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Enfrentadas
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Libro electrónico109 páginas1 hora

Enfrentadas

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Aspen tiene una vida perfecta. Capitana del equipo de animadoras de su instituto, un cuerpo perfecto, un pelo perfecto, un novio perfecto.
¿O no?
Jenna es todo lo contrario. No le importa lo que los demás piensen de ella.
Y se odian a muerte.
Cuando ambas deben asistir a una competición académica en Houston para estudiantes que formen parte de equipos deportivos, saltarán chispas en todas las direcciones.
Y Aspen quizá descubra un par de cosas que no sabía.
No te pierdas la historia de Aspen y Jenna en este romance LGBTQ+ Young Adult

IdiomaEspañol
EditorialSonia Bellido Aguirre
Fecha de lanzamiento26 ene 2026
ISBN9798233937927
Enfrentadas

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    Enfrentadas - Sonia Bellido

    Enfrentadas

    Sonia Bellido Aguirre

    Enfrentadas

    Sonia Bellido Aguirre

    Copyright © 2022 por Sonia Bellido Aguirre.

    Todos los derechos reservados.

    Registrada el 11/02/2022

    Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este material puede ser reproducida en ninguna forma ni por ningún medio sin el permiso expreso del autor. Esto incluye, pero no se limita a, reimpresiones, extractos, fotocopias, grabaciones o cualquier otro medio de reproducción, incluidos los medios electrónicos.

    Todos los personajes, situaciones entre ellos y acontecimientos que aparecen en el libro son totalmente ficticios.  Cualquier parecido con personas, vivas o muertas, o acontecimientos es pura coincidencia.

    La portada aparece con fines ilustrativos, cualquier persona que aparezca es un modelo y no tiene relación alguna con el contenido del libro, con su autor, ni con ninguno de los personajes principales.

    Para más información, o si quieres conocer las nuevas publicaciones, ponte en contacto conmigo por correo electrónico en soniabellido02@gmail.com.

    Índice

    Capítulo 1

    Capítulo 2

    Capítulo 3

    Capítulo 4

    Capítulo 5

    Capítulo 6

    Capítulo 7

    Capítulo 8

    Capítulo 9

    Epílogo

    Capítulo 1

    Las tenues luces y el suave murmullo del pequeño restaurante al que habíamos ido a cenar contrastaban con la luz cegadora, el ruido y la excitación del estadio de fútbol. Tan solo había pasado una hora, pero parecían mundos diferentes. Los viernes por la noche, tras cada partido, me reconfortaba pasar un rato con Dayton mientras cenábamos una hamburguesa en algún sitio tranquilo. Necesitaba esa paz. Ya era bastante duro ser Aspen, la perfecta capitana del equipo de animadoras, casi tanto como ser Aspen, la novia perfecta de Dayton, el quarterback del equipo de fútbol del instituto.

    —Estarás increíble en la fiesta de esta noche—aseguró Dayton con su maravillosa sonrisa. No por nada sus padres se habían gastado una fortuna en las fundas que lucía sobre sus verdaderos dientes.

    Acababan de ganar el primer partido de la temporada y su actuación, como de costumbre, había sido brillante. En el más puro estilo de Dayton, me había elegido la ropa que llevaría a la fiesta tras el partido. No es que me gustase su actitud, pero empezaba a estar acostumbrada, ya eran varios años saliendo juntos. Tampoco tenía demasiadas ganas de ir a la fiesta; sería una interminable narración de las proezas del partido hasta que todo el equipo estuviese borracho como una cuba, pero esas eran el tipo de cosas que se esperaba de mí.

    De momento, mi mente se concentró en el presente, en el aquí y ahora. Teníamos una hora para estar a solas, una hora de tranquilidad antes de irnos a la dichosa fiesta.

    Algún día, Dayton llegaría a ser jugador profesional, ficharía por una gran universidad con beca completa y acabaría jugando en algún equipo de la NFL. Al menos, eso es lo que siempre me decía, eso es lo que esperaban de él en nuestro pequeño pueblo, y yo no tenía razón para dudarlo.

    Eso significaba que, para Dayton, eran muy importantes las apariencias. Cuando recogía como voluntario basura en el parque o en la playa, lo hacía para que todo el mundo le viese. Cuando se levantaba a las seis de la mañana para correr en la pista de atletismo del instituto en vez de hacerlo en la cinta que tenía en su casa, donde estaría más cómodo y caliente, lo hacía, de nuevo, para que todo el mundo le viese. Y cuando la semana pasada me trajo un vestido verde lima con zapatos de tacón a juego para que estuviese guapa a su lado en la fiesta, también. Supongo que, en cierto modo, yo también formo parte de sus apariencias.

    ¿Me importa? La mayor parte del tiempo, reconozco que no. Sé mucho de guardar las apariencias, al fin y al cabo soy una animadora. La vida en el instituto puede ser muy cruel para algunas personas, pero yo me ajustaba perfectamente a las normas, encajaba a la perfección con los estereotipos. Mi vida en el instituto era feliz. O eso creía, al menos.  

    ¿Preferiría estar en casa acurrucada viendo la tele con mi novio en lugar de salir de fiesta a beber? Por supuesto. Soy una persona muy mimosa y casera. Sin embargo, ese era precisamente el motivo por el que Dayton y yo habíamos aprendido a asumir compromisos desde el comienzo de nuestra relación. Después de cada partido, en lugar de ir corriendo a la fiesta, siempre dedicábamos una hora a pasar un rato a solas, a cenar en un sitio tranquilo. Sé que Dayton solo pensaba en llegar cuanto antes a la fiesta para beber con sus amigos, pero era nuestra costumbre y yo lo necesitaba.

    Más tarde, en la fiesta, sería yo la que guardaría sus espaldas. Sería yo la que se preocupase de que no hiciese ninguna estupidez y sería yo la que me aseguraría de que llegase a casa sano y salvo, aunque eso significase que yo no podía beber ni una sola cerveza.

    Sonreí y me perdí en su mirada mientras me contaba los detalles del partido como si yo no hubiese estado allí cada minuto, animando con el resto del equipo de animadoras. Desde fuera, debíamos parecer la pareja perfecta, aunque cada vez empezaba a dudarlo más y más.

    La camarera se acercó a nosotros, solo que esta vez no era nuestra camarera de siempre. Una de las cosas que más me gustaban de este restaurante, además de su tranquilidad, era el trato que recibíamos de Mary, la camarera que nos atendía cada viernes. No era demasiado amable con la gente, pero, por algún motivo, le había cogido mucho cariño, siempre sabía lo que íbamos a pedir antes incluso de que lo hiciésemos.

    La chica que nos atendía hoy tendría un par de años más que nosotros. Me acordaba vagamente de haberla visto alguna vez por el instituto hace años, aunque nunca había tenido ningún trato con ella. Se había teñido la melena de color morado y tenía unos preciosos ojos.

    Solté un pequeño bufido sacudiendo la cabeza al comprobar que me estaba fijando demasiado en su cuerpo. Últimamente me pasaba muy a menudo, supongo que por las inseguridades que te causa intentar ser la chica perfecta del instituto, pero lo cierto es que cada vez me fijaba más en otras chicas.

    —Hola, Mary no ha podido venir esta noche, así que hoy seré vuestra camarera—anunció con una preciosa sonrisa—. Si ya lo tenéis decidido, apuntaré vuestros pedidos, me han dicho que soléis cenar con un poco de prisa y salís rápido de aquí cada viernes.

    Mientras decía esas palabras, ignoró por completo a Dayton, clavándome sus grandes ojos de color miel y, en ese momento, supe que me estaba poniendo roja como un tomate.

    —Yo tomaré una hamburguesa con queso y con kétchup, y ella quiere una ensalada completa—cortó Dayton en un tono aburrido, pidiendo por ambos los mismos platos que pedíamos cada viernes por la noche.

    En ese momento pude ver un cierto enfado en sus ojos y me pregunté si se habría dado cuenta de lo nerviosa que me había puesto al sentir los ojos de la nueva camarera clavados en mí.

    —Una hamburguesa con queso y kétchup para el chico y una ensalada completa para su guapa acompañante—repitió la camarera dedicándome un seductor guiño de ojo antes de darse la vuelta y alejarse.

    —¡Aspen!

    La profunda voz de Dayton llamó mi atención devolviéndome bruscamente a la realidad. Su rostro estaba muy serio, casi

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