Mamíferos humanos II: Últimos 100 días en la Tierra
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Segundo ensayo sobre los mamíferos humanos.
Este trabajo de investigación está absolutamente vetado para cualquier mente humana a la que accidentalmente pudiera llegar.
Se trata de un estudio pormenorizado, pero basado en observaciones siempre subjetivas, que pudieran llevar a confundir al lector o lectora, incluso hiriendo su sensibilidad o lastimando gravemente su orgullo como miembro de la especie de mamíferos humanos.
En mi informe detallo minuciosamente las principales características del estilo de vida de los mamíferos humanos; desde su nacimiento hasta el análisis de sus instituciones, deteniéndome en sus hábitos, costumbres, comportamientos e intimidades más profundas.
En todo momento he tratado de realizar un análisis comparativo entre su estilo de vida y el nuestro, con una serie de conclusiones que algún día podrían servirnos para transmitirles algunas recomendaciones para mejorar la calidad de vida de los mamíferos humanos, tanto a nivel individual como en su conjunto, siempre que estos quieran aceptarlas como una humilde aportación por nuestra parte y no las consideren como una intromisión que pudiera incidir negativamente en su vanidad o en su orgullo.
De todos modos, en dicha comparativa, debo confesarlo claramente, también he decidido introducir algunas recomendaciones hacia nosotros debido a que los mamíferos humanos demuestran, en ocasiones, mayores posibilidades de éxito y bienestar de las que nosotros disfrutamos en nuestro vivir cotidiano.
Silvestre Hernández
Silvestre Hernández Psicólogo Clínico, Diplomado en Psiquiatría y Psicología Social, y en Psiquiatría intercultural. Premio Internacional de novela Emilio Alarcos Llorach. (Jurado constituido por: Rosa Regás, Juan Cruz, Caballero Bonald, Josefina Martínez, Juan de Lillo y Fulgencio Argüelles). Premio de narrativa Ciudad de Badalona, Premio de narrativa Solsticio de Verano, Premio de Novela Histórica Leandre Colomer. Finalista de novela Ciudad de Barbastro, Finalista del premio de relatos Nueva Acrópolis, Finalista en el certamen de relatos Los premios, Finalista del certamen de cuentos Edisena. Finalista del XLVII Premio Ateneo Ciudad de Valladolid de novela, por la novela MAREA NEGRA (Jurado compuesto por: Luis Mateo Díez, José María Merino, Elena Santiago, Javier Maqua y María Aurora Viloria.) Finalista del certamen de novela juvenil de Badalona, 2005. Experiencia como corresponsal de La Comarca y colaborador en diversas publicaciones: Turia, Diario de Teruel, Heraldo de Aragón, revistas electrónicas varias...). Varios cuentos infantiles están siendo utilizados en Chile por educadores de calle. Los derechos de explotación de los mismos han sido cedidos para ese país al taller de cuentos de Felipe Corvalán. Profesor en centros privados y públicos, impartiendo diversas materias. Jefe de la Unidad de Programas educativos del Ministerio de Educación y Cultura. Asesor en Centro de Profesores y Director de Instituto de Educación Secundaria. Ha impartido diversos talleres de escritura y ha sido miembro de jurados en diversos certámenes literarios. Participante en distintas ferias del libro y coautor en diversas novelas en castellano y en catalán. Autor y coorganizador de una de las primeras novelas colectivas realizadas en España, posiblemente la primera que se hizo. Si bien la mayoría de sus novelas tienen carácter histórico o son del género policíaco, también ha escrito ciencia ficción, diversos ensayos e incluso alguna que otra novela infantil y juvenil, además de numerosos relatos. En estos últimos años ha compaginado su amplia actividad creativa en el mundo de la escritura con las reseñas literarias y con su faceta de conferenciante en centros tan prestigiosos como el Ateneo de Barcelona, en programas de animación a la lectura, en diversas jornadas culturales y en actividades programadas por la Asociación Aragonesa de Escritores.
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Mamíferos humanos II - Silvestre Hernández
El mundo que hemos creado es un proceso de nuestro pensamiento. No se puede cambiar sin cambiar nuestra forma de pensar
Albert Einstein
No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma
Jiddu Krishnamurti
ÍNDICE
OBSERVACIÓN INICIAL
FORASTEROS
PUEBLOS Y CIUDADES
CULTURA
EDUCACIÓN
CONVIVENCIA
PREJUICIOS
SUPER EGO
ENVIDIA
SEXUALIDAD HUMANA
EVASIONES DE LA REALIDAD
HONRADEZ Y CORRUPCIÓN
INSTITUCIONALIZADOS
HORMONAS
CULTO AL CUERPO
METROSEXUALIDAD
SUPERHOMBRES, SUPERMUJERES
ETNOFOBIA
ÉXITO Y FRACASO
DESIGUALDAD ENTRE SEXOS
DEPREDADOR
MIEDO INDUCIDO
COHESIÓN SOCIAL
ILUSIONES PROGRAMADAS
VERDAD MANIPULADA
PENSAMIENTO CRÍTICO
PROPIEDAD PRIVADA
PREMIO Y CASTIGO
MERCANTILISMO
CAPACIDAD LEGISLATIVA
CÁNCER
ENFERMEDADES RARAS
ENFERMEDADES SENILES
PANDEMIAS
PROSTITUCIÓN
ESCLAVITUD
DISCAPACIDADES
SUICIDIO
EUTANASIA
MEMORIA
NATURALEZA
CLIMA
ENERGÍAS
HIGIENE Y SUCIEDAD
ADAPTACIÓN AL MEDIO
AVANCES CIENTÍFICOS
ÉLITES
ALIENACIÓN
SILENCIADOS
INFANCIA DESPROTEGIDA
RUIDO
VIDAS BARATAS
INADAPTACIÓN SOCIAL
PSICÓPATAS
PELIGROSOS PARA SU ESPECIE
PSIQUIATRÍA
DINERO
GLOBALIZACIÓN
DESIGUALDAD ENTRE PAÍSES
POLÍTICA
PSEUDODEMOCRACIAS
SISTEMAS COERCITIVOS
INVISIBLES
POPULISMO
RELIGIÓN Y GUERRA
NACIONALISMO-PATRIA
EQUILIBRIO DE POTENCIAS
ESCALADA ARMAMENTÍSTICA
TERRORISMO
MASS MEDIA
CONTROL DE MASAS
LÍDERES
HUEVOS FRESCOS
NUEVO ORDEN MUNDIAL
INTERNET
REDES SOCIALES
MÁSCARAS DEL PODER
INDIGNADOS
SOMETIMIENTO Y REBELDÍA
CONSPIRACIONES
REVOLUCIÓN
ALTRUISMO
ONG’S
FILOSOFÍA Y PSICOLOGÍA
CARRERA ESPACIAL
OVNIS
MÁS ALLÁ DEL INSTINTO
RECOMENDACIONES
OBSERVACIÓN INICIAL
Este trabajo de investigación está absolutamente vetado para cualquier mente humana a la que accidentalmente pudiera llegar. Se trata de un estudio pormenorizado, pero basado en observaciones siempre subjetivas, que pudieran llevar a confundir al lector o lectora, incluso hiriendo su sensibilidad o lastimando gravemente su orgullo como miembro de la especie de mamíferos humanos.
No es mi voluntad burlarme o herir cualquier tipo de sensibilidad, simplemente he observado a distintos congéneres del planeta Tierra, así como algunas formas de agrupación y reacción de diferentes colectivos humanoides. En ningún momento he querido ofender a nadie. Solo me ha movido un interés puramente científico. Cualquiera de mis investigaciones, opiniones o aseveraciones deben ser enmarcadas dentro de la ignorancia que puede teñir cualquier visión o sentimiento de un observador no terrestre, a quien, por otra parte, le pueden resultar muy extrañas determinadas manifestaciones y formas de vida de los humanos. En todo caso, cualquier observación de las acuñadas en este informe no es más que una forma de intentar entender cómo es la vida en el planeta Tierra. Asumo que mis observaciones y conclusiones puedan estar plagadas de errores. Lo siento de antemano si es así: no ha sido mi intención y pido disculpas por ello ante cualquier terrícola a quien accidentalmente pudieran llegar estas hojas.
Desearía, por otro lado, que, a pesar de cualquier inconveniencia que puede contener este informe, no sea destruido, ya que mis congéneres necesitan tener una visión, aunque sea somera, de cómo funciona la especie dominante de este planeta para comprenderla mejor y en vistas a los futuros contactos que, cara a cara y de manera ineludible, mantendremos en los próximos años.
…
Antes que nada desearía pedir disculpas a los miembros del Consejo por no haber tenido la posibilidad material de escribir mis indagaciones y reflexiones en la lengua unificada de nuestro planeta puesto que los sistemas informáticos de los humanos, ni tan siquiera sus viejas y anquilosadas máquinas de escribir, disponen de los caracteres necesarios para poder expresarme en nuestro idioma. Por supuesto que, en cuanto regrese a casa, volcaré este escrito a nuestra lengua para que pueda ser debidamente examinado y archivado por los expertos de este Consejo, así como por cualquier interesado de nuestro planeta que tenga curiosidad por saber cómo viven los mamíferos que actualmente dominan la existencia del planeta Tierra en todas sus facetas, animales bípedos responsables de la inevitable extinción de vida en un breve período de tiempo. Asimismo, y como parte esencial de mi misión, espero dar una imagen lo suficientemente clara como para que mis congéneres, y especialmente los científicos del Consejo, valoren la peligrosidad o no de la especie humana para la supervivencia de nuestro planeta.
Este trabajo de observación es el resultado de cinco años de laboriosa investigación en diversos lugares del planeta Tierra.
Ya en un principio deje constancia de mis observaciones a lo largo de los 100 primeros días en que asistí, debo confesarlo, con estupefacción y con un gran temor a ser descubierto y eliminado o recluido de por vida en un laboratorio humano de investigación.
Poco a poco, e di cuenta de que la fisonomía a la que me habían adaptado nuestros especialistas médicos pasaba entre los humanos sin ser observado como un ente extraño y, en consecuencia, peligroso para ellos. Si bien es cierto que el tamaño de mi cabeza no pudo ser corregido por los evidentes riesgos que esto hubiera acarreado para mi vida, el resto de mis facciones han soportado bien el paso de los años. Solamente en una ocasión estuve a punto de ser descubierto cuando, a raíz de un accidente inesperado, fui trasladado a un hospital en el que se disponían a realizarme un diagnóstico interno con sus primitivos aparatos de imagen. Pude escaparme a tiempo, antes de que algún médico se percatase de mis diferencias morfológicas internas y, muy especialmente, evité sufrir la masiva radiación con la que esos artilugios suelen bombardear a los inocentes pacientes que deben someterse a los exámenes radiológicos humanos.
Por lo demás, la adquisición de algunos de sus idiomas y la teatralización de sus formas de vida más habituales no me ha supuesto ningún problema aparte de alguna anécdota y burlas en varias ocasiones en las que no he acertado en alguna de mis expresiones o en cualquiera de las innumerables imitaciones a las que me he visto forzado a realizar para pasar en todo momento desapercibido.
De entrada querría hacer mención a las dificultades que he tenido para mantener el funcionamiento de mis constantes vitales y, muy especialmente, en lo difícil que me ha resultado poder desplazarme libremente de un espacio a otro o introducirme en distintos grupos de humanos. Dos elementos clave han sido los motivos para esas dificultades: en primer lugar la utilización de dinero
de diversos valores y colores, que se asemejaban a aquellos sistemas de intercambio que utilizábamos, según los libros de historia de nuestro planeta, hace unos dos mil años de cómputo humano. Algunos mamíferos humanos poseen la mayor parte de su dinero mientras que la mayoría de individuos de su misma especie no disponen apenas de él. Me he visto obligado a trabajar en distintas profesiones para poder ganarlo, ya que de lo contrario no podría haberme alimentado, nunca hubiera sido admitido en determinados grupúsculos humanos, ni mucho menos viajar a otros países para contrastar mis investigaciones entre diferentes grupos sociales. Sí, es algo chocante, pero en este planeta todavía viven como lo hacían nuestros antepasados hace miles de años en cómputo humano, cuando nuestra sociedad se dividía en múltiples parcelas enfrentadas por cuestiones religiosas, políticas, distintas, leyes y normas anquilosadas en el pasado, y muy especialmente por las desigualdades entre distintos miembros de nuestra ancestral comunidad, unas diferencias que debían ser mantenidas a toda costa, incluso con el uso de la fuerza, el hambre o la guerra.
Una dificultad añadida para desplazarme entre distintos países es la falta de libertad y el exceso de control de los sistemas de vigilancia policial, incluso en los países que más presumen de democráticos, por causa del temor reinante, que casi llega a extremos paranoicos, a los atentados terroristas. Lo cierto es que desde hace algunos años y debido a una mala gestión de algunos políticos occidentales, el terrorismo se ha instaurado en este planeta y no tiene visos de extinguirse. Es increíble que respuestas tan poco cuerdas como atacar a otros mamíferos humanos de manera atroz, sin sentido, sin autocontrol alguno, sin compasión y afectando a cualquiera que por azar se encuentre dentro del radio de acción de los ataques indiscriminados, sea cual sea su edad y condición, se sigan dando en un planeta que parecía dejar a un lado sucesivas guerras mundiales para vivir momentos de paz y realizar acuerdos globales de contención.
Estas situaciones tan primitivas de los mamíferos humanos han dificultado enormemente mi trabajo. Me he visto obligado a viajar por diversos países, aprender algunas de sus lenguas, tratar de imbuirme de sus desconcertantes y variopintos hábitos de vida.
En suma, confieso que no he podido establecer conclusiones únicas para un modelo de ser humano debido a su vasta diversidad, de modo que he tratado de diferenciar algunos de los comportamientos más habituales entre especímenes y grupos sociales que más me han llamado la atención a lo largo de estos años.
FORASTEROS
Recuerdo la animada conversación que mantuve con un terrícola nonagenario que, según me contó, llevaba viviendo en aquella pequeña población más de cincuenta años y, a pesar de ello, todavía le seguían considerando como forastero.
La utilización de este término demuestra cuán difícil es la verdadera integración de los mamíferos humanos que abandonan su ecosistema por cualquier motivo para adentrarse en otro hábitat poblado. No importa si su cambio de residencia se produce en el mismo país del que es originario: en la mayoría de los casos será considerado a lo largo de toda su vida como un ente distinto a los allí nacidos y, consecuentemente, sin los mismos derechos reales que aquellos sustentan.
Tal vez sea esta conducta diferenciadora y separatista una de las más leves que se pueden encontrar dentro de las colectividades de mamíferos humanos. Otras son mucho peores y conllevan, a menudo, el rechazo, por parte de algunos mamíferos más primitivos, e incluso la persecución. Se han dado casos en la actualidad, podéis creerme, de sujetos pertenecientes a otras comunidades que han sido expulsados o incluso agredidos con violencia. Es el caso de algunos emigrantes, que no son bien recibidos en su comunidad por ciertos individuos más animalizados.
Es muy frecuente ver a grupos de los denominados migrantes viviendo apartados del resto de ciudadanos propios del país, a menudo en barrios más pobres, hacinados en viviendas de pequeñas dimensiones, en trabajos que los autóctonos no desean realizar por su dificultad o excesivo esfuerzo en su realización, con salarios muy bajos y excluidos de la mayoría de actividades sociales que realizan los mamíferos aborígenes. En algunos casos son perseguidos y devueltos a su país de origen.
De todos modos, existe un tipo de migrante que se diferencia sustancialmente de la mayoría de los que han abandonado su país para adentrarse en otro en busca de mejores expectativas de vida: se trata de un tipo de mamífero humano que disfruta de un alto poder adquisitivo, y, en ocasiones, aunque tampoco sea necesario, posee un nivel cultural más elevado, incluso, y esto es muy importante, maneja con soltura el idioma del país que visita. Este tipo de migrantes, por lo general, son bien recibidos y pueden disfrutar de la mayoría de beneplácitos propios de la sociedad de acogida. Es muy curioso, y absolutamente contradictorio, ver como ese tipo de emigrantes viaja en medios de transporte legales, cómodamente y en total libertad; mientras que la mayoría de migrantes más pobres llegan a jugarse la vida para viajar a escondidas o caen en manos de mafias sin escrúpulos que les exprimen durante años a cambio de facilitarles la entrada en otro país.
Otro personaje curioso es el que aquí llaman turista, quizá sea esta la imagen que más se asemeja a mi estancia entre diversas colectividades de mamíferos humanos: se trata de individuos, normalmente viajan agrupados, aunque no siempre, que visitan un país simplemente por capricho, sin intención de quedarse a residir en él. Habitualmente manejan un dinero que es muy bien acogido por los negocios montados en el país de destino con el fin de atenderlos. Tanto es así que, en ciertos países, solo se permite a los turistas la estancia en determinados establecimientos hoteleros, mientras que a los propios mamíferos autóctonos se les impide la entrada en ellos a no ser que sea para realizar tareas laborales.
Como podéis ver, el mamífero humano tiende a dividir todo cuanto toca o le rodea, y a menudo carece de la capacidad de unificar o globalizar aquello que por su propia naturaleza debiera formar una sola entidad: para nosotros, independientemente de los motivos por los cuales un individuo se desplaza a otro país, o a otro planeta, no existen diferencias notables entre unos y otros, y cualquiera de ellos mantiene los mismos derechos y libertades que cualquiera de los demás. Supongo que para el humano medio, acostumbrado a diferenciar continuamente a los individuos que lo rodean, esto puede parecerle inverosímil, pero es así, y el sentido común me dice que nuestra forma de acoger, al igual que nuestra esperanza de ser bien recibidos, es la normal entre seres que se consideran inteligentes.
No acabo de explicarme del todo los motivos que llevan a los mamíferos humanos a diferenciarse de modo tan extremo, pero no creo equivocarme si establezco la hipótesis de que, detrás de esas conductas tan anómalas para nosotros, se esconden el miedo instintivo a otras culturas, a lo diferente de uno mismo, y, de manera muy sustancial, al nivel de acopio de recursos. He comprobado de manera fehaciente que un visitante humano con alto poder adquisitivo, por muy distinta o extravagante que sea su cultura según el modo de verlo de los mamíferos receptores, son mucho mejor acogidos que aquellos otros que no disponen de dinero en abundancia.
Cuando el mamífero visitante puede ser gratificante, por cualquier motivo pero especialmente si dispone de dinero para gastar, deja de ser considerado como peligroso para el equilibrio de la comunidad receptora y se le acoge con bastante normalidad, aunque nunca, nunca, por más que se vocee y presuma de lo contrario, llegará a ser considerado como un integrante más de la colectividad autóctona.
Supongo que pensaréis lo mismo que yo: ¿cómo nos van a recibir estos mamíferos humanos el día que decidamos descubrirnos ante ellos? Yo, por si acaso, he mantenido mi anonimato en todo momento y me esperaría unos decenios, por lo menos, antes de descubrir nuestra presencia o la de otros planetas habitados, a los colectivos humanos. No debiéramos descartar, sin embargo, ir adentrándonos en las diversas sociedades humanas para contactar con las mentes más evolucionadas, de modo que sean estos individuos los que vayan preparando a sus congéneres en previsión de nuestra futura llegada a su planeta. Por el momento hemos logrado que la inmensa mayoría de mamíferos humanos tengan serias dudas acerca de que ellos sean los únicos mamíferos inteligentes que habitan un planeta, una creencia que se les había imbuido a lo largo de cientos de años y en la que todavía muchos siguen sucumbiendo a tan estrafalaria idea. Cada vez son más los individuos humanos que opinan que pueden existir otros planetas habitados, un hecho que nos será de gran utilidad cuando llegue el momento de presentarnos de manera oficial ante ellos.
PUEBLOS Y CIUDADES
Es esta una de las múltiples contradicciones con las que me encuentro cuando hablo con algunos mamíferos humanos.
Los aquí denominados urbanitas
viven en ciudades masificadas, en las que, si bien se ofrecen todos los servicios necesarios para vivir, están absolutamente dependientes de los avatares que puedan ocurrir en otros lugares alejados: producción de alimentos, distribución… Por otro lado, en situaciones de catástrofes, fuertes sequías, cortes eléctricos o por simples huelgas de trabajadores, las ciudades pueden convertirse en verdaderas ratoneras en las que la vida se haga insostenible. En situaciones extremas es del todo imposible que se pueda abastecer a ciudades tan enormes y que; aparte de servicios como centros hospitalarios, universidades y centros de entretenimiento, son en realidad enormes masas de cemento; recorridas en todo momento, arriba y abajo, por vehículos y viandantes que forman en su conjunto una inmensa aglomeración; ruidosa, estresante, altamente polucionada y, consecuentemente, poco salubre. Ni siquiera disponen de medios propios para subsistir y esto les coloca en una situación de gran fragilidad.
Lo cierto es que los mamíferos humanos tienden a concentrarse en grandes urbes, y allí también se amontonan las empresas que les dan trabajo, los centros educativos…, hasta conformar una masa heterogénea de la que es difícil escapar.
Sí, digo bien: escapar. Y aquí viene la gran contradicción, porque son muchísimos los humanos que aprovechan cualquier fin de semana o sus periodos vacacionales para huir de la ciudad y dirigirse hacia montes y playas: por un lado arguyen que no podrían vivir en pueblos, mientras que, por otro, en cuanto disfrutan de un tiempo de asueto, corren desesperados hacia las pequeñas urbes en lugar de quedarse a disfrutar de los servicios que ofrecen las grandes ciudades en las que habitualmente residen.
Hay que decir también, que son muchos los mamíferos humanos que han nacido en pueblos, pero que, en lugar de continuar viviendo en ellos, ansían dirigirse a las ciudades. Utilizan múltiples excusas, algunas ciertas como proseguir sus estudios en la Universidad; otras, en cambio, solo disfrazan el anhelo por cambiar de vida y una especie de envidia hacia los urbanitas, a quienes consideran con más posibilidades de divertirse. También es cierto que, normalmente, en los pueblos, no existen puestos laborales suficientes para cubrir las profesiones aprendidas por sus vecinos. De todos modos, me he encontrado con bastantes casos en los que el nuevo titulado, aún a costa de mentir a sus familiares diciéndoles que les gustaría regresar al pueblo, prefieren trabajar en la gran ciudad aunque hubiese un puesto similar en su pueblo de nacimiento.
Otro hecho curioso es que existe un número importante de mamíferos humanos que ha decidido con gran antelación que pasaría su vejez en un pueblo determinado, por aquello de la calidad de vida. Curiosamente, muchas de estas personas, cuando se sienten enfermos o temen no ser atendidos debidamente porque los centros hospitalarios están lejos, en las ciudades, se plantean el regreso a sus hogares anteriores. También suele ocurrir que los hijos y los nietos tienden a preferir que los ancianos, especialmente si les son útiles y no se encuentra en situación de dependencia, vivan cerca de ellos y, consecuentemente, estas personas mayores tienden a realizar continuos viajes del pueblo a la ciudad o terminan por ser reabsorbidos por las urbes de las que un día pretendieron escapar.
Por supuesto que también he conocido a otras personas que han decidido de manera drástica irse a vivir a los pueblos, por distintos motivos, quizá los que más he escuchado sean por la seguridad de mis hijos
, por una vida más sana
, por vivir en contacto con la naturaleza
, o incluso para escaparme del agobio de los incesantes problemas de mis hijos y sus sempiternas demandas de ayuda
.
Curiosamente, es curioso ver a políticos de distinto color cacarear de manera estridente e insistente, siempre en tiempos de campaña, la necesidad de atender a las gentes de los pueblos rurales y buscar mecanismos para evitar su abandono. ¡Solo palabrería! Como mucho se crean ministerios de títulos rimbombantes, secretarías, subsecretarias..., algunas oficinas nuevas e interminables congresos y multitudinarias comisiones, todos ellos tan inútiles como ineficaces, y que habitualmente solo sirven para mantener en nómina a más políticos distribuidos por porcentajes según los respectivos espectros que conforman el poder tras cada cita electoral.
Recuerdo a cierto político que en una ocasión, ante las demandas de un centro de salud por parte de los habitantes de una pequeña población, espetó a sus correligionarios dos sentencias que desgraciadamente deben asumir como suyas una gran mayoría de políticos:
—No os preocupéis. Harán una huelga, dos manifestaciones por las calles… Luego todo seguirá igual. Con el tiempo todo se olvida.
—Todos sabemos que los pueblos tienden a desaparecer. Es solo una cuestión de tiempo.
Esta forma de opinar quizá explique con claridad por qué nadie se preocupa demasiado en llevar de verdad los servicios a las pequeñas poblaciones y, en cambio, sobredotan a las ciudades, incluso mucho más allá de sus necesidades reales.
Para muchos de esos políticos, lo contrario supondría un despilfarro. Lo curioso es que no hay mayor derroche del que han hecho muchos políticos corruptos con la excusa de atender las necesidades de los más débiles y de las grandes ciudades.
En mi planeta, especialmente desde que decidimos la autorregulación de los nacimientos debido a nuestra mayor longevidad y a una escasez relativa de recursos, nunca hemos sido partidarios de concentrarnos en grandes urbes, de manera que todo lo que aquí llamarían pueblos y ciudades, allí poseen medidas similares, numerosos pobladores, los servicios necesarios y suficientes recursos como para no tener que depender del exterior.
Desde hace varias generaciones que nos englobamos todos en una sola nación con lo cual se acabó con los desequilibrios entre pueblos y se detuvieron los movimientos migratorios en masa. Posteriormente se incentivaron las residencias de empresas y ciudadanos en entornos alejados de las viejas y anquilosadas macrociudades, distribuyéndolos a lo largo y ancho de todo el planeta.
Hubo que pasar momentos de gran crudeza y malestar social cuando empezamos a limitar en número de empresas en cada ciudad, prohibir la construcción de nuevos edificios en entornos sobremasificados, limitar el número máximo de personas que podían subsistir con una buena calidad de vida en cada ciudad y planificar el resurgir y desarrollo de nuevos enclaves humanos. Lo cierto es que nuestros políticos son elegidos por tiempo limitado, por sorteo y siempre de entre los ciudadanos de cualquier índole y condición. No tienen nada que ganar a nivel personal ni tampoco nada que perder. Los empresarios, aunque no sean elegidos por sorteo sino por su capacidad y valía para los puestos que van a desempeñar temporalmente, tampoco están apegados a intereses de ninguna índole. Todo ello, junto con nuestra predisposición cultural y genética a hablar lo justo y necesario, a planificar con detalle y a actuar sin dilaciones, hizo posible nuestra sociedad actual en la que no se puede apenas hablar, salvo excepciones muy contadas, de entorno rural y urbano. Los humanos, según he observado, con frecuencia adolecen de dos de nuestras principales cualidades: se explayan hablando y discutiendo en demasía, sin alcanzar decisiones que luego asuma la mayoría; y dilatan, a menudo eternamente, las decisiones más difíciles y necesarias.
Tenemos ejemplos muy recientes de su manera de no actuar: la emergencia de países cada vez más pobres, la emigración desbordada, las abismales diferencias sociales entre los ciudadanos, el avance acelerado en la construcción de armas de destrucción masiva o el cambio climático que ya se ha hecho del todo irreversible.
Nosotros, al contrario que los mamíferos humanos, disponemos de muy pocas leyes, y de algunas normas culturales que aún han sobrevivido al paso del tiempo, pero las cumplimos de manera consciente y ordenada. Los terrícolas disponen de tal cantidad de normas y leyes; muchas veces absurdas, repetitivas u obsoletas. Tantas y tantas, a las que se suman tantas otras segundo a segundo, que es del todo imposible que alguna mente humana o el ordenador más potente del que dispongan sean capaces de manejarlas, y, aunque llegaran a conocerlas, de poco les servirían, pues un segundo más tarde habrían sido promulgadas otras de nuevas, actualizadoras, complementarias, sustitutorias, derogatorias... Un maremágnum de legislaciones que, para colmo de males, muchos mamíferos humanos tienden a rechazar, desobedecer o a transgredir, cuando no simplemente a burlarse de ellas o mostrar su más absoluto desconocimiento.
Un sinfín de leyes que, por otra parte, al no ser vistas como necesarias ni ser interiorizadas por los ciudadanos, suponen un gasto incalculable en vigilancia, policía, abogados, jueces, prisiones... Desgraciadamente, en otros países el gasto es mucho menor y suele usarse una sola arma: la represión.
Para mí ha supuesto tal caos intentar adentrarme en sus leyes que, al final, he decidido renunciar a entenderlas y a dedicarme simplemente a observar sus curiosos comportamientos.
CULTURA
Es un hecho innegable que la cultura del conjunto de civilizaciones de la Tierra en todas sus manifestaciones es muy superior a la nuestra y a la de la de los planetas con vida que hasta ahora conocemos repartidos por distintas galaxias.
Son especialmente significativas la gran variedad de costumbres y tradiciones, un compendio interminable de idiomas; su historia pasada extremadamente rica en acontecimientos e interpretaciones dispares; normas y leyes de toda índole, a menudo contrarias según los países y épocas; junto con la profusión y calidad de sus manifestaciones artísticas en multitud de vertientes.
Es difícil explicar los motivos de la inmensa riqueza cultural de la que disfrutan los mamíferos humanos, aunque me atrevo a aventurar que una de las principales razones se produjo hace varios millones de años cuando se formaron los continentes a partir del primero originario. Aquella división provocó la separación y el aislamiento de diferentes colectividades de modo que cada una de ellas siguió una línea distinta de evolución cultural, incluso con una notable diferenciación física como respuesta a su adaptación a diferentes hábitats más o menos hostiles.
Posteriormente, diferentes grupos desarrollaron su tecnología hasta poder alcanzar otros países, incluso otros continentes. En esos movimientos migratorios, a través del comercio y de las guerras, se fueron anexionando y entremezclando, no solo poblaciones e individuos sino, muy especialmente, culturas distintas.
Otra explicación añadida, que no puedo compartir por falta de rigurosidad científica en su planteamiento, es la que proclaman algunos grupos religiosos, según los cuales existió una deidad en el pasado que decidió castigarlos por su mala conducta y lo hizo introduciendo multitud de lenguas distintas entre los humanos. Según dicha leyenda los mamíferos humanos no se entendían unos con otros y esto provocó que los que hablaban una determinada lengua decidieran juntarse y andar su camino en distintos territorios, con una evolución histórica y cultural diferente al resto de sus congéneres.
Sea como fuere, lo único evidente es que su riqueza cultural es inabarcable. Mi propuesta al respecto es que formemos una Comisión de expertos que se dediquen a estudiar las distintas ramificaciones culturales existentes en este planeta, aunque adelanto que su tarea puede ser infinita en el tiempo.
La evolución de nuestro planeta ha sido muy distinta a la de la Tierra puesto que, aparte de algunas islas, todas nuestras regiones terrestres han permanecido unidas a través de millones y millones de años de constante evolución. En consecuencia, el contacto entre nuestros antecesores fue muy temprano y su desarrollo posterior formó parte de una misma historia, normalmente exenta de grandes sobresaltos o de cruentas guerras entre hermanos. Nuestra lengua, nuestra cultura en general, posee un tronco común con ramificaciones muy claras y de poca trascendencia real en cuanto a variaciones extremas, si las comparamos con las existentes en el planeta Tierra donde estas desviaciones son de tan profundo calado que, en ocasiones, parece imposible que provengan de diferentes lugares y civilizaciones dentro del mismo planeta. Creo que sería interesante consultar con nuestros colaboradores de diferentes zonas del universo conocido para que indaguen entre sus documentos históricos sobre la posibilidad de que en algún momento hubieran decidido colonizar este planeta o si, de alguna manera, incorporaron alguna información cultural o genética a la primigenia de sus habitantes. No sería nada de extrañar alguna influencia externa y supondría otro factor a tener en cuenta a la hora de analizar la extrema complejidad cultural de los habitantes del planeta Tierra.
EDUCACIÓN
¿Existiría la delincuencia en un mundo en el que todos sus habitantes tuvieran sus necesidades básicas resueltas y el reparto de recursos fuese equitativo?
Sin duda que, por lo menos, disminuiría en gran medida. De esto sabemos bastante en nuestro planeta. Sin embargo, con ello no bastaría, puesto que la instintividad humana es de naturaleza extremadamente egocéntrica.
Uno de los factores primordiales para garantizar y mantener una sociedad sana y equilibrada, en la que apenas surjan individuos antisociales y que estos lo sean mayoritariamente por causas de desequilibrio mental, es la educación.
Claro que la educación no solo es la que se imparte en las escuelas, institutos, en las universidades. La educación engloba todo aquello que nos rodea, desde la risita complacida, casi imperceptible, de un padre cuando ve que su bebé araña sin querer el rostro de la madre o tira al suelo las lentes del abuelo; hasta las manifestaciones y comportamientos de un ídolo de la música o del deporte; las declaraciones, verdaderas o falseadas, presentadas en algún medio de comunicación, la actitud de los vecinos, el comportamiento de los amigos… En definitiva, todo, absolutamente todo
