedora al alma, la neshamá, pues mishná tiene las mismas letras hebreas que neshamá). Si no está en su capacidad hacerlo, recitará Salmos y Maamadot [secciones de la Torá preestablecidas para cada día], y estudiará libros de musar (ética judía). Es mejor poco con concentración que mucho sin ella.

Rabí Jiá enseñó (Tamid 32b): Todo el que estudia Torá de noche – la Presencia Divina está frente a él, como fuera dicho (Lamentaciones 2:19): ‘Levántate, clama en la noche al comienzo de los turnos; derrama tu corazón como el agua frente al Semblante de Di-s’, o sea, que la Presencia Divina está ante ti entonces. También dijeron nuestros Sabios (Zohar I, 136): Quienquiera estudia Torá de noche es llamado Servidor de Di-s, como está escrito (Salmos 134:1): ‘[Bendecid a Di-s, vosotros,] todos los Servidores de Di-s, quienes se alzan en la Casa de Di-s por las noches’ (véase adelante, el Capítulo 71).

En las noches más cortas, cuando es difícil levantarse tan temprano, el esfuerzo se pondrá al menos en hacerlo con suficiente tiempo como para prepararse para ir a la Sinagoga y rezar junto con la congregación.

6 No deben recitarse de memoria aquellos capítulos de los Salmos y demás secciones de la Torá, los Profetas y las Escrituras, que no son conocidos por todos con fluidez. Incluso quien sepa decirlos de memoria, debe cuidarse de no hacerlo. La persona ciega, sin embargo, tiene permitido hacerlo.

7 Debe reprocharse a aquellos que recitan las súplicas de los Maamadot que concluyen con las palabras Bendito eres Tú, Di-s, Quien escucha la plegaria {y también a los impresores, [pues nadie tiene la fuerza de instaurar nuevas bendiciones luego de finalizada la era del Talmud – SAH, 46:6]}. Más bien, se las debe concluir diciendo Bendito es Aquel que escucha la plegaria, omitiendo el Nombre de Di-s.

Capítulo 2: El Lavado de Manos por la Mañana

1 Dado que cuando la persona se levanta de su lecho a la mañana es como si fuera una nueva creación para servir al Creador, debe santificarse y lavar sus manos empleando un recipiente, tal como el Sacerdote lavaba sus manos cada día del Kiór (la fuente del Gran Templo) antes de su servicio. Este lavado se apoya en las Escrituras, como fuera dicho (Salmos 26:6-7): Lavaré mis manos en pureza y caminaré alrededor de Tu altar, Di-s, para hacer oír en voz de gratitud....

También hay otra razón para este lavado: Durante el sueño, cuando el alma sagrada parte de la persona, un espíritu de impureza viene y se posa sobre su cuerpo. Luego, cuando despierta de su sueño, este espíritu de impureza abandona todo su cuerpo, excepto sus dedos, de los que no se retira {por completo, [SAH, Segunda Versión, 4:2]} hasta que no se derrame agua sobre ellos, 3 veces [sobre cada mano,] alternándolas (véase el inciso 3).

Está prohibido caminar 4 amot [codos; 1,92 metros] sin haberse lavado las manos, salvo en casos de extrema necesidad. {Quien es escrupuloso en sus acciones, que lave sus manos de inmediato, aun si seguirá acostado [SAH, 1:7]. Si no dispone de suficiente agua como para lavarse 3 veces [cada mano] –como corresponde– cuando madruga, Di-s lo libre de quedar ocioso del estudio de la Torá hasta despuntar el día. [En ese caso] que las lave un poco o limpie con cualquier cosa que limpia [SAH, Segunda Versión, 1:7]}.

2 La primera prenda a vestir será el talít katán ("pequeño talít"; véase el Capítulo 9), para no caminar 4 amot (1,92 metros) sin tener puestos los tzitzít. {Los cuidadosos acostumbran dormir con el talít katán puesto [SID]}. Pero como las manos todavía están [ritualmente] impuras [hasta después de su lavado], no se recitará la bendición correspondiente.

3 El lavado de manos por la mañana se realizará así: [Es recomendable, pero no imprescindible, que el recipiente a usar tenga 2 asas]. Se toma el recipiente con la mano derecha, se lo pasa a la izquierda, y se vierte primero agua sobre la mano derecha; luego se toma el recipiente con la mano derecha y se vierte agua sobre la mano izquierda. {El zurdo lo hará al revés [RTT, Oraj Jaím 4:6]}. Así se procederá 3 veces [alternadamente]. Conviene lavar las manos hasta la muñeca, pero en circunstancias de apremio basta con hacerlo hasta donde los dedos se unen a la mano.

También se lavará el rostro {y los pies [SAH, 4:21]} para honrar a su Creador, como fuera dicho (Génesis 9:6): Pues a imagen del Señor creó al hombre. Se enjuagará asimismo la boca –por la secreción que hay en ella–, pues se debe pronunciar el Gran Nombre Divino con santidad y pureza. Luego se secarán las manos {–esto, en el lavado ritual de la mañana, no es imprescindible [SAH, 4:7]–} y se cuidará de secar bien el rostro {para evitar que se cuartee la piel [SAH, 4:20]}.

4 Las manos deben lavarse [dejando caer el agua usada] únicamente hacia un recipiente {y es mejor que éste sea despreciable [SAH, ibíd. 8]}.

Está prohibido derivar provecho del agua del lavado {y no se la dejará pasar la noche dentro de la casa [SAH, ibíd. 9]} en razón del espíritu maligno que se posa en ella. Debe derramarse por donde no camine la gente.

5 Antes del lavado [ritual] no se deben tocar la boca, la nariz, los ojos, los oídos, el ano, {los genitales, el agua preparada para el lavado de manos [SAH, Segunda Versión, 4:2], la ropa [SAH, 1:7],} los alimentos, ni el sitio en el que se practicó una sangría, pues el espíritu maligno que se posa en las manos antes del lavado ritual daña estas cosas. {No es necesario preocuparse por el contacto con las comidas por parte de los no-judíos [que no lavan ritualmente sus manos], y se hizo costumbre mostrarse flexibles en cuanto al contacto de los pequeños que no han llegado a la edad de educación; quien se cuida de lo que toca un pequeño [antes de lavarle ritualmente las manos] desde el día de la circuncisión de aquel, es llamado santo [SAH, Segunda Versión, 4:2]}.

6 Es bueno cuidar que el lavado [ritual] de las manos por la mañana sea realizado específicamente: 1) con agua, 2) contenida en un recipiente, y 3) vertida por la fuerza humana, como en el lavado [ritual] de manos antes de una comida (véase el Capítulo 40).

En circunstancias extremas, sin embargo, cuando no se dispone de agua adecuada y la persona desea orar, puede lavar sus manos desde cualquier cosa y con cualquier clase de agua, incluso sin que sea vertida por una fuerza humana, y recitar la bendición [Barúj...] al netilat iadáim ([Bendito...] lo concerniente al lavado de las manos) {–el Admur HaZakén escribió lo mismo en SAH [4:3], pero en SID escribe: Debe cuidarse, sin excepción, de todo detalle que invalidaría el lavado de manos de realizarse éste para comer [pan], pues no se puede recitar la bendición por la mañana por ningún lavado que no sirva para la comida [SNI]}.

Si se tiene cerca un río, es preferible sumergir en éste las manos 3 veces {y conviene que posteriormente vuelva a lavarse como corresponde [de un recipiente] [SAH, 4:12]}, o hasta en la nieve. {Conforme la opinión citada antes, de SID, dado que el lavado en nieve no sirve para antes de la comida [SNI 8], no se puede recitar la bendición}.

Si no se dispone de agua en absoluto, se limpiarán las manos con lo que sea y se recitará una bendición que concluye con las palabras ...al nekiut iadáim (...lo concerniente a la pulcritud de las manos) y con esto basta para orar {de SID se desprende que no se debe recitar esta bendición}. Más tarde, cuando tenga oportunidad de encontrar agua y el recipiente apropiados, se lavarán nuevamente las manos como corresponde, pero sin volver a pronunciar la bendición.

7 Está escrito (Salmos 103:1): Bendice, alma mía, a Di-s, y todas mis entrañas a Su santo Nombre. Y dado que la persona debe bendecir a Di-s con todas sus entrañas, le está prohibido hacerlo antes de evacuar sus intestinos de excrementos y orina.

Por la mañana, al levantarse, probablemente precise hacer sus necesidades, al menos orinar, por lo que no se recitará la bendición por el lavado [ritual] de manos en el momento de lavarse sino luego de haberse aliviado {mas, si no precisa hacer sus necesidades ni lo hará hasta después de mucho tiempo, se recitará la bendición de inmediato [SID]}. Luego se lavarán las manos una vez más y entonces se recitará la bendición [Barúj...] al netilat iadáim ([Bendito...] lo concerniente al lavado de las manos), [Barúj...] ashér iatzár... ([Bendito...] que... ha formado...), las Bendiciones de la Torá y Elokái, neshamá... (Di-s mío, el alma...). {El orden, en el Sidur del Admur HaZakén, es: al netilát iadáim, ashér iatzár..., Elokái, neshamá..., Bendiciones Matinales, y luego las Bendiciones de la Torá}.

8 En todos estos casos es dudoso si corresponde o no el lavado ritual de manos: Si una persona

1) se levantó y lavó sus manos como corresponde cuando todavía era de noche, y posteriormente permaneció despierta hasta despuntar el día, o

2) posteriormente se volvió a dormir siendo aún de noche,

3) durmió durante el día el tiempo de 60 respiraciones [profundas] (que es aproximadamente 1/2 hora), o

4) permaneció despierta toda la noche y no durmió siquiera el tiempo de 60 respiraciones.

Por lo tanto, se deberán lavar las manos 3 veces alternadamente como se explicó antes, en el inciso 3, pero no se recitará la bendición.

{Si se durmió circunstancialmente el tiempo de 60 respiraciones, se tocará alguna de las partes del cuerpo que usualmente están cubiertas para verse obligado a recitar la bendición al netilát iadáim conforme todas las opiniones [SID]}. {Para el cuarto caso mencionado antes, el Admur HaZakén escribe en SID que no se precisa lavar las manos 3 veces, sino únicamente 1 como preparación para la plegaria, sin recitar la bendición al netilát iadáim ni Elokái, neshamá... [SNI]}.

9 Estas son las situaciones que requieren el lavado de manos con agua {pero no es necesario verterla sobre ellas 3 veces [SAH, 4:18]}:

1) Al levantarse de la cama [después de dormir].

2) Al salir del baño o de la Casa de Baños.

3) Después de cortarse las uñas o el cabello.

4) Tras quitarse los zapatos {con las manos [SAH, ibíd.]}.

5) Después de tener relaciones maritales.

6) Después de tocar un piojo {solamente si hay allí transpiración [SAH, 97:3]} o despiojar sus ropas –aun sin haber tocado un piojo–.

7) Después de lavarse la cabellera {solamente si se rascó la cabeza [SAH, 164:2]}.

8) Después de tocar partes del cuerpo usualmente cubiertas {o los pies [SAH, 4:18]}.

9) Después de salir del cementerio, acompañar un cortejo fúnebre, o estar bajo un mismo techo con un cadáver.

10) Después de practicarse una sangría.

Capítulo 3: El Vestido y el Andar

1 Está escrito (Mijá 6:8): Caminarás con pudor ante Di-s. Por lo tanto, la persona debe actuar con recato en todas sus actitudes.

Se cuidará mucho, al ponerse o quitase la ropa que está [directamente] sobre la piel, de no dejar su cuerpo al descubierto. En cambio, se la pondrá o quitará mientras todavía yace en su lecho, cubierto {a menos de que se esté en la Casa de Baños, o al bañarse en el río; en estos casos, lo hará lo más cerca posible del agua [SAH, Segunda Versión, 2:2]}. Que no diga Estoy en un lugar privado y en la oscuridad, ¿quién me verá?, porque La gloria del Santo, bendito sea, llena el universo (Isaías 6:3), y ante El La oscuridad es cual luz (Salmos 139:12). El recato y el pudor llevan a la persona a ser sumisa ante El.

2 No se deben seguir los hábitos de los no-judíos ni imitar sus vestimentas, peinados o similares, como fuera dicho: No vayáis en las normas del gentil (Levítico 20:23), Tras sus costumbres no marcharéis (ibíd. 18:3), y Cuídate, no sea que te veas entrampado en pos de ellos (Deuteronomio 12:30).

No se ha de vestir una prenda usada específicamente por ellos como símbolo de ostentación –como ser trajes de funcionarios de alto rango–.

El Talmud (Sanhedrín 74a), como ejemplo, declara que al judío le está prohibido asemejarse a ellos siquiera al atarse el calzado; si la práctica de aquellos fuera el atarlos de cierto modo, y la judía hacerlo de otro, o si la costumbre de aquellos fuera usar cordones rojos y la del judío negros –pues el color negro manifiesta humildad, sumisión y recato–, al judío le está prohibido cambiar. De todos estos ejemplos aprenderá la persona su aplicación según el lugar y momento: El judío no debe usar la prenda diseñada para alarde e indecencia; más bien, confeccionará su vestimenta de modo que sugiera humildad y recato. Así declara el Sifrí: No digas Puesto que ellos salen con púrpura, también yo lo haré, o Puesto que ellos salen portando armamento, también yo haré lo mismo – pues todas estas prácticas son materia de arrogancia y soberbia, y no es ésa la herencia de Iaacov; su hábito es el recato y la humildad, y no dejarse influenciar por los arrogantes.

Del mismo modo es con cualquier costumbre o estatuto del que pueda conjeturarse el menor indicio de culto idólatra; el judío debe evitarlo. Así, no se afeitará ni dejará crecer su cabello como ellos, sino que se distinguirá de ellos en su vestimenta, lenguaje y demás prácticas, tal como se diferencia de ellos en sus criterios y concepciones. Así dice Di-s (Levítico 20:26): Y os separé de los pueblos.

3 No ha de vestir ropas costosas –pues semejante práctica conduce a la arrogancia– ni muy gastadas o sucias {o invertidas, con las costuras interiores hacia afuera [y si es un hombre versado en la Torá, debe sacársela de inmediato y ponérsela como corresponde, para que la gente no diga Cuán detestables son los estudiosos de la Torá – SAH, 2:2]}, para no hacerse despreciable a los ojos de sus semejantes. En cambio, usará ropas moderadas y limpias.

La persona siempre debe vender hasta las vigas de su propia casa con tal de comprar calzado para sus pies (Shabat 129a).

4 Puesto que en la Torá encontramos que la derecha tiene preferencia –en cuanto a [diferentes rituales:l el servicio del Templo, el pulgar de la mano y del pie de los miluím (véase Levítico 8:23), en la purificación del metzorá (ibíd. 14:14) y en el precepto de jalitzá (Deuteronomio 25:9, según Iebamot 104a)– también al vestirse y en las demás actividades {cuando se lava o unta [SAH, ibíd. 4]} se dará prioridad al lado derecho por sobre el izquierdo. {Conviene tomar ambos extremos de la ropa con la mano derecha, y vestir primero el lado derecho y luego el izquierdo [SAH, ibíd. 3]}. Al sacarse los zapatos u otras prendas, se quitará primero el izquierdo (pues ése es el modo de honrar al lado derecho).

Solamente en cuanto al anudado, el izquierdo es más importante –pues sobre ese lado ceñimos los tefilín (véase el Capítulo 10, inciso 3)–, por lo que, al anudar algo, el lado izquierdo tendrá prioridad –por ejemplo, en el caso de zapatos que requieran anudado, se calza el derecho pero no se lo anuda, luego el izquierdo, se anuda éste, y por último se anuda el derecho–. Lo mismo es válido para cualquier otra vestimenta.

5 La persona cuidará de no ponerse dos prendas al mismo tiempo, pues esto provoca olvido (Sefer HaKavanot).

6 Está prohibido caminar 4 amot (1,92 metros) o pronunciar palabras sagradas con la cabeza descubierta {y en el presente, por recato, está prohibido caminar o siquiera permanecer sentado con la cabeza descubierta; no obstante, es suficiente con colocar las manos sobre la cabeza, mientras no se pronuncie el Nombre Celestial [SAH, ibíd. 6]}. También se debe acostumbrar a los pequeños a cubrirse la cabeza, para que tengan temor a Di-s, como encontramos acerca de Rav Najmán bar Itzjak: Los astrólogos dijeron a la madre de Rav Najmán bar Itzjak: ‘Tu hijo será ladrón’. Ella no le permitió jamás descubrirse la cabeza, y le decía: ‘Cubre tu cabeza, a fin de que esté sobre ti el temor al Cielo’ (Shabat 156b).

7 Está prohibido caminar con postura arrogante y cuello estirado {incluso menos de 4 codos [SAH, ibíd. 5]}, como fuera dicho (Isaías 3:16): Y ellas caminaban con sus cuellos estirados.... Sin embargo, no se inclinará la cabeza en exceso, sólo moderadamente, para poder ver quién se aproxima y por dónde se está pisando. También de su modo de caminar puede distinguirse si una persona es sabia e inteligente o tonta y necia. Así dijo el rey Salomón en su sabiduría (Eclesiastés 10:3): También con la manera en que un tonto camina su corazón le falla, y dice a todos: necio es él – a todos informa sobre sí mismo, que es un necio.

8 El varón debe cuidarse de no caminar entre dos mujeres, ni dos varones dejarán que una mujer camine entre ellos. Análogamente [hombres y mujeres tomarán este recaudo] en cuanto a perros o cerdos, {palmeras datileras, y hay quienes incluyen serpientes [SAH, Shmirat Guf veNéfesh, 9]}.

Capítulo 4: Conducta en el Baño; la Bendición Ashér Iatzár

1 La persona debe acostumbrarse a defecar por la noche y por la mañana, porque este hábito conduce a la vitalidad y al aseo. Si no lo logra, que camine 4 amot (1,92 metros), se siente, se pare y vuelva a sentarse hasta evacuar, o que aparte sus pensamientos de toda otra cosa. Quien se contiene de defecar transgrede la ordenanza de No os hagáis repugnantes (véase Levítico 11:43) {por dictamen rabínico, mas no cuando es por respeto a las demás personas –por ejemplo, cuando se demora buscando un sitio recatado para hacerlo–, o se está en un lugar de interrupción [prohibida] en la plegaria, inclusive en las Bendiciones del Shemá [SAH, Segunda Versión, 3:11]}.

Si también se contiene cuando siente necesidades de orinar, transgrede además la prohibición de No habrá en ti estéril (véase Deuteronomio 7:14).

2 Se debe ser recatado en el baño; no exponerse sino hasta haberse sentado, e incluso entonces cuidarse de hacerlo sólo lo necesario para no manchar la ropa, tanto de noche como de día.

Si se defeca en un lugar abierto –sin paredes–, se cuidará de orientar el rostro hacia el sur y la espalda hacia el norte, o viceversa {lo mejor es que el rostro esté orientado al sur [SAH, ibíd. 6]}, pero está prohibido hacerlo hacia el este o el oeste {por respeto a la Presencia Divina, que se encuentra en el oeste (Babá Batrá 25a) con el semblante dirigido al este (Tosafot, ibíd.) [SAH, ibíd.]}.

Si [en el lugar] hay una pared, se puede defecar en cualquier dirección, mientras su espalda se oriente a ésta. En cambio, está permitido orinar en cualquier dirección.

Está prohibido defecar ante otra persona {y hay que alejarse, para hacerlo, hasta que aquella no pueda ver las partes del cuerpo que se exponen [SAH, 3:12]}, incluso no-judía. Sin embargo, está permitido orinar –aun de día– en presencia de gente, si se tiene necesidad, pues es peligroso reprimirse. No obstante, se volverá a un lado al hacerlo {incluso una mujer frente a su hijo pequeño [SAH, Segunda Versión, ibíd. 5]}.

3 No se debe defecar de pie ni esforzarse más de lo necesario {tampoco hacerlo rápido y con impetuosidad [SAH, 3:13]}, no sea que cause la ruptura del esfínter anal. Tampoco se debe salir apresurado del baño antes de confirmar que no se precisa más. Al orinar de pie, se debe cuidar de no salpicar el calzado o la ropa, así como esmerarse en no sostener con las manos el órgano circuncidado (véase el Capítulo 151, inciso 3).

4 Está prohibido pensar en temas de Torá en el baño (como se explicará más adelante, en el Capítulo 5, inciso 2). Por lo tanto, al estar allí conviene pensar en temas comerciales y cuentas para no llegar a meditaciones de Torá o –Di-s libre– pensamientos pecaminosos.

En Shabat, cuando no se debe pensar en negocios, se reflexionará acerca de cosas inusuales que se vieron o escucharon.

5 Se debe cuidar de limpiarse bien {y, de ser posible, hacerlo con agua [SAH, 3:25]}, pues de quedar la más ínfima suciedad en la boca del ano {donde resultaría visible al estar sentado [SAH, Segunda Versión, 3:5]} está prohibido pronunciar cualquier cosa sagrada (véase el Capítulo 5, inciso 3).

[Los varones] no deben limpiarse usando la mano derecha {únicamente si se lo hace directamente con los dedos [SAH, Segunda Versión, 3:9]}, pues con ella se ciñen los tefilín. Por esta misma razón tampoco deben limpiarse con el dedo mayor de la mano izquierda, sobre el que se ciñe la correa de estos. La persona zurda se limpiará con la mano que es su izquierda, la derecha de las demás personas [diestras].

6 Tras cada evacuación u orina –siquiera una gota–, se lavarán las manos con agua y se recitará la bendición [Barúj...] ashér iatzár... ([Bendito...] que... ha formado...).

Si se orinó o evacuó y se olvidó recitar esta bendición, y luego de orinar o defecar nuevamente se recordó no haberlo hecho antes, se recitará la bendición sólo una vez.

Quien toma un laxante que induce a la

¿Disfrutas la vista previa?
Página 1 de 1