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La oposición política: Otra cara del siglo XX mexicano
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Libro electrónico251 páginas2 horas

La oposición política: Otra cara del siglo XX mexicano

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Aborda un tema poco atendido por la historiografía: el de la oposición política y su papel en el desarrollo histórico del siglo XX. A partir de un análisis que articula los distintos movimientos opositores, la autora busca destacar la presencia de distintas expresiones políticas, así como la capacidad de convocatoria de diversos grupos sociales.
IdiomaEspañol
EditorialFondo de Cultura Económica
Fecha de lanzamiento24 ene 2019
ISBN9786071660749
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    La oposición política - Elisa Servín

    DE LA OPOSICIÓN PRE-REVOLUCIONARIA

    A LA CAÍDA DEL GOBIERNO

    DE FRANCISCO I. MADERO

    Desde el inicio del siglo XX la presencia opositora al gobierno de Porfirio Díaz es definitiva. La notable respuesta a la convocatoria que a fines de 1900 realiza Camilo Arriaga para una convención nacional de clubes liberales en San Luis Potosí en febrero de 1901, denota la existencia de un vasto contingente de grupos en distintos puntos del país, dispuestos a involucrarse en la reivindicación política de principios liberales que el gobierno de Díaz parece haber olvidado.¹ Muchos de ellos forman parte de una amplia red que se extiende en la última década del siglo XIX, integrada por círculos obreros socialistas y anarcosindicalistas, espiritistas y católicos, logias masónicas, asociaciones mutualistas y sociedades protestantes, que influyen en el cambio de mentalidad, o si se quiere, en el desarrollo de un pensamiento político moderno, que permea al interior de una nueva clase obrera y de sectores medios en expansión.²

    Las expresiones políticas de la oposición que se agrupa originalmente en San Luis se articulan en un inicio en torno a la crítica por la conciliación que Díaz ofrece a la jerarquía católica, así como la displicencia de su gobierno hacia los intereses económicos extranjeros. A lo largo de la década de 1900 habrán de conjugar la reivindicación ideológica de los principios liberales plasmados en la Constitución de 1857, con el rechazo explícito a la permanencia de Díaz en el poder.

    Acuden al llamado de Arriaga diversos representantes de una nueva generación crítica, entre la que destacan los jóvenes estudiantes de jurisprudencia Antonio Díaz Soto y Gama, y Ricardo Flores Magón, quien junto con sus hermanos Jesús y Enrique publica en la ciudad de México el semanario Regeneración desde agosto de 1900. En las discusiones que se llevan a cabo en San Luis Potosí, y que se reproducen en los clubes liberales que se fundan en muchos puntos del país, se debaten las razones que justifican la oposición al gobierno de Díaz, a la vez que se reivindican principios democráticos básicos: libertad de opinión y de prensa, impartición de justicia, representación electoral. Destaca entre ellas el llamado que hace Soto y Gama a la participación en las elecciones municipales, las únicas que permiten el voto directo como espacio para el ejercicio práctico de los derechos políticos, que habrá de redundar en una nueva cultura ciudadana y democrática, y permitir

    reemplazar la creencia en el gobierno-providencia y en el pueblo-juguete, por la creencia en el gobierno-servidor y en el pueblo-amo; substituir la costumbre de ver la cosa pública como cosa ajena, por la virtud de ver la cosa pública como cosa propia, el bien de todos como un deber de cada uno.³

    La reivindicación de Soto y Gama refleja en el terreno discursivo la consistencia de lo que algunos historiadores llaman el liberalismo popular, que se expresa en la creciente defensa de autonomías municipales mediante el ejercicio del voto.

    Por su parte, el compromiso político que los Flores Magón establecen con el grupo liberal de San Luis se trasluce en las páginas de Regeneración, que reproduce las propuestas del grupo encabezado por Arriaga. En pocos años el semanario habrá de convertirse en lectura obligada de artesanos, comerciantes, campesinos y maestros, muchos de ellos futuros dirigentes revolucionarios, y de una extendida red de clubes políticos y círculos obreros, algunos de ellos militantes socialistas y anarcosindicalistas, quienes atestiguan la creciente radicalización de sus editores conforme se incrementa la represión en su contra.

    Obligados entre 1903 y 1904 a salir del país por el hostigamiento del régimen, Arriaga, Soto y Gama, los Flores Magón, los hermanos Juan y Manuel Sarabia, entre otros, continúan sus actividades políticas desde territorio estadunidense y se preparan para la organización de un partido político que habrá de conducir la insurrección revolucionaria, única posibilidad de acabar con la dictadura.⁶ No obstante, el exilio, el hostigamiento y la acelerada radicalización política del grupo más cercano a Ricardo Flores Magón inciden en un enfrentamiento cada vez mayor con Camilo Arriaga y quienes cierran filas a su alrededor.⁷ Dedicados a construir redes de solidaridad y trabajo político, los magonistas entran en contacto con representantes del anarquismo que operan en Estados Unidos, mientras son ferozmente perseguidos por los agentes policiacos mexicanos y estadunidenses que trabajan para el vicepresidente Ramón Corral. Las profundas diferencias en torno a lo que Arriaga y Flores Magón entienden por revolución, aunadas a la disputa por la conducción del partido y el movimiento, aceleran la ruptura que se da en el transcurso de 1905.

    Entre 1903 y 1906 Ricardo Flores Magón, Antonio I. Villarreal y Juan Sarabia conforman la Junta Organizadora de lo que habrá de conformarse como Partido Liberal Mexicano a fines de 1905. Pese a la radicalización del movimiento, a principios de ese año todavía mantienen contactos con otros incipientes opositores, entre los que destaca el empresario algodonero de Coahuila, Francisco I. Madero.

    Como argumentan desde distintas perspectivas historiográficas John Mason Hart, François-Xavier Guerra y Jean-Pierre Bastian, el PLM se abastece de diversos grupos organizados en distintos puntos del país, producto de una renovada militancia obrera, laica o protestante, liberal y nacionalista, poseedora de una creciente conciencia de clase.⁹ A su vez, el trabajo político que encabezan los magonistas incide en la creciente politización de muchos de estos grupos entre la clase obrera y los sectores medios, que conforman la expresión inicial de una oposición que se extiende a nivel nacional y de la cual el PLM es un resultado. Así, el PLM es el primer partido político de alcance nacional que se plantea como opositor frontal al gobierno de Porfirio Díaz.¹⁰

    Mientras tanto, en 1904 la clase política se divide al calor de una nueva sucesión presidencial y la querella entre las élites desemboca en el enfrentamiento y la polarización entre los dos grupos que se asumen como herederos del poder: de un lado, los científicos, articulados en torno a José Yves Limantour. Del otro, representantes de élites regionales agrupados en torno al general Bernardo Reyes. Ante la presión de los científicos que insisten en encontrar una salida política a su ausencia previsible, el general Díaz concede una graciosa vicepresidencia, que sólo habrá de postergar cuatro años más la disputa. No obstante, las sucesiones presidenciales de 1904 y 1908-1910 aceleran las actividades de los grupos que conforman un creciente abanico de organizaciones políticas de oposición.

    Como ha destacado la historiografía, en 1908 el propio Díaz da la señal de arranque de un nuevo proceso sucesorio cuando, entrevistado por el periodista James Creelman, afirma que habrá de separarse del poder al expirar su periodo y no volverá a ejercer la presidencia. No sólo eso: Díaz asegura que verá como una bendición y no como un mal el surgimiento de un partido de oposición, prueba irrefutable de un avance hacia la democracia. Entre las distintas organizaciones partidarias que brotan al calor de la anuencia presidencial destaca el Partido Democrático, que promueve la candidatura del general Bernardo Reyes a la vicepresidencia pues, pese a lo dicho a Creelman, la reelección de Díaz es indisputada.

    Tal como sucederá en otros momentos del siglo XX, el reyismo crece y se extiende como movimiento opositor más allá de la estrechez de miras y el conformismo de su candidato. Entre 1908 y 1909 se fundan clubes reyistas en múltiples localidades del país, y lo que empieza como un movimiento de reivindicación política de intelectuales, élites regionales y burócratas se convertirá en un movimiento popular de reclamos democráticos.¹¹ Cuando en 1909 el general Reyes acata la orden presidencial que lo obliga a contener sus aspiraciones y lo manda fuera del país, los numerosos clubes reyistas quedan a la intemperie. El vacío será cubierto en poco tiempo por su conocido adversario en la lucha política estatal, Francisco I. Madero.¹²

    Alentado por las palabras de Díaz a Creelman, a fines de 1908 Madero publica La sucesión presidencial de 1910, en el que desde un tono de crítica moderada a Díaz revisa la historia política del país, insiste en la necesidad de resolver democráticamente el problema de la sucesión para impedir un nuevo estallido revolucionario, y finalmente convoca a la formación del Partido Nacional Democrático (meses después Partido Antirreeleccionista) como el espacio en el que habrá de postularse un candidato independiente a la presidencia. Al inicio de 1909, Madero emprende una cruzada por la renovación democrática del régimen y convoca a la participación en una lucha electoral articulada en torno a la reivindicación antirreeleccionista en las elecciones presidenciales de 1910. El naciente maderismo está listo para abrevar en los dos esfuerzos organizativos que apenas lo anteceden, el magonista y el reyista, pues el pragmatismo reformista de Madero resulta en extremo atractivo para diversos grupos sociales que, habiendo recogido la bandera democrática del reyismo, se quedan sin candidato, y para aquellos que perciben en el PLM una peligrosa radicalización

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