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Rivales (comedia romántica)
Rivales (comedia romántica)
Rivales (comedia romántica)
Libro electrónico270 páginas3 horas

Rivales (comedia romántica)

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Información de este libro electrónico

El invierno ha llegado al pequeño pueblo de Harvey, y con él, una Jared Brown, un médico tan reputado como borde, acaba de aterrizar en el hospital donde trabaja Kiara como enfermera.

El problema no es solo que Jared sea el rey del mal humor y de las miradas asesinas, sino que... ¡LA ODIA A PRIMERA VISTA ! Aunque, sinceramente, el odio parece ser mutuo.

Entre tiras y aflojas, sarcasmos afilados, y una pequeña complicación, lo que empieza como una guerra abierta pronto se convierte en algo mucho más... interesante.

Descubre cómo dos polos opuestos pueden atraerse más de lo que creen en esta comedia romántica llena de chispas, risas y muchos, muchos momentos que te harán suspirar.

IdiomaEspañol
EditorialNerea Pantiga
Fecha de lanzamiento24 nov 2024
ISBN9798230756590
Rivales (comedia romántica)

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    Rivales (comedia romántica) - Nerea Pantiga

    RIVALES

    Nerea Pantiga

    Derechos de autor © Octubre 2024 Nerea Pantiga

    Todos los derechos reservados

    Los personajes y eventos que se presentan en este libro son ficticios. Cualquier similitud con personas reales, vivas o muertas, es una coincidencia y no algo intencionado por parte del autor.

    Ninguna parte de este libro puede ser reproducida ni almacenada en un sistema de recuperación, ni transmitida de cualquier forma o por cualquier medio, electrónico, o de fotocopia, grabación o de cualquier otro modo, sin el permiso expreso del editor.

    Corrección; Sonia Manzanal.

    Portada ilustración: Nellie Poznak

    Composición portada: Nerea Pantiga

    IMPORTANTE

    ¡Hola! Soy Nerea Pantiga, la autora de esta novela que tienes entre manos. Antes de que comiences con ella, me gustaría contarte que, pese a que es la primera comedia romántica que escribo, no es el primer libro que tengo. Es más, Rivales, estaría dentro del Nereaverso, el universo literario que estoy creando con todas mis obras.

    En esta historia se van a nombrar a varios personajes de los cuales ya he publicado su libro. Por ejemplo, aparece la familia Hunter, quienes son los protagonistas de mi trilogía conformada por Stars, Doble A y Hunter. También encontrarás cameos de los hermanos Keller, quienes también van contando sus historias en su propia serie. En este caso todos los libros son autoconclusivos y puedes leerlos de forma individual, estando ya publicados; Antiguo recuerdo, y en unos meses llegará Pacto secreto.

    Si te gusta la historia de Jared y Kiara imagino que querrás tener esta información a mano, ya que no solo hay cameos de mis otros personajes, sino que la propia ubicación; el pueblo de Harvey, también es importante en otras de mis historias.

    Ahora solo me queda desearte que disfrutes muchísimo de ellos y, ojalá, te hagan reír muchísimo.

    Nos leemos pronto.

    Con cariño, Nerea

    CAPÍTULO 1

    El frío no es solo una sensación, el frío huele, se siente, se palpa en cada rincón. Estoy tan feliz de que al fin haya llegado. Desde que guardé el bikini en el armario he estado contando los días para que Harvey se sumiera en la mejor época del año, y eso que todavía no han llegado las grandes nevadas.

    —Estoy hasta los cojones de llevar el paraguas todo el día a cuestas.

    Hace aproximadamente cinco años que acudo al Cozy a por mi dosis de café diaria. Es el mejor local del pueblo, nadie me lo puede discutir. Con cada consumición te regalan una de sus galletas artesanales y por esta época del año, además de decorar todo el local, los vasos y las galletas tiene temática invernal.

    Elevo la cabeza para encontrar la fuente de semejante comentario aberrante.

    «¿Quién narices puede opinar de ese modo cuando hace dos días que tuvimos la primera tormenta?»

    Entiendo que el salto de verano a invierno en esta zona es brusco, apenas hay tiempo de quitar el cloro de la piscina para poner las botas de invierno, pero he escuchado rabia en el tono de voz de este hombre.

    Está a unos pasos de distancia, es el siguiente en la cola de los cafés para llevar. Me acerco con sigilo, no quiero que me joda la buena mañana que he proyectado. Tiene la mano derecha sujetando el teléfono con tanta fuerza que hasta los nudillos se le han quedado blancos.

    —Y esta pesadilla solo ha hecho más que comenzar.

    Ahora que estoy más cerca, capto que su voz es dura, tal y como su comentario. Grave sin ser muy molesta. Si la escuchase Lauren, mi jefa y la capitana de conseguir los mejores pretendientes para sus amigas, diría que deberíamos de ficharlo como posible candidato para el casamiento. Tiene un fetiche con las voces graves, opina que son sensuales y atrapan.

    —Va a ser una promoción durísima, no sé para qué me metí en esta mierda.

    El susodicho, además de un impertinente, tiene un gusto extraño de la moda. En el exterior hace aproximadamente diez grados y él luce con orgullo una chupa de cuero que tiene que estar congelándole los huesos. Los cabellos rubios cenizos caen por su cuello cuando los empuja hacia atrás con la mano que tiene libre.

    Samantha finaliza el pedido de la mujer que estaba atendiendo y le hace un gesto para que él le diga su comanda. No separa el teléfono de la oreja, simplemente le pide a la persona de la línea que espere unos segundos.

    —Un café con doble de azúcar.

    «Ahí está.»

    Alguien que pide un simple café sin ningún condimento, es un agrio de la vida, lo tengo comprobado.

    Samantha mira hacia la larga cola que se ha formado tras de mí, he escuchado el sensor de la puerta en al menos dos ocasiones. Me echa un vistazo rápido mientras escoge el vaso para el odioso del mal tiempo y me guiña un ojo. Se lo devolvería pero no tengo ni idea de hacer ese simple movimiento, así que me conformo con mover la mano tímidamente delante de mi pecho.

    Nuestro saludo se corta por la conversación del odioso.

    —Estoy, sí —se escucha de nuevo delante de mí—. Es hoy, no recuerdo la hora exacta, va a ser una tortura, pero tengo que acudir. El equipo directivo no me ha dado opción a saltarme la promoción.

    «¿Ha dicho equipo directivo?»

    Solo un trabajador frustrado podía encajar en este molde.

    Samantha le entrega el vaso, él deja un billete sobre la encimera de cristal y se da la vuelta. Al dejar libre el espacio de los camareros, descubro que han puesto una nueva casita de galletas y chocolate. Toda mi atención se queda prendada en ese objeto y dejo pasar al Grinch que ya sale feliz con su café agrio.

    —¿Esto es nuevo?

    Delante de la casa, que estoy segura que ha hecho mi amiga con sus propias manos, han puesto varios postres nuevos.

    —Es la sorpresa que te comenté. Me ha llevado semanas hacerla.

    —Es perfecta —indico con admiración.

    Podría decir muchas cosas, desde que le hincaría el diente a ser posible, hasta que me he emocionado con lo bonito que le ha quedado.

    —¿Te pongo lo de siempre?

    Asiento embelesada. El maldito cristal me aleja de la pieza de la corona de este año. Supongo que lo hacen para que idiotas como yo no babeemos sobre ella.

    Sami prepara un café Latte Machiano con extra de nata y con trocitos de chocolate en tiempo récord y lo deja en la barra al tiempo que saco mi cartera.

    —Me encantan las pegatinas que has escogido hoy, combinan de lujo con la blusa rosa —declara.

    Ella sí que sabe cómo alegrarme las mañanas. Hoy me he vestido con una blusa que tiene un cuello redondo con decorado de pelo, divino para combinarlo con unos pantalones vaqueros altos. A las pegatinas que se refiere son unos brillantes en forma de corazón que he pegado debajo de mis pestañas inferiores. Dan luz a mis ojos oscuros y el contraste me apasiona.

    La moda me flipa, mi mejor amiga siempre dice que me he convertido en una de las muñecas Bratz con las que jugábamos de pequeñas. Ella lo ve como un insulto, Evie es así. Sinceramente, yo las amo, a las muñecas y a mi estilo quiero decir. A mi mejor amiga también, aunque creo que necesita un cambio de aires cuanto antes, su ex la ha dejado en la mierda.

    —¿Hoy salís en la televisión local, verdad?

    Mientras me da el cambio le cuento los planes que tenemos gracias a que Lauren ha llegado a ser nuestra jefa de enfermeras.

    —Sí, en estos meses, hasta que acabe el año, haremos formaciones online. Lauren quiere que los habitantes valoren el trabajo que hacemos los sanitarios, y ya ha conseguido cerrar contratos importantes. A ver con qué nos sorprende. Yo estoy pletórica porque simplemente hayan escuchado mi idea.

    Porque esto ha sido idea mía.

    —Sabía que ibas a triunfar, te lo mereces.

    Sonrío por puro instinto. Con el paso de los años y con una pequeña charla diaria, Sami y yo nos hemos hecho cercanas. Es unos años mayor que yo, acaba de tener un hijo, y aun así somos capaces de entendernos a la perfección.

    —Mañana te cuento cómo ha ido, hoy tenemos a un médico famosísimo que va a dar una charla.

    Dejo que siga atendiendo, no quiero joderle la mañana a nadie, y salgo de la cafetería con la misma sonrisa con la que entré. El hospital está cerca, en realidad, en Harvey todo está a poca distancia, aun así tengo que darme prisa porque, como le he dicho a Samantha, tenemos por delante un día movidito.

    Cuando me hice enfermera quise centrarme en que los demás conocieran las técnicas básicas de supervivencia. ¿Cómo podían ayudar si alguien de su familia entraba en parada cardiorrespiratoria? Lo cierto es que salí con demasiadas ganas y he tenido que dar pasitos más pequeños para alcanzar mi objetivo. Ha sido de gran ayuda rodearme de gente que tiene la misma aspiración que yo, y he de admitir que sin Evie y Lauren, esto no habría sido posible.

    Lauren lleva siendo mi jefa años, es una buena mujer aunque simule tener un palo metido por el culo la mayor parte del tiempo. Cuando descubrió que tenía una cuenta en redes sociales junto a mi mejor amiga donde hablábamos de contenido sanitario, se unió al barco y nos aseguró que iba a hacer todo lo que estaba en su mano para que el proyecto llegara a más gente.

    La he convencido para que la temporada invernal nos dé más espacio en el hospital para grabar contenido. Por cuestiones del universo aceptó la propuesta, así que tengo que trabajar más horas que una esclava, pero soy feliz.

    Muy feliz.

    El edificio es simple en comparación con el resto que lo rodea. No tiene una altura espectacular, ni tampoco cuenta con una estructura impresionante. En otra época fue un pequeño hospital de hormigón, y hace años un empresario conocido de la zona quiso darle otro aire convirtiéndolo en algo más moderno. A mí me parece que solo añadió más cristales y ventanas, pero a los vecinos les gusta, así que yo me callo y asiento, que bastante tengo con lo mío.

    Como la entrenadora personal que sigo en Instagram dice que subir escaleras es más sano que salir a correr, todos los días evito el ascensor y subo los cinco pisos intentando medir que el aire entre y salga de mis pulmones sin sudar en exceso. Saludo a la recepcionista que está ordenando papeles sin parar, y canturreo la canción de mi queridísima Mariah Carey que suena a todas horas por la radio mientras camino decidida hasta mi puesto.

    Cuando llego a mi mesa, el café ha calentado tanto mi mano que tengo que pasarla por los pantalones para perder el sudor que se ha generado entre mis dedos.

    Tengo tiempo hasta que comience la ronda de sacar sangre. Si Lauren no me ha engañado, hoy debería de tener menos carga de trabajo para dar la bienvenida a los invitados que vamos a tener. Me cambio de ropa mientras doy pequeños sorbitos al café. Enciendo el ordenador mientras tomo asiento y pego un mordisquito a la galleta de copo de nieve; El orgasmo paladar que siento emite un sonoro grito en la parte de las oficinas que tenemos a nuestra disposición. Tengo suerte de que mis compañeros están a lo suyo y que mi mesa está apartada del resto porque hubiera sido un tanto extraño explicarles por qué gimo un lunes a primera hora de la mañana.

    —¡Kiara!

    Llega antes el sonido de los tacones de Lauren que su propia voz reclamándome.

    —¡No estoy! —grito al fondo del pasillo.

    En algún punto entenderé cómo es nuestra relación porque después de cinco años no tengo ni idea de si me quiere o me odia. Lo que tengo claro es que sigo contratada y todos los meses como gracias al sueldo que ella me subió.

    El repique de los tacones cada vez es más fuerte, por lo que asumo que de esta no me voy a librar.

    —Sal de tu guarida, tenemos visita.

    Para detective no valgo una mierda; Si hubiera sido más inteligente, hubiera captado que junto a sus tacones había otros pasos más pesados.

    Arrastro la silla, cierro la tapa del portátil y, como ella bien dice, salgo de mi guarida.

    He leído cientos de libros.

    Historias preciosas, historias de mierda. Algunas me han hecho llorar, otras reír, y alguna que otra enamorarme.

    Puede que en la mayoría los clichés rodeen las tramas, haciéndolas un tanto repetitivas. Yo las amo, pero es así. Humano conoce a otro humano, hay un proceso hasta que se enamoran y tienen su final feliz.

    Ahora mismo, puedo afirmar que en ninguna de ellas se retrata la situación de los encontronazos con la misma sorpresa que estoy sintiendo yo en estos momentos.

    Junto a Lauren camina un hombre atractivo, vestido con chulería, y con un caminar propio de alguien que conoce que tiene el mundo a sus pies. A través del pasillo, mis compañeros giran sus cabezas esperando que el joven médico de moda les diga un simple «hola». Él, ajeno a todo lo que sucede a su alrededor, evita mirar hacia ellos, solo le sonríe a una Lauren que parece muy feliz de tenerlo en el hospital.

    —¡Sorpresa! —grita ella emocionada cuando está a unos pasos de mi mesa.

    Rodea al hombre por los hombros, o lo intenta porque es bastante alto y él, en lugar de sonreír, la mira a ella y luego a mí.

    —¿Cómo es esto, Kiara? ¿Sabes la bomba en la que se va a convertir la masterclass online de hoy al tener a esta joya con nosotras?

    La joya a la que hace alusión recoloca su chupa de cuero y clava su mirada en mí.

    Jared Brown es la definición de éxito. Sus avances en los métodos médicos son valorados en medio mundo, es un médico conocido por la pronta recuperación de sus pacientes, y por los posados en revistas que ha hecho como modelo. Guapo, acaba de alcanzar los treinta, musculado, y conoce cómo formar una frase completa; para muchos es la definición de perfección.

    —Menuda sorpresita…

    No tengo ni idea de cómo digerir esto.

    Muevo los labios hacia arriba a modo de sonrisa, pero estoy tan nerviosa que se me cierra un ojo y tengo que parpadear con intensidad para que vuelva a su ser.

    ¿Cómo le explico a Lauren que odio a este tío?

    No he acudido a ninguna de sus conferencias, lo admito. El problema radica en que he escuchado en múltiples ocasiones las entrevistas que él ha dado. En todas ellas ocurre lo mismo; Es prepotente, chulo y se cree el centro del universo. Para él los únicos importantes en el campo de la salud son los médicos, el resto somos meros títeres de su inteligencia. No encaja en el molde que necesitamos para nuestro contenido en redes sociales porque siempre hemos buscado enseñar mientras nos divertimos.

    —Dale dos besos, Kiara, no seas tímida.

    Vuelvo a mi niñez cuando mi madre me obligaba a ser educada y saludar a la vecina de enfrente. Tenía barba y pinchaba cada vez que acercaba mi mejilla a la suya.

    Jared es más profesional y extiende la mano antes de que yo me acerque más de la cuenta.

    Percibo cómo aprieta la mandíbula y espera paciente a mi respuesta. Su aspecto físico no es dulce, sino que tiene un magnetismo especial. Duro.

    Hago lo mismo que él. Nuestros dedos se entrelazan por unos segundos tan efímeros que ni siquiera percibo cómo se siente su tacto.

    Lauren continúa a lo suyo y le pregunta;

    —¿Me das la chaqueta, Jared? Estarás más cómodo y aquí hace calor.

    ¿Eso que he visto ha sido un guiño por parte de Lauren? Me quedo muerta; fría, como Elsa la de Frozen.

    Carraspeo ante el espectáculo. Él, a diferencia de mí, parece de lo más complacido. Se retira una manga, luego la otra y, cuando está a punto de entregársela, busca en el bolsillo de su chaqueta algo. Saca una bola de servilleta.

    Una servilleta que conozco a la perfección.

    —¿Te apetece una galleta? Me la han regalado esta mañana y me parece que las cosas dulces deben de estar juntas.

    Cágate…

    Lauren extiende la mano coqueta, desenvuelve la galleta y… ¡Ahí está! El copo de nieve que también se encuentra en mi estómago.

    —¡Eras tú! —grito sin medir mi odio.

    Se da la vuelta sorprendido por mi ataque, además de que la efusividad ha hecho que le apriete el dedo índice en el hombro. Era lo más cercano que tenía.

    —¿Disculpa?

    La heterocromía de sus ojos es más impresionante en persona que en las revistas de las que es portada. Uno de sus ojos es azul cielo, la mitad del otro es de un marrón chocolate atrapante. Los entrecierra ante su pregunta y mi falta de respuesta.

    —Tú eras el odioso del frío de esta mañana en el Cozy.

    Parpadea.

    Es lo único que consigo de él, un simple parpadeo. Quizá es que los ricos y superestrellas hacen eso cuando se sienten acorralados.

    —¿Os conocéis? —pregunta Lauren.

    —Sí —digo.

    —No —responde él a la par.

    Ahora parece más confundido.

    —Quiero decir, no lo conozco, solo sé que odia nuestro temporal y que toma el café en el mismo lugar que yo.

    —¡Genial! Mira cuantas cosas tenéis en común. Esto va a ser maravilloso.

    CAPÍTULO 2

    Nos quedamos mirando los unos a

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