Pesadillas: Cuentos
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Un escritor pierde su razn para escribir y es juzgado por sus personajes. Un desenlace preocupante.
Pesadillas.
Unos jvenes se desaparecen misteriosamente. Las autoridades policiacas no tienen el menor rastro. Solo un nio sabe la verdad.
Sueos de ciego.
Dos jvenes tratan de unir sus vidas superando sus temores.
SUEOS DE CIEGO SEGUNDO SEMESTRE.
Una lucha emocional continua de dos jvenes que no se resigan a perderse.
Corazn de hierro.
Un detective de homicidios escptico investiga un horrendo asesinato en el que la vctima le hereda poderes sobrenaturales.
Decisiones.
Una asesina profesional debe tomar la decisin de cumplir con su contrato o seguir su corazn.
Sombras.
Una historia fascinante de un nio con un don especial que le causa ansiedad, pero de una manera sbita, descubre que no debe temer ms.
Actividades especiales.
La falta de concentracin e imprudencia provoca gran pesar en varios corazones.
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Pesadillas - Rafael Ramirez
Copyright © 2017 por Rafael Ramírez; Sebastián Ramírez.
Número de Control de la Biblioteca del Congreso de EE. UU.: 2016920906
ISBN: Tapa Dura 978-1-5065-1738-4
Tapa Blanda 978-1-5065-1737-7
Libro Electrónico 978-1-5065-1736-0
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida de cualquier forma o por cualquier medio, electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación, o por cualquier sistema de almacenamiento y recuperación, sin permiso escrito del propietario del copyright.
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Fecha de revisión: 19/12/2016
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752018
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
EL ESCRIBIDOR
PESADILLAS
SUEÑO DE CIEGO
SUEÑO DE CIEGO SEGUNDO SEMESTRE
CORAZÓN DE HIERRO
DECISIONES
SOMBRAS
ACTIVIDADES ESPECIALES
Introduccion.jpg19423.pngINTRODUCCIÓN
19425.pngEste libro contiene ocho historias cortas escritas con un vocabulario sencillo y claro de manera que todos puedan disfrutar. Todos tienen algún tipo de mensaje sublime, pero no tiene filosofía escondida ni plantea ninguna guía para llevar la vida en armonía con el universo. Entretenimiento con un toque de sentido común y práctico que nos puede hacer pensar en mejorarnos como seres humanos sin obligarnos a hacerlo, al igual que en algunas historias, tanto el personaje como el lector terminan evaluándose a sí mismos y haciendo los cambios correspondientes para ser mejores seres humanos. Un toque de conciencia que nos motiva, sin darnos cuenta, a corregir y aprender de los errores que cometieron los personajes de las diferentes historias.
Las historias tienen temas diversos, esta selección de cuentos puedes ver suspenso y drama, con toques de romance y acción. Historias que garantizan que reaccionarás de alguna manera, obligándote a tener algún tipo de emoción y mucha curiosidad, no encontrarás finales predeterminados. En algunas de estas historias te sentirás indignado o enojado por algún personaje, sentirás lástima o expresarás algún consejo a uno de ellos. En fin, si la historia te llama la atención en las primeras páginas, no la dejarás hasta terminarla. Precisamente, esa afinidad que logres con algún personaje, es la razón para escribir estas historias. El efecto que cause la historia en el lector, sin importar cuál sea, es la mayor recompensa del escritor.
El%20escribidor.jpgEL ESCRIBIDOR
19210.pngCAPITULO 1
19217.pngEl Ferrari tomó la curva de la calle a una velocidad exagerada. El ruido hizo que unos niños se salieran de la calle prudentemente, algunas cortinas de ventana se corrieron y dejaron ver vecinos molestos por la actitud del conductor del Ferrari que se creía el dueño del mundo. El auto se detuvo frente a una casa lujosa y la puerta de la cochera doble se abrió. El auto entró patinando sus gomas y deteniéndose abruptamente por un fuerte frenazo. La puerta de la cochera doble se cerró. Del auto salió tambaleando el conductor. El famoso escritor de novelas, el señor Pedro Peña, estaba borracho, bueno, algo pasado de copas. Se pueden ir todos al diablo, no me importa
Pensó el gran escritor Pedro. El teléfono celular empezó a sonar y el gran escritor lo volvió a apagar.
No quería hablar ni con la compañía de teléfonos, ni con el Banco, menos con Denisse y mucho menos con su editor. Tuvo algo de problemas al tratar de poner la llave en la cerradura, pero al fin lo logró. Al entrar se percató que el teléfono de la sala estaba soñando como un desquiciado. Mierda, mierda y más mierda
pensó el gran escritor y no tuvo más remedio que contestar el maldito teléfono.
-Hola. Contestó Pedro, el gran escritor.
-Papito, el gran Papito… Soy tu editor, Pedrito, dame esas benditas buenas noticias y dime que terminaste con esa novela ya.
-Estoy terminándola, sólo me quedan algunos detallitos insignificantes, muy pronto te entrego el manuscrito.
-Vamos Pedrito, eso me dijiste la semana pasada y hasta ahora no veo nada. Recuerda que existe un contrato y hace un par de meses nos congelaron las cuentas. No nos queda mucho dinero para este proyecto y tú lo sabes, yo tengo otras fuentes de ingreso, pero me preocupa que te empiecen a embargar cosas a ti, no se vería bien si lo hacen. Dijo el Editor.
-No te preocupes, otra novela es pan comido, muy pronto escucharas de nuevo mi nombre y volverán a llover los billetes. Solo dame un par de semanas, eso es todo lo que pido. Dijo el gran escritor Pedro.
-Espero que valga la pena la espera, sabes que este último libro tuyo no cumplió con nuestras expectativas de venta y sinceramente sabes muy bien que tampoco resultó de muy buena calidad. ¿Qué te pasa Pedrito? ¿Siguen las peleas con Denisse? ¿No se conforma con los 4 meses de noviazgo y quiere obligarte a casarte con ella?
-Solo dame ese par de semanas ¿Quieres? El resto es problema mío. Contestó el gran escritor.
- ¿Vulnerable Papito? Bien, si quieres esas dos semanas, trataré de soltarme de la presión de mis jefes, ¿Sabes que tengo jefes Pedrito? Bueno está bien. No te prometo que nos apoyen financieramente, pero veré que se puede hacer. Iré a buscar ese maldito manuscrito en dos semanas, sabes que si no lo tienes preparado tendrás que buscarte otro editor que te publique tus historias. La llamada terminó. Pedro colgó su teléfono y lo arrancó de la pared. Abrió una puerta corrediza de cristal y lanzó el aparato telefónico a la piscina. Mucho más tranquilo de como se sentía antes, subió al segundo piso y se acostó a dormir con la ropa que llevaba puesto.
19222.pngCAPITULO 2
19419.pngPor primera vez en mucho tiempo en la calle hubo tranquilidad y silencio, con el gran escritor, que no tenía nada que hacer durante los días de semana, la tranquilidad de los demás vecinos resultaba ser un lujo. El hecho de que alguien intentara hablar con el gran escritor para pedirle un poco de consideración en sus fiestas diarias resultaba en salir en algún medio noticioso
como aquel vecino que impedía el sublime trabajo del gran escritor. Toda la calle suspiró paz. Recientemente hasta los mejores adeptos del gran escritor lo estaban alejando. Todos empezaron a notar que se estaba quedando sin dinero.
Dormir con la ropa puesta no es muy cómodo. Dio vueltas y vueltas en la cama. Soñó con sus historias. Aquellas historias que había escrito hace algún tiempo y lo habían llevado a la fama. Muchos premios, mucho dinero. Durante aquella época trabajaba en una tienda por departamentos. Cuando empezó la fama se preguntó ¿Qué hace un gran escritor aquí, que hago yo aquí? Soñó con aquellos buenos amigos cuando había que preocuparse sobre cómo usar el dinero apropiadamente, soñó con su anticuado Volkswagen y con la humilde chica que le perdonaba sus escapaditas de vez en cuando, Bárbara. Su último sueño fue una pesadilla. Volvió a soñar con sus historias. Esta vez, él estaba en sus historias y sus personajes lo golpeaban, lo maldecían y le escupían.
Se despertó temprano para él. Apenas las 11:00 a.m. inevitablemente con ese dolor de cabeza rutinario de consumir alcohol sin control el día anterior y con el otro dolor de cabeza de acordarse de la llamada telefónica del editor. El editor está equivocado
. Pensó Pedro. El piensa que no tengo nada escrito y la verdad es que si tengo algo adelantado
Sonrió Pedro al pensar en lo equivocado que estaba su editor. Fue al botiquín y encontró el frasco de las pastillas. Se tomó dos. Sin acicalarse se dirigió a su oficina y encendió su computador. Aún sonriente buscó en su directorio un archivo en particular y lo abrió. Su sonrisa empezó a disminuir. El archivo había sido actualizado hace poco más de ocho meses. Mierda, hace tiempo no escribo nada
Pensó el gran escritor y descubrió la razón de no haber continuado escribiendo al leer segmentos de lo que estaba escrito. Descubrir no, recordarse de su último pensamiento la vez que trabajó con esta novela. Esto es una basura y no va a ninguna parte
Recordó.
-¡Maldita sea mil veces coño!- Gritó encolerizado el gran escritor. Se levantó de su silla y empezó a dar vueltas por la oficina.
19224.pngCAPITULO 3
19427.pngMientras daba vueltas en su oficina trató de recordar las veces que Denisse, su novia actual, lo había ayudado al escribir una historia. No pudo recordar ningún momento en que ella se interesara en sus novelas. No recordó ningún momento de conversación con ella que tratara de alguna novela suya. Solo podía recordar el buen sexo que había tenido con ella. Apostaría todo a que Denisse le importaba un pepino todo lo relacionado a sus novelas, en cambio Bárbara siempre le estaba dando temas y lo obligaba a pensar en nuevas formas para expresar esas ideas en el papel. Ahora sería un buen momento para que apareciera en su puerta y lo ayudara. El pensamiento no duró mucho, sabía que después de lo que hizo, esa ayuda simplemente no ocurriría. Nunca me perdonará lo que le hice
.
Se dirigió hacia un estante donde estaban todas sus novelas publicadas y se quedó un buen rato observándolas. Levantó una ceja y dijo para sí.
-Si tienes limones… haces limonada.
Seleccionó algunas de sus publicaciones y se las llevó al escritorio. Empezó a escribir. Abrió algunas de sus novelas y utilizó segmentos de estas para vitalizar la historia que estaba escribiendo. Empezó a copiar fiel y exactamente segmentos de otras historias y tratar de enlazarlas de manera que tuvieran coherencia entre dichos segmentos. Empezó a recrear una historia refrita. Se plagió a si mismo sin ningún problema de conciencia. Lo hizo a sabiendas de que el resultado de todo aquello sería una historia ya conocida y de pobre calidad.
Escribió por horas. Más bien, copió por horas. De vez en cuando añadía algún detalle para mantener la coherencia de sus relatos. Cambió algunos detalles y hasta improvisó algunos personajes que se perdieron a medida que la historia cobraba algo de vida. Llegó la noche y aún Pedro seguía copiando, improvisando, añadiendo y agregando a su historia. Le dio hambre y por fin encendió su celular. Se percató de las muchas llamadas perdidas de Denisse y el mensaje de texto de la compañía de teléfonos celulares importunándolo sobre pagos a la cuenta o una posible desconexión del servicio. Se acordó de Bárbara.
El escritor hambriento pidió una pizza. Asumió que, con el poco dinero con que contaba, esta sería su comida en los próximos días. Abrió la gaveta del escritorio y encontró lo que buscaba, una libreta de teléfonos. Llamó a Bárbara. Nadie le contestó. El que a hierro mata
pensó Pedro. La contestadora de teléfonos se activó.
-Bárbara, es Pedro. Solo para decirte que de verdad lo siento y aunque no espero que me perdones, quiero que sepas que siempre me acuerdo de ti y te necesito más que nunca.
Pedro cortó la llamada, no había nada más que decir. Volvió a marcar números en su aparato celular, esta vez llamó a Denisse.
Nadie le contestó, otra grabadora se activó.
-Denisse, se que estás enojada y con lo que voy a decirte, sé que te vas a enojar más, así que… bueno, lo pensé bien y no quiero seguir saliendo contigo, terminamos cariño. Pedro cortó esa llamada también. No había nada más que decir. Pedro bajó al primer nivel de la residencia a esperar la pizza.
Después de comer Pedro se tomó una ducha y por fin se cambió de ropa. Se preparó un trago y descansó unos minutos antes de volver a su oficina. Aún quedaba mucho por hacer. Una buena historia no se hace en dos semanas
Pensó Pedro. A menos que estén pre-fabricadas
. Después de disfrutarse de su trago se encaminó a la oficina. Trabajó allí hasta altas horas de la noche. Escribiendo, copiando, improvisando y entrelazando historias coherentemente. Los pesados párpados hicieron que se le cerraran los ojos en un momento en que tenía que analizar como tratar de unir dos segmentos que había añadido a su novela de manera que continuaran con una ordenada secuencia de eventos. Descubrió que tenía que descansar. Grabó y apagó por lo que quedaba de noche y se acostó. Nuevamente se durmió con la ropa que tenía puesta.
Volvió a tener pesadillas. Soñó con una historia de piratas. Su tripulación se amotinaba. Reconoció a los rebeldes, sus propios personajes de sus novelas. En la pesadilla, lo atacaban, le escupían, lo golpeaban, lo acuchillaban, lo mataban. Despertó agitado y asustado. Odió a su editor, odió a Denisse y odió a sus personajes de novela. Los odió intensamente e intentó volver a dormir. No lo logró, bajó al primer nivel
