Explora más de 1,5 millones de audiolibros y libros electrónicos gratis durante días

Al terminar tu prueba, sigue disfrutando por $11.99 al mes. Cancela cuando quieras.

Las Puertas De Sésamo
Las Puertas De Sésamo
Las Puertas De Sésamo
Libro electrónico256 páginas3 horas

Las Puertas De Sésamo

Calificación: 0 de 5 estrellas

()

Leer vista previa

Información de este libro electrónico

Al Bab tena razones poderosas para deshacerse del medalln. Primero. No era un medalln comn. Segundo. Era una especie de llave codificada que abra puertas. Tercero. Detrs de las puertas haba horrores de pesadilla, un horror que cambiaba a los hombres, los volva monstruos, asesinos, depravados, socipatas En las etapas primarias de su depravacin an tuvo cordura para deshacerse de la llave, en su mente confundida tuvo atisbos de que aquello no deba estar en posicin de ningn hombre. Pero la falta de sabidura, la falta de lealtad de un amigo, estuvieron a punto de sumergir a la humanidad en un caos de destruccin y dolor.
IdiomaEspañol
EditorialPalibrio
Fecha de lanzamiento2 may 2013
ISBN9781463350611
Las Puertas De Sésamo

Autores relacionados

Relacionado con Las Puertas De Sésamo

Libros electrónicos relacionados

Ficción de terror para usted

Ver más

Categorías relacionadas

Calificación: 0 de 5 estrellas
0 calificaciones

0 clasificaciones0 comentarios

¿Qué te pareció?

Toca para calificar

Los comentarios deben tener al menos 10 palabras

    Vista previa del libro

    Las Puertas De Sésamo - Pablo D. Tec

    LAS PUERTAS

    DE SÉSAMO

    Pablo D. Tec

    Copyright © 2013 por Pablo D. Tec.

    Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida de cualquier forma o por cualquier medio, electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación, o por cualquier sistema de almacenamiento y recuperación, sin permiso escrito del propietario del copyright.

    Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación del autor o son usados de manera ficticia, y cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, acontecimientos, o lugares es pura coincidencia.

    Este libro fue impreso en los Estados Unidos de América.

    Fecha de revisión: 23/04/2013

    Para realizar pedidos de este libro, contacte con:

    Palibrio

    1663 Liberty Drive, Suite 200

    Bloomington, IN 47403

    Gratis desde EE. UU. al 877.407.5847

    Gratis desde México al 01.800.288.2243

    Gratis desde España al 900.866.949

    Desde otro país al +1.812.671.9757

    Fax: 01.812.355.1576

    ventas@palibrio.com

    435581

    ÍNDICE

    Introduccion

    Actualidad

    Capítulo 1

    Capítulo 2

    Capítulo 3

    Capítulo 4

    Capítulo 5

    Capítulo 6

    Capítulo 7

    Capítulo 8

    Capítulo 9

    Capítulo 10

    Capítulo 11

    Capítulo 12

    Capítulo 13

    Capítulo 14

    Capítulo 15

    Capítulo 16

    Capítulo 17

    Capítulo 18

    Capítulo 19

    Conclusion

    Para Addy May Monforte

    Pues sin ella esta novela

    Jamás se hubiera escrito

    INTRODUCCION

    El anciano estaba solo. Atrás había quedado su séquito real por voluntad propia. Todavía le faltaba dos dunas para llegar al islote rocoso colocado entre el mar de arena, así que cabalgó otros minutos. Su decisión, la que había tomado muchos años antes le daban fuerzas a su decrépito y casi moribundo cuerpo.

    Cuando llegó al lugar descendió lentamente hasta llegar a la roca elegida, la que ya conocía cuando era un muchacho ¡Abrete Sésamo! Dijo una sola vez.

    La roca apenas crujió, se separó dejando entrever su oscuro interior. El anciano sonrió, alzó sus manos al cielo y elevó una última plegaria a su Dios antes de penetrar. Por un tiempo compartió el secreto del tesoro junto con su familia, dispusieron de la gran riqueza a su antojo hasta volverse inmensamente ricos; pero los que sabían la palabra mágica y la ubicación de la gran roca habían muerto de la manera más atroz concebible. Su propio hermano, sorprendido por los ladrones en la misma cueva fue destripado y él mismo hubiera seguido el mismo camino si no se les hubiera adelantado.

    Había algo malsano en la cueva que afectaba a todo aquel que lograba entrar. No era tan solo físico. Los convertía en dementes y más que dementes en almas corrompidas, en espíritus atrapados por insanas pasiones, sin piedad y carentes de amor. El mismo presentaba los estragos de una extraña enfermedad que le carcomía la carne y los huesos.

    Sus últimos pensamientos fueron sin embargo para la llave en forma de un medallón de bordes irregulares que tenía en la mano, este extraño objeto lo había encontrado en la misma cueva donde los ladrones guardaban el botín de sus robos. Durante un tiempo ignoró su propósito. Sabía, eso sí, que abría una puerta en las entrañas de Sésamo. Lo que había detrás de esa puerta lo descubrió más tarde y el descubriendo le hizo tomar la drástica decisión. Estaba seguro de que los que sabían las palabras habían muerto. Excepto él mismo, pero la existencia de Sésamo se hundiría pronto en el olvido total una vez que entrase y pronunciara por última vez aquel desdichado conjuro.

    Había dejado instrucciones precisas a uno de los administradores más fieles de su riqueza, Ben Gazzar. Respeto al destino final del medallón maldito. Tendría que ir hasta las riveras del mar muerto, alquilar una embarcación y llegar hasta lo más profundo del mar. Allí arrojaría el objeto y se aseguraría que se hundiera hasta las más oscuras profundidades. Lo que quedaba de las ciudades del pecado sería la tumba adecuada a aquel medallón.

    Unos momentos después, con una palmaditas en sus flancos se despidió del noble animal.

    Alí Babá, con pasos cansinos penetró en la oquedad de la piedra, luego, desde las sombras del gran agujero se escuchó decir.

    —Ciérrate Sésamo.

    Y Obedeciendo a aquella voz, la piedra, con otro crujido leve comenzó a cerrarse. El silencio volvió al desierto, ni siquiera se escuchó los golpes amortiguados por la arena del caballo al regresar.

    Pero Ben Gazzar, su criado favorito, por sus aptitudes sabias y su temor a Alá faltó a su palabra por primera y única vez.

    Encargó a un carpintero la elaboración de un cofrecillo con la madera más dura existente, y en ella encerró la llave haciéndola acompañar por un trozo de piel curtida en donde había escrito un enigmático poema.

    Luego guardó la caja en una repisa en medio de cientos de documentos.

    Tuvieron que pasar varias centurias para que en un acto irreflexivo en una mente reflexiva como la de Ben Gazzar comenzara a dar sus frutos amargos.

    ACTUALIDAD

    En un humilde y sencillo pueblecito levantado en el desierto, próximo a un también antiguo oasis. Un lejano descendiente de Ben Gazzar, el sirviente de Alí Babá, cazando ratones en un viejo cuarto de piedra, tropezó en un banquillo de madera y en un acto reflejo para evitar no caer, empujó una sección de la viejísima pared, no restaurada en cientos de años, cayó el antiquísimo muro y dejó entrever entre los escombros un baulcito de madera, cuya superficie aunque jamás tocada por manos humanas mostraba severo deterioro ya por el tiempo, por la humedad y por los insectos. Sin embargo aún conservaba los objetos que contenía. Un medallón de bronce y un pedazo de piel con un poema escrito.

    En ese preciso instante, un rico mercader, cuyo origen de su fortuna se ignoraba, se despertó sobresaltado en mitad de la noche. Pudo distinguir en la penumbra de su aposento sombras aún más negras que parecían moverse entre los cortinajes de seda. Había tenido una de sus pesadillas, una de las miles que había tenido desde su infancia. De sus orígenes nadie sabía nada. Se decía que había nacido de una anciana bruja y de un hombre que nadie había visto, otros decían que la anciana hechicera fue violada en los vastos desiertos por los demonios que deambulaban en noches sin luna. Y de ese infame acto nació en una terrible noche, llena de sonidos extraños, sin que nadie pudiera asistir a su madre en su solitario parto. Ben Soabid apenas la recordaba, ni siquiera había sentimientos de amor hacia ella. Ni hacia las personas que le rescataron y le cobijaron en su humilde hogar durante muchos año. Una noche sencillamente desapareció. Estuvo nómada toda su infancia como parte de las caravanas que atravesaban el desierto de Arabia. Así fue como descubrió la roca, un sombrío y descomunal trozo de piedra en mitad de las arenas candentes. De niño era como todos de su edad, aunque un poco retraído y solitario, no había maldad en él y sus padres adoptivos, nómadas también le narraban historias cautivante, como la de Alí Babá y los cuarentas ladrones, de hecho era su preferido y prefería escuchar la misma historia todas las noches a la luz parpadeante de una hoguera.

    Así fue como un día, vagando en las arenas del desierto, cerca del campamento se topó con unas formaciones rocosas y particularmente le llamó la atención la enorme roca oscura rodeada de más pequeñas.

    Abrete sésamo susurró como en un juego.

    Esperó y al no ocurrir nada volvió a repetir ahora con más volumen.

    ¡Abrete Sésamo!.

    Entonces la roca se abrió, como una boca en la cabeza de piedra de un gigante.

    Le llamó Sésamo. Y Sésamo fue su hogar desde ese día.

    Luego, con el tesoro de su interior mando construir un enorme muro que rodeara un gran perímetro en donde se encontraban las rocas. Después sobre las mismas rocas levantó un suntuoso palacio y finalmente, los jardines babilónicos. Empezó su construcción desde muy joven y al llegar a la edad adulta su proyecto estaba terminado. Pero Ben Soabid el niño, cambió. Se volvió malvado como un sociópata puro, poseedor de un alto coeficiente intelectual. Y alimentaba su mórbido trastorno con las criaturas de su propia fortaleza.

    La pesadilla en forma de sueño que le despertó, también le reveló secretos. Y una parte del futuro. Fue cuando en ella vio la amenaza: un millón de bocas y odiosos ojos que se lanzaban sobre él. Y los secretos eran puertas, puertas negras con aldabones de bronce en forma de rostros de demonios. Puertas dentro de Sésamo que conducían a la inmortalidad y al poder absoluto sobre todos los hombres del mundo. Y la llave se hacía presente, irrumpía en alguna parte no muy lejos de su palacio, en una aldea miserable como muchas de su país. Sólo sería cuestión de tiempo encontrarla.

    C APÍTULO 1

    La joven tenía los codos apoyados en la baranda del barco y miraba ensimismada como el sol se hundía lentamente en la línea azul del horizonte. Estaba consciente que dejaba atrás una vida tormentosa, ponía entre ella y su pasado millas de mar y un continente entero. Una vida de bellos recuerdos pero también de reminiscencias amargas. Atrás dejaba al hombre que amó, ese recuerdo le producía una especie de malestar en el estómago, le oprimía el pecho como una plancha de plomo, y la obligaba a ahogar un sollozo involuntario.

    No sabía si le amaba aún o si el dolor que le producía el recordarlo era producto del despecho.

    No podía rechazar el hecho que le extrañaba todavía. O al menos eso creía. Había llegado a identificarse con él y con su modo de amar, que comenzaba a sentir los mismos placeres casi enfermizos que el experimentaba, lo soportaba todo por él, había comenzaba a denigrase por él. No era la vida que esperaba, que esperan todas las muchachas ingenuas que van a los altares rebosantes de sueños al lado del hombre que las conquistó. Su vida se convirtió en un infierno antes de que pudiera darse cuenta. Luego de la euforia del primer momento se dio cuenta de la clase de hombre con que se había unido. De la delicadeza del noviazgo pasó a la posesión brutal de la bestia. Sus gemidos, no de placer sino de dolor fueron apagados con los jadeos del animal que tenía encima.

    El coraje, reprimido pero existente aún como parte de su confundida personalidad le hizo apretar involuntariamente los cromados tubos de los pasamanos de la nave.

    Sintió las lágrimas fluir de sus ojos, las sintió quemando sus mejillas y ese signo de debilidad abrió una grieta en su personalidad reprimida y apagada, como cuando se abren las nubes en un día de tormenta permitiendo la entrada de un rayo de sol. Una explosión de silencioso coraje afloró de su corazón y por unos minutos Karen volvía a ser la Karen genuina.

    Limpió las lágrimas con el dorso de una de sus manos entumidas mientras los recuerdos malignos la abandonaban, alzando el vuelo como siniestras aves crepusculares.

    Luego, un viento frío y repentino, como preámbulo de la eminente llegada de la noche la hizo estremecer obligándola a cruzar los brazos sobre su pecho y a fruncir el ceño, provocando que se le formara una pequeña y graciosa hendidura entre las cejas.

    Casi no se dio cuenta del hombre que subía lentamente la escalinata apoyándose en los pasamanos. Era un anciano, alto y delgado y un tanto encorvado, que se cubría la cabeza con un sombrero panamá blanco. Sus ojos eran de azul intenso, colocados bajo espesas cejas ya blanqueadas por los años; una barba crecida ya y encanecida le daba la apariencia de un patriarca o un reconocido investigador en algún viaje de reconocimiento en algún remoto punto del planeta.

    No se estaba lejos de la verdad, el hombre era un lord ingles, un aristócrata singular, no le agradaba la vida cómoda de la clase alta británica. En lugar de conformarse de vivir de sus rentas, de viajes sin sentido, de fiestas aburridas con gentes también aburridas, escogió desde joven los estudios. Alcanzó un doctorado en antropología, diplomados en otras ciencias afines como geografía y biología. Empezó a recorrer el mundo, estudiando civilizaciones actuales y antiguas, en Yucatán conoció a los mayas y estudió a sus ancestros, se informó sobre la cultura Olmeca y la azteca. En Perú se documentó sobre los Incas. Actualmente había iniciado estudios sobre el medio oriente en las ciudades de Sodoma y Gomorra célebres por sus grandes pecados.

    Y ese era el hombre ya anciano que se le acercó.

    —¿Disfrutas el viaje, querida niña?

    —Si profesor, gracias por todo lo que ha hecho por mí.

    No deberías darme las gracias, te lo has ganado Karen, he escogido a la alumna más aventajada de mi Fundación, este y muchos otros viajes que harás se han debido a tu excelente desempeño como investigadora.

    La joven rodeó con sus tibios brazos los hombros del profesor. Expresando de esa manera su agradecimiento.

    —A propósito—dijo la muchacha—. Creo que no hemos terminado con el manuscrito 345EO,¿se acuerda? El manuscrito del mar muerto.

    —Por supuesto que no. Debo terminarlo. Es un manuscrito muy valioso, está muy relacionado con Sodoma y Gomorra.

    —Las míticas ciudades del pecado— Recalcó la joven sujetando sus rubios cabellos. La brisa soplaba un poco más agresiva.

    —Sí, buscar en sus aguas los vestigios de Sodoma y Gomorra, las míticas ciudades bíblicas.

    —No tan míticas pequeña, no tan míticas… esas ciudades del pecado existieron. Están hundidas en el mar muerto, después del fuego divino que las consumió nadie nunca intentó volver a reconstruirlas…

    Entraron al camarote que les servia de estudio, y el profesor comenzó a ordenar las carpetas clasificadas. En ellas además de notas había decenas de fotografías de rocas y partes de estructuras pétreas que habían sacado del mar muerto en otra expedición años atrás.

    —Son restos profesor, pedazos de roca. ¿Quién asegura que sean de esas ciudades?

    —Por esa razón voy a aportar mi granito de arena, las voy a ubicar de una vez por todas, ya lo verás niña. Y has de saber además, que en estos momentos un equipo especializado de buceo está explorando de nuevo. He empleado para eso nuevas tecnologías que servirán de mucho.

    Karen tomó el pequeño ordenador portátil, y la encendió. El profesor por su parte limpiaba una parte de su mesa para colocar en ellas sus papeles.

    —Hay teorías sobre su ubicación, hay quienes las sitúan al norte o sur del mar muerto … otros más recientes las establecen en su parte meridional, pero lo que parece cierto es que los restos están ahora bajo el agua. Bueno así lo aseguran las últimas investigaciones submarinas. ¿Y sabes? volaría de inmediato hasta Jerusalén si no fuera porque antes tengo que arreglar en Katar un pequeño asuntillo además de recoger a Alí.

    —¿Alí? ¿Y quién es Alí?

    —Mi hijo, bueno también mi asistente, ¿No te había contado de él antes?

    —Pues no, profesor.

    —Perdona entonces mi lamentable olvido.

    Pero dejando a un lado el hecho de que sea mi hijo, es un alumno muy aventajado y muy inteligente. Cuando lleguemos a Katar te lo presentaré, te va a encantar, es un muchacho muy peculiar. Pero basta de charla, vamos a terminar con los pendientes.

    Trabajaron durante dos horas seguidas, entre tazas de café cargado, y conversaciones ocasionales sobre temas de interés mutuo. Luego a las ocho de la noche el profesor Evans comenzó a dar muestras de fatiga y somnolencia.

    —Se ve cansado profesor,—observó Karen—,¿por qué no lo dejamos y continuamos mañana temprano?

    —Tal vez tengas razón muchacha, —Dejó su trabajo y a regañadientes aceptó ir a su cama. Luego de vestirse con unos holgados y viejos pijamas se acostó con la carpeta en sus manos. Karen admiraba el entusiasmo que mostraba el anciano y se avergonzó un poco al recordar la ausencia de ese mismo entusiasmo en su cuerpo joven y vigoroso. Era como si el sufrimiento le hubiera arrancado incluso el deseo de vivir cuando apenas tenía veintidós años…sólo veintidós años, pero el profesor había sufrido también, quizás más que ella. Conoció a Cora su única hija porque era una asidua colaboradora y en muchas ocasiones se quedaba en la casa para

    ¿Disfrutas la vista previa?
    Página 1 de 1