El Holocausto y la cultura de masas
Por Álvaro Lozano
3/5
()
Información de este libro electrónico
El denominado "Holocausto de Hollywood", ejemplificado en la película La Lista de Schindler, supone la erosión progresiva del discurso generado por los historiadores profesionales desde hace décadas. Este interés de los medios por el Holocausto entraña dos peligros: la banalización exhibicionista del horror y la posible identificación con los verdugos.
Lee más de álvaro Lozano
Olvido y crueldad: Las mujeres del rey Don Pedro Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesIrene de Atenas Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa muerte de Constantino Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Relacionado con El Holocausto y la cultura de masas
Libros electrónicos relacionados
El nazismo y el tercer Reich: Intento de una revisión cultural y política de un tiempo trágico Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesBestias nazis: Los verdugos de las SS Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHannah Arendt: Una biografía intelectual Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesHitler, mi vecino Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Ejecutores, víctimas y testigos Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesReforma o revolución Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa Historia De América Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa bandera en la cumbre: Una historia política del montañismo Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesVida de un esclavo americano escrita por el mismo Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Soy Milena de Praga Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa clase obrera no va al paraíso: Crónica de una desaparición forzada Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesIdeas comprometidas: Los intelectuales y la política Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesUna juventud en tiempo de dictadura: El Servicio Universitario del Trabajo (SUT) 1950-1969 Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa revolución de 1918-1919: Alemania y el socialismo radical Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesUna autobiografía Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Malcolm X: La biografía Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa vida y el destino de Vasili Grossman Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Yo, comandante de Auschwitz Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Un superviviente Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Gueto: La invención de un lugar, la historia de una idea Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesBarco de esclavos: La trata a través del Atlántico Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La cultura del odio: Un periplo por la dark web de la supremacía blanca Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesZov: El soldado que ha dicho no a la guerra de Ucrania Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl Holocausto: La solución final a la cuestión judía Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La guerra: un crimen contra la humanidad Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El nazi perfecto: El descubrimiento del secreto de mi abuelo y del modo en que Hitler sedujo a una generación Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Historia de la OTAN: De la guerra fría al intervencionismo humanitario Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEn los márgenes: Rhodakanaty en México Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesTiene la sonrisa de su madre Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Guerras y ejércitos militares para usted
Las cruzadas: La guerra santa cristiana Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La Contrarrevolución cristera. Dos cosmovisiones en pugna Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesInteligencia militar: Conocer al enemigo, de Napoleón a Al Qaeda Calificación: 4 de 5 estrellas4/5La Segunda Guerra Mundial Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesSegunda Guerra Mundial: Una guía fascinante de principio a fin Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesCuristorias de la Segunda Guerra Mundial Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Puro sufrimiento: La vida cotidiana de los soldados en la Segunda Guerra Mundial Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa máscara del mando: Un estudio sobre el liderazgo Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Hermanos de sangre: Las historias detrás de la muerte de Carlos Castaño Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Estrategia: El estudio clásico sobre la estrategia militar Calificación: 4 de 5 estrellas4/5El mito de la revolución masónica: La verdad sobre los masones y la Revolución Francesa, los iluminados y el nacimiento de la masonería moderna. Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa guerra cristera: Aspectos del conflicto religioso de 1926 a 1929 Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Francotirador (American Sniper): La autobiografía del francotirador más l Calificación: 5 de 5 estrellas5/5El Manifiesto comunista Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Lepanto: Cuando España salvó a Europa Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesEl águila y los cuervos: La caída del Imperio romano Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Operación siglo XX: El atentado a Pinochet Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Los Juicios de Núremberg: La noción de crimen contra la humanidad Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesLa tormenta de la guerra: Nueva historia de la Segunda Guerra Mundial Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Holocausto Nazi: Explora los Crímenes contra la Humanidad de una de las Facciones más Crueles de la Historia Moderna Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Vencer o morir: Una historia militar de la conquista de México Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Breve historia de la Primera Guerra Mundial Calificación: 3 de 5 estrellas3/5El Porfiriato y la revolución en la historia de México: Una conversación Calificación: 4 de 5 estrellas4/5Felipe Ángeles, el estratega Calificación: 5 de 5 estrellas5/5La Primera Guerra Mundial: Los horrores de la primera guerra total Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificacionesFuerzas Especiales: Historias de Heroísmo Alrededor del Mundo Calificación: 3 de 5 estrellas3/5Pancho Villa / 2 Tomos Calificación: 5 de 5 estrellas5/5Mi Lucha: "Mein Kampf": (Dos volumenes en Uno) Calificación: 4 de 5 estrellas4/5HISTORIA DE ROMA - T. Mommsen Calificación: 0 de 5 estrellas0 calificaciones
Categorías relacionadas
Comentarios para El Holocausto y la cultura de masas
1 clasificación0 comentarios
Vista previa del libro
El Holocausto y la cultura de masas - Álvaro Lozano
I
Introducción
el 16 de abril de 1945, amaneció con un cielo azul y despejado sobre la localidad alemana de Weimar. El frío invernal había remitido y el deshielo había dado paso a una incipiente primavera. Aquel día, un grupo de ciudadanos de la ciudad marchaba hacia el monte Ettersberg, que se encuentra a poca distancia de la histórica localidad. Si bien el sendero era escarpado, los ciudadanos caminaban con energía motivados por el buen tiempo que parecía señalar el fin de las penurias que habían sufrido. Aunque desconocían hacia dónde se dirigían, durante el trayecto la gente no paraba de hablar y es que en aquellos días no faltaban temas de conversación en Weimar. Las fuerzas norteamericanas habían ocupado la ciudad, y pronto el nazismo y la devastadora guerra a la que había arrastrado a Alemania, pasarían a la historia. «Parecía una excursión de primavera» manifestaría uno de los participantes.
Un día antes, el general norteamericano, George Patton, había citado al alcalde de Weimar. Le ordenó que un grupo representativo de ciudadanos de la localidad se presentase en el sendero que llevaba a lo alto de la colina. «Quiero que sean al menos mil», exigió Patton, «la mitad hombres y la mitad mujeres, un tercio tienen que ser trabajadores, otro debe pertenecer a los sectores más pudientes de la sociedad y encuentre al mayor número posible de miembros del Partido Nazi.»
Los habitantes de Weimar congregados aquella mañana no estaban preparados para lo que les esperaba. Aquella marcha, que se había iniciado de forma tan optimista, les condujo al tristemente célebre campo de concentración de Buchenwald, construido en 1937 sobre la ladera norte del
Ettersberg. Antes de la llegada de los nazis al poder, Weimar había sido conocida por albergar la casa de Goethe y por ser el lugar de nacimiento de la democracia constitucional alemana en 1919: la malograda República de Weimar. Sin embargo, durante el régimen nazi, el nombre de «Weimar» estuvo asociado con el siniestro campo de concentración de Buchenwald.
Cuando los ciudadanos de Weimar llegaron al campo de concentración, fueron recibidos con un silencio sepulcral por un grupo de soldados norteamericanos que los guiaron a través del recinto. Mientras ingresaban en el campo pudieron leer la frase escrita en la entrada: «A cada uno lo suyo». Sin mediar palabra, los soldados dividieron a los ciudadanos en columnas y les acompañaron al interior del recinto.
Fue entonces cuando los habitantes de Weimar supieron por qué les habían llevado de excursión aquel día. A través de las puertas abiertas de algunos hornos crematorios, se podían ver restos de cadáveres parcialmente calcinados. Vieron la celda en la que muchos prisioneros, con la excusa de ser examinados por médicos, habían sido ejecutados con un disparo a través de una grieta en la pared. Presenciaron las cámaras en las que los prisioneros habían sido colgados de ganchos de carnicero. Una vez fuera, se dieron de bruces con una pila gigantesca de cadáveres, cuerpos pálidos entrelazados de forma grotesca, reducidos por el hambre a tan sólo piel y huesos, apenas reconocibles como seres humanos. Pudieron ver también a los pocos supervivientes en las barracas, hombres escuálidos y hacinados en literas de madera.
Una de las mujeres que visitó el campo aquel día, Gisela Hemman, no pudo olvidar el momento en que ingresó en la primera barraca: «No pronunciaban ni una sola palabra, pero sus ojos nos seguían atentamente mientras caminábamos. Esos ojos tan grandes, tan llenos de reproche y de inmenso sufrimiento.» Una vez finalizada aquella visita que les había mostrado el peor rostro del régimen nazi, los cabizbajos ciudadanos de Weimar regresaron a la ciudad. «Nadie abrió la boca en el camino de vuelta a casa», señaló Hemman.
Las fotografías que tomaron esos días las tropas aliadas supusieron un trauma devastador para los ciudadanos de todo el mundo. Reproducidas en innumerables ocasiones, se han convertido en sinónimo del horror de la tiranía nazi: enormes montañas de cadáveres, excavadoras empujando los consumidos cuerpos a fosas comunes, supervivientes sin esperanza que se mostraban apáticos frente a las cámaras. Los días que siguieron al final de la guerra, supusieron para la población alemana hacer frente al horror y marcaron el inicio de un periodo terrible y complejo en el que tuvieron que enfrentarse al pasado. Las imágenes de los campos liberados al final de la guerra se han convertido hoy en la imagen simbólica del Holocausto. Y, sin embargo, tan sólo representan una visión incompleta, el devastador final de un proceso que había comenzado años atrás.
Al igual que para los primeros ciudadanos de Weimar que descubrieron el horror de Buchenwald, aproximarse al pavoroso fenómeno del Holocausto e intentar explicarlo, sigue siendo una prueba desconcertante y casi insuperable para el historiador que intenta proporcionar explicaciones racionales a los procesos históricos. Descifrar los motivos por los que un Estado moderno y una sociedad de elevado nivel cultural como la alemana llevaron a cabo el asesinato sistemático de todo un pueblo por la única razón de ser judíos, resulta un desafío casi inaccesible para la comprensión histórica debido a la magnitud de su irracionalidad. Por otra parte, el historiador debe moverse con gran prudencia en el estudio del Holocausto, fenómeno terrible en el que aparece el recurso fácil de extender la culpa.
Un acontecimiento como el Holocausto desconcierta a todos aquellos que se aproximan a él. Además, existen numerosos trabajos interpretativos y posturas contradictorias que desorientan a los que se acercan su estudio. Por un lado, algunos historiadores consideran que el horror de ese asesinato masivo no puede y no debe ser nunca asumido. Afirman que los esfuerzos para comprenderlo, aunque sean bien intencionados, pierden de forma inevitable el contacto con el sufrimiento indescriptible de las víctimas y, como consecuencia, tienden a convertirlo en algo abstracto, académico y distante. En ese sentido, las víctimas del Holocausto se han mostrado siempre contrarias a la tendencia a teorizar de aquellos que no sufrieron sus consecuencias. En una de las primeras imágenes del célebre documental Shoah de Claude Lanzmann, un superviviente del campo de exterminio de Chelmno (Polonia) afirmaba: «Esto no puede contarse. Nadie puede representar lo que ocurrió aquí. Es imposible. Nadie puede comprenderlo».
Algunos historiadores consideran que los esfuerzos por aprender las lecciones del Holocausto son equivocados, inútiles, pues no surge la redención del estudio de la tragedia. Otros afirman incluso que los intentos por comprender a los perpetradores, a los nazis y a sus aliados, se convierten en un ejercicio obsceno, que abre las puertas a la simpatía para con los asesinos. Consideran, también, que el antisemitismo en la historia debe permanecer incomprensible, pues con los esfuerzos por entender a los antisemitas, se corre el riesgo de proporcionarles excusas. Los que defienden esta teoría creen que el misterio debe continuar, que el análisis histórico no debe debilitar nunca la repulsa moral.
En el otro lado del espectro, se encuentran aquellos que piensan que el Holocausto fue perpetrado por seres humanos y puede, por tanto, ser comprendido por otros seres humanos. Consideran que no hay nada «único» en el Holocausto, que no fue un fenómeno sin precedentes que impida ser comprendido. Defienden que su estudio debe ser obligatorio para evitar que se reproduzca en el futuro. Esta tesis resulta muy cuestionable teniendo en cuenta que todas las imágenes del Holocausto y todas sus lecciones no han sido capaces de evitar tragedias como la perpretrada por los
