¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no?: Breve manual de las ideas de izquierda para pensar el futuro
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Capitalism
Technology
Society
Posthumanism
Transhumanism
Dystopian Future
Dystopian Society
Social Commentary
Technological Singularity
Ecological Disaster
Rags to Riches
Power Struggle
Mad Scientist
Time Loop
Rebellion
Abundance
Social Inequality
Información de este libro electrónico
Con erudición, Alejandro Galliano construye un formidable panorama de las corrientes y autores que definen lo más rico de la discusión actual. Así, expone seis ideas de sociedad futura y se pregunta cómo podrían funcionar en países periféricos como la Argentina. Están las "salidas hacia atrás": el decrecionismo, la economía social y, en el extremo, el animalismo reconocen que los recursos se agotaron, el daño ambiental es irreversible y hay que crecer menos para vivir mejor. Pero ¿cuán viable para el conjunto de la sociedad es el proyecto de volver a la naturaleza, a una vida centrada en procurarse comida y abrigo? ¿Cuánto hay allí de mistificación de la pobreza? Además, están "las salidas hacia adelante": la propuesta de una renta básica universal, el aceleracionismo y el transhumanismo suponen que, si se emplean al máximo las tecnologías, alcanzaremos un mundo de abundancia y ocio civilizatorio. Pero ¿hasta qué punto estos modelos, ligados al grado de acumulación de sociedades prósperas, pueden aplicarse en países subdesarrollados?
Sin forzar una síntesis imposible, con perspectiva histórica y mirada crítica, Alejandro Galliano revisa la potencia política y los límites de estas ideas, sus zonas más convincentes y sus puntos ciegos, y así nos invita a pensar una estrategia ante el capitalismo a partir de lo que ya somos –es decir, de nuestras subjetividades precarizadas, deshilachadas y deseantes– y no de lo que querríamos volver a ser.
Alejandro Galliano
Alejandro Galliano nació en Tigre en 1978. Es egresado de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y docente en esa casa de estudios. Coeditor de las revistas digitales de política y cultura Panamá y Supernova, colabora habitualmente en elDiarioAR y en las revistas Crisis y Nueva Sociedad, escribiendo sobre ideas políticas y concepciones sobre el futuro. Participó en el Léxico crítico del futuro (Unsam Edita, 2024). Es autor de Los dueños del futuro. Vida y obra, secretos y mentiras de los empresarios del siglo XXI (Planeta, 2017, junto con Hernán Vanoli) y de La máquina ingobernable. Historia de cuatro capitalismos (El Gato y La Caja, 2024).
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¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no? - Alejandro Galliano
Índice
Cubierta
Índice
Portada
Copyright
Prefacio a la nueva edición
Introducción
Parte I. El capitalismo 4.0
1. Historia de cuatro capitalismos
Lecciones de la Revolución Industrial
Go West: los orígenes del capitalismo 4.0
2. Patología del capitalismo 4.0
El malestar del trabajo
El fin de la igualdad
El estancamiento del mundo
Cinco versiones del capitalismo 4.0
3. ¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no?
Vida y muerte de Utopía
El agotamiento del futuro
Del capitalismo utópico a las utopías capitalistas
Por un realismo utópico
Parte II. En el reino de la escasez
4. Economía social
Gente que sobra
Social, solidaria y popular: todos los caminos conducen a Porto Alegre
Territorio, solidaridad, población
Solo se trata de vivir
Las raíces católicas de la economía social
Dos salidas al trascendentalismo social
5. Decrecionismo
1972, el comienzo del fin
I don’t wanna grow up: tres motivos para no crecer
El decrecimiento ya llegó: la teoría del estancamiento secular
Instrucciones para después del fin del mundo
Futuro primitivo: los ideales reaccionarios del decrecionismo
Apéndice I. Animalismo
Ética para veganos
¿Cómo podemos vivir juntos?
De hombres a bestias
Parte III. En el mundo de la abundancia
6. Economía postescasez
De Keynes a Star Trek
Así en el cosmos como en la web
Del costo marginal cero al poscapitalismo
Ingreso básico y ocio civilizatorio
7. Aceleracionismo
Más allá del marxismo: deseo y aceleración
La CCRU, historia de una pasión inútil
El aceleracionismo de izquierda
La izquierda contra la aceleración
¿Para qué nos sirve el aceleracionismo?
Comunismo cibernético
El devenir neoliberal
Apéndice II. Transhumanismo
Del humanismo al transhumanismo
No quieren morir jamás
Del transhumanismo al posthumanismo: la Singularidad
Políticas del transhumanismo
Dejar de ser para seguir siendo
Parte IV. Capitalipsis
Apocalipsis todos los días
Los fines del mundo
Parásitos del capital desbocado
Bibliografía
Alejandro Galliano
¿POR QUÉ EL CAPITALISMO PUEDE SOÑAR Y NOSOTROS NO?
Breve manual de las ideas de izquierda para pensar el futuro
Galliano, Alejandro
¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no? / Alejandro Galliano.- 2ª ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2024.
Libro digital, EPUB.- (Singular)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-801-007-6
1. Pensamiento Político. 2. Pensamiento Económico. 3. Ensayo Sociológico. I. Título.
CDD 320.5
© 2020, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.
Diseño de cubierta: Emmanuel Prado /
Digitalización: Departamento de Producción Editorial de Siglo XXI Editores Argentina
Primera edición en formato digital: abril de 2020
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
ISBN edición digital (ePub): 978-987-801-007-6
Prefacio a la nueva edición
El martes 16 de abril de 2019 le propuse a la editorial Siglo XXI un libro sobre ideas de izquierda acerca del futuro, o mejor dicho, acerca de posibles futuros. Me motivaba cierta sensación de vacío de ideas en la escena local durante un momento de transición histórica. El giro progresista
sudamericano estaba llegando a su fin, los populismos de izquierda que habían gobernado los países de la región estaban dejando el poder bien o mal. También estaba agotándose el ciclo de bonanza económica (esencialmente, buenos precios internacionales de productos primarios) que había acompañado y hecho posible gran parte de la gestión de esos gobiernos progresistas o, precisamente, populistas. Sin embargo, no había señales claras de cuál sería el nuevo rumbo. El triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos parecía irradiar una ola mundial de nuevas derechas, pero estas resultaban demasiado conflictivas como para imaginar un régimen político estable de esas características. En Venezuela y Nicaragua, los gobiernos de izquierda involucionaban hacia dictaduras similares a la de Cuba. En Chile y Hong Kong, dos plazas fuertes de la modernización neoliberal, un ciclo de protestas sin liderazgos ni signo político claro ponía en entredicho aspectos basales de su organización política. Incluso en la Argentina, el gobierno de Cambiemos, que había alimentado esperanzas en amplios sectores liberales, conservadores y antiperonistas de la sociedad, languidecía bajo la crisis económica y ante la reunificación de un peronismo que muy pronto demostraría no ser la alternativa a nada.
El único vector claro del período se expresaba en la aceleración, la expansión y la consolidación del paradigma que, para sintetizar, llamé capitalismo 4.0
. Ese vector tecnológico y económico, aunque mucho más evidente que los procesos políticos y sociales que lo acompañaban, tampoco aportaba certezas, dado que el efecto de la aceleración en el resto de la sociedad era imprevisible, y despertaba especulaciones e imaginaciones de todo tipo. A grandes rasgos, predominaban un optimismo prometeico de parte de los grandes empresarios del capitalismo 4.0 (y sus referentes intelectuales y voceros mediáticos) y una actitud desconfiada, defensiva y conservadora de gran parte de la izquierda. Parecía que, ya en el siglo XXI, la izquierda (en un sentido amplio) solo podía responder con fantasmas del siglo XX: la clase obrera industrial, el Estado de bienestar, la organización masiva y la movilización callejera, etc. Eso era particularmente pernicioso en Sudamérica, donde en gran medida el nuevo siglo había sido gobernado por movimientos progresistas y populistas que habían lidiado de hecho con las nuevas realidades pero, en su fin de ciclo, también parecían refugiarse en el recuerdo opiómano de los mejores días.
El libro se propuso en tres partes. En la primera, definía sintéticamente los rasgos del capitalismo actual, y en la segunda y la tercera, presentaba las diferentes familias de ideas que toman como punto de partida, o buscan atacar, esos mismos rasgos. No reclamaba más originalidad que la de sistematizar y traducir a las condiciones locales un conjunto de ideas ya existentes, pero dispersas, en ámbitos y países diferentes. Cultivaba la vieja tradición nacional de traducir lo internacional, por lo menos la vigente desde la revista Martín Fierro en los años veinte hasta Soda Stereo en los años ochenta y noventa. Ya terminaba la redacción cuando advertí que faltaba un futuro posible: el fin del mundo, la anulación del futuro. Así, apuré una cuarta parte que encaraba ese tema con más creatividad que rigor. Hoy en día, es la parte del libro que más me gusta. Entregué el texto en noviembre y revisé las galeras ese verano.
El libro salió el 1º de abril de 2020, en coincidencia con el Día de los Tontos
de los países anglosajones. Una semana antes, el gobierno argentino había decretado el aislamiento sanitario obligatorio. El efecto de la pandemia en el libro fue variado. Debido a los problemas de distribución, la editorial tuvo que incursionar en los formatos digitales. El formato de videoconferencias me dio cierta ubicuidad para difundirlo: una mañana hablaba con una radio costarricense, a la tarde lo presentaba en una universidad mexicana, después me entrevistaba la asesora de un diputado chileno y al día siguiente conversaba con un grupo de militantes mendocinos. Todo eso, sentado yo en el mismo sofá en el que estoy escribiendo ahora, y entonces respondiendo en cada ocasión más o menos a las mismas preguntas con las mismas respuestas.
* * *
Sigo sondeando efectos de la pandemia: el principal fue acelerar (todavía más) ese mismo futuro del que el libro quería hablar. En primer lugar, gran parte de los procesos que presentaba como tendencias tecnológicas y económicas aún por verse se volvieron omnipresentes y casi asfixiantes en la vida de cada individuo. La intermediación digital en la producción, el consumo y el intercambio; la aparición de nuevas formas no asalariadas de trabajo y la precarización de buena parte de las formas existentes, con el consiguiente malestar; el estancamiento global de la economía y el crecimiento de formas de economía informal que conviven y se integran con esa aceleración de las nuevas tecnologías; una nueva conciencia de la relación con nuestro entorno no humano, nuestro control siempre incompleto de ese entorno y la (cada vez más palpable) finitud de los recursos naturales; y, coronando ese año pandémico de disputas farmacoquímicas y vacunación experimental a escala global, el Nobel de Química a Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier por descubrir las técnicas de edición genéticas CRISPR/Cas9 le daban relevancia al siempre presente tema del mejoramiento tecnológico del cuerpo. En cuestión de un año, todo lo que el libro quería presentar como futuro se había transformado en presente, de modo que ganó mucha actualidad y a la vez puso en duda su principal pregunta: si el futuro ahora era presente, ¿cuál era entonces el futuro?
Un segundo efecto de la experiencia de 2020 sobre los temas que se tratan en estas páginas fue el violento desplazamiento del eje de la discusión global (algo que la pandemia y sus efectos no causaron, pero que evidentemente catalizaron y, una vez más, aceleraron). La fuerte intervención estatal sobre la vida de las personas y, más aún, el imperativo moral relativamente colectivista con que se justificó esa intrusión, difundió en gran parte de la población occidental una reacción que va desde la esperable desconfianza y rechazo de la intromisión pública en la vida privada hasta teorías conspirativas y movimientos antisistema de todo tipo. Bueno, no de todo tipo: predomina la percepción de que los movimientos y reivindicaciones progresistas (en temas de género, raza, justicia social, ambientalismo, corrección política) son parte nodal de un sistema opresivo que hay que derribar. Este nuevo humor colectivo se viabilizó y radicalizó con la digitalidad, que fue tanto o más intrusiva que los Estados en la vida de las personas, pero en vez de generar una reacción fue incorporada no solo como parte de la normalidad sino como vector privilegiado para corregirla: foros en lugar de organizaciones sociales, redes en lugar de medios de comunicación, criptomonedas en lugar de bancos, videojuegos en lugar de clubes deportivos y sociales. Esa sumatoria de rechazo a lo público y digitalidad dio pie a un nuevo clima político. Si en 2019 la izquierda parecía quedar atrás de los proyectos e imaginaciones del capitalismo 4.0, ahora está adentro como rival principal y supuesto obstáculo.
* * *
¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no? –el libro y también la pregunta– llega a su quinto año de vida como un viajero del tiempo, si no como un extraterrestre. Todo cambió. La economía y la tecnología siguieron el rumbo más o menos esperado; la política y la sociedad fueron definitivamente para otro lado. Pero esto no es una bifurcación ni una incoherencia. Es el capitalismo, reafirmando su legitimidad mediante corrientes de opinión sumamente conflictivas, agresivas y potencialmente autoritarias. Se trata de un sistema que abarca cada vez mayor parte de nuestras vidas, pero al que al mismo tiempo le resulta cada vez más difícil incluirnos a todos, no digamos ya en su prosperidad, sino en un mismo proyecto, incluso en una misma pertenencia social. Tacha de enemigo ya no al que lo impugna discursivamente –que es lo esperable–, sino también a quienes no saben o no logran adaptarse a sus transformaciones tan aceleradas, aunque intenten hacerlo. En esa agresividad, paradójicamente reconstruye a la identidad de izquierda como el fantasma de un comunismo farsesco, que funciona como cajón de sastre de todo lo que hay que impugnar: desde el fracaso de las economías de planificación centralizada en el siglo XX, hasta los estudios multiculturales o los reclamos de aquellos que no llegaron a adaptarse. La mayor derrota de la izquierda es que su resurrección corrió por cuenta de la derecha.
La relación del capitalismo con la democracia liberal y el Estado de derecho traza una trayectoria tortuosa y conflictiva que ha sido muy estudiada. Hacia el final del siglo XX, en una porción nada desdeñable del mundo, los liberalismos económico y político parecieron por fin encontrarse sobre un optimismo basado en la falta de alternativas. No pasó de un error pasajero: el capitalismo es un sistema dinámico e inestable que a lo largo de la historia puso en juego a todas las instituciones que pretendieron ordenarlo, desde las diferentes formas de gobierno hasta instituciones aparentemente basales como el mercado
, siempre refutado por la tendencia concentradora del capital. El capitalismo 4.0, más consolidado y evidente que hace cinco años, está demoliendo pacientemente todas esas instituciones neoliberales
que se propusieron gobernarlo en su momento de máxima expansión planetaria. Mientras tanto, las sociedades ensayan nuevas maneras de regirlo, nuevas identidades políticas, nuevos sujetos sociales, nuevas formas de vida. Esto no es una crisis, es una transición. Al final no nos espera el mismo sistema mejorado o empeorado por el colapso, sino otra cosa.
En la incertidumbre de toda transición, se abre el horizonte de expectativas. Cualquier temor se vuelve posible, cualquier esperanza sirve de estímulo o consuelo. Una tendencia bastante evidente es la reivindicación del capitalismo, ya no económica o política, sino cultural e identitaria. Un capitalismo
tribal y estetizado, al que sus apologetas ya ni siquiera le piden beneficios personales o eficacia, como pasa con ciertos cultos, como pasó con el comunismo. Otra tendencia es la búsqueda de alternativas en modelos pasados, un recurso habitual que ahora parece ofrecerse como refugio para no pocos de los populismos progresistas derrotados. Así, la fe religiosa, la familia patriarcal y la sociedad industrial se mezclan, idealizados, en una propuesta restauradora tan atractiva e irrealizable como cualquier restauración. Nada vuelve igual del cementerio de animales. En ese contexto de apertura de expectativas, las ideas de futuro presentadas a lo largo de estas páginas siguen teniendo algo que decir. Especies exóticas como el decrecionismo, el aceleracionismo, el animalismo o el transhumanismo, y otras más, hoy se integran en el bosque caótico de la incertidumbre. Como si el aplastamiento y derrota de las izquierdas posibles les dejara el lugar a las izquierdas imposibles.
Este libro vuelve como extraterrestre cuando todo el mundo nos parece un planeta desconocido.
Introducción
Hasta septiembre de 2020, en el barrio porteño de Retiro podían verse dos grandes torres con el logo de WeWork en la cima. Son las torres Bellini, en Esmeralda y Paraguay. Por las ventanas se veían amplios espacios abiertos y paredes cubiertas con madera, plantas y frases inspiradoras como Hacé lo que amás
. Adentro varias personas trabajaban: algunos eran freelancers con sus notebooks, que compartían un espacio ameno; en otros casos se trataba de oficinas enteras mudadas allí por decisión de sus empresas. Entonces WeWork era una compañía de coworking que tenía 230 oficinas repartidas en 71 ciudades de 20 países. La torre Bellini era, según decían, el segundo edificio de coworking más grande del planeta. Había otra filial en Libertador a la altura de Vicente López.
* * *
El coworking es el trabajo en un espacio compartido, la disolución de la empresa en nuestras vidas. Las oficinas como espacio de trabajo nacieron a fines del siglo XIX, poco después de las fábricas, y adoptaron su lógica: ordenar a los trabajadores de forma monótona y eficiente para producir de manera estandarizada. En los años noventa, cuando la economía postindustrial brillaba como un diamante loco sobre la burbuja de las puntocom, aparecieron esas oficinas sin paredes, con pufs y mesas de ping-pong, a las que nos tienen acostumbrados las empresas tecnológicas y los creativos publicitarios. Simultáneamente, los cafés se llenaron de freelancers sin oficina que iban a trabajar a sus mesas. El coworking surgió de la unión de estos freelancers y aquellas oficinas. Pero aún había que transformarlo en un gran negocio.
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